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Pedro J. Ese hombre - Iustitia - 10-06-2009

nanu Wrote:Estoy de acuerdo Iustitia.
Pero me parece igual de reprobable que nadie del estamento le cante las cuarenta en público por acusar de prevaricación a un tribunal de la AN o a la fiscalía.
Todo esto parece un juego macabro de intereses y poderes en el que los únicos perjudicados son las víctimas y los ciudadanos.
Lamentable.
Es que se me ha olvidado....
También salen un poco perjudicados, como hemos visto, los servidores públicos que han hecho su trabajo (policías, fiscales, jueces...)


Pedro J. Ese hombre - Castigador - 10-06-2009

Lo mismo no se han enterado de las burradas de Pijey porque ya no tienen audiencia fuera de ciertos círculos.


Pedro J. Ese hombre - dacres - 12-07-2009

He tenido un encuentro en 3ª fase con un familiar de 85 años.

La semana pasada le dije que El País (lee El Mundo) empezaba una colección de películas de vaqueros (le gustan) y la está haciendo..
Hoy en una comida y hablando sobre 'esa compra' acaba diciéndome:

-Rajoy está acabado y no vale como líder del PP.
-Los socialistas fueron quienes llevaron a cabo el atentado del 11M.

He sentido por primera vez los efectos sobre una persona de toda la propaganda de PJ.
Aunque hemos acabado cada uno por un lado, me ha quedado claro el tipo de persona al que va dirigido el mensaje.
En este caso alguien que debe el favor de una excelente pensión a quienes vivían en un edificio de zona rica de Barcelona.
Que fue propietario en la meseta y acabó de portero de finca.

Sin criterio ni espíritu crítico. Y en este caso agradecimiento eterno y sin fisuras.
Ha sido como encararme con Federico sin insultos.


Pedro J. Ese hombre - Green Sleeves - 13-07-2009

dacres Wrote:He tenido un encuentro en 3ª fase con un familiar de 85 años.

... me ha quedado claro el tipo de persona al que va dirigido el mensaje.
En este caso alguien que debe el favor de una excelente pensión a quienes vivían en un edificio de zona rica de Barcelona.
Que fue propietario en la meseta y acabó de portero de finca.

Sin criterio ni espíritu crítico. Y en este caso agradecimiento eterno y sin fisuras.
Ha sido como encararme con Federico sin insultos.


Sin insultos.
Muy bien dacres, es un gran detalle lo que dices.

Seguramente no se merezca una excelente pensión que no le corresponde a un propietario reconvertido en portero, sin duda un fracasado de la vida, un estómago agradecido cuyo gran logro fue recibir un estupendo favor de unos ricos que consiguieron que el erario público le permitiese una vejez cómoda.

¿Le valorarías igual de pensar como tu?


De un familiar no se habla así dacres, no era necesario ninguno de los adornos que has traído para lo que querías decir. Ese hombre de 85 años te ha dado una lección de saber estar que no has sabido aprovechar y además has derrumbado puentes de aproximación. En resumen, has quedado fatal, claro que lo podías haber hecho peor, al menos no le insultaste.

Next time just do it better: behave yourself.
_________________________________________
Caruso - La próxima vez
http://www.youtube.com/watch?v=LJp4NHRLF1k

Te amo tanto, tanto, tanto que es una cadena
que calienta la sangre dentro de mis venas
(traducción libre)


Pedro J. Ese hombre - dacres - 13-07-2009

Ese hombre me ha permitido comprobar de primera mano hasta donde llega la propaganda de PJ.
Como la mentira salida de un medio con nombre hace mella en la persona.

Si además pertenece al grupo agradecido a aquellos a quien el diario quiere representar, mayor es su empatía.

Difícil me parece recibir una lección de quien -él- afirma sin argumentar; para quien saber estar sea negar cuanto vaya en contra de sus convicciones -las de PJ en su diario- y que tras 15 años derrumbemos nada.

No estoy de acuerdo con tus valoraciones personales sobre mí, ni importa.

No se como le valoraría si pensara como yo.
La opinión sobre su estatus sería la misma. Supongo que él, que como de Diego, habría sabido discernir entre idea personal y persuasión mediática.


Pedro J. Ese hombre - Flashman - 13-07-2009

dacres Wrote:-Los socialistas fueron quienes llevaron a cabo el atentado del 11M.
Si yo pensara sinceramente que mi gobierno organizó algo tan terrible como 11-M para auparse al poder ya estaría pegando tiros por las calles. Es la demostración última de que los peones, muy en su fuero interno, no se creen una palabra de lo que dicen.


Pedro J. Ese hombre - ronindo - 13-07-2009

Tu dales ideas. Que más de uno es capaz de desempolvar el trabuco.


Pedro J. Ese hombre - Acorrecto - 17-10-2009

Pedro J Ramírez al desnudo, de Díaz Herrera (fragmentos)


Pedro J. Ese hombre - morenohijazo - 18-10-2009

Promete, este libro. No me lo perderé.


Pedro J. Ese hombre - Arautiam - 21-10-2009

Hola a todos. Veo que ya habéis comentado aquí lo del libro éste.
Yo me enteré ayer y me llevé una sorpresa enorme. Yo pensaba que Díaz Herrera era un hombre afín a PedroJ. Su último libro, en el que desollaba sin piedad a Garzón, se lo publicó La Esfera de los Libros (editora del grupo Unidad Editorial, el de EM). PedroJ le hizo publicidad de ese libro en su periódico (y en el libro menciona varias veces a Ramírez, sin criticarlo en absoluto). Hace un año, cuando Garzón abrió el tema de las víctimas del franquismo, entre los artículos críticos con ese tema publicados por El Mundo, también había alguno de Díaz Herrera. También participó este periodista en un programa de VeoTV, por esas fechas, dedicado a juzgar a Garzón. Esto fue hace más o menos un año. En esa época ya tenía que estar preparando este libro sobre PedroJ, porque los tochos que escribe este hombre no se hacen en un mes.

En fin, os dejo un par de enlaces (si soy capaz) para que veáis quiénes estaban presentes en la presentación y también lo que comenta Herrera sobre Rodolfo Ruiz. Me ha impresionado lo que dice sobre la muerte de la esposa de éste.
http://www.elsemanaldigital.com/articulos.asp?idarticulo=101510
http://www.youtube.com/watch?v=5hDyD_SLWts&feature=channel


Pedro J. Ese hombre - GAVILAN - 22-10-2009

Arautiam Wrote:Hola a todos. Veo que ya habéis comentado aquí lo del libro éste.
Yo me enteré ayer y me llevé una sorpresa enorme. Yo pensaba que Díaz Herrera era un hombre afín a PedroJ. Su último libro, en el que desollaba sin piedad a Garzón, se lo publicó La Esfera de los Libros (editora del grupo Unidad Editorial, el de EM). PedroJ le hizo publicidad de ese libro en su periódico (y en el libro menciona varias veces a Ramírez, sin criticarlo en absoluto). Hace un año, cuando Garzón abrió el tema de las víctimas del franquismo, entre los artículos críticos con ese tema publicados por El Mundo, también había alguno de Díaz Herrera. También participó este periodista en un programa de VeoTV, por esas fechas, dedicado a juzgar a Garzón. Esto fue hace más o menos un año. En esa época ya tenía que estar preparando este libro sobre PedroJ, porque los tochos que escribe este hombre no se hacen en un mes.

