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Jesús de Nazaret, de Joseph Ratzinger - Printable Version

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Jesús de Nazaret, de Joseph Ratzinger - Acorrecto - 06-09-2007

Acaba de salir y no lo he leído, pero promete:
'Hipótesis sobre María', de Vittorio Messori
Ficha técnica:
Título: Hipótesis sobre María
Autor: Vittorio Messori
Editorial: Libros Libres
470 páginas
22,00 euros

http://blogs.periodistadigital.com/libros.php/2007/09/05/hipotesis_sobre_maria_de_vittorio_messor
Esto dice P.D.
Quote:Después de arrasar en ventas en Italia, se edita en España el último libro de Vittorio Messori. En "Hipótesis sobre María" (LibrosLibres), Vittorio Messori hace un riguroso estudio de la que considera la mujer más influyente de la historia.

Vittorio Messori es un viejo conocido en el mundo editorial tanto por sus libros propios —es, sin discusión, el columnista religioso con más prestigio del mundo y autor de auténticos best-sellers— como por los que ha hecho en colaboración con dos Papas. El primero lo hizo a principios de los 80 con un entonces Cardenal Ratzinger metido de lleno en las polémicas de la teología de la liberación, y el segundo lo hizo en 1994 con Juan Pablo II, obteniendo en los dos casos un enorme éxito en ventas seguido de no pocas polémicas dentro y fuera de la Iglesia.

Primero la madre. Si Benedicto VXI acaba de publicar en italiano su «Jesús de Nazareth», hace ya dos años Messori publicó en Italia su libro sobre la madre de Jesús de Nazareth, cosechando un enorme éxito editorial. De igual forma, en sus ediciones castellanas, aparecerá en España primero el libro de dedicado a la madre, «Hipótesis sobre María» editado por LibrosLibres. En este libro, Messori busca aclarar quién es para los cristianos la Madre de Dios, qué credibilidad merecen sus apariciones en Lourdes, Fátima, etc. y qué significado tiene María dentro de las creencias cristianas. Messori confiesa que hace ya años le propusieron escribir un libro sobre María pero «semejante propuesta me pareció extravagante». Sin embargo, poco a poco y de forma cada vez más intensa, vio que «la Madre se descubre después, cuando se ha entrado en intimidad con el Hijo… Entonces nos damos cuenta de que la presencia discreta de María es esencial».

Milagros, apariciones y herejías. Las páginas de «Hipótesis sobre María» prometen no dejar indiferente a nadie. Messori entra de lleno en todas las polémicas referidas a la Virgen María: sus apariciones, sus familiares, el hecho mismo de Su virginidad, los milagros que se le atribuyen, las interminables discusiones que han tenido las iglesias reformadas con la Iglesia católica y las ortodoxas, etc.

Vittorio Messori (Sassuolo di Modena, Italia, 1941). Se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad de Turín. Periodista de profesión, ha trabajado dentro del grupo del periódico italiano La Stampa. Ha colaborado también en el diario Corriere Della Sera, en el Avvenire y, cada mes, escribe en la revista Jesús «El caso Cristo», un estudio sobre la historicidad de los Evangelios. Después de publicar Hipótesis sobre Jesús (más de un millón de ejemplares vendidos en Italia y superadas las veinte ediciones en todo el mundo) ha escrito varios libros de enorme éxito internacional: Apostar por la muerte, Informe sobre la fe (junto con el entonces cardenal Ratzinger) ¿Padeció bajo Poncio Pilato?, y fue el periodista que colaboró con Juan Pablo II en el libro Cruzando el umbral de la esperanza. De su obra traducida al castellano, Leyendas negras de la Iglesia alcanzó un considerable éxito en España.



Jesús de Nazaret, de Joseph Ratzinger - Acorrecto - 22-03-2008

PASCUA CRISTIANA.

Supongo que éstas cosas no las lee nadie, pero el caso es que tengo escrita una historia novelada de la Pasión y lo que vino después, de título "EL GRAN HEREJE". Un currazo. Más de 200 folios explicando lo que cuenta el NT. Por esas cosas de los ordenadores no sé cómo sacar el archivo completo y sólo he colgado en la red un relato de la crucifixión. Es éste:

Primer códex: Judea-Palestina
Rapsodia I: EL PERSA. "Amicvs Plato, sed magis amica veritas"

