27-01-2008, 15:11:02
Carta enviada hoy a El País:
No fue una sorpresa. Desde hace varios días, el acontecimiento venía anunciándose tanto en el diario --a veces a dos páginas-- como en la radio y en la televisión pertenecientes al mismo grupo editorial. No puedo decir que no me lo habían advertido. Y sin embargo, todavía no me repongo del disgusto de que, esta mañana, de la mano del diario al que estoy suscrito, entrara en mi casa, por primera vez en décadas, la inane charlatanería de un magufo, en forma de DVD y librillo anejo. Es una afrenta a los escépticos que, imagino, formamos la mayoría de los lectores de este diario. Pero es más que eso. Es una lástima. Porque un criterio mercantilista o consideraciones aún peores han prevalecido sobre la racionalidad y el rigor intelectual exigibles al que quiere ser el diario de referencia en español. Si no son capaces de publicar series científicas, con los excelentes divulgadores de la ciencia que tienen en plantilla, al menos podrían ahorrarse la publicación de los delirios de Íker Jiménez. Han prestado ustedes una ayuda inestimable a la difusión de mentiras y supersticiones; han puesto la legitimidad editorial de El País, como un sello de garantía, al servicio del pensamiento mágico. Qué vergüenza y qué desilusión.
No fue una sorpresa. Desde hace varios días, el acontecimiento venía anunciándose tanto en el diario --a veces a dos páginas-- como en la radio y en la televisión pertenecientes al mismo grupo editorial. No puedo decir que no me lo habían advertido. Y sin embargo, todavía no me repongo del disgusto de que, esta mañana, de la mano del diario al que estoy suscrito, entrara en mi casa, por primera vez en décadas, la inane charlatanería de un magufo, en forma de DVD y librillo anejo. Es una afrenta a los escépticos que, imagino, formamos la mayoría de los lectores de este diario. Pero es más que eso. Es una lástima. Porque un criterio mercantilista o consideraciones aún peores han prevalecido sobre la racionalidad y el rigor intelectual exigibles al que quiere ser el diario de referencia en español. Si no son capaces de publicar series científicas, con los excelentes divulgadores de la ciencia que tienen en plantilla, al menos podrían ahorrarse la publicación de los delirios de Íker Jiménez. Han prestado ustedes una ayuda inestimable a la difusión de mentiras y supersticiones; han puesto la legitimidad editorial de El País, como un sello de garantía, al servicio del pensamiento mágico. Qué vergüenza y qué desilusión.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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es como esas fogatas de acampada donde se improvisan historias de miedo o fenómenos paranormales contadas como verídicas ("sucedió a un conocido..."), pero también tiene otros aspectos que suelen recurrir al morbo (crímenes extraños y/o violentos, desapariciones, personajes siniestros, historia con toques misteriosos...) rodeado de "un equipo de expertos cualificados" para dar más credibilidad o, por lo menos, no quedar como un Tristanbraker cualquiera.