En fin, os dejo un par de enlaces (si soy capaz) para que veáis quiénes estaban presentes en la presentación y también lo que comenta Herrera sobre Rodolfo Ruiz. Me ha impresionado lo que dice sobre la muerte de la esposa de éste.
http://www.elsemanaldigital.com/articulos.asp?idarticulo=101510
http://www.youtube.com/watch?v=5hDyD_SLWts&feature=channel

Impresionante. Increible.
Son unos "terroristas de la pluma", como ya se ha dicho aquí.
Unos matan con pistolas y otros juntando palabras para construir falacias, con dolo explícito o implícito de hacer daño a la integridad fisica y moral de la persona, porque ambas integridades van indisolublemente unidas.


Pedro J. Ese hombre - Quetza - 27-10-2009

Entrevista de elplural a Rodolfo Ruiz:

Quote:Rodolfo Ruiz a El Plural: “Han arruinado mi familia y mi profesión. No hay derecho. Yo antes era feliz. ¿Y ahora, qué tengo?”

El comisario de “la mochila de Vallecas” acusa a Pedro J., Losantos y el PP de ser culpables de la muerte de su mujer

JOSÉ MARÍA GARRIDO

Por primera vez, Rodolfo Ruíz rompe su silencio y explica a un medio de comunicación con pelos y señales la campaña de acoso y derribo que el Partido Popular y periodistas como Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos han realizado contra su persona desde el año 2005. Sin duda, el ex comisario de la comisaría de Puente de Vallecas (Madrid) ha sufrido en primera persona el odio de la caverna mediática. Primero, le acusaron de detener ilegalmente a los concejales del Partido Popular que agredieron a José Bono en una manifestación contra ETA. Acto seguido, insinuaron que la mochila repleta de explosivos que encontraron en los trenes del 11 de marzo de 2004 la había puesto él cumpliendo órdenes de su jefe. Así, no es de extrañar que desde entonces, haya vivido en una especie de infierno que le ha costado la vida a su mujer. Pese a todo, lejos de tirar la toalla, Rodolfo Ruíz asegura a El Plural que, por mucho que le pese a todos aquellos que le han arruinado la vida, seguirá luchando.
- Usted está en el punto de mira de la derecha desde el año 2005 a raíz de las detenciones de dos concejales del Partido Popular madrileño por agredir a José Bono. ¿Qué recuerda de aquello?
Con esta historia me atizaron mucho el Partido Popular, Federico Jiménez Losantos y El Mundo. Al menos eso es lo que me dice mi entorno, porque en esos momentos tan duros para mi familia y para mí, intentaron aislarnos de lo que decían en la prensa. Nuestros amigos intentaban protegernos un poco, porque aquello fue un calvario. Pese a todo, a veces, a escondidas, repasaba los medios para ver las falsedades y calumnias que decían de mí.

- Campaña de acoso y derribo que se agravaría cuando la Audiencia Provincial de Madrid le condenó por falsear el atestado del caso Bono y por coacciones a sus subordinados.
Así es. La campaña de linchamiento se agravó cuando la Audiencia Provincial me condenó (el 8 de mayo de 2006) a cinco años de cárcel y 10 de inhabilitación. Menos mal que luego (en junio de 2007), como no podía ser de otra forma, me absolvió el Tribunal supremo, que revocó la sentencia de la Audiencia provincial de Madrid por infracción de ley, precepto constitucional y quebrantamiento de forma. Lo triste es que al tribunal que me condenó de la Audiencia Provincial no le pasó absolutamente nada.

- Por tanto, el Supremo le exhoneró definitivamente de todos los cargos y el caso Bono se cerró judicialmente.
Así es, se cerró firme con la sentencia del Tribunal Supremo (…) Pero a pesar de eso, el PP y El Mundo siguieron adelante con su campaña de acoso, dando a entender que si los magistrados del Tribunal Supremo me absolvieron eran porque había pasado algo raro.

- Paralelamente al caso Bono, la derecha no dudó en atizarle a raíz de la famosa “mochila de Vallecas”. Pero vayamos al principio. ¿Usted cómo vivió el día del atentado?
Como todos los días, el 11 de marzo de 2004 salí de casa a las 8 de la mañana para ir a la Comisaría. Nada más entrar en el coche, al ver la cara del conductor que fue a recogerme, intuí que había pasado algo grave. Efectivamente, así fue. El conductor me dijo que desde la emisora estaban mandando a todos los coches policiales y ambulancias a la estación del Pozo, así que nos fuimos directamente allí para ver lo que había pasado. Aquello fue dantesco.

- Sin duda, vería imágenes horribles teniendo en cuenta que en aquella estación hubo 67 víctimas mortales.
Sí, fue horrible. Mientras socorríamos a los heridos vi imágenes imborrables. En especial, hay una cosa que me impresionó mucho, el sonido de los móviles de los muertos. Era sobrecogedor cuando iba andando entre lo que quedaba de los vagones y sonaban sus móviles porque sus familias les estaban llamando para conocer cómo estaban.

- Tras socorrer a los heridos, llegó el momento de trasladar los objetos personales y la famosa mochila. ¿Qué sucedió realmente?
La juez de guardia dispuso que los objetos quedaran depositados en la Comisaría de Puente de Vallecas. Sin embargo, horas después, desde la Audiencia Nacional, el juez Juan del Olmo pidió que para centralizar todo, mandásemos todos los objetos personales al Campo de las Naciones (donde también se encontraban todas las víctimas mortales del terrible atentado). Pero por la tarde, la juez de Guardia se personó en el Pozo y nos preguntó si todos los objetos estaban en la Comisaria de Puente de Vallecas. Le dijimos que no, que por orden del señor del Olmo, todos los objetos habían sido trasladados al IFEMA. Ella insistió que, tal y como quedaba reflejada en el acta, los objetos debían trasladarse a nuestra Comisaría. El juez del Olmo estuvo de acuerdo y nos pidió que custodiáramos los objetos e hiciéramos una requisa de todo lo encontrado.

Yo estuve en la comisaría hasta las 12 de la noche. Ya en casa, sobre la una y media de la madrugada, me llamaron para decirme que habían encontrado una bomba. Yo les dije que llamaran a los TEDAX y siguieran el protocolo establecido para estas situaciones. Fue cuando se llevaron la mochila al Parque Azorín y la explosionaron.

- Sin embargo, la derecha mediática y política ha intentado presentar lo sucedido de otra forma.
Efectivamente. Hay teorías de lo más peregrino (…) Entre ellas, construyeron la teoría de que había puesto la mochila, tal y como dice Pedro J. Ramírez, por orden de mi jefe. Así, la gente empezó a hacer comentarios del tipo de que yo había puesto la mochila por orden de Zapatero. Sin duda, yo soy un perseguido político por parte de un partido y con el concurso de unos medios de comunicación.

- ¿Antes de realizar ese tipo de afirmaciones, o seguir involucrándole en el 11 de marzo, se puso en contacto con usted Pedro J. Ramírez o alguien del diario El Mundo?
Para nada. Ni Pedro J. Ramírez ni nadie de El Mundo se puso en contacto conmigo. Eso es lo que me hubiese gustado, que se hubieran puesto en contacto conmigo.