DECLARACIÓN:
Quote:"Yo, Dionisio de Alejandría, Obispo de Nuestro Señor, he decidido dejar copia manuscrita de un documento remitido a mí por un gran amigo y maestro: Orígenes, hijo de Leónidas de Alejandría. Al parecer, el abuelo de Orígenes conoció en su infancia a un hombre, un antepasado mío llamado Dionisio III, el Persa. Éste, hijo del Mago oriental Baltazaar, redactó un Evangelio que le dejó en herencia al hijo de su amigo y a la vez su propio hijo adoptivo: Leónidas, futuro padre de Orígenes, santos como es sabido el padre como el hijo. El manuscrito lo heredó pues, Leónidas, el cual, fallecido mártir, lo transmitió a su primogénito: el grandísimo sabio, caído en desgracia con la Iglesia pese a haber muerto por ella, mi amigo y mejor maestro, Orígenes.
Hoy, en el año 1.018 del Imperio, 234 años desde la resurrección de Cristo, y teniendo en mi poder dicho documento sin poderlo dar a conocer; decido dejarlo escondido en el Arca Sagrada del Sancta Sanctorum de ésta Basílica. Sé que me ronda la muerte y no puedo hacer nada más. Que los Santos Padres que me sucedan vean la forma de usarlo a la mayor Gloria de Dios.
Que la Gracia de Jesús Nuestro Señor, ilumine el camino de este escrito. Amen".
• -Nota: La expresión "Evangelio" no consta en el original, sino su sentido expreso: "Nuevo Mensaje", que no otra cosa es "eu-angelio".
La personalidad del obispo y santo Dionisio, llamado el Grande, es absolutamente histórica. Discípulo del gran mártir Orígenes (185-253 D.C.), llegó al obispado de Alejandría. La fecha de la que habla en el texto, 264 de nuestra era, fue el año de su muerte.
El padre de Orígenes es el también mártir, san Leónidas (126-202 D.C.), a cuyo padre parece que Dionisio III el Persa dirige la presente obra, siendo todavía sólo un niño. El posible parentesco entre san Dionisio de Alejandría (247-264 E.C.) y el supuesto antepasado, Dionisio el Persa (12 D.C.? - 118 D.C.?), es, cuanto menos congruente y posible.
Sobre Orígenes (santo en el Oriente ortodoxo y casi anatema en Roma, pese a los reiterados intentos de rehabilitación), resulta unánime reconocer la inmensidad de su figura y su obra como una de las cumbres del pensamiento humano. No tendrá la Civilización una cabeza tan lúcida hasta la llegada de Agustín de Hipona.


RAPSODIA II :
“EL ESCARNIO DE JERUSALÉN”
(ECCE HOMO)

Levantamos el campamento al amanecer. Próculo, silencioso y eficiente, me despertó; ya tenía preparado un cazo con el gustatitium caliente y se disponía a mezclarlo con miel para el desayuno. A mi lado una hermosa copa de bronce esperaba a que hiciera las primeras libaciones de hidromiel al Padre Helios-Sol.

Nota: El “mulsum”, o vino con miel, era recomendación de los médicos, que, como dice Plinio el Viejo con humor: “siempre se lucen con alguna novedad.” (Plin. XIV, 143). No obstante, el “gustatitium”, una especie de “mulsum”, se generalizó como aperitivo a partir de Tiberio. Vamos, que esa afición nuestra por el vino, viene de antigüo...

Tomamos la pequeña colación y, con los caballos y acémilas cargadas partimos con presteza. Atrás quedaba el infierno de Esdrelón y su tórrida llanura. Habíamos seguido el curso del Jordán y visto aquellos hondos que descubrió mi padre: muy por debajo del nivel del mar.
El paisaje cambiaba a cada paso. Matorral y cañas, entre romeros y alcornoques. Respiraba el Mare Nostrum, creo que subimos más de mil metros. Se notaba el aire fresco. Allí estaba la Ciudad Santa, Jerusalén.
Entramos por la puerta Este, nadie hizo ni caso. La llamaban Puerta de la Fuente, con la Torre de Siloé y su correspondiente piscina de la ciudad baja. Preguntando a los soldados que entendían mi lengua fuimos callejeando, (casi todos eran palestinos no judíos reclutados en los alrededores, con un particular odio a los judíos). Alcanzamos el acueducto que, según nos dijeron, nos llevaría hasta el Pórtico Real y la muralla interior. Ésta es la que unía el palacio de Herodes con el Atrio de los Gentiles. Hoy en día no queda nada de aquello, apenas algunos sillares amontonados y algún trozo de muro. Me planté en el Templo antes de las diez de la mañana. Presenté mis cartas a una extraña guardia, mitad legionarios, mitad bárbaros; al instante apareció una figura que me llamaba en griego. Desde nuestra posición veía a mi izquierda, en la esquina, la Fortaleza Antonia. El muro ante mí tendría 200 metros y había 4 entradas o portales. En el pórtico principal destacaban dos gigantescas columnas de bronce (4 ó 5 hombres para rodearlas con los brazos), y los sillares del muro eran de ¡5 metros de longitud por 2 metros de altura y 2 de grosor!

• -Nota: Lo cual nos indica que, el actual muro de las lamentaciones, de sillares mucho más discretos, no formaba parte del Templo original. Así lo constató el médico español Maimónides. Muerto en 1.204, dejó escrito que Jerusalén era una tierra arrasada y estéril, pero sobre todo, que del Templo no quedaba ni una sola piedra no destruida. Tal y como profetizó Jesús, y ejecutó Tito.

Levanté mi mano derecha e intenté sonreír mientras avanzaba. Ante mí, un sacerdote de unos sesenta años; enjuto, alto, con marcado rostro judío. Una tupida barba le cubría todo el pecho y la cara, así que no supe si sonreía o no.

.-“Salve hermano Dionisos, la paz sea contigo. Soy Nicodemo.”

Era el amigo de mi padre, tras los saludos y las preguntas de cortesía pasó a decirme que llegaba en muy mal momento. Me invitó a entrar, de modo que dejé a Próculo con las monturas y me interné con Nicodemo por el Patio de los Gentiles. Al pasar delante de un portal pude ver a lo lejos el de los Sacerdotes a través de la parte para mujeres. Aquellos sillares eran tan grandes como los que había visto en los sepulcros de Alejandría, esos parecidos a nuestros zigurats pero terminados en punta de oro.

.-“Es un momento muy triste, amigo mío, justo de madrugada prendieron al hombre que querías conocer”.

Entonces me di cuenta de que profundas ojeras marcaban su cara; sin duda había pasado una noche muy movida. Le pregunté qué pasaba y porqué.

