24-08-2007, 23:41:08
Respecto del 11-M, me temo, el asunto tiende al blanco y negro (pun intended). O hubo una conspiración o no la hubo. Es tan sencillo como eso. Y los hechos, tres años y medio y una vista oral después, parecen darnos abrumadoramente la razón. Lo cual no es de extrañar: las conspiraciones, aunque existen, son escasas, y ninguna ha habido de la complejidad que se postula para la del 11-M.
Pero yo no soy enemigo de nadie (ni creo que nadie aquí lo sea), salvo de los que han engañado a sabiendas, que no gozan de la menor simpatía de mi parte. Y hablo por todos. No veo aquí, discúlpeme, a los equivalentes ideológicos de Procyon o Valderra o Mónica-Farro o Clópez. Simplemente, estamos mucho menos fanatizados.
Pero creo que usted sigue viendo la paja en el ojo ajeno. Aunque en retrospectiva tal vez hubiera yo preferido que no cayéramos en el recurso de la generalización y de la burla (por más que algunos de sus correligionarios inviten casi desesperadamente a la última), aquí no se ha dicho nunca ni la décima parte de lo que nos han dicho a nosotros en otros sitios. Es una injuria que nos digan, sin pruebas, que estamos a sueldo de alguien, que no tenemos honor ni convicciones. Y eso se dice día sí y día también por personas que usted llama correligionarios al declararse Peona Negra.
Tarde o temprano, Psique, como le reclama Lior, habrá usted de mojarse sobre tales temas. La equidistancia termina por ser imposible. Y mire que le tengo cada vez más aprecio en tanto descubrimos afinidades... Pero la convivencia está basada en el reconocimiento de la discrepancia, y el movimiento de los PPNN está basado en entender que los que discrepamos de ellos somos enemigos al servicio de una causa maldita. Tendrá usted mucho trabajo para intentar convencerme que, en el fondo mismo de los PPNN, no late el totalitarismo del que no sólo se sabe en posesión de la verdad absoluta, sino que postula que todos los que discrepan son agentes de la maldad, lo cual es la negación misma de la democracia, pues ésta se basa en el reconocimiento de que nadie tiene la verdad absoluta y que el discrepante no es enemigo, sino adversario con los mismos derechos que uno.
Y no hablo de usted, que al menos reconoce la posibilidad de haberse equivocado. Hablo de los que no admiten dicha posibilidad y condenan a los discrepantes al infierno. Y ellos son legión, Psique, entre sus correligionarios. Me temo.
Pero yo no soy enemigo de nadie (ni creo que nadie