Fernando Reinares, experto en terrorismo internacional - morenohijazo - 29-04-2010
Quote:[h]Las amistades libias de El Tunecino[/h]
Abu Abdullah al Sadeq, el hasta hace poco jefe supremo del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), reconoce sus relaciones con el que fuera cabecilla de la célula que preparó y ejecutó los atentados del 11-M
El pasado 24 de marzo, en Trípoli, tuve ocasión de mantener una entrevista privada con Abu Abdullah al Sadeq, el hasta hace muy poco emir o jefe supremo del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), una organización terrorista formada a mediados de la década de los noventa del pasado siglo y después asociada con Al Qaeda. Entre otras cosas -enseguida diré por qué- hablamos sobre Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino. Es decir, sobre quien fuera cabecilla de la célula operativa que preparó y ejecutó los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y algo más de tres semanas después, concretamente el 3 de abril, llevase a cabo, junto a otros componentes de la misma, un acto de terrorismo suicida en Leganés, episodio del cual se acaban de cumplir seis años.
Anochecía y los responsables de la fundación que preside Saif al Islam Gadafi, segundo de los hijos varones del autócrata mandatario de Libia y más que supuesto aspirante a su futura sucesión, a instancias de la cual llevaba yo varios días en el país -pese a que sus fronteras permanecían infranqueables para ciudadanos europeos con pasaporte de algún Estado integrado en el llamado espacio Schengen-, para tomar parte en un seminario sobre desradicalización de terroristas, se apresuraron a confirmarme que Abu Abdullah al Sadeq esperaba en casa de unos familiares, en una barriada popular de la capital norteafricana. En realidad, Abu Abdullah al Sadeq es el sobrenombre con el que se ha venido conociendo a Abd al Hakim Belhajj en su prolongada condición de máximo dirigente del GICL.
A finales de 2007, una parte de los miembros de este grupo decidieron fusionarse con Al Qaeda. Se trataba sobre todo de militantes que desde hace tiempo se encontraban en las zonas tribales de Pakistán y estrechamente vinculados a dicha estructura terrorista. Pero una sustanciosa parte del resto optó por hacerlo desaparecer en la práctica a lo largo de 2009, después de un complicado proceso de negociación entre sus responsables presos o en el exilio y las autoridades libias que se prolongó durante casi tres años. El propio Abu Abdullah al Sadeq había sido excarcelado por eso mismo el día anterior a nuestro encuentro, junto a otros destacados antiguos integrantes del directorio del GICL entre los cuales estaba también el segundo en la jerarquía del mismo, Khalid al Sharif y su principal ideólogo, Sami al Saadi.
Con Abu Abdullah al Sadeq cabía hablar de su trayectoria en el GICL o la decisión de abandonar la yihad terrorista contra el régimen libio tras involucrarse, al igual que decenas de los correligionarios que estuvieron a sus órdenes, en un denominado programa de diálogo y reconciliación puesto en marcha a inicios de 2007 por las autoridades de Trípoli. Pero había un asunto que adquiría especial interés desde una perspectiva española y reverberaba en mi cabeza mientras era conducido a la entrevista, en compañía de Rohan Gunaratna, director del Centro de Investigación sobre Violencia Política y Terrorismo de Singapur. Y es que, como recoge el sumario incoado en la Audiencia Nacional por los atentados del 11-M, existían indicios de un vínculo entre Abu Abdullah al Sadeq y Serhane ben Abdelmajid Fakhet.
Cuando, ya en casa de sus hermanos, surgió la ocasión de inquirir al que fuera emir del GICL sobre ese vínculo, su primera reacción, a través del intérprete que traducía del árabe al inglés y viceversa, fue negar que conociese a El Tunecino. Pero, al insistir en ello -había motivos para hacerlo-, Abu Abdullah al Sadeq, a buen seguro que consciente ya de los términos específicos de mi pregunta, admitió que sí, que conocía a Sernane ben Abdelmajid Fakhet. Entonces añadió, esta vez directamente en inglés, idioma que no le es del todo extraño: "No era miembro de nuestro grupo". Al pedirle que me dijese de qué lo conocía, admitió, ahora a través del intérprete, que con El Tunecino tenía "relaciones sociales". Lástima que Abu Abdullah al Sadeq no quisiese continuar la conversación y se excusara.
Desde luego, preguntar a Abu Abdullah al Sadeq por su relación con Serhane ben Abdelmajid Fakhet no era inocente. Existe un informe policial, elaborado con contribuciones de distintos servicios de seguridad extranjeros, incluido en la documentación judicial del 11-M, en el que se sustancia información referida a comunicaciones mantenidas a través de teléfonos móviles, unas semanas antes de aquella infame fecha, entre El Tunecino y el entonces emir del GICL. Éste se hallaba en aquellos momentos en el Este de Asia, donde sería detenido y finalmente entregado a las autoridades libias. El hecho de que haya reconocido su relación con el que fue cabecilla de la célula que perpetró los atentados de Madrid concede valor añadido a ese dato, pero es además significativo por otras razones.
Por una parte, confirma aún más -si cabe- que los terroristas del 11-M, lejos de constituir una célula independiente, tenían importantes e incluso decisivas conexiones internacionales. La propia sentencia por los atentados de Madrid puso claramente de manifiesto que dichas conexiones existían respecto al Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM). Más recientemente he podido revelar los vínculos entre destacados miembros de la red terrorista del 11-M, incluido el propio Serhane ben Abdelmajid Fakhet, y el mando de operaciones externas de Al Qaeda en Pakistán, a través de Amer el Azizi (véase EL PAÍS, 17 de diciembre de 2009 y 11 de marzo de 2010). Ahora, es el propio líder del Grupo Islámico Combatiente Libio quien confirma sus relaciones con El Tunecino.