.-“Su grupo de seguidores se estaba convirtiendo en un gran problema para todos; aunque les faltó tiempo para salir huyendo y dejarlo sólo... Bueno, quedan con Él las Discípulas, pero siendo mujeres, una docena, es lo mismo que si no tuviera a nadie. Sabes que hace ya casi tres años tuvimos un gran alboroto con su hermano... o su pariente, el Bautista, ¿recuerdas?”

.-“Sí, creo que hacías referencia a él en una carta. ¿Lo decapitó el Tetrarca, no es así?”

.-“Efectivamente, amigo mío. Aquel era un hombre santo, y el pueblo se soliviantó muchísimo, sin embargo ahora todo es diferente. Los fariseos intentamos mantener nuestra causa y costumbres, los saduceos rivalizan, los celotas nos acosan con sus atentados, y cada vez son más los jóvenes que se pierden en sectas o que salen al desierto con los esenios. Pecamos de elitismo, y este Yehoshúa ha sabido poner el dedo en la llaga de nuestra hipocresía: las formas están borrando el contenido. Hace unos días, derribó las mesas de los cambistas y los vendedores de palomas. Algunos corderos salieron huyendo del patio y nadie se atrevió a decirle nada. Tenía razón. Pero luego añadió algo de que si arrasaban el Templo, Él lo levantaría en tres días. ¿Te imaginas? Derribar este Templo... ¿Quién puede imaginarlo? Puso en evidencia a Caifás y a su suegro.
Decidieron acabar con su vida”.

.-“Entonces ¿ha muerto?”

Creí que se me caía el mundo encima. Llevaba hechos más de mil kilómetros para conocer al Rabí de la Profecía, y había llegado tarde. Nicodemo alzó los hombros pareciendo comprenderme. Venía de muy lejos en busca de una leyenda que, hace 40 años descubrió mi padre. Él era quien me enviaba. Venía para acabar su obra y su vida. Quería saber si toda su esperanza era una creencia vana. Nicodemo me miró fijo a los ojos:

.-“No, está vivo. Podía haber huido a Cesárea como la otra vez, pero no; prefirió quedarse y lo han arrestado hoy. Hace apenas un rato que la multitud clamaba como hienas para que lo crucificaran. El Gobernador, Pilatos, ha dado el placet. Lo han condenado por perduellio, aducen alta traición, lo acusan de querer reinar”.

Yo no comprendía nada de lo que me estaba hablando. ¿El Profeta atentando contra la maiestas? ¿Como si fueran las intrigas contra Cinna de hace tantos años? Nicodemo me expresó su propia desazón.

.-“Así es. Crimen maiestatis populi Romani imminutae, agravado por ser Él mismo la figura monárquica. El ipso facto romano ha funcionado mejor que nunca: el sinedrio se ha encargado de ello. Como sabes, el derecho romano exige cumplimiento inmediato de la justicia, pero hasta los no ciudadanos tienen un abogado para su defensa”.

Tomó un manto, y dando unas órdenes a algunos siervos que transportaban fardos, salió conmigo y con Próculo para acompañarnos al Pretorio. Intentaría siquiera ver a aquel hombre antes de morir. Por el camino me informó de que todos sus discípulos habían huido. Sabía que sólo algunas mujeres y un joven esperaban para asistirle en el final. Él, por su parte, ya había hablado con José el de Arimatea, miembro de un sinedrio menor, y pensaban cargar los costes de sepultura a la comunidad. Aquello me extrañó, lo lógico era dejar que las aves devoraran los cuerpos crucificados, o tirarlos al río, pero una curiosa costumbre local lo impedía. Por lo visto, tenían miedo a la impureza del cadáver...siempre los fariseos, en fin. Entramos en un patio militar, pero quedaban dos esclavos y una guardia; la flagelación ya había terminado. Recordé que desde Catón que no se aplicaba el flagellum a ningún ciudadano romano. Uno de los esclavos tenía en la mano el horrible instrumento de cuero; limpiaba las puntas con huesos ensartados y bolas de plomo. En la púa de cada bola quedaban colgajos de carne, pelos y piel que extraían minuciosamente con unos palitos. Nos dijeron que le habían dado casi cuarenta, tuvieron que parar para no crucificarlo muerto. La columna a la que le ataron estaba llena de sangre; aquello era la escena de una carnicería. El suelo con vómitos, grumos de carne y sangre, orines, suciedad y todo el salvajismo que Roma era capaz de emplear. Dos soldados bromeaban a propósito de “una corona para el rey”, entre carcajadas apremiaban al esclavo para que limpiase rápido. No pude contenerme y les pregunté qué era aquella historia de reyes y coronas. El legionario me contestó con una maligna sonrisa que le habían clavado una corona de espinos desgarrándole la cabeza... Al fin y al cabo, el cartel de madera colgado en su cuello decía:
Quote:“Iesus Nazarinus Rex Iudeorum”
Efectivamente, el “Titvlvs Crvcis” de Iesus-Yesúa, decía textualmente “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”. Estaba escrito de derecha a izquierda siguiendo el uso oriental, y en tres lenguas diferentes: el latín, lengua del imperio; el hebreo que se hablaba en esa zona; y el idioma clásico internacional, el griego.

• -Nota: Incluso en un error típico de la época, escribieron Nazarino, en lugar de Nazareno; una falta de ortografía que, aún hoy, puede apreciarse en la mitad conservada del “Titvlvs”, recuperada por la santa madre de Constantino, junto al madero y otras reliquias.