- La campaña que han llevado a cabo contra usted ha tenido consecuencias dramáticas en su familia. Estoy hablando, por ejemplo, del suicidio de su mujer.
Sí, para mí han sido culpables de la muerte de mi mujer. Y no lo digo yo. Los médicos que la atendieron no descartan que toda esta campaña influyera en la muerte de mi mujer, porque ella se entregó muchísimo, luchó y peleó por mí, estuvo recogiendo firmas e incluso habló con Rajoy. (…) ¡Qué valor tuvo la pobrecilla! Yo, antes de morir, le dije que tuviera valor, que luchara por su vida como luchó por mí, pero no pudo. Nunca olvidaré que le llegó a escribir cartas a Rajoy, al Rey, al Defensor del Pueblo, al Defensor del Menor…

- ¿Qué le dijo Rajoy a su mujer?
Mi mujer y mi hermana se encontraron con Rajoy un domingo que yo estaba en la montaña. Cuando llegué a casa, mi mujer daba saltos de alegría. Pero yo le dije que no se fiara, que Rajoy tan sólo había tenido con ella buenas palabras y nada más. En concreto, Rajoy le dijo a mi mujer que no se preocupara, que todo era un problema del PP de Madrid, que hablaría con ellos y que las cosas se solucionarían. Por su parte, mi mujer defendió mi profesionalidad, le dijo que yo sólo había cumplido órdenes. Me acuerdo de que cuando llegué de la montaña, ante las buenas palabras de Rajoy, parecía que había montada una fiesta en casa. Yo estoy convencido que si ese día se hubiesen celebrado las elecciones, mi mujer habría votado al PP.

- Al final, hicieron lo contrario de lo que Rajoy le aseguró a su mujer.
Sin ninguna duda. Ellos continuaron con su campaña de linchamiento (…) A veces, me preguntó por qué se han cebado conmigo. Qué sentido tiene este linchamiento, esta inquisición contra mi persona. Han arruinado mi familia y mi profesión (en 2007 Rodolfo Ruiz se prejubiló por “alteración psicofísica”). No hay derecho. Yo tenía un puesto de trabajo que me gustaba, era feliz. ¿Y ahora, qué tengo?

- ¿Ha denunciado a algún político o periodista ante las calumnias que le han dedicado sin piedad?
Sí, interpuse una querella criminal a Jiménez Losantos por todo lo que dijo de mí (…) El juez ya ha dictado un auto de acusación. Es decir, Losantos está imputado por un presunto delito de injurias y calumnias. Estamos en la fase previa del juicio oral. En cuanto a Pedro J. Ramírez, no lo descarto en el futuro, pero de momento, mis abogados me lo han desaconsejado por un problema de poder de influencia. Sin embargo, yo no lo descarto, porque más de lo que me han hecho no me van a hacer. Con decirte que mi mujer ha muerto te digo todo.

- ¿Y no piensa que es mejor olvidarlo, pasar página y empezar de nuevo?
No, olvidarlo es imposible. Nunca lo olvidaré, ni por supuesto les voy a perdonar. Intento no recrearme, pero olvidar es imposible. Porque no ha sido un día o dos, han sido años. Es que es muy duro escuchar como Losantos, despectivamente, riéndose y cachondeándose, dice cosas como que he colaborado en una masacre criminal o he inundado de pruebas falsas el sumario.

Pedro J. ha dicho respecto de mí que si he hecho un cesto (en referencia al caso Bono), haría perfectamente un ciento (en referencia al 11 de marzo). Que tengo una conciencia muy porosa, como las bolsas de polietileno, es decir, que soy una persona sin escrúpulos ni conciencia. También dijo que me ascendieron por el hallazgo de la mochila de Vallecas. ¿Sabes cuánto me supuso el ascenso, cuánto gane al pasar de la Comisaría de Puente de Vallecas a la Brigada de Información? 80 euros.

Es muy duro escuchar a un consejero (en referencia a Francisco Granados) decir que he salido de la comisaría con una mochila al hombro, o a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, decir que mi actuación es comparable con las checas.

Por tanto, eso nunca lo olvidaré. Eso sí, sé que la vida continúa, y aunque he pasado momentos muy duros y difíciles, he salido a flote. Porque eso es lo que ellos quieren, que me destruya, pero no lo van a conseguir. Toda la vida he peleado y he luchado y así lo voy a seguir haciendo.

- ¿Por qué es la primera vez que cuenta esto a un medio de comunicación? ¿Por qué no lo ha hecho antes? ¿Por qué cuando la campaña contra usted era más intensa no se quejó públicamente del daño que le estaban haciendo?
No lo hice porque dirigentes policiales me recomendaron no hacer nada. Pese a que lo estábamos pasando muy mal y toda la familia estábamos en tratamiento psiquiátrico, nos dijeron que lo mejor era que pasara el tiempo.

(…) Eso sí, hasta que se produjo la sentencia del Tribunal Supremo, todo lo que pasé lo tengo escrito. Escribía porque me servía de deshago. Mi intención era publicarlo, de hecho, un amigo periodista me estuvo echando una mano, corrigiéndome los escritos. Pero cuando ya se produjo la Sentencia preferí dar carpetazo e intentar recuperar el tiempo, dejar de ser prisionero de esta situación. Por aquel entonces también empezó el agravamiento de la enfermedad de mi mujer, y lo dejé de hacer. Pero está ahí, escrito en mi casa.

- Por último, ¿se considera una víctima de la política?
A veces, cuando hablo con gente que vota al PP, se justifican diciendo que yo he sido una víctima de la política. Pero eso no es así. Yo he sido victima de un partido político y de unos periodistas. Me niego a englobar a toda la política en general. No podemos meter en el mismo saco a todos los políticos y periodistas.

(El único requisito que Rodolfo Ruiz exigió a la hora de conceder a El Plural esta entrevista era no ser fotografiado. Asimismo, aseguró que su único objetivo era intentar crear un debate sobre los límites de la libertad de prensa).

jmgarrido@elplural.com



Pedro J. Ese hombre - morenohijazo - 27-10-2009

Estreemcedor


Pedro J. Ese hombre - Mangeclous - 27-10-2009

Es una pena que no se publique en medios de mayor influencia. Espero, por otra parte, que esta publicación no perjudique a las causas que tiene abiertas contra periodistas conspis.


Pedro J. Ese hombre - morenohijazo - 29-10-2009

Transcribo aquí parte del primer capítulo de "Pedro J. al desnudo", de José Díaz Herrera. Evidentemente, no es mi intnción "chafarle" los beneficios ediitoriales, por lo que sólo traeré aquí algunas páginas que hablan del 11-M. Que, en un libro de 700 páginas, no supondrán tantas.

La lectura es muy instructiva. Excesivamente "amarilla" para mi gusto, pero cuando uno piensa en lo que estos sinvergüenzas han hecho a la familia de Rodolfo Ruiz, nada es comparable.

Dada la extensión, lo dividiré en tres trozos:

Rodolfo Ruiz y Pedro J. Ramírez.(I)

El Mundo, periodismo de dinamita

Tres familiares de víctimas de sus ataques, Rodolfo Ruiz, María Elena Salas y Bárbara Chaplin afirman que el periodismo de El Mundo ha sido el verdadero Titadyne para muchas personas y que sus informaciones hieren y matan como las bombas de los trenes del 11-M.

Hacía un tiempo de perros, como si las fuerzas del infierno se hubieran desatado, y una nube de pájaros negros cubría el cielo, color cenizo, al paso de la caravana.

Era el 10 de octubre de 2008. Situado a 23 kilómetros de Talavera de la Reina, el Municipio de Hinojosa de San Vicente, en la provincia de Toledo, tiene apenas 31 kilómetros cuadrados de extensión y tal vez 489 habitantes, como dice el padrón, aun¬que no se ve un alma.