Por otra parte, esta misma confirmación invita a revisar las relaciones del GICL, o de algunos de sus más relevantes integrantes, con la red terrorista del 11-M. El propio Amer el Azizi permaneció durante la primera mitad de 2001 en el campo de entrenamiento Mártir Aby Yayhya, que el GICL tenía unos 20 kilómetros al norte de Kabul, en Afganistán, lo que consolidó sus ligámenes con dicha organización y con el GICM. En segundo lugar, fue un prominente miembro de aquella, Malek el Andalusi, quien ordenó a Mustafa Maymouni establecer una célula terrorista en Madrid en 2002, después de que delegados del GICL, del GICM y de su entidad análoga tunecina acordaran en Estambul, en febrero de ese año, llevar a cabo actos de yihad en países de los que procedieran o donde residieran sus miembros.
Por si fuese poco, el propio Mustafa Maymouni casó a dos de sus hermanas, respectivamente, con Serhane ben Abdelmajid Fakhet, el cabecilla de la célula operativa de los atentados de Madrid, y con Ziyad al Hashim, también conocido como Imad al Libi, un destacado miembro del GICL. Más todavía: en Trípoli pude asimismo confirmar, durante una conversación mantenida en la tarde del 23 de marzo con Noman Benotman, antiguo mando operativo de dicho grupo, que El Tunecino, minutos antes de suicidarse en Leganés, contactó por teléfono con otro destacado miembro de la misma organización que se encontraba en Londres. Algo suficientemente importante tenía que transmitir Serhane ben Abdelmajid Fakhet a este último, quien posteriormente dijo a mi interlocutor que habían hablado de "negocios".
En suma, la interacción entre notorios miembros del Grupo Islámico Combatiente Libio y al menos dos de los individuos que desempeñaron papeles fundamentales en la red terrorista que perpetró los atentados del 11-M es manifiesta desde el origen de esta última en la segunda mitad de 2002 hasta su desaparición efectiva con el episodio suicida que siete de sus miembros llevaron a cabo en abril de 2004, hace seis años. Esta conexión se añade a las del Grupo Islámico Combatiente Marroquí y el mando de operaciones externas de Al Qaeda. Pese a todo, aún hay quienes continúan hablando de los atentados de Madrid como si hubieran sido cosa de una célula local independiente o carente de nexo alguno con la urdimbre internacional del terrorismo yihadista. No será porque falte evidencia de lo contrario.
Fernando Reinares, experto en terrorismo internacional - pocococo - 04-05-2010
No se si conoceis que Fernando Reinares tiene varios artículos publicados sobre la conexión internacional de la célula del 11 M en El Pais. Vosotros, que sois tan duchos en estos temas de colgar cosas, a lo mejor podríais colgar todos los artículos publicados. Yo no sé hacerlo, pero la argumentación del profesor es constante, continua y, a mi juicio, muy sólida.
Sólo es una idea.
Fernando Reinares, experto en terrorismo internacional - larean - 04-05-2010
En efecto, ésa es la idea de este hilo. Empiezo con un artículo viejo, de antes incluso del 11-M.
Los atentados suicidas difieren de otras acciones terroristas porque sus ejecutores están determinados a morir ellos mismos para mejor matar a otros. Si fueran meros suicidas, incluso si se condujesen como suicidas al no poder llevar a cabo actos de violencia, quizá optarían por quitarse la vida sin tratar de arrebatársela a otras personas o por perecer voluntariamente como resultado de una huelga de hambre. Esto último es lo que excepcionalmente hicieron en 1981 diez miembros del IRA encarcelados en una penitenciaría británica. Pero no hablamos de meros suicidas. Hablamos de terroristas decididos a asesinar premeditadamente. Son la bomba ideal, dotada con una inusitada capacidad para acertar en el blanco y sin preocupación por cómo huir del lugar de los hechos una vez realizado su cometido. Aludir a esta variedad del terrorismo estremece y desasosiega. No en vano, el terrorismo suicida se ha convertido en el más devastador de nuestros días.
Pero, ¿en qué medida es el terrorismo suicida una de las innovaciones que conlleva la actual oleada del fenómeno, caracterizada entre otras cosas por su inspiración religiosa? ¿Hay algo más que fanatismo religioso detrás de la inquietante realidad de los terroristas suicidas? El mensaje escrito que dejó tras de sí Mohammed Atta, líder de los secuestradores del 11 de Septiembre, exhibe el mismo convencimiento del cual dejan fe grabada en vídeo los adolescentes o veinteañeros palestinos, en su gran mayoría varones, que frecuentemente conmocionan las ciudades israelíes haciendo estallar explosivos adosados a su cuerpo. Aquel procedía de una familia acomodada y había cursado estudios universitarios en Europa. Estos viven una existencia carente de oportunidades y sumida en la desesperación. Pero uno y otros acaban persuadidos de convertirse en mártires, de comprometerse a realizar un acto sacramental acorde con determinada interpretación extraída de textos religiosos y el parecer de ciertas autoridades clericales. Convencidos además de que durante su ejecución no hay dolor físico y tras fallecer se asciende de inmediato a un paraíso glorioso. Un lugar que les han descrito atravesado por ríos de leche y vino, abundante en lagos de miel, donde disfrutarán de setenta y dos vírgenes, verán el rostro de Alá y podrán reunirse con familiares predilectos.
Sin embargo, el suicidio como tal se encuentra estrictamente prohibido por el islam y de acuerdo con esta religión quienes lo cometen no acceden a paraíso alguno. Ahora bien, siempre según una noción de este mismo credo, perder la vida en situación de yihad, más concretamente en combate dentro de una guerra santa contra los que se define como impíos o enemigos de la comunidad de los creyentes, proporciona ese acceso privilegiado al paraíso. Así, para bendecir los atentados cometidos por terroristas suicidas, conferir a éstos la condición de mártires reverenciados y convertirlos en legítimos beneficiarios de incentivos selectivos muy preciados, las autoridades religiosas adscritas a sectores integristas del mundo islámico no han hecho otra cosa que declarar tales actos como propios de la yihad. De este modo resulta evidente la lógica cultural subyacente a la opción de los terroristas suicidas, que antes de serlo se encuentran adheridos a alguna corriente del fundamentalismo musulmán.