Salimos del Pretorio. Una mujerzuela bromeaba con los soldados. Preguntamos por las mujeres y el joven discípulo que le seguía.

.-“¿Discípulo? No, no; había un joven que presenció todo entre lágrimas, y luego estaba el galileo, un pescador”.

Le pedí una aclaración, y al parecer un hombre de mediana edad había estado con ellos cuando encendieron lumbre por la mañana. Su acento no dejaba lugar a dudas, el dialecto galileo se hacía notar entre el arameo de la capital. Le acusaron de ser discípulo del Rabí, pero lo negó enérgicamente y después huyó. Nicodemo confirmaba lentamente con la cabeza, nos miramos y marchamos de allí. Al enfilar la primera cuesta iba narrándome la amnistía de Pascua. ¡Dioses! Era viernes; por la mañana le habían dado la libertad a un reo de muerte. Entre el Nazareno y un celota asesino llamado Barrabás, el gentío prefirió condenar al justo y salvar al delincuente. La chusma obligó a Pilatos per acclamationem a soltar a Barrabás y crucificar a quien obró milagros entre ellos.

NOTA: Es, cuanto menos curioso, que el celota indultado tuviese por nombre "Barrabás". "Abba"(Padre) es uno de los Nombres de Dios; Bar-Abbas significa literalmente Hijo de Dios, como si el Padre huiera querido dejarnos mensajes en cada uno de los actos que, de otro modo, resultarían incomprensibles.

Unos guardas y dos sacerdotes bajaban hacia nosotros, gesticulaban y daban grandes voces. Se disponían indignados a informar al sinedrio del cartel que colgaba del cuello del condenado. ¡Era una ofensa para el pueblo de David! ¡No se podía permitir! La misma acusación que ellos hicieron se les volvía en contra: los romanos se disponían a crucificar a un reo “rey de los judíos”. Años después recordé aquella escena al ver un hombre dando la vuelta al anfiteatro con una tabla escrita sólo en latín que anunciaba: “este es Átalo, el cristiano”, momentos antes de ser devorado por las fieras. Seguimos subiendo, el segundo grupo que vimos estaba formado en su mayor parte por mujeres.

Le seguía una muchedumbre de pueblo y de mujeres, que se lamentaban y le lloraban. Vuelto hacia ellas dijo Yesúa:

.-"Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí. Llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque van a venir días en que se dirá: “Dichosas las estériles y las entrañas que no engendraron, y los pechos que no criaron”. Entonces se podrá decir a las montañas: “caed sobre nosotros” y a los collados: “sepultadnos”. Porque si en el leño verde se hace esto ¿ qué sucederá en el seco?"

Llevaban también a otros dos malhechores para ser ajusticiados con Él.
Pasaban de las doce del mediodía. La calle, poco antes de su fin, tuerce a la izquierda, se ensancha y sube un poco; por ella pasa un acueducto subterráneo que viene del monte Sión. Antes de la subida hay un hoyo, que tiene siempre agua y lodo; por eso hay puesta una gran piedra para facilitar el paso. La piedra estaba ensangrentada, y distinguí claramente un golpe dado en ella con un leño. Astillas y sangre se mezclaban sobre el lodazal. La subida hasta el Gólgota no podía tener más de 700 metros, pero todo eran callejuelas intrincadas y estrechas. Estaban evitando el centro para no causar tumultos.
En la puerta de una muralla vieja, interior de la ciudad; delante de una plaza con tres calles, encontramos tres mujeres acurrucadas. Una, sentada, lloraba fuera de sí. Las otras dos pudieron explicarnos lo ocurrido. Había caído allí, en el centro de la plaza. El madero transversal que soportaba, era excesivo para Él. Nos dijeron que se veían sus huesos a través de las heridas del flagellum. Hubo algún tumulto; no podían poner a Yesúa de pie y los fariseos dijeron a los soldados:

.-“No podemos llevarlo vivo si no buscáis a alguien que le ayude a portar el travesaño”.
Vieron a poca distancia un pagano, un tal Simón Cirineo, acompañado de sus tres hijos, que llevaba bajo el brazo un haz de ramas menudas, pues era jardinero. Venía de trabajar en la muralla oriental de la ciudad, y no podía salir de en medio de la multitud.