Cuarenta años antes Magdalena G. P. salió de este municipio e ingresó en la Policía. Diez años después se casó con Rodolfo Ruiz Martínez, el comisario de Vallecas durante el atentado del 11 -M y el comisario provincial de Información durante la presunta agresión al ex ministro José Bono en 2005. Ahora regresaba de nuevo a la que fue casa de sus padres, en el número 19 de la calle de la Iglesia.

NO lo hacía como en años anteriores, para asistir a la feria del pueblo y presenciar las corridas de toros ni a preparar las Navidades. Volvía de cuerpo presente para encontrar el descanso eterno.

En su eterna soledad, en su infinita quietud, Magdalena no venía sola. La acompañaba medio centenar de comisarios, inspectores y personal del Cuerpo Nacional de Policía, compañeros suyos y de su marido. El dolor y la tragedia se dibujaban en sus rostros. A Germán Castiñeira, comisario provincial de Información de Madrid que asistió a las honras fúnebres, se le ponen los pelos de punta al recordar aquella tarde de octubre.

Me viene a la memoria la lluvia y el sepulcral silencio que se oía. Le dimos sepul¬tura en silencio y en silencio regresamos”.

La ex funcionaria de Policía se había quitado la vida el día anterior en un hospital psiquiátrico de Madrid, ahorcándose con un trozo de sábana. Poco antes de morir le comentó al personal sanitario:

—Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos son unos hijos de puta. Han destrozado mi familia.

Los últimos intentos de la Sanidad pública por sacarla de la depresión se habían estrellado frente al dolor y la angustia de la mujer.

Magdalena no había tenido nunca depresiones ni el menor síntoma de enfermedad mental. Amaba la vida y era una mujer enérgica y vitalista, una trabajadora cumplido¬ra y una excelente ama de casa.

Madre de dos hijos, amiga de sus amigas, vivía en una calle de la urbanización La Rinconada de Aravaca, en las afueras de Madrid, en uno de los márgenes de la carre¬tera de Castilla.

Su tragedia empezó el 11 de marzo de 2004, cuando se descubrió en la comisaría de su marido en Vallecas la mochila que llevó a la policía a identificar a los autores de la masa¬cre. Ese día se firmó su sentencia de muerte, que la convirtió en la víctima 193 del 11-M.

* * *

Nacido el 6 de mayo de 1951 en Buenache de Alarcón, un pueblo de Cuenca de apenas seiscientos habitantes, Rodolfo Ruiz Martínez era sobre todo y por encima de todo un hombre bueno.

Tras ingresar en el cuerpo con 21 años, en tiempos de Franco, pasó la mayor parte de su vida como policía de información, primero en Barcelona, Valladolid y, por últi¬mo, en Madrid.

Hay una pléyade de comisarios, desde Tomás Agrela a José Blanco, Manuel Ballesteros, Jesús Martínez Torres a Telésforo Rubio que pueden [podían] dar fe de su buen hacer. Jamás maltrató a un detenido y no tiene ni una falta leve en su carrera.
A los 27 años, conoce a Magdalena G. P, funcionaría de la escala técnica de la Policía que trabaja en pasaportes, y se casan.

Son una pareja feliz. A los dos les gusta la naturaleza, el montañismo y pasan muchos de los fines de semana en La Pedriza, Peñalara y otros promontorios de la provincia de Madrid, en los Montes de Gredos que conocen como la palma de la mano e incluso hacen excursiones hasta los Pirineos (2 de junio de 2007).

Los magrebíes que ponen las bombas en el corredor del Henares traen la tragedia a su familia el 11 de marzo. Como cada mañana, Rodolfo Ruiz estaba listo para desplazarse a la Comisaría de Puente de Vallecas, cuando llega el coche oficial a su casa. Nada más ver a su conductor demudado, supo que algo grave había ocurrido.

—¿Pasa algo, Pepe? -le preguntó.

—Nada. Que ha habido un accidente en el Pozo del Tío Raimundo. No dejan de pedir coches y ambulancias por la emisora.

El Pozo del Tío Raimundo entraba dentro de la demarcación de la Comisaría del Puente de Vallecas. Así que Rodolfo ordena.

—Pues vamos para allá.

Y sin pasar por la oficina, con la sirena puesta, se dirigieron a uno de los focos de los atentados del 11-M, sin saber todavía que se trataba del mayor atentado terrorista de la historia de Europa, que se saldaría con 192 muertos y centenares de heridos.

Aunque en El Pozo sólo explotaron dos de las cuatro cargas colocadas, fue en ese punto donde se produjo la mayor masacre: 76 muertos.

Cuando llegó allí el alma se le cayó a los pies. En sus 43 años de servicio en la Policía, jamás había presenciado una matanza semejante. “Para rescatar a la gente con vida, teníamos que saltar sobre los cadáveres y evitar los charcos de sangre. Una vez evacuados los heridos, comenzar a reunir los trozos de carne humana esparcidos en un radio enorme y amontonarlos en pilas, para trasladarlos al pabellón del IFEMA, convertido en improvisado Instituto Anatómico Forense.”

En El Pozo, en medio de un silencio atronador, lo que más le impresionó fue el sonido de los móviles de los difuntos que, como una especie de martilleo en la conciencia de la sociedad, no paraban de sonar.

También le marcó ver los regueros de sangre dejados en el suelo por algunas víctimas que, antes de expirar, trataban de acercarse a sus seres queridos y la presencia de cuerpos inertes entrelazados: el abrazo de los muertos.

Allí se encontró a la titular del juzgado número 49 de los de Madrid, Josefa Bustos, de guardia en los juzgados de Plaza de Castilla.

—¿Qué hacemos con los objetos personales de las víctimas, señoría?—preguntó.

—Llévenlas a la comisaría del Puente de Vallecas -le dijo.

Luego, cuando se supo que se trataba de un atentado terrorista y que la competencia era del juzgado Central 6, se dio una contraorden: los bolsos y las mochilas encontrados en el Pozo debían trasladarse a un recinto del IFEMA, vigilado por dos agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP), donde permanecieron custodiados.

Cuando se le comunica el nuevo destino de las pertenencias y las pruebas recogidas sobre el terreno, la juez de guardia de Plaza de Castilla, no se retracta de su orden.

—Yo soy la juez de guardia y ordeno que los equipajes se concentren en la comisaria de zona.

De esta manera, las doce bolsas de basura que contenían los objetos personales de las víctimas del atentado de El Pozo del Tío Raimundo son trasladadas sobre las ocho de la noche a la comisaría del Puente de Vallecas para ser clasificadas e identificadas.

-Mientras todo esto se encuentre aquí, que permanezca guardado en un cuarto bajo llave. Y que no vea a nadie entrar ni salir sin mi permiso -ordenó el comisario.

Rodolfo Ruiz no se dio por satisfecho y para evitar saqueos puso un policía en la puerta.

—Aquí no entra nadie -le dijo.

Así se hizo. Tras una agotadora jornada, en la que apenas probó bocado, regresó a su casa, donde Magdalena le esperaba despierta.

* * *

Su familia, sus hijos, recuerdan que le vieron aparecer sobre las doce de la noche con la ropa machada de sangre y un olor a carne quemada impregnándolo todo.

Como estaba destrozado se tumbó a descansar y aún no había cogido el sueño cuando a las dos de la mañana suena el teléfono policial de cuatro cifras.