¿Esto lo explica todo? Seguramente, no. Para empezar, porque el recurso al terrorismo suicida no es algo exclusivo de fundamentalistas islámicos. Al Fatah y otras organizaciones nacionalistas o de la izquierda palestina, en principio no confesionales, son responsables de un significativo porcentaje de los atentados suicidas perpetrados en territorio israelí durante la última década, aunque más de la mitad de los mismos hayan sido reivindicados por el denominado movimiento de resistencia islámica Hamás. El terrorismo suicida ha formado parte, asimismo, del repertorio de actividades violentas desplegado a lo largo de la segunda mitad de los noventa por los irredentistas kurdos del PKK en Turquía, pese a su ideario marxista y leninista. Desde finales de los ochenta, esa modalidad de violencia ha sido también practicada por los llamados Tigres de Liberación del Eelam Tamil en Sri Lanka. Tal y como ha reconocido uno sus máximos dirigentes, en declaraciones a la prensa internacional publicadas el pasado mes de enero, adoptaron el terrorismo suicida para compensar la desventaja numérica de los guerrilleros tamiles respecto a la envergadura militar de sus adversarios.
Por tanto, es concebible que la realidad actual de los terroristas suicidas, tanto en el contexto del prolongado conflicto que mantienen palestinos e israelíes como en relación al enfrentamiento entre civilizaciones que Al Qaeda y el entramado de organizaciones vinculadas a dicha red pretenden precipitar mediante el terrorismo global, no derive directamente de una disposición inherente a la doctrina del fundamentalismo islámico. Un conocido responsable de la Yihad Islámica palestina en Gaza respondía de este modo a la pregunta que sobre la práctica de atentados suicidas le fue formulada hace algunos años por periodistas de una cadena de televisión establecida en la zona: "No poseemos el armamento de que dispone nuestro enemigo. No tenemos aviones, misiles, ni siquiera un cañón con el que podamos luchar contra la injusticia. El instrumento más efectivo para infligir daño y perjuicio con el mínimo posible de pérdidas es el de las operaciones de esta naturaleza. Este es un método legítimo, basado en el martirio. El mártir recibe el privilegio de entrar en el paraíso y se libera del dolor y la miseria".
Obsérvese cómo, antes de referirse a la justificación religiosa de los atentados suicidas y a las recompensas inmateriales que esperan a quienes los perpetren, el dirigente entrevistado alude por una parte al carácter asimétrico del enfrentamiento armado y a las carencias de su propia organización. Por otra, a la necesidad de causar el mayor quebranto posible al enemigo pero minimizando las bajas entre los propios activistas. Diríase, por tanto, que el cálculo táctico por parte de los grupos y redes que practican sistemáticamente el terrorismo precede a cualquier pulsión fanática en la decisión de recurrir a los atentados suicidas. Es decir, que los atentados suicidas constituyen antes una sopesada estratagema terrorista de relativo bajo coste que un imperativo de la guerra santa. Lo que resulta aún más evidente si se tienen en cuenta tanto la periodización con que se llevan a cabo, en función de la situación política regional o internacional, como incluso el hecho de que la exhibición de mártires pertenecientes al propio bando adquiere luego gran importancia propagandística.
Además de muy letal, el terrorismo suicida resulta por lo común altamente indiscriminado. Eso es algo que corresponde no sólo a la voluntad de homicidio en masa sino también al empleo de esta singular táctica violenta. Reducir al mínimo asumido de una, dos o quince las bajas propias y maximizar las pérdidas infligidas al enemigo implica que en los atentados suicidas perezcan gentes de toda edad y condición. A menudo, el número de víctimas es mayor entre transeúntes e individuos circunstantes que entre personas asociadas con los blancos elegidos por su especial significado. Eso sí, quienes nunca perecen autoinmolados son los emprendedores mismos de un terrorismo inspirado en el fundamentalismo islámico, pese a que incitan a sus jóvenes y devotos seguidores asegurándoles que para un musulmán no hay mayor honor ni mejor recompensa que la experiencia del martirio. Pero ni los emires del terrorismo ni sus allegados se tienen a sí mismos como carne de cañón para materializar sus estrategias. Gestionan y administran la muerte de los demás, pero no se suicidan. No parecen tener madera de mártir.
http://www.elpais.com/articulo/opinion/hay/detras/terrorismo/suicida/elpepiopi/20030522elpepiopi_10/Tes
Fernando Reinares, experto en terrorismo internacional - larean - 04-05-2010
Otro muy interesante, sobre todo por esta lista:
Los atentados imputados a Al Qaeda tras el 11-S
1) 22 de diciembre de 2001. Richard Reid, pasajero de un vuelo entre París y Miami, intenta hacer estallar los explosivos que lleva en sus zapatos.
2) 23 de enero de 2002. El periodista norteamericano Daniel Pearl es secuestrado y asesinado en Karachi.
3) 17 de marzo. Un atentado con morteros contra una iglesia protestante en Islamabad frecuentada por extranjeros causa cinco muertos.
4) 11 de abril. Atentado con un camión cargado de explosivos contra una sinagoga en Yerba (Túnez), que causa 19 muertos, en su mayoría alemanes.
5) 8 de mayo. Un ataque contra un autobús con técnicos franceses en Karachi causa 11 muertos.
6) 14 de junio. Un coche bomba contra el consulado norteamericano en Karachi causa 12 muertos paquistaníes.
7) 20 de junio. El banquero británico Simon John Veness muere en un atentado en Riad.
8) 5 de septiembre. Un coche bomba causa 32 muertos en Kabul.