“Después que se burlaron de Él, le quitaron el manto púrpura, le pusieron sus vestidos y cargando sobre Sí la cruz, salió hacia el sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota (calavera). Cuando salían encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, al cual requirieron para que cargase su cruz.”
Aquel peñasco parecía en verdad un cráneo, y se decía que el de Adán, “el Hombre”, estaba enterrado allí debajo.
Como los soldados reconocieron sus vestimentas paganas y de clase inferior, le mandaron ayudar al Nazareno. Primero rehusó, le repugnaba aquel espectáculo e incluso aquel hombre lleno de suciedad y sangre. Finalmente accedió. Era un hombre robusto, y el ajusticiado yacía de rodillas con los ojos en lágrimas; pero con una mirada llena de piedad. Por un instante, Simón, tuvo la sensación de que era él quien inspiraba ternura al condenado. Con sus 40 años no tuvo dificultad alguna para cargar el brazo de la cruz. Detrás venían sus hijos, Rufo y Alejandro, que más tarde serían discípulos, sobre todo Rufo que se hizo muy famoso en Roma por su amistad con Pablo de Tarso. También había uno pequeño que vi después con Esteban, antes de que lo lapidaran.
La otra mujer, la que no hablaba, se acurrucaba en el portalón con un paño apretado en su pecho. Les pregunté qué le ocurría. Era Serafia, mujer de Sirac el del Consejo del Templo. Más adelante, el mundo la conocería como Verónica, de Vera Icon (Retrato Verdadero), a causa de lo que hizo ese día. Verónica había preparado un vino aromatizado, con intención de dárselo a beber al Mesías para fortalecerlo. Salió con su velo y un paño sobre los hombros. Tenía una hija adoptada de 9 años que se escondió con el vaso. Ella se adelantó a trompicones entre la multitud y se presentó paño en mano, pidiendo que la dejaran limpiarle la cara. Era costumbre aceptada limpiar la sangre y el sudor de los condenados. Yesúa tomó el paño con manos temblorosas, lo aplicó sobre su rostro ensangrentado y se lo devolvió dándole las gracias. Ella lo metió en sus mangas mientras la niña se acercaba con el vaso rebosando vino y miel. Los soldados les vieron y uno lanzó la bota contra la niña, el condenado se interpuso y con estruendo cayeron todos al suelo. El tumulto siguiente de blasfemias y golpes sirvió para escabullirse entre la gente; se apartaron de la calle y como pudo se cobijo con la chiquilla en el portalón. Cuando desapareció el gentío, abrió el paño... segundos después caía desmayada por tierra. La niña gritó hasta que vinieron las vecinas. Aquel sudario de fina lana, tres veces más largo que ancho, formaba una imagen clara en sus hilos con el rostro del Hijo del Hombre.
Yo estaba muy afectado. Con mis 18 años, pese a ser versado en filosofía y oratoria, pese a las artes y ciencias en el palacio de mi padre y mi experiencia en Alejandría, aquella situación empezaba a escapárseme de las manos. Mi siervo, Próculo, que nunca abría la boca, demostraba su evidente nerviosismo mirando a izquierda y derecha. Estábamos a cierta distancia de la puerta Sudoeste, y arrebatado, increpé a Nicodemo:

.-“Pero ¿qué significa todo esto? No entiendo porqué la gente llora a uno que los maestros condenan. ¿Acaso no son ciertos los prodigios?”

.-“Joven Dionisos, debes comprender... ¡Claro que los prodigios son ciertos! Ese es el problema. Cuando afirma algo, lo avala con un poder que no es humano. No dice hablar “en nombre de”; dice ser de Él mismo la autoritas. El Sumo Sacerdote y los demás ligados al poder no lo pueden permitir. En Jerusalén asesinamos a los profetas para después honrarlos. Y éste, es más que un profeta.
Antes de lo del mercado, en el Templo hizo otras cosas diferentes... algunas no las mencioné en mis cartas. Hijo de Balthazaar, escúchame: todavía esta fresca en mi memoria la imagen de Lázaro; ¡Él lo resucitó! ¡RESUCITÓ A UN HOMBRE! Estaba muerto, dejó pasar los días para que el cuerpo oliese; y ahora, ha tenido que huir de su ciudad porque su sola presencia es tomada como una blasfemia. ¡Una abominación! Estuvo muerto, y ahora ¡camina entre nosotros!”

.-“Rabbí, eres un maestro sabio, yo lo sé, pero dices cosas sin sentido.”

“Muchos de los judíos, que habían venido a casa de Marta y Mariam, vieron lo que hizo, creyeron en Él; pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Yesúa. Entonces los príncipes de los sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y dijeron:

.-“¿Qué hacemos? Este hombre hace muchas maravillas, si le dejamos así, todos creerán en Él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro Templo y nuestra nación.”

Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:

.- “Vosotros no sabéis nada ni consideráis que conviene que muera un solo hombre por el pueblo, y no toda la nación por él.”

Eso no lo dijo por sí mismo, sino que profetizó que Yesúa había de morir por el pueblo, y no solo por el pueblo, sino para unir en uno a todos los hijos de Dios dispersos. Desde aquel día tomaron la determinación de matarlo.”


Jesús de Nazaret, de Joseph Ratzinger - Acorrecto - 22-03-2008

CONTINUACIÓN:

.-“Pero maestro Nicodemo, ¿acaso no intentaste tú detenerlos? ¿Crees que debe morir?

.-“Dionisos, creo que el destino ha sido trazado por fuerzas que nos escapan. Claro que lo intenté, mas fue inútil. Cuando mandamos a la guardia para apresarle por primera vez, fue aún peor. Hasta ellos quedaron fascinados.”

Volvieron los guardias a los príncipes de los sacerdotes y a los fariseos, los cuales les dijeron:

.-“¿Cómo no le habéis traído?”

.-“Jamás persona alguna ha hablado como este hombre.”

Respondieron los guardias. Y enseguida respondieron los fariseos:

.-“¿Es que también a vosotros os ha engañado? ¿Hay por ventura alguno entre los jefes o entre los fariseos que haya creído en Él? Esa turba ignorante de la ley es maldita”

Y entonces yo, Nicodemo, les dije:

.-“¿Por ventura permite nuestra ley condenar a un hombre sin oírle primero y saber lo que hizo?

Ellos respondieron:

.-¿También tú eres de Galilea? Investiga, y verás que de Galilea no salen profetas.”

.-“Sí. La respuesta es que intenté salvarlo. Yo soy un Rabbí viejo, no permitiría que nadie me hablase de igual a igual si no fuera de mi rango. Toda la vida dedicada al estudio y, sin embargo, tuve que escapar por la noche al abrigo de miradas para poder hablar con Él. Y no le hablé como a un igual; cuando me miró, me convertí en alumno y Él en maestro. Le dije:

.-“Señor mío, sabemos que Tú eres un Maestro venido de parte de Dios; nadie podría realizar las señales que Tú haces si Dios no estuviera con él.”

