18-04-2007, 00:45:51
Ayer pudimos oír a unos guardias civiles contar cómo dejaron ir a El Chino después de detenerle en enero de 2004 en un coche que no estaba a su nombre y en el que transportaba diversos cuchillos y ropa robada a El Corte Inglés. También pudimos oír a otros guardias civiles narrar cómo se entrevistaron con Rafá Zouhier el 12-M, pero juran y perjuran que no era para preguntarle por la masacre que acababa de producirse en Madrid, sino para inquirir por una trama de falsificación de tarjetas de crédito. Pudimos ver cómo los vecinos de Morata de Tajuña hablaron numerosas veces, después de la masacre, con El Chino, que andaba como un poseso tratando de encontrar su cabra perdida por los alrededores de la finca. Oímos, finalmente, a un marroquí, Jaouad El Bouzroutí, que afirma que dos policías se presentaron en su casa en la propia tarde del 11-M, y que la Policía le amenazó con actuar contra él si no accedía a implicar a algunos marroquíes en los atentados.