9) 29 de septiembre. Un coche bomba mata a un ciudadano alemán en Riad.
10) 6 de octubre. Un petrolero francés es atacado frente a las costas de Yemen por un barco cargado de explosivos.
11) 8 de octubre. Un marine norteamericano es asesinado y otro herido por dos kuwaitíes.
12) 12 de octubre. Dos coches bomba cargados de explosivos matan a 202 personas, en su mayoría australianos, en Bali (Indonesia).
13) 28 de octubre. El diplomático norteamericano Laurence Foley es asesinado a tiros en Ammán (Jordania).
14) 28 de noviembre. Ataque suicida con un coche cargado de explosivos en Mombasa (Kenia) contra un hotel repleto de turistas israelíes que causa 15 muertos. Ataque con un misil contra un avión de línea israelí.
15) Enero de 2003. Se descubren rastros de sustancias venenosas en un edificio de apartamentos de Londres y se practican numerosas detenciones.
16) Febrero-abril. Treinta y dos turistas, en su mayoría alemanes, son secuestrados en el sur de Argelia.
17) 12 de mayo. Tres atentados suicidas contra edificios residenciales de norteamericamos en Riad, con el resultado de 34 muertos, entre ellos siete norteamericanos.
18) 12 de mayo. Atentado con un coche bomba contra un edificio de los servicios de seguridad rusos en Chechenia que causa 60 muertos.
14 de mayo. Atentado suicida en Chechenia que causa 18 muertos.
19) 16 de mayo. Cinco ataques suicidas en Casablanca (Marruecos) contra restaurantes turísticos, entre ellos la Casa de España, que causan 41 muertos, en su mayoría marroquíes.
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Objetivo/mundo/entero/elpepusocdmg/20030601elpdmgrep_2/Tes
Fernando Reinares, experto en terrorismo internacional - morenohijazo - 04-05-2010
Tres artículos más; son bastante recientes. pomgo la fecha, para que sean fáciles de ordenar.
Quote:FERNANDO REINARES 11/03/2009
¿Acaso el 11-M no se fijó en Bruselas?
Los atentados de Madrid no fueron obra de una célula local de inmigrantes magrebíes radicalizados. Hay múltiples evidencias de que detrás hubo una trama 'yihadista' internacional vinculada a Al Qaeda
En Bruselas, sí. No en el barrio de Lavapiés ni en Morata de Tajuña. Fue cuando, casi cinco meses antes de que se produjeran los atentados de 2004 en Madrid, alguien adquirió una tarjeta prepago y facilitó para ello una serie de datos falsos, entre los que figuraba como fecha de nacimiento la del 11 de marzo de 1921.
Es significativo que en la azora 21 del Corán pueda leerse: "Si los infieles conocieran el momento en que no podrán apartar el fuego de sus rostros, ni de sus espaldas...". Además, dicha compra, y por tanto la fijación del 11-M, tuvo lugar el 19 de octubre de 2003. Al día siguiente -ni uno antes, ni uno después- de que un canal qatarí de televisión emitiese un vídeo en el que Osama Bin Laden amenazaba a varios países occidentales, mencionando de manera expresa a España. Una circunstancia asimismo muy reveladora.
Importa aclarar que la aludida tarjeta prepago estaba inserta en el terminal de telefonía móvil encontrado en el dormitorio de la vivienda en que residía -insisto, en Bruselas- Youssef Belhadj, actualmente condenado a 12 años de prisión.
Constato de manera habitual que la inmensa mayoría de los asistentes a conferencias y seminarios en los que se habla del tema desconoce tanto ésas como otras evidencias fundamentales acerca de los terroristas que intervinieron en la planificación y ejecución del 11-M. Quizá por haber estado durante largo tiempo enredados en un debate excéntrico, elucidando si ETA estaba o no implicada en esos trágicos hechos, ha pasado desapercibido lo que los atentados de Madrid indican sobre la configuración del terrorismo global tras los del 11-S en Nueva York y Washington, o sobre la evolución de la amenaza que continuamos afrontando.
Cinco años después, mi impresión es que gran parte de los españoles sigue pensando que lo sucedido aquel infame día en los trenes de cercanías que circulaban hacia la estación de Atocha fue obra de una pequeña célula, constituida de manera espontánea y formada por inmigrantes magrebíes mal adaptados a nuestra sociedad, radicalizados a sí mismos y sin conexiones internacionales de importancia. Pero las cosas no son así.
En primer lugar, entre los implicados en los atentados del 11-M hay varios individuos, como Jamal Zougam y Serhane Ben Abdelmajid Fhaket, El Tunecino, o el huido Said Berraj, que estuvieron integrados en la célula de Al Qaeda establecida en España a inicios de los noventa o mantenían estrechos vínculos con su dirigente, hoy en prisión, Abu Dahdah. Éste quedó al frente de la célula cuando el más notorio de sus fundadores, Abu Musab al Suri, dejó Madrid para trasladarse primero a Londres, donde desarrolló labores doctrinales junto a Abu Qutada, y luego a Afganistán, donde en 1996 era ya miembro del círculo inmediato de Osama Bin Laden.
Esa célula fue sustancialmente desmantelada por la policía en el otoño de 2001, al constatarse su trabazón con la de Hamburgo, la de los suicidas del 11-S, alguno de los cuales estuvo poco antes en nuestro país. Ni aquellos tres individuos ni otros cercanos a ellos encajan en el perfil propio de unos terroristas que constituyen su propia célula local e independiente de manera espontánea, una vez radicalizados a sí mismos.
Al aproximarnos a la identidad de los condenados en sumarios abiertos por los atentados de Madrid se distinguen, en segundo lugar, dos destacados miembros del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), formado hacia 1993 en Peshawar, Pakistán, y afiliado con Al Qaeda. En su campo de adiestramiento de Jalalabad, Afganistán, se enseñaba a utilizar móviles en explosiones simultáneas. A inicios de 2002, esa organización terrorista y otras dos norteafricanas de la misma orientación -como el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), alguno de cuyos notables entró en contacto con uno de los terroristas de Madrid- acordaron atentar en los países de donde procedían sus integrantes o en los que residieran.