Yesúa contestó:

.-“Pues sí, te aseguro que si uno no nace de nuevo no podrá gozar del Reinado de Dios.”

Repliqué:

.-“¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Podrá entrar otra vez en el vientre de su madre y nacer otra vez?”

Yesúa contestó:

.-“Así es, te lo aseguro: a menos que uno no nazca del agua y La Espíritu no puede entrar en el Reinado de Dios. De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu. No te extrañes de que se te haya dicho: tenéis que nacer de nuevo.
El viento sopla donde quiere; oyes el ruido, pero no sabes de donde viene ni a donde va. Eso pasa con todo el que ha nacido del Espíritu.” Entonces pregunté:

.-“¿Cómo puede suceder eso?”

Y Él contestó:

.-“Y tú, maestro de Israel ¿no lo entiendes? En verdad te digo que hablamos de lo que sabemos; damos testimonio de lo que hemos visto, y a pesar de ello no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de lo terrestre ¿cómo vais a creer cuando os hable de lo celeste?
Y nadie ha estado arriba en el cielo excepto el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés levantó la serpiente en el desierto, también el Hijo del Hombre tiene que ser levantado, para que todos los que crean en Él tengan la vida eterna.”

.-"Recuerda, Dionisos, que Moisés levantaba una serpiente de bronce y la gente sanaba de sus males. Por eso cuando pienso que van a levantarlo en una cruz, me siento aún más confuso. Me dijo que tanto ama Dios al Mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito para que ninguno de los que crea en Él perezca y tengan todos vida eterna. Me dijo que no le había mandado para juzgar al Mundo, sino para que el Mundo por Él se salve. Al que cree en Él, no se le juzga; el que no cree, ya está juzgado, por no haber dado su adhesión al Unigénito de Dios.
Dijo que en eso consiste el juicio: en que la luz está en el Mundo, y muchos hombres prefieren las tinieblas a la luz, porque sus acciones son malas. Todo el que practica lo malo detesta la luz, y no se acerca a la luz para que no se vean sus acciones. En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz para que se descubran sus acciones, porque están hechas como quiere Dios. Por eso te digo, amigo: apresura el paso y sígueme, vamos allí, donde esta la luz..."

Nicodemo era en verdad un gran maestro; le di una suave palmada al hombro y, olvidando la sangre y el salvajismo, continuamos en pos de nuestro destino: más allá de la puerta Sudoeste, sobre el pelado montículo del Gólgota.

Cruzamos la puerta de Efraim, no la de tiempos de Ezequías sino la nueva, la actual.
Al traspasar las murallas, ya solo quedaba el agreste camino que subía por el Norte hasta el Calvario. En el sitio donde el sendero tuerce al Mediodía se cayó por sexta vez, dicen que fue la más dolorosa; cuando alcanzaron la roca se derrumbó por fin. Simón quiso ayudarlo, pero le llenaron de injurias y lo echaron de allí. El grupo de los fariseos ya estaba esperando delante de la llanura al lado Occidental, muchos de ellos a caballo y otros a pie. El sitio del suplicio forma un gran círculo, rodeado de un terraplén al que cortan cinco caminos. Aparte de estos que querían ver el espectáculo, muy pocos judíos estaban allí; todos temen contaminarse de la muerte. Había sin embargo, gentes de clase baja, siervos y esclavos, paganos de todo tipo y condición, algunos griegos, la guardia romana comandada por un centurión, y un grupo de mujeres con un par de hombres que esperaban.

Aparecimos por el lado abrupto del montículo, es decir, por donde llevan a los condenados. Vi unas puntas de tronco que sobresalían de la montaña. El sol caía a plomo en el cenit de su poder. El horizonte fue bajando y las puntas de troncos subiendo mientras voces y gritos empezaban a sonar claros en nuestro cerebro. Exactamente, el lugar es allá dónde, la denominada muralla septentrional, tuerce hacia el Oeste para dirigirse al Sur.; unos doce metros por encima de la planta de una cantera muy próxima. No tengo palabras para describir lo horrendo; hubo otros que lo hicieron antes:
Quote:“Veo allí maderos de tortura, aunque desde luego no de una clase solamente... A algunos los clavan a la cruz con la cabeza hacia abajo; a otros les meten una estaca por sus partes pudendas. A otros les estiran sus brazos en la cruz. Veo cuerdas de tortura, veo flagelos.”
( Ad Marciam de consolatione 20, 3; Séneca)
Quote:“Los soldados, llenos de odio y furor, se mofaban de los prisioneros, clavando a cada uno de ellos en la cruz en postura distinta. Y pronto faltó lugar para las cruces.”
( Bell. 5, 451; F. Josefo)
Quote:“Es la pena de muerte más cruel y más terrible.”
( Pro Rabirio 5, 16; Cicerón)
Quote:“La más desgraciada de todas las maneras de morir.”
( Bell. 7, 203; F. Josefo)
Quote:“La muerte propia de esclavos. ( Servile supplicium)”
( Hist. 4, 11; Tácito)
Entonces lo vi.
Se echó de espaldas sobre el travesaño, en ese momento dos mujeres negociaban con un guarda para que le dieran un poco del vino embriagante que hacía menos horrendo el suplicio; los romanos no conocían esta costumbre judía. Había muy contadas crucifixiones en aquel tiempo. El esbirro guardó las monedas y acercó la copa a los labios del Nazareno. Él lo rechazó con un gesto.

