25-04-2007, 20:57:37
Es que es eso. Una cosa es aceptar a todos los que quieran derruir los conspiracionismos y otra que vengan a darnos lecciones petulantes y a consignar, como si fuera algo del otro mundo, que ¡comienza a recibir insultos y amenazas fascistoides! Bienvenido al club. Muchos de nosotros llevamos tres años en él, y al menos uno en esta trinchera en la que nos han dicho de todo.
Tampoco se entienden sus distinciones. Pone a Del Pino a caer de un burro, pero apenas toca a Múgica y salva a Abadillo, Pedro Jota y Losantos (hombre de enorme integridad a pesar de ser ateo). No se entiende. Tan cierto es que Del Pino miente como que los demás también mienten, y Losantos quizá más que ninguno, y más irresponsablemente.
Y es que la clave para entenderlo nos la da el propio José. Nos dice que le preocupa más la manipulación de una "plataforma cívica" (yo francamente lo llamaría "secta", pero algún día, con algo de suerte, José nos explicará en qué se diferencian de los harecrisnas y cienciólogos) que el "espectáculo mediático", nombre con el que curiosamente se refiere a las descaradas manipulaciones de El Mundo. Es decir, al parecer está más preocupado por quién maneja a los PPNN que por la verdad. Su inquina contra Del Pino no proviene de sus mentiras (que eran las mismas el 28 de febrero que hoy) sino de su megalomanía. Es asombroso. Como si yo me cabreara más con el presidente de la comunidad de vecinos que organizó un pucherazo que con el alcalde que roba a espuertas.
Pero además no entiende que ambas cosas son inseparables. La megalomanía de Luis del Pino la ha construido la falta de espíritu crítico de los PPNN, y lo único que diferencia a los dos lados del cisma es quiénes le aceptan como Mesías y Rey y quiénes simplemente como Profeta.
Por cierto que algún día un psicólogo social tendría que estudiar por qué una secta como los PPNN provoca tanto amor en ciertas personas (Acorrecto no está solo en ello; tenemos también a Girauta, Adam Selene, etc., aunque me parece que en el caso particular de Donís a una desorientada fascinación sociológica por el fenómeno se añaden sentimientos personales que bien haría en apartar si pretende un análisis mínimamente racional del fenómeno). Esa ceguera particular ante las obvias carencias de los PPNN me parece profundamente inquietante. No todo lo que surge espontáneamente, no todo lo que tiene a Internet por punto de encuentro es bueno por necesidad. A ver si lo aprendemos.
Pero en todo caso, ante la empanada mental de José, no sé qué decir. Tal vez sólo esto: siga, Acorrecto, siga desvelando las mentiras de Del Pino. Pero no trate de convencernos de la coherencia de su pensamiento.
Tampoco se entienden sus distinciones. Pone a Del Pino a caer de un burro, pero apenas toca a Múgica y salva a Abadillo, Pedro Jota y Losantos (hombre de enorme integridad a pesar de ser ateo). No se entiende. Tan cierto es que Del Pino miente como que los demás también mienten, y Losantos quizá más que ninguno, y más irresponsablemente.
Y es que la clave para entenderlo nos la da el propio José. Nos dice que le preocupa más la manipulación de una "plataforma cívica" (yo francamente lo llamaría "secta", pero algún día, con algo de suerte, José nos explicará en qué se diferencian de los harecrisnas y cienciólogos) que el "espectáculo mediático", nombre con el que curiosamente se refiere a las descaradas manipulaciones de El Mundo. Es decir, al parecer está más preocupado por quién maneja a los PPNN que por la verdad. Su inquina contra Del Pino no proviene de sus mentiras (que eran las mismas el 28 de febrero que hoy) sino de su megalomanía. Es asombroso. Como si yo me cabreara más con el presidente de la comunidad de vecinos que organizó un pucherazo que con el alcalde que roba a espuertas.
Pero además no entiende que ambas cosas son inseparables. La megalomanía de Luis del Pino la ha construido la falta de espíritu crítico de los PPNN, y lo único que diferencia a los dos lados del cisma es quiénes le aceptan como Mesías y Rey y quiénes simplemente como Profeta.
Por cierto que algún día un psicólogo social tendría que estudiar por qué una secta como los PPNN provoca tanto amor en ciertas personas (Acorrecto no está solo en ello; tenemos también a Girauta, Adam Selene, etc., aunque me parece que en el caso particular de Donís a una desorientada fascinación sociológica por el fenómeno se añaden sentimientos personales que bien haría en apartar si pretende un análisis mínimamente racional del fenómeno). Esa ceguera particular ante las obvias carencias de los PPNN me parece profundamente inquietante. No todo lo que surge espontáneamente, no todo lo que tiene a Internet por punto de encuentro es bueno por necesidad. A ver si lo aprendemos.
Pero en todo caso, ante la empanada mental de José, no sé qué decir. Tal vez sólo esto: siga, Acorrecto, siga desvelando las mentiras de Del Pino. Pero no trate de convencernos de la coherencia de su pensamiento.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