Los atentados de Casablanca se produjeron en mayo de 2003 y los del 11-M en Madrid, diez meses después. Las redes terroristas de ambos casos se solapan parcialmente. Hassan el Haski, condenado aquí a 14 años, lo ha sido a 10 por lo ocurrido en aquella ciudad marroquí. Ningún miembro del GICM es, por definición, componente de una célula local surgida espontáneamente y carente de conexiones internacionales.
En tercer lugar, envuelto en el 11-M encontramos a un antiguo militante de la Yihad Islámica Egipcia (YIE), que en 2001, siendo su líder Ayman al Zawahiri, el actual lugarteniente de Osama Bin Laden, se fusionó con Al Qaeda. Hablo de Rabei Osman Es Sayed Ahmed, Mohamed el Egipcio, un notorio emprendedor de iniciativas a favor de Al Qaeda y el terrorismo global desde 1999 en Alemania, Francia, Italia, Bélgica y España, donde están acreditados sus ligámenes con algunos de quienes cometieron los atentados de Madrid. Por estos hechos fue condenado en Italia a ocho años de prisión.
Una investigación del Federal Bureau of Investigation (FBI) estadounidense, solicitada por las autoridades italianas, puso de manifiesto que, el 4 de febrero de 2004, es decir, cinco semanas antes del 11-M, El Egipcio activó por primera vez la dirección de correo electrónico que utilizaba normalmente, introduciendo en el formulario de registro un nombre imaginario, con domicilio ficticio y supuestamente nacido el 11 de marzo de 1970. Ocurrió en Milán. No en el barrio de Lavapiés ni en Morata de Tajuña.
Ciertamente, si repasamos el listado de cuantos han sido condenados por los atentados del 11-M o se suicidaron en Leganés el 3 de abril de 2004, hallamos unos cuantos marroquíes, originarios de ciudades como Tánger y Tetuán, inmersos en la delincuencia común y el narcotráfico, liderados por Jamal Ahmidan, El Chino.
Pero fueron expresamente movilizados para participar en los atentados y no constituyeron célula alguna de manera espontánea ni se radicalizaron solos. En cualquier caso, los rasgos comunes a estas personas son relativamente distintivos respecto al conjunto de quienes participaron en los atentados de Madrid y no debe tomarse esta parte por un todo más diverso. A la hora de explicar el amalgamiento de esos individuos caracterizados por su previa trayectoria delictiva con otros inmersos desde hacía mucho tiempo en grupos y organizaciones terroristas afines a Al Qaeda, dentro y fuera del territorio español, es preciso aludir a ligámenes afectivos de amistad, vecindad o parentesco que vinculaban entre sí a no pocos de estos terroristas.
A todo ello debe añadirse que Al Qaeda se hizo responsable de los atentados mediante un comunicado enviado el mismo día por las Brigadas de Abu Hafs al Masri al periódico en lengua árabe que es su destinatario habitual desde hace más de una década, donde fue validado.
Los escondidos en el piso de Leganés siguieron las directrices transmitidas posteriormente con esa rúbrica. Sin olvidar que, según todo indica, los terroristas del 11-M huidos recibieron ayuda no sólo del GICM, sino de Ansar al Islam y el entramado de Al Qaeda en Irak. Alguno de ellos cometió un atentado suicida en este país.
En suma, no parece que los atentados de Madrid fuesen obra de una célula local surgida espontáneamente y formada por un puñado de inmigrantes musulmanes radicalizados a sí mismos. Incluso que el 11-M ocurriese exactamente 911 días después del 9-11 -es decir, el 11-S- resultaría en exceso sofisticado para una camada así. Evidencias como las reseñadas y numerosas otras sugieren una realidad más compleja, que lo es también para una amenaza que persiste.
Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos e investigador principal de terrorismo internacional en el Real Instituto Elcano. Actualmente prepara un libro sobre el 11-M titulado Operación Trenes de la Muerte.
Quote:TRIBUNA: FERNANDO REINARES
11-M: la conexión Al Qaeda
Había una estrecha relación entre quienes desempeñaron papeles fundamentales en la red terrorista que perpetró los atentados de Madrid y el mando de operaciones externas de Al Qaeda en Waziristán del Norte
FERNANDO REINARES 17/12/2009
La pista que definitivamente relaciona los atentados del 11-M con el directorio de Al Qaeda apareció hace cuatro años, aunque es aquí y ahora cuando se publica por primera vez. Fue en un remoto lugar situado al noroeste de Pakistán, próximo a la frontera con Afganistán. Durante la noche del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 2005, un misil impactó contra una edificación situada en una pequeña localidad cercana a Miran Shah, capital de Waziristán del Norte. Ésta es una de las siete agencias que forman las llamadas Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA, en sus siglas en inglés), donde los principales dirigentes de Al Qaeda y gran parte de sus miembros se establecieron entre finales de 2001 e inicios de 2002, tras perder el santuario afgano del cual habían disfrutado desde 1996 hasta la intervención militar estadounidense semanas después del 11-S.
El misil al que me refiero había sido lanzado desde uno de esos vehículos aéreos sin piloto que la CIA estadounidense utiliza desde hace algunos años para abatir líderes de Al Qaeda cuya presencia se detecta en la franja que discurre a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán. Waziristán del Norte es, por otra parte, la demarcación donde, hacia fines de 2004 y comienzos de 2005, Al Qaeda tuvo que reubicar buena parte de sus integrantes y de sus instalaciones para el entrenamiento de terroristas. Lo hizo huyendo de la incursión que el ejército paquistaní llevó a cabo en el contiguo Waziristán del Sur entre la primavera y el otoño de 2004. En su nuevo asentamiento de Waziristán del Norte, Al Qaeda se ha venido beneficiando de la protección concedida por sectores talibanizados de las tribus pastunes autóctonas, en este caso de los Utmanzai Wazir y Dawr.