Nicodemo, ocultándose con el manto, me dejó solo con Próculo y marchó en busca de alguien. De entre el grupo de las mujeres, me llamaron la atención tres personas:
Una hermosa joven de singular entereza que desafiaba a todos con su mirada, se llamaba María, y era de Magdala; un muchacho aún más joven, (de mi edad), imberbe y de suaves cabellos largos que lloraba amargamente. Se llamaba Juan. Una bellísima mujer de infinita dulzura, que no aparentaba los cuarenta, se mantenía firme y sin lágrimas mirándole a los ojos con ternura; pero me di cuenta que las demás la sujetaban para que no cayera: se llamaba Miryam y era su madre.

Le despojaron de la preciosa túnica sin costuras, alguien que lo amaba la había hecho y era demasiado bonita para trocearla; la echaron a suertes; le quitaron el ceñidor, una prenda interior y una cinta para el pelo.

Quote:“Se reparten mi ropa, se sortean mi túnica.” Salmo 22, 19
Con un lazo atado a cada muñeca, tiraron de sus brazos; otro individuo ató el antebrazo al “patibullum”, y con los dos antebrazos sujetos, clavaron en cada muñeca una pieza triangular de hierro de unos 20 centímetros. El Nazareno, desnudo, temblaba con violencia pero seguía consciente. Dos hombres tomaron el patibullum por ambos extremos. Lo impulsaron con fuerza hacia arriba mientras el Hombre, clavado, arrastraba un profundo gemido. Quedó colgado aquel tronco del madero longitudinal enterrado en el suelo. Formaron entonces una especie de “cruz commissa” (en forma de T); el palo vertical tenía un asiento o “sedile” para que no se desprendiera el cuerpo, desgarrado, de la cruz. Era apenas más alto que una persona; encogieron sus piernas, y poniéndolas de lado, mientras uno sujetaba el otro metió un nuevo hierro atravesando sus talones. La posición era idónea para romper las piernas del ajusticiado dándole patadas contra la cruz.

Al clavar el último clavo, quitaron las cuerdas mientras a unos metros Miryam se derrumbaba en el suelo entre lágrimas. Desde la cercana muralla, se escuchaban insultos y risotadas de los que se divertían con el espectáculo. Eran las doce y media. En el mismo momento en que elevaron la cruz, resonaron las trompetas del Templo que celebraban la inmolación del cordero pascual.

Había dos hombres más, uno a cada lado y Él en medio, con su corona de espino y su título de rey escrito encima. Creo que uno le insultaba pero el otro le pidió caridad, le dijo: “acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.” Su respuesta nos impactó a todos:

.-“ En verdad te digo, hoy serás conmigo en el paraíso.”

Se acercaron a la cruz las tres Marías: Magdalena, Mariam de Cleofás que era cuñada de su madre y madre de sus hermanos Santiago y Judas, y la madre del Galileo, Miryam. Juan con su propia madre Salomé, la hermana de Miryam, la ayudaban a tenerse. Entonces Él, al ver a su madre y a su discípulo amado dijo:

.-“ Mujer, éste es tu hijo.”
Y luego al apóstol:
.-“ Ésa es tu madre.”

NOTA: Es mi opinión... ¿Intuición? Que Salomé era una de las hermanas de la Virgen Miryam. Otra cosa es el tema de si lo sería por sangre o por matrimonio, pero en cualquier caso, lo importante es que Juan pudo ser un primo-hermano de Jesús. La Iglesia ni siquiera considera tal posibilidad... Pero yo propongo un experimento: se ponen las distintas versiones del Evangelio para ese momento, cuando las tres Marías se acercan a la cruz, y ¿quién puede negar que unos llaman Salomé a quienes otros dicen simplemente "la hermana de Miryam"?

El Sol siguió avanzando inexorablemente en el cielo. La una de la tarde.
Para completar su obra, Yesúa tuvo que concentrarse en su pura, inocente y amante humanidad. Hay un momento en que cualquier hombre se convierte en un deshecho; no es nada. Humillado, ultrajado, vilipendiado por todos, desnudo ante el Mundo mientras le escupen, lanzándole piedras, barro, basura, insultos, babas... Odio. Cuando el extremo sufrimiento de una tortura diabólica se mezcla con las risas sin alma de sus verdugos; cuando se superan los límites del horror y lo llevan más allá del escarnio: entonces, sólo entonces, se encuentra el hombre con la locura. Abandonado.

Así DECIDIÓ vivirlo Él:

Sólo.

Absolutamente sólo.

(Porque TODOS, al fin, nacemos y morimos SÓLOS... Es durante la singladura hacia Ítaca que podemos ser dos en uno, y RE-UNIR lo que estaba separado...)

Tragó un poco de aire mirando en derredor suyo, el tiempo pasaba y el cuadrante solar marcaba las dos y media.

.-“ Tengo sed.”

Allí había un jarro con vinagre. Sujetaron una esponja a una caña de hisopo, la empaparon y se la acercaron a la boca.

Quote:“Para mi sed me dieron vinagre” Salmo 69, 22
De repente, comenzó a orar. Escuché unas palabras que reconocí como parte de los Salmos:

Quote:.-“ Eli, Eli, lamma sabacthani.” ( "Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?" Es el principio del Salmo 22)
Los fariseos y otros israelitas estallaron en risotadas:
.-“ Mira ese, está llamando a Elías: ¡a ver si ese Elías te baja de la cruz! ¿No eras Hijo de Dios? ¿Porqué no le dices que te ayude?”

