01-04-2007, 21:54:44
Mucho tiempo después, ante el Tribunal Supremo, Agustín Díaz de Mera habría de recordar la mañana remota en la que Losantos le invitó a la COPE.
[...]
Agustín Díaz de Mera se atrevió a murmurar:
--Es la trola más grande del mundo.
--No-- corrigió Losantos--. Ésa es la de los explosivos...
Agustín Díaz de Mera, sin entender, extendió la mano hacia el embuste, pero Losantos se la apartó. "Mil euros más para tocarlo", dijo. Agustín Díaz de Mera los pagó, y entonces puso la mano sobre el bulo, y la mantuvo puesta por varios minutos, mientras el corazón se le hinchaba de temor y de júbilo al contacto del misterio. Sin saber qué decir, pagó otros dos mil euros para que los peones vivieran la prodigiosa experiencia. El pequeño Luis del Pino se negó a tocarlo. Pedro Jota, en cambio, dio un paso hacia adelante, puso la mano y la retiró en el acto. "Está hirviendo", exclamó asustado. Pero el diputado no le prestó atención. Embriagado por la evidencia del prodigio, en aquel momento se olvidó de la frustración de sus empresas delirantes... Pagó otros mil euros, y con la mano puesta en la mentira, como expresando un testimonio sobre el texto sagrado, exclamó:
-Este es el gran invento de nuestro tiempo.
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Le dije a usted, cuando me pidió permiso para ejercer de escritor en el pueblo, que era mejor que hiciese lo que hacen los otros suramericanos, que unos días van en bici y otros huelen bien. Son cosas vistosas, no hacen mal a nadie, y llaman la atención lo justo, sin armar escándalo.
Pero parece que a usted lo que le gusta precisamente son los escándalos y las extravagancias. De entrada, se casó usted con la Paddington que ya había estada casada otras tres veces cuando había muchas que no se habían casado ninguna y usted podía haber elegido. Después se compró un sombrero espantoso y anduvo con él todo el invierno; un sombrero que no nos gustaba a nadie: lo tengo yo hablado con todo el pueblo. Pregunte, pregunte por ahí si quiere. ¡A nadie nos gustaba aquel sombrero!
Y ahora, para rematar, me dicen estos amigos que ha escrito usted "Luz de agosto", la novela de Fúlner (sic), de Güiliam Fúlner. Y.. ¿no podía usted haber plagiado a otro? ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Fúlner (sic)?
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Y van dos plagios...
[...]
Agustín Díaz de Mera se atrevió a murmurar:
--Es la trola más grande del mundo.
--No-- corrigió Losantos--. Ésa es la de los explosivos...
Agustín Díaz de Mera, sin entender, extendió la mano hacia el embuste, pero Losantos se la apartó. "Mil euros más para tocarlo", dijo. Agustín Díaz de Mera los pagó, y entonces puso la mano sobre el bulo, y la mantuvo puesta por varios minutos, mientras el corazón se le hinchaba de temor y de júbilo al contacto del misterio. Sin saber qué decir, pagó otros dos mil euros para que los peones vivieran la prodigiosa experiencia. El pequeño Luis del Pino se negó a tocarlo. Pedro Jota, en cambio, dio un paso hacia adelante, puso la mano y la retiró en el acto. "Está hirviendo", exclamó asustado. Pero el diputado no le prestó atención. Embriagado por la evidencia del prodigio, en aquel momento se olvidó de la frustración de sus empresas delirantes... Pagó otros mil euros, y con la mano puesta en la mentira, como expresando un testimonio sobre el texto sagrado, exclamó:
-Este es el gran invento de nuestro tiempo.
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Le dije a usted, cuando me pidió permiso para ejercer de escritor en el pueblo, que era mejor que hiciese lo que hacen los otros suramericanos, que unos días van en bici y otros huelen bien. Son cosas vistosas, no hacen mal a nadie, y llaman la atención lo justo, sin armar escándalo.
Pero parece que a usted lo que le gusta precisamente son los escándalos y las extravagancias. De entrada, se casó usted con la Paddington que ya había estada casada otras tres veces cuando había muchas que no se habían casado ninguna y usted podía haber elegido. Después se compró un sombrero espantoso y anduvo con él todo el invierno; un sombrero que no nos gustaba a nadie: lo tengo yo hablado con todo el pueblo. Pregunte, pregunte por ahí si quiere. ¡A nadie nos gustaba aquel sombrero!
Y ahora, para rematar, me dicen estos amigos que ha escrito usted "Luz de agosto", la novela de Fúlner (sic), de Güiliam Fúlner. Y.. ¿no podía usted haber plagiado a otro? ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Fúlner (sic)?

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Y van dos plagios...
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