Como consecuencia del mencionado ataque perdieron la vida cinco individuos. Uno de ellos era Hamza Rabia, entonces jefe de operaciones externas de Al Qaeda y máximo responsable del planeamiento de atentados en Norteamérica y Europa. A comienzos de 2002, Osama Bin Laden había decidido dividir en dos mandos el entramado operativo de Al Qaeda. El otro mando, de operaciones internas, se dedicó a Afganistán y Pakistán. Al frente del mismo puso a Mustafa al Uzayiti, más conocido como Abu Faraj al Libi. El mando de operaciones externas fue encomendado al artífice del 11-S, Khalid Sheik Mohamed. Pero fue detenido en Rawalpindi en marzo de 2003. A partir de entonces, Abu Faraj al Libi pasó a implicarse también en las operaciones externas de Al Qaeda, cuya jefatura asumió, sin embargo, el egipcio Hamza Rabia. Ambos desempeñarán sus funciones en estrecha relación.
Pero, ¿qué tiene esto que ver con el 11-M? Pues que uno de los cuatro individuos que perecieron con Hamza Rabia en el referido ataque selectivo pudo ser identificado por servicios de inteligencia extranjeros como Amer Azizi. Un dato corroborado por hallazgos posteriores en Pakistán y el Reino Unido a los que no me referiré en esta ocasión. Amer Azizi, marroquí, había sido un muy destacado integrante de la célula establecida por Al Qaeda en España a mediados de los noventa y liderada desde 1995 por Imad Eddine Barakat Yarkas, es decir, Abu Dahdah, quien lo captó y envió a un campo de entrenamiento en Afganistán. Fue procesado en rebeldía por delitos de terrorismo atribuidos a dicha célula, ya que consiguió escapar de nuestro país tras la operación policial que la desmanteló en noviembre de 2001. Esto ocurrió al constatarse su relación con otra célula de Al Qaeda en Europa, la de Hamburgo, directamente implicada en el 11-S.
Amer Azizi aparece mencionado en al menos 141 de los 241 tomos correspondientes al sumario incoado en la Audiencia Nacional por los atentados del 11-M. Su nombre figura asimismo en ocho de las 30 piezas separadas que completan esa documentación judicial. En conjunto, esas referencias ponen de manifiesto, por una parte, los muy estrechos ligámenes que existían entre Amer Azizi y los individuos que desempeñaron papeles centrales tanto en la formación como en el desarrollo de la trama terrorista local que preparó y colocó las bombas que estallaron en los cuatro trenes que circulaban hacia la estación de Atocha. Por otra parte, revelan las relaciones de Amer Azizi con organizaciones norteafricanas insertas en la actual urdimbre del terrorismo global, a través de las cuales terminó por alcanzar posiciones de relevancia en el círculo de liderazgo de Al Qaeda.
Y es que Amer Azizi, a su regreso de Afganistán en el verano de 2001, reclutó a Mustafa Maymouni, igualmente marroquí, quien en 2002 creó el núcleo de la red que perpetró los atentados del 11-M. Otro marroquí, Driss Chebli, y Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, ya cuñado de Mustafa Maymouni, pasaron a dirigir esa red cuando éste fue detenido tras haberse desplazado temporalmente a Marruecos en febrero de 2003. Al ser encarcelado Driss Chebli cuatro meses después, implicado en la aludida célula de Abu Dahdah, El Tunecino se convirtió en cabecilla local de los terroristas del 11-M. Pues bien, a El Tunecino también lo captó Amer Azizi. Además, como recoge el sumario 20/2004, un testigo protegido sostuvo que ambos se comunicaban en 2002 y 2003 por correo electrónico. Ese mismo sumario acredita los vínculos de Amer Azizi con otros destacados autores materiales de los atentados de Madrid, como Jamal Zougam o el huido Said Berraj.
Los lazos de Amer Azizi con entidades norteafricanas afines a Al Qaeda se consolidaron durante su estancia en Afganistán, pues el campo de entrenamiento al cual se incorporó, denominado Mártir Abu Yahyia, era una de las principales instalaciones adscritas al Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL). En ellas se adoctrinaba y adiestraba también a miembros del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), una vez que dirigentes de ambas organizaciones terroristas decidieron a finales de los noventa coordinar sus actividades. Allí es donde Amer Azizi conoció a Abdulatif Mourafik, cuyo sobrenombre es Malek el Andalusi, miembro del GICL. Como resultado de la estancia en aquellas instalaciones y de los contactos que en su seno mantuvo, Amer Azizi se integró en el GICL, pero manteniendo fuertes lazos, cuando no una militancia dual, respecto al GICM.
En este sentido, adquiere una significación especial la reunión que en febrero de 2002 mantuvieron en Estambul delegados del GICL, del GICM y de una organización homóloga tunecina, algunos de cuyos destacados integrantes habían tenido relación con la célula de Abu Dahdah. Entonces acordaron ejecutar actos de yihad en países de donde procedieran o en los que residiesen sus miembros. Sobre dicho encuentro y la decisión estratégica adoptada en el mismo existe una nota de inteligencia incorporada al sumario 20/2004. El caso es que los atentados de Casablanca ocurrieron en mayo de 2003 y los de Madrid en marzo de 2004, y que las tramas de uno y otro se solapan notablemente. Es más, el aludido Malek el Andalusi fue quien encomendó a Mustafa el Maymouni, el iniciador de la red del 11-M, formar antes una célula para asimismo atentar en Marruecos.