NOTA: Los propios israelitas confunden "Eli", o "Elí", con Elías... Pocas horas antes Jesús había estado hablando con Pilatos, osea: en latín o griego. Que conociese el latín no sería nada extraño, pero el griego -que sería un "inglés" de entonces- denotan ya otro nivel cultural... Está probado que, al menos por alguna fábula de Esopo, el Cristo comprendía griego. No se puede obviar que el Cristo ES galileo, no un judío occidental; en Galilea el griego era la lengua de las élites cultas. Cuando Jesús empieza a rezar no lo hace en un arameo "popular", sino en puro hebreo clásico. La versión Koiné del griego, pese a ser una simplificación de las mil lenguas de Homero, dejaba claro que tenías frente a ti a una persona cultivada.

Quote:“ Hacían burla y meneaban la cabeza” Salmo 22, 8-9
Se estaba nublando el cielo; un silencio de muerte y miseria se hizo en mi cabeza. No escuchaba más gritos ni llantos. Un gorgoteo de respiración y su voz entrecortada:

.-“ Todo... está... hecho.”

Se fue tapando el Sol y las burlas enmudecieron inmediatamente. En mis mejillas corrían las lágrimas. Pensé que se había terminado.
Con los ojos entrecerrados intentó mirar arriba; levantó la cabeza y una ráfaga de brisa movió su pelo, un rayo de luz atravesó los eones intemporales del Universo para romper las nubes... E iluminar con luz la LUZ de su rostro. Abrió los ojos entonces, reconociéndose en su Padre, mirando hacia el cielo.

NOTA: Si usamos la Cábala, el arte ESPAÑOL que nació en Toledo, sabemos que el nombre de Jesús, SIEMPRE, se escriba como se escriba, da una suma de siete (7). Una vez más lo usó cuando dijo sus últimas y séptimas Palabras.

.-“ Padre, perdónalos: no saben lo que hacen... ¡¡¡Abba!!!
En... tus manos dejo... mi Espíritu.”

Y expiró. Eran las tres de la tarde.

La Tierra tembló.

Se hizo la noche y se abrieron los sepulcros.

Relámpagos rasgaron el horizonte, y en el Templo todo cayó por el suelo hasta que el gigantesco velo que protegía la Alianza ¡se rasgó de arriba abajo! Allí comenzó su definitiva destrucción. La gente, llena de pánico, salió huyendo en todas direcciones, y delante de mí, el centurión que miraba asombrado exclamó: “¡verdaderamente era el Hijo de Dios!”

No había luz. Todo era roja oscuridad, y las entrañas de la tierra crujían un doloroso parto de terror. Bramó el viento, como si la Naturaleza misma y los dioses hubieran enloquecido horrorizados. Llovieron piedras, fuego, y sapos que se destripaban contra las murallas de Jerusalén, temblando como un día lo hicieran las de Jericó antes de su caída...
A mil millas un Toro de Mitra se derrumbó aplastando media docena de sacerdotes... El Augusto despertó de su siesta mientras Trasíbulo, el mago de Tibério, se revolcaba dando alaridos presa de un ataque de histeria.
Pompeya y Herculano temblaron como un aviso de futuras desgracias (que no tardarían mucho...), mientras el humo negro del infierno escapaba por la boca del Etna... Un monstruo con dos cabezas mató a su madre en el parto y en Eleusis sacrificaron diez vírgenes al hacerse la noche, pues aquel día hubo que enterrar viva a una Virgen Vestal que faltó a sus votos y la Diosa pedía justicia...

Me quedé allí, de rodillas, sin saber qué hacer; noté una mano en mi hombro, era Próculo de pie ante mí: “vámonos”, me dijo. Mientras me alejaba, vi como un soldado le clavaba una lanza en el pecho; no hizo falta partirle las piernas a patadas o martillazos como a los otros, porque ya estaba muerto. Creí ver, pero no estoy seguro, que de su pecho surtió una fuente de sangre y otra de agua, era como sangre corriendo por un torrente de agua limpia. El legionario que abrió su corazón con tanta violencia, quedó bañado (¡bautizado!)por la sangre del Nazareno.

Quote:“Me mirarán traspasado por ellos mismos.” Zacarías 12, 10
Quote:“Al cordero de Pascua, no le romperéis ni un hueso.” Éxodo 12, 46
Quote:El Señor cuida de Él, “ y ni uno solo se le quebrará.” Salmos 34, 21
Caminamos todo el descenso mientras, a mi cabeza, acudían los versículos del “Libro de la Sabiduría”, una obra reciente que me regaló mi padre diez años atrás, siendo apenas un niño:
Quote:“Vamos a ver si es verdad lo que dice,
comprobando cómo es su muerte;
si el justo ése es Hijo de Dios, Él lo auxiliará
y lo arrancará de las manos de sus enemigos.
Lo someteremos a tormentos despiadados,
Para apreciar su paciencia y comprobar su temple;
Lo condenaremos a muerte ignominiosa,
Pues dice que hay quien mira por Él.”

Sabiduría 2, 17-20
NOTA: El "Libro de la Sabiduría" es el que actualmente conocemos como el último de los libros "sapienciales" de la Bíblia, junto a "Proverbios", "Job", "Eclesiastés-Qohelet y "Eclesiástico", y efectivamente, no debió distar mucho su publicación de las fechas que señala el Persa. Es cuanto menos, curioso, que 20-30 años antes, alguien pudiera describir tan perfectamente la muerte del Hijo de Dios.