28-05-2007, 22:23:33
(This post was last modified: 28-05-2007, 23:21:03 by morenohijazo.)
Los peritos de la salud mental de Trashorras han sabido nadar y guardar la ropa. No han negado el diagnóstico anterior de psicosis que arrastraba Trashorras y aducían los psiquiatras que traía la defensa, pero en el interrogatorio de los abogados, hacia el minuto 20 se produce una afirmación importante: ni el que declara ni los demás han visto, durante su estancia en la cárcel nunca ningún síntoma psicótico, se dice. Ello puede deberse a que toma neurolépticos, como el Risperdal, a altas dosis, pero...
Hay que tener en cuenta que, aunque ellos han defendido el carácter científico de los test que pasan ( y en cierto modo lo son) no conseguimos la objetividad que se consigue en un análisis de sangre, por ejemplo. Todos los test incluyen preguntas trampa que sirven para evaluar la sinceridad del paciente, pero por supouesto una persona inteligente ( no hace falta ser un genio) las detecta fácilmente y las supera.
Por cierto, aunque se empeñan en llamar “Antipsicóticos” a los neurolépticos, nuevos y carísimos, que desarrolló la industria farmacéutica desde los noventa, su nombre (y nuevamente, espero que no me lea un psiquiatra) no pasa de ser una astuta medida de marketing de los laboratorios para diferenciar de los neurolépticos más antiguos. Los “antipsicóticos” con ese nombre, dan la impresión de que curan las psicosis, pero no es así. Básicamente controlan sus síntomas.
Pero no es cuestión aquí de rebatir el diagnóstico de psicosis que arrastra Trashorras desde mucho antes de los atentados. Más bien es cuestión de averiguar si la enfermedad, psicosis o transtorno de la personalidad, disminuía o anulaba su responsabilidad en los hechos.
La respuesta, matizada por el hecho de que el paciente ha sido valorado atiborrado de tranquilizantes, es que sus enfermedades, mientras no esté bajo un brote psicótico agudo no impiden su distinción del bien y del mal. El psiquiatra que defiende su diagnóstico de psicosis sólo le vio hasta 2003 y luego no le siguió, así que no se atreve a juzgar lo que pasó en los atentados. El resto más o menos se pone de acuerdo en que con un brote de psicosis, cognitivamente afectado, impulsado por voces, delirios, etc, no concuerda la actuación del acusado con la preparación de un delito tan complejo. Ni con la vida fácil que llevaba Trashorras. Ni con las entrevistas posteriores a “el Mundo” “yo cuento lo que sea”. Ni con los hechos probados que llevó a cabo Emilio, incluido conducir vehículos sin mayores dificultades...
Y la frase, más ambigua, de que altera o anula la volición, significa más bien que no puede controlar sus impulsos. Lo cual (“decir que no podía controlarse” )es evidente que no le va a servir a Trashorras
Hay que tener en cuenta que, aunque ellos han defendido el carácter científico de los test que pasan ( y en cierto modo lo son) no conseguimos la objetividad que se consigue en un análisis de sangre, por ejemplo. Todos los test incluyen preguntas trampa que sirven para evaluar la sinceridad del paciente, pero por supouesto una persona inteligente ( no hace falta ser un genio) las detecta fácilmente y las supera.
Por cierto, aunque se empeñan en llamar “Antipsicóticos” a los neurolépticos, nuevos y carísimos, que desarrolló la industria farmacéutica desde los noventa, su nombre (y nuevamente, espero que no me lea un psiquiatra) no pasa de ser una astuta medida de marketing de los laboratorios para diferenciar de los neurolépticos más antiguos. Los “antipsicóticos” con ese nombre, dan la impresión de que curan las psicosis, pero no es así. Básicamente controlan sus síntomas.
Pero no es cuestión aquí de rebatir el diagnóstico de psicosis que arrastra Trashorras desde mucho antes de los atentados. Más bien es cuestión de averiguar si la enfermedad, psicosis o transtorno de la personalidad, disminuía o anulaba su responsabilidad en los hechos.
La respuesta, matizada por el hecho de que el paciente ha sido valorado atiborrado de tranquilizantes, es que sus enfermedades, mientras no esté bajo un brote psicótico agudo no impiden su distinción del bien y del mal. El psiquiatra que defiende su diagnóstico de psicosis sólo le vio hasta 2003 y luego no le siguió, así que no se atreve a juzgar lo que pasó en los atentados. El resto más o menos se pone de acuerdo en que con un brote de psicosis, cognitivamente afectado, impulsado por voces, delirios, etc, no concuerda la actuación del acusado con la preparación de un delito tan complejo. Ni con la vida fácil que llevaba Trashorras. Ni con las entrevistas posteriores a “el Mundo” “yo cuento lo que sea”. Ni con los hechos probados que llevó a cabo Emilio, incluido conducir vehículos sin mayores dificultades...
Y la frase, más ambigua, de que altera o anula la volición, significa más bien que no puede controlar sus impulsos. Lo cual (“decir que no podía controlarse” )es evidente que no le va a servir a Trashorras
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