Aunque lo ocurrido en nuestros madrileños trenes de cercanías continúa siendo presentado como muestra de lo que puede hacer una célula local independiente y formada por inmigrantes musulmanes autorradicalizados, la evidencia sugiere una interpretación distinta sobre los actores, su liderazgo y su estrategia. En la ejecución de los atentados del 11-M hay algunos individuos que fueron delincuentes comunes y es muy razonable inducir que en su preparación intervinieron miembros prominentes del GICM. Pero eso no es todo. La estrecha relación entre quienes desempeñaron papeles fundamentales en la red terrorista de Madrid y Amer Azizi, que en 2004 ocupaba un puesto clave en el mando de operaciones externas de Al Qaeda, tal y como he desvelado en este artículo, obliga a mirar no hacia un barrio de la capital de España, ni hacia la península tingitana, cuando nos preguntamos dónde se aprobó el 11-M, sino hacia Waziristán del Norte.
Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos. Los contenidos de este artículo forman parte de un libro que culminará gracias al Woodrow Wilson Center de Washington y se titulará Operación trenes de la muerte. El 11-M y la conexión Al Qaeda
Quote:El verdadero significado de aquel 11-M
EL PAÍS - Opinión - 11-03-2010
Los atentados de Madrid fueron obra de una trama 'yihadista' conectada con el núcleo central de Al Qaeda. Para situarlos cabe recordar el vídeo de Bin Laden de 2003 en el que amenazaba explícitamente a España
No es casual que la ponderada sentencia sobre los atentados de Madrid aludiese a quienes fueron procesados y condenados por tales hechos, si exceptuamos a los criminales españoles de los cuales obtuvieron los explosivos, como "miembros de células y grupos de tipo yihadista". Al contrario de lo que con frecuencia se da por descontado, dentro y fuera de nuestro país -supongo que en buena medida debido a lo excéntrico que entre los propios españoles ha sido el debate sobre los autores implicados en la matanza de los trenes de la muerte-, en tan importante documento judicial no existe mención alguna a "célula local", "célula independiente", "célula local independiente" o concepto de equivalencia similar. Y es que lo sucedido en España en aquella infame fecha de marzo de 2004, exactamente 911 días después de los atentados del 9/11 -11 de septiembre según la manera anglosajona de datar- en Estados Unidos, no fue el producto de una célula local independiente inspirada por Al Qaeda pero carente de conexiones con dicha estructura terrorista o alguna de sus entidades afiliadas. Tanto la composición misma de la red que preparó y perpetró los atentados de Madrid, como su recientemente acreditada conexión con el núcleo central de Al Qaeda, al igual que la estrategia subyacente a tales hechos, evidencian que el verdadero significado del 11-M fue otro.
En primer lugar, la red que estuvo detrás de los atentados del 11 de marzo, constituida entre septiembre de 2002 y noviembre de 2003, aglutinó en lo fundamental a cuatro colectivos preexistentes y relativamente reducidos de individuos. Dos de esos colectivos se encontraban especialmente interconectados, pues derivaban de la célula establecida por Al Qaeda en España a mediados de los noventa del pasado siglo. Esta célula fue sustancial pero no completamente desmantelada en los meses que siguieron a los atentados del 11-S, cuando su líder era Imad Eddin Barakat Yarkas, más conocido como Abu Dahdah. Un tercer colectivo de individuos que se incorporó a la red del 11-M estaba ligado a la fracción que el Grupo Islámico Combatiente Marroquí tenía en Europa occidental, sobre todo en Bélgica y Francia. El cuarto y último colectivo en integrarse estaba compuesto por algunos narcotraficantes convertidos en islamistas violentos. Se trataba, en conjunto, de varones, casi todos inmigrantes de origen norteafricano -sobre todo marroquíes-, nacidos entre 1960 y 1983, en su mayoría con entre 23 y 33 años cuando perpetraron los atentados. Al igual que otras de sus características sociales denotan una notable diversidad, tampoco todos interiorizaron una ideología yihadista y fueron reclutados en el mismo lugar, al mismo tiempo o mediante el mismo proceso.
En segundo lugar, tal y como desvelé en parte hace apenas unos meses, existía una conexión entre la red terrorista del 11-M y el mando de operaciones externas de Al Qaeda en Waziristán del Norte (EL PAÍS, 17 de diciembre). Este hallazgo, del que tuve indicios fundados a finales de 2008 en Reino Unido, se basa en la figura de Amer Azizi, quien fuera destacado miembro de la mencionada célula de Al Qaeda en España y lograse huir tras su desarticulación.
Azizi reclutó al iniciador en 2002 de la trama responsable de los atentados de Madrid. Estaba estrechamente ligado al menos a otros tres importantes miembros de esa trama, y se mantenía en contacto con el cabecilla operativo de la red local, es decir, Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino. Tampoco era ajeno al Grupo Islámico Combatiente Marroquí ni al Grupo Islámico Combatiente Libio, con cuyo entonces dirigente llegó a comunicarse este último en 2003. Cuando ocurrió el 11-M, Amer Azizi era el hombre de confianza del número tres en la jerarquía de Al Qaeda, el egipcio Hamza Rabia, junto a quien murió en diciembre de 2005 como consecuencia de uno de los ataques selectivos de la inteligencia estadounidense, mediante aeronaves no tripuladas, contra miembros prominentes de dicha estructura terrorista en los territorios fronterizos entre Afganistán y Pakistán.