—Jefe, que se ha descubierto una bomba en la comisaría -le soltaron a bocajarro.

A Rodolfo le dio un vuelco el corazón. Preguntó cómo se había encontrado, dónde estaba, y le informaron que había aparecido en una mochila de las recogidas en El Pozo del Tío Raimundo.

—Pero, ¿dentro? ¿Y cómo ha llegado una bomba a la comisaría?

—Estaba en los equipajes de los fallecidos.

Inmediatamente, desde la cama, sin incorporarse todavía, mientras se quitaba la camisa del pijama, impartió las primeras órdenes:

—No la toquéis. Desalojad la comisaría y llamad a los Tedax ahora mismo.

Inmediatamente volvió a vestirse y cuando trató de salir zumbando, su hija se le colgó del brazo llorando.

—Papa, no vayas. ¡Quédate en casa!

—Tengo que ir, hija mía. ¿No ves que soy el jefe?

—Papá, ten cuidado. ¡Que explota la bomba y te mata!

De regreso a su puesto de trabajo, supo que el artefacto había sido descubierto por dos agentes recién salidos de la academia. Llevaban apenas dos días en el cuerpo y estaban de turno esa noche.

Junto a otros compañeros se les había ordenado por el jefe de turno clasificar los objetos hallados y levantar un acta para su remisión al Juzgado Central n.° 6 de la Audiencia Nacional.

Cuando llegó a la comisaría, la bomba la habían trasladado al Parque Azorín, donde los artificieros trataban de desactivarla. «A mí, lo mismo que al resto de los comisarios presentes, no nos dejaron ni acercarnos. Yo jamás llegue a ver el artefacto

La policía que realizó el hallazgo declararía en la vista oral del juicio del 11-M. «El último objeto que inventarié fue una mochila de deportes azul, que pesaba unos diez o doce kilos. En su interior había un teléfono móvil y unos cables conectados desde la ranura del cargador a un paquete en el interior

Los hechos ocurrieron así y no de otra manera. La COPE, El Mundo y Libertad Digital, sin embargo, trataron de deformarlos, de manipularlos y de reinterpretarlos de acuerdo con sus extraños intereses.

Como si de una maldición bíblica se tratara sólo tuvieron que pasar unos días para apezaran a acusarle de colocar la bomba, de sembrar de pruebas falsas el sumario 11-M, y de connivencia con los terroristas.


Pedro J. Ese hombre - morenohijazo - 29-10-2009

Rodolfo Ruiz y Pedro J. Ramírez.(II)

Tras la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa, el comisario general de Información, Jesús de la Morena, decidió no continuar al frente de la lucha antiterrorista.

El nuevo ministro del Interior, José Antonio Alonso, nombró el 2 de junio de 2004 para sustituirle a Telésforo [sic] Rubio Muñoz, un comisario de 49 años, quien sentó sus reales en el complejo policial de Canillas, desde donde se dirige a las antenas de toda España.

Cuando tuvo que formar su equipo, Rubio designó jefe provincial de Información de Madrid a Rodolfo Ruiz Martínez, quien volvía así a mandar una unidad de información.

EI nuevo destino le supuso 80 euros más en la nómina y dirigir una plantilla de 200 policías. Lo que ignoraba entonces era que los costes personales iban a ser muy superiores.

Llevaba algo más de medio año en el cargo aquel 22 de enero de 2005, cuando se celebra la manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, controlada por el PP, y se produce un incidente cuando el ministro de Defensa, José Bono, intenta incorporarse al acto.

—¡Fuera! ¡Fuera!

Según unas versiones, un grupo de militantes del PP trataron de agredir al miembro el Gobierno y, según otras, sólo fue abucheado. Sea como fuere, Bono aseguró que le golpearon y, al día siguiente, el diario El País publica en portada la foto de los agresores: Isidro Barrios y Antonia de la Cruz.

Como jefe provincial de Información, en un clima de alarma social, a Rodolfo Ruiz le corresponde la tarea de identificar a aquellas personas, tomarles declaración y ponerlas a disposición del juez en el caso de que hayan cometido algún delito.

Y así lo hace. Uno de sus inspectores les localiza y les invita a acompañarles a la comisaría, sin cachearles ni esposarles. En el recinto policial no se les toman las huellas digitales ni se les reseña. Una vez verificado que no han tenido nada que ver con el incidente se les deja marchar a sus casas como si nada hubiera pasado.

Lo que ignora Ruiz Martínez es que acaba de cavar su tumba profesional.

* * *

A los pocos días, en medio de la algarabía jaleada por El Mundo, le presentan una denuncia firmada por los dos detenidos y por el dirigente del PP y consejero de Interior, Justicia y Presidencia de la Comunidad, Francisco Granados.

El escrito cae en el juzgado de Instrucción n.º 6, que lleva el juez Carlos del Valle. Allí se le acusa de detención ilegal, falsificación de documentos y de coacciones a los testigos, cuando el comisario no estuvo presente en la toma de declaraciones.

El incidente se convierte en un asunto político. Un alto cargo del PP llega a declarar en una emisora de radio que Rodolfo Ruiz había salido de la comisaría del Puente de Vallecas con la «mochila al hombro». A Esperanza Aguirre también se le calienta la lengua y califica la detención de sus militantes de «operación nazi».

Hay un intento de llevarle a la cárcel como sea. «Si ha hecho un cesto -dice Pedro J. Ramírez en la COPE, en relación con la mochila de Vallecas- ha hecho un ciento

Convertidos en una especie de Gestapo inquisitorial, El Mundo y la COPE siguen lanzando acusaciones sin pruebas mientras la familia sufre en silencio.

* * *

De esta manera, a sus 56 años, Rodolfo Ruiz acabó siendo procesado e imputado de un delito de detención ilegal.

Ver a su marido todos los días en el diario de Pedro J. Ramírez tratado como un delincuente empezó a minar la salud de Magdalena. Se pasaba el día escuchando la radio, a ver qué se decía de él, no dormía por las noches, e iba de sobresalto en sobresalto.

Decidida a que se resolviera el asunto atravesaba la carretera de Castilla e iba al encuentro de Mariano Rajoy, que vivía enfrente.

—Don Mariano, mi marido no es responsable de la detención de los dos militantes del PP. Cumplía órdenes. ¿Por qué no retira la querella?

—Lo consultaré con los servicios jurídicos. Esté tranquila que en mi partido no perseguimos a nadie.

Como pasaban los días y no ocurría nada, volvía a la carga.

—Don Mariano, van a sentar a mi marido en el banquillo. Usted ha sido ministro del Interior. Sabe que a los sospechosos siempre se les toma declaración. Usted es un hombre justo. Impídalo, por favor.

—Sí, sí, no se preocupe. Hoy ordeno que se retire la querella.

Rajoy, sin embargo, demostraba que era gallego: se tomaba las cosas con calma. Con demasiada calma para una mujer destrozada.

Pero el bueno de Mariano, el timorato de Mariano, el inseguro de Mariano, el Mariano Rajoy que se pasaba los días de guardia, como alma en pena, por los pasillos de Genova 13 en marzo de 1996, tras la llegada de Aznar al poder, no le fueran a dejar sin ministerio, no hizo nada.

Y si lo hizo prefirió guardárselo, no fuera que Pedro J. Ramírez le castigara contra la pared o le mandara a galeras. Así me lo contó su jefa de prensa, la sargento/periodista Carmen Martínez Castro.

—Mariano no va a hablar contigo. Después de lo que se ha publicado de tu libro, menos aún. Somos un partido nacional y tenemos que llevarnos bien con Pedro J. Aunque nos machaque.

Rodolfo me cuenta: «Mi mujer, tras hablar con Rajoy, estaba como unas castañuelas. Si al día siguiente se hubieran celebrado elecciones, ella y mi hermana le hubieran votado».

* * *

Por entonces empezaron también los ataques contra Miguel Ángel Santano, Comisario General de Policía Científica, y contra Telésforo Rubio, responsable de Información.

Aunque todos ellos ocupaban destinos de segunda categoría durante los atentados, fueron convertidos en cabezas de turco. El Mundo y la COPE intentaban que se les imputara.

Santano recuerda las llamadas de angustia de Magdalena a su mujer, su doloroso y atormentado desasosiego.

—Tú ¿cómo soportas esto? ¿Cómo toleras que traten a tu marido como un delincuente? ¿Cómo puedes salir a la calle?

Me cuenta Santano, un hombre íntegro al que entrevisté en 1975 para Cambio 16, que no había forma de consolar a aquella mujer.

Otras mujeres de policías, puestos en la picota por la prensa, recibieron también llamadas parecidas de Magdalena. Una de ellas fue Arantxa Serrano, casada con el inspector jefe de la Comisaría Provincial de Información Javier Fernández, el hombre que instruyó el sumario sobre el caso Bono, también dado de baja de la policía por «incapacidad psicofísica».

—Arantxa, ¿no te das cuenta de que esos desgraciados nos han robado el futuro? ¿Cómo aguantas, Arantxa?

Y Telésforo Rubio, el comisario general de Información, que se la llevó a trabajar al archivo de la policía, al complejo de Canillas, para darle calor, recuerda otras anécdotas. Le decía:

—¿Has escuchado la COPE, has visto El Mundo? Nosotros, que acabamos de llegar, somos los que hemos puesto las bombas.

Magdalena no entendía que a Rodolfo Ruiz, su hombre, le estuviera pasando eso cuando tenían resuelta la vida, criados los hijos, los dos con carreras universitarias y trabajo, y apenas le faltaban diez o doce años para jubilarse.

* * *

La «caza del hombre» puesta en marcha por el periódico de la calle Pradillo y la emisora de los curas tendría otras derivaciones.

Un día, al coger el ascensor para subir a su despacho en Moratalaz, donde está la Brigada de Información, Rodolfo Ruiz se encontró un papel en una de las paredes. Ponía: “Rodolfo, terrorista”.

En otra ocasión, al ir a su pueblo, en Cuenca, le cuentan que en el municipio de al lado le acusan de “haber puesto la mochila entre los restos del tren por órdenes de Zapatero”. Incluso comentan que «iba a ver al presidente del Gobierno al Congreso a recibir instrucciones para implicar a los "pelanas de Lavapiés" en el atentado».

Acorralado en su trabajo, en su lugar de nacimiento, tienen que dejar de ir a Cuenca por un tiempo. Era la forma de evitar que alguien le insultara y el asunto acabara en trifulca.

«A partir de entonces mi mujer, mis dos hijos y yo empezamos a vivir atemorizados, dejamos de ir a muchos sitios por miedo a acabar en una bronca- Por miedo a tener un encontronazo, dejé la pistola reglamentaria en casa e iba desarmado al trabajo

Él, que tiene un expediente inmaculado, sin una falta, empezó a saber lo que era sentirse estigmatizado porque El Mundo y la COPE le acusaban de inventarse la bomba de Vallecas.

Mientras Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos duermen cada noche tranquilos, el comisario de Vallecas, que ha llegado a lo más alto de su carrera policial y carece de ambiciones, solo está pendiente de su familia y empieza a sentir que se le resquebraja la salud.

* * *

El 13 de marzo de 2006, un mes antes de que se sentara en el banquillo, empezó la campaña de prensa para criminalizarle. Utilizando un sólo testimonio, el del inspector jefe Miguel Ángel Álvarez, El Mundo publicaba en portada: «La mochila de Vallecas no estaba entre los objetos que la policía recogió del tren. Un inspector no reconoce la mochila que le mostró el juez».

Los iluminati del periodismo, los fanáticos que piensan que las cosas ocurren como ellos se imaginan, ponían así en marcha la teoría de la conspiración. El comisario de Puente de Vallecas iba a convertirse en la pieza clave, en el hombre que manipuló las pruebas del 11-M para hacer recaer las sospechas en los islamistas.

Con ese aplomo de hombre que nunca ha roto un plato y esa serenidad de persona moderada y ecuánime, como si fuera el verbo divino, Casimiro García-Abadillo escribió: «Como es sabido, Rodolfo Ruiz fue el responsable de la investigación policial sobre la presunta agresión del ministro José Bono. La Audiencia Provincial de Madrid ha ratificado que existen indicios "más que suficientes" para acusar a este funcionario de detención ilegal y de falsedad documental en el caso de dos militantes del PP acusados de agredir al ministro Bono». Palabra del Niño Jesús.

* * *

En abril de 2006 se celebra en la audiencia provincial de Madrid la vista oral por la supuesta detención ilegal de los dos militantes del PP. Preside la sección decimonovena el magistrado Manuel Hidalgo Avia, antiguo miembro de la Brigada Político-Social.

La sala está a rebosar. Pero no de compañeros suyos, sino de militantes y simpatizantes del PP y de los llamados Peones Negros. Nada más entrar por la puerta del juzgado empiezan a señalarle:

—Mira, ése es el de la mochila de Vallecas.

Los interrogatorios a los que somete a los testigos el presidente de la Sala, con el objetivo de condenar al comisario, son criminales.

—¿Quién dio la orden de detención de los acusados?

—El jefe de sección.

—¿No es más cierto que la recibió del comisario?

—No

—¿Estaba el comisario allí? ¿Asistió a los interrogatorios?

—No

—¿Dónde estaba el comisario?

—No lo sé.

—¿No estaría en su despacho, dando órdenes en secreto?

—No lo sé. Tal vez estaría en su despacho.

—Ah, conque estaba en su despacho -concluye el magistrado juzgador el interrogatorio.

El afán por encarcelarle es tal que hay un momento en que Rodolfo no puede aguanta más y les dice a sus amigos:

—Esta tensión es inaguantable, no hay ser humano que la soporte,

Sus compañeros le animan a resistir. Llega a decirles:

—A ver si me condenan ya. Una vez acabado todo, sé por lo menos que voy a descansar.

Hasta que un día, no aguanta la tensión y las lágrimas caen por sus mejillas.

* * *

Quote:Ayer [el comisario Ruiz] se echó a llorar, mira que son cobardes, el que encontró la mochila milagrosa, ésta que ahora resulta que no podía estallar y además llevaba a los moritos de Lavapiés [...], se echó a llorar. Lágrimas de cocodrilo, hay caimanes más sinceros [...]. El heroico Ruiz. Los propios policías ven que les cae el marrón, más que os va a caer y por lo del 11-M alguno no verá el sol más tarde o más temprano. Habéis sembrado de pruebas falsas el sumario, habéis colaborado con una masacre criminal y lo pagaréis vosotros, lo pagarás tú, Ruiz, como lo pagó Amedo y Domínguez.

Son palabras de Federico Jiménez Losantos. El 9 de mayo de 2005, el ilustre periodista de Orihuela del Tremedal, hijo de un zapatero remendón y una avispada maestra de escuela rural, vuelve a la carga.

—EI señor Rodolfo Ruiz ha manipulado pruebas, ha falsificado documentos para obtener detenciones ilegales del adversario.

En antena, Pedro J. Ramírez le sigue la corriente:

—Claro, claro. El que hace un cesto hace un ciento. El factor humano cuenta. Hemos tenido la desgracia de tener en el caso de mayor trascendencia de la historia judicial, la masacre del 11-M, que el instructor sea un hombre con poco brío, que le engañe la policía.

Al margen de que estaba pisoteando famas ajenas sin saber el terreno en que pisa, Ramírez continúa:

Quote:El hecho de que este señor, el rey de la taifa policial, en la que surge de la nada, nadie ha visto la mochila de Vallecas en la estación del Pozo, nadie asegura que haya pasado por sus manos y, de repente, aparece en las dependencias de este comisario. [...] Del mis¬mo comisario al que ahora acaban de suspender, si la sentencia es firme se queda sin carrera, se va cinco años a la cárcel, exactamente por lo mismo, por manipular las pruebas para obtener beneficios políticos.

* * *

Tras la vista oral, después de dos semanas sentado en el banquillo, el 29 de junio de 2007 sale condenado a cinco años de cárcel y dos de sus compañeros, José Luis González Salgueiro y Javier Fernández Gómez, a penas que oscilan entre los cinco y tres años respectivamente.

Según la sentencia, la detención fue «arbitraria e ilegal». Se habían falsificado documentos y el comisario de Vallecas, que no estuvo presente en las diligencias, coaccionó a los querellantes.

Pero eso no es lo peor. Meses antes de la detención, el oncólogo le había comentado. «Tienes un problema de próstata. Vete preparándote porque dentro de unos años habrá que reducirla

En julio vuelve al médico. Éste dictamina que al pasar dos semanas sentado en el banquillo, y debido a la tensión, la próstata se ha agrandado. Para evitar males mayores hay que operar sin falta. En agosto es intervenido de una hipertrofia prostática benigna.

Además, a él y a sus compañeros se les somete a la peor condena que puede recaer sobre un policía: se les incapacita psicofísicamente para realizar sus funciones y se les retira el arma.

Aquella decisión supone su muerte como policía. Sólo pueden regresar al cuerpo si el Supremo demostrara su inocencia y un nuevo tribunal médico dictamina que están en condiciones de ejercer su trabajo. El inspector jefe Javier Fernández Gómez, al que se le propone meses más tarde el reingreso en la Policía, se niega.

—Sé -me dice- que estoy en plenas facultades. Pero me asalta una duda. Me han dado tantos palos que si vuelvo a encontrarme en un caso similar al de Bono no sabría qué decisión tomar.

Fernández también sabe a quién echar las culpas, al director de El Mundo.


Pedro J. Ese hombre - morenohijazo - 29-10-2009

Rodolfo Ruiz y Pedro J. Ramírez.(y III)
* * *

En esa situación, tras recurrir al Supremo, la Sala de lo Penal, integrada por los magistrados Enrique Bacigalupo, Andrés Martínez Arrieta y Manuel Marchena no sólo le absuelve. Lo hace además con todos los pronunciamientos favorables y acusando a la Audiencia Provincial de «linchamiento público».

La nueva sentencia da por sentado que el tribunal provincial juzgador había infringido la Ley, los preceptos constitucionales, había quebrantado las normas procesales y no había obrado con imparcialidad.

Celebrada la vista oral del 11-M, en contra de lo que pedían El Mundo y la COPE, la Audiencia Nacional no declaró que la mochila de Vallecas fuera manipulada. En contra de lo que se venía repitiendo en la prensa, dejó claro que su actuación policial, en los días anteriores y posteriores al 11 de marzo de 2004, fue impecable.

Tras muchos meses de calvario, Rodolfo Ruiz recupera su honra. Lo que nadie puede devolverle por entonces es el cargo que ostentaba en la brigada provincial de Información de Madrid.

Dado de baja desde marzo de 2006 hasta abril de 2007, ese mes se le obliga a jubilarse por «disminución de su capacidad psicofísica». La presión de la prensa y la radio le habían convertido en apenas unos meses en un guiñapo.

Pero El Mundo y la COPE siguen haciendo leña del árbol caído. Veamos un ejemplo: 17 de abril de 2007. Federico Jiménez Losantos: “¿Cómo se explica esto de la prejubilación? Hombre, porque están comprando su silencio, por la mochila, que no era mochila de Vallecas, bomba que no era bomba, que su única función era llevar a la trama islámica.”

Pedro J. Ramírez: «Trato de favor, a quien se ha comportado de manera delictiva. Esto es el equivalente a los privilegios que recibían Amedo y Domínguez. La conciencia de Rodolfo Ruiz es así de porosa, como las bolsas de polietileno. Como de momento lo que le va a entrar es una suculenta prejubilación, desde luego su condición psicofísica […] porque de todas las comisarías de España, la mochila que nadie vio, ¡oh casualidad!, tuvo que aparecer en la suya».

Federico Jiménez Losantos: «Una mochila que era Bolchila, y dos por el precio de una».

Pedro J. Ramírez: «Previamente, este hombre, que era jefe de la comisaría de Puente Vallecas, fue ascendido a comisario jefe de Información de Madrid. Ya tuvo su premio, tuvo su ascenso [...], eso fue en reconocimiento por el hallazgo de la mochila. Eso es para que no cuente de dónde salió la mochila».

Expertos en inventarse sumarios paralelos en forma de libros, pese a ser declarado inocente, durante meses El Mundo sigue utilizando la «técnica del Titadyn» en contra del comisario de Vallecas.

* * *
En todo este tiempo Magdalena G. R aguantó como una jabata los dos juicios de los que marido salió absuelto.

Una vez reconocida la inocencia de Rodolfo Ruiz, se plantó en Castellana 5 y exigió que se le reintegrara a su puesto de trabajo, con todos los pronunciamientos favorables.

Pero aquí se encontró con la pared del Ministerio del Interior. Una pared inexpugnable, rígida.

—Tenemos que esperar a que El Mundo se tranquilice y asuma que han estado metiendo la pata durante cuatro años -le dijeron.

—Pero si Rodolfo es inocente, si mi marido es inocente.

—Nadie lo pone en duda. Pero tenemos que pensar en El Mundo.

—¿Y para contentar a El Mundo nos tratáis como a delincuentes?

Al no encontrar el apoyo que pretendía entre los suyos, por el temor que inspiraba el sucesor de Tomás de Torquemada al Gobierno de Rodríguez Zapatero decidió escribir cartas al Rey, al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; al defensor del Pueblo, Enrique Múgica; al presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, al presidente del Congreso de los Diputados, José Bono.

Pedía que se hiciera justicia a su marido, a su familia, y fueran condenados los periodistas que le habían injuriado llamándole asesino, achacándole las muertes del tren de El Pozo del Tío Raimundo.

—¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!

Pedro J. Ramírez, el periodista al que consideraba responsable de su tragedia, era demasiado alto, demasiado poderoso.

Tenía patente de corso para difamar, injuriar, ca¬lumniar. Así que nadie, ni abogados ni jueces, ni políticos le hicieron caso.

Entonces, pensó que vivir no tenía sentido, que la vida no valía la pena y comenzó su deterioro psíquico, su hundimiento. Los médicos lo dictaminaron: el «periodismo de queroseno» había abrasado su cerebro. Su mente estalló en mil pedazos y fue necesario acudir al psiquiatra para que le ayudara a superar las depresiones. Pasó unos días inter¬nada en una clínica de la Avenida de los Poblados.

Al ver que no mejoraba, la trasladaron a otra, Nuestra Señora de la Paz, situada en la calle López de Hoyos de Madrid y regida por la Orden Hospitalaria de los Hermanos de San Juan de Dios.

A comienzos de octubre de 2007 salió un rato para ir a ver a sus amigas al archivo de la Comisaría General de Información.
Allí se tomó un café con ellas, estuvo dicharachera y le dijo a Ruth:

—Vengo a despedirme, porque a lo mejor no nos vamos a ver más.

Y a Ruth le da un sobresalto.

—¿Te pasa algo, Magdalena? ¿No tendrás algún tumor?

—No, nada, nada mujer. ¡Cosas mías!

Magdalena G. P. tenía un cáncer, el cáncer de la angustia vital, el de los pensamientos fijos, toda la vida pensando en una cosa, en la misma cosa, que no la dejaba vivir ni de noche ni de día.

* * *

El 10 de octubre de 2008, el día en que decidió que era mejor dejar de vivir, Javier Fernández, ex inspector jefe de la Comisaría provincial de Información de Madrid, recuerda que llevó a su marido al hospital.

Me lo cuenta: «le dejé en la puerta sobre las doce». El ex comisario de Vallecas estuvo en su habitación haciéndole compañía hasta las dos y media.

Rodolfo la entretuvo comentándole lo bien que había quedado la reforma de la casa de sus padres en Hinojosa de San Vicente, hablándole de las fiestas de San Roque del año próximo a las que no faltarían y de las escaladas a La Pedriza o a Peñalara.

Pero ella había decidido ya cortar el hilo de la vida terrenal e incorporarse al mundo de los espíritus y no le escuchaba. Sólo repetía:

—Me quiero morir.

Como el diagnóstico de los médicos que la trataban era el de «tendencia suicida», antes de marcharse, Rodolfo habló con el médico.

—Me parece que está peor. Sólo repite que quiere morirse.

—No se preocupe. ¡Nunca se nos ha suicidado un paciente!

Rodolfo Ruiz regresó a su domicilio de Aravaca donde Elvira, una hermana de Magdalena, se había hecho cargo de la casa.
No había llegado todavía a su vivienda, cuando le dieron la trágica noticia.

—Vuelva corriendo. ¡Su mujer se ha suicidado!

* * *

Conocí al ex comisario de Vallecas el 9 de abril de 2009, día en que quedo con él en la calle Osa Mayor de Aravaca para hablar del libro Pedro J. Ramírez, el profeta del lado oscuro al desnudo.

Él también está ahora de baja por depresión y, para colmo de males, medio paralítico con tres roturas de fémur en la pierna izquierda.

Para acceder a la entrevista, Rodolfo Ruiz pone una condición, no hablar de su mujer. Al final, sin embargo, es él quien empieza a contar cosas de Magdalena. Pero se refiere a ella como si siguiera viva, hasta que al cabo de dos horas se derrumba.

—Sabes que, la pobre, ha muerto -me dice.

Aprovecho que ha sacado el asunto y le hago la pregunta:

—¿Qué o quién indujo a tu mujer al suicidio?

Dice sin pestañear, mientras se saca las lágrimas:

—Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos la mataron con sus comentarios. Son las dos personas que más daño han hecho a los míos. No les perdonaré nunca, ¡malditos!

Tras pasar la tarde juntos, antes de que se marche de su hogar, el inspector jefe señala al perro de la casa.

—También tiene cáncer. Está a punto de morirse.

La tragedia, que se ha cebado en la familia. ¿Serán conscientes Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos de que el «periodismo de dinamita» puede matar?

Ignoro si Rodolfo Ruiz tiene toda o parte de la razón. Sin embargo, ¿hasta qué punto puede acusar un periódico a una persona sin pruebas ni indicios de colaborar con un asesinato masivo como el del 11-M? ¿Hasta qué punto puede el periodismo de gasolina organizar la «caza del hombre» y crear tal estado de ánimo en el seno de una familia que lleve a que uno de sus miembros se quite la vida?

Porque hay otras personas, desde los familiares del ex gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, hasta los de Juan Tomás de Salas, que atribuyen el deterioro de sus seres queridos y su muerte prematura al sufrimiento físico y emocional al que les sometió El Mundo. Y otros, como Manolo de la Concha, acusado de una estafa con el Banco Ibercorp, encarcelado en 2007 por algunos delitos conexos, que sigue sin poder recuperarse de la tragedia lo mismo que Alberto Cortina y Alberto Alcocer quienes no son nada santos pero tampoco tienen que sufrir el despiadado y brutal «encarnizamiento» de un periódico. Y son muchos los que, como Rodolfo Ruiz Martínez, proclaman.

—Pedro J. Ramírez, ¡terrorista! La maldición caiga sobre ti, los tuyos y toda tu descendencia por los siglos de los siglos.

Rodolfo Ruiz, tras pronunciar estas palabras, no puede contenerse y las lágrimas vuelven a resbalarle por las mejillas. Desde que perdió a su mujer ya no es el mismo, sólo piensa [pensaba] en morirse.

Por cierto, al comienzo del capítulo señalé que el entierro de Magdalena fue a las siete de la tarde de un lluvioso día de octubre en un silencio sepulcral, donde el silencio se cortaba con un cuchillo.

No era cierto del todo. Había una joven que no paraba de hablar y decía cosas como ésta: «¿No veis que aquí no ha pasado nada, que mi madre sigue viva, que todo es mentira? ¿No veis que de un momento a otro va a aparecer?». Era la hija de la víctima, psicóloga de profesión, que ha ayudado a muchas personas a sobrellevar sus problemas. La ciencia que imparten en la Universidad Central de Madrid, donde estudió, no le ha ser¬vido para soportar la muerte de su madre.

«Maldito el periodista que la llevó al precipicio», vuelve a repetirme Rodolfo Ruiz al despedirnos. Y se echa a llorar como una magdalena, por su Magdalena del alma, Magdalena.


Pedro J. Ese hombre - morenohijazo - 29-10-2009

¿Les ha gustado?

En días futuros traeremos aquí comentarios donde saldrán Sánchez Manzano, Múgica, Gómez Bermúdez,... y Antonio Iglesias, "de exhuberante fantasía", para el autor del libro.


Pedro J. Ese hombre - Mangeclous - 30-10-2009

Joder, qué cabreo. Sin comentarios.


Pedro J. Ese hombre - Arautiam - 30-10-2009

Está claro que Díaz Herrera no pasará a la Historia de la Literatura, pero me muero de ganas de comprar ese libro. Hasta ahora no lo he encontrado en ninguna librería... ¿casualidad?, ¿mano negra?...¿ quién sabe?

Lo que me sulfura es lo de los jueces. En efecto, el Supremo emitió una sentencia muy dura con la sección de la Audiencia de Madrid que había condenado a Ruiz y sus compañeros por el caso Bono. Dijeron que ese tribunal había vulnerado las normas procesales, que había hecho un "linchamiento público" a los acusados y... a otra cosa, mariposa. A esos jueces no les pasa nada, más allá de que el Supremo les eche el sermón. No debería ser así, tendría que haber alguna sanción para el juez que vulnera los derechos de un justiciable.