En tercer lugar, la estrategia de los atentados de Madrid no procedía de la red que los preparó y ejecutó. Para entenderla, cabe recordar el conocido vídeo difundido por Al Jazeera el 18 de octubre de 2003, en el que Osama Bin Laden amenazó a España, y un mensaje de correo electrónico al semanario Al Majallah ocho días después. Hay quienes consideran que lo ocurrido se inspiró en dos documentos -"Yihad en Irak" y "Mensaje al Pueblo Español"-, publicados en diciembre de 2003 en Global Islamic Media Centre, pero para entonces la red del 11-M ya estaba formada y no hay trazas de que sus miembros los conocieran. Sin embargo, conocieron y siguieron las orientaciones remitidas por las Brigadas Abu Hafs al Masri/Al Qaeda desde Irán y quizá Yemen. Sin el segundo de los comunicados firmados con esa denominación, alusiva a quien fuera jefe del comité militar de Al Qaeda, que la célula operativa del 11-M recogió de Internet horas después de haber sido colocado, mal se comprende su posterior actuación. No pocos han dudado de la fiabilidad de esos textos, pero baste mencionar que el primero de ellos hablaba de la advertencia hecha con el atentado de 2003 en Nasiriya contra fuerzas italianas. Ahora sabemos que uno de los suicidas que lo cometió fue reclutado en España y trasladado por el mismo conducto por el que huyeron hacia Irak algunos de los implicados en el 11-M.
Así, lo ocurrido en Madrid hace seis años denotaba la continuada actividad de Al Qaeda tras el 11-S, instigando, aprobando y probablemente también facilitando la comisión de atentados espectaculares y muy letales en las sociedades occidentales. Esta actividad persiste, aunque se hayan detectado alteraciones notables en el alcance y los límites de las capacidades de Al Qaeda. Aquel 11-M resultó además indicativo de la reorientación que a partir de 2002 se observaba entre las organizaciones yihadistas norteafricanas afines a Al Qaeda y que culminó en la formación de su actual extensión regional magrebí. Asimismo, los atentados de Madrid fueron reveladores acerca de la movilización terrorista de inmigrantes de primera generación procedentes de países musulmanes. Lo que se añadía a la radicalización y el reclutamiento, constatado en otras naciones europeas, de jóvenes correspondientes a las llamadas segundas y terceras generaciones.
Además, los atentados en los trenes de cercanías revelaban mucho sobre el terrorismo global como un fenómeno polimorfo de componentes heterogéneos que interactúan entre sí, cuyos dirigentes reconocen una jerarquía de mando y control, pero que es flexible y se adapta a las circunstancias propias de una determinada situación, produciendo en ocasiones, como el 11-M, combinaciones excepcionales.
Con todo, los atentados del 11-M no sólo hablaban por sí mismos acerca de un terrorismo yihadista en transición, tras haber perdido Al Qaeda y sus entidades afiliadas el santuario afgano del que se beneficiaron hasta el otoño de 2001. También resultaron indicativos de la cambiante naturaleza de la amenaza del yihadismo global. No fueron unos atentados planificados, preparados y ejecutados sólo por Al Qaeda, como había sido habitual hasta 2002. Pero tampoco fueron producto exclusivo de una célula independiente. Más bien reflejaron la realidad de una amenaza compleja y compuesta, en la que confluyen diferentes grupos y organizaciones.
Por lo demás, el 11-M dejó una vez más clara la predilección del terrorismo yihadista por los sistemas de transporte público como blanco, una preferencia por el uso de artefactos explosivos y la determinación suicida de sus ejecutores. Alguno de los implicados en esos atentados había escrito su testamento.
Finalmente, lo sucedido hace seis años en Madrid puso de manifiesto que las directrices de Al Qaeda, las decisiones de sus organizaciones asociadas y las aspiraciones de las redes locales pueden converger, aprovechándose de oportunidades especialmente favorables para la ejecución en sociedades occidentales de actos de terrorismo global.
Fernando Reinares, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos, acaba de ser elegido director académico de la International Counter Terrorism Academic Community. Una versión más extensa de este artículo aparecerá en el próximo número de Survival, la revista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres.
Fernando Reinares, experto en terrorismo internacional - Lobo - 05-05-2010
Ya sabíamos que determinadas cosas irían saliendo poco a poco con el tiempo.
Fernando Reinares, experto en terrorismo internacional - pantalla - 08-05-2010
Esto corrobora lo que afirma Fernando Reinares sobre Amer Azizi:
Al Qaeda confirma la muerte de un terrorista clave del 11-M
Quote:(08/05/2010 )
El texto es como una especie de loa al difunto, pero confirma que Amer Azizi, apodado Otman Al Andalusi o Abu Jaafar al Magrtebi, está muerto y lo prueba además una foto del cadáver del terrorista. La necrológica y las imágenes han sido colgadas recientemente en varias páginas webs islamistas afines a Al Qaeda.
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Reinares ya explicaba (...) que Azizi fue asesinado el 1 de diciembre de 2005 cuando un misil disparado por un avión sin piloto de la CIA impactó contra un edificio en la región de Waziristán del Norte.
"Dignatarios de Al Qaeda confirman ahora aquella muerte y aportan incluso más detalles", declaró Reinares a este periódico.
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El relato también cuenta la huida de Azizi de España, en noviembre de 2001, junto con su amigo Bilal, después de que las fuerzas de seguridad desmantelaran la que fue la primera célula de Al Qaeda fundada seis años antes y dirigida por Imad Eddine Barakat Yarkas, apodado Abu Dahdah. Primero viajaron a Irán y de allí a Afganistán.
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Pese a la orden de detención lanzada contra él -también lo reclamaba la Justicia estadounidense-, Azizi se atrevió a regresar a Madrid a principios de 2003 para, entre otras cosas, vender legalmente su coche.
En un estilo barroco y sobrecargado, la larga necrológica describe España como el país de "los que adoran a la Cruz" y está salpicada de alusiones a Isabel la Católica.
El texto lleva la firma de Abu Obeida al Maqdisi. Tras ella, añade: "Que Dios lo tenga en su Misericordia". (...)
Fernando Reinares, experto en terrorismo internacional - Lobo - 08-05-2010
Recuerdo cuando las autoridades pakistaníes mostraron los enseres personales encontrados en un campamento yihadista y se veía un pasaporte español. Me acordé entonces de los "desiertos lejanos".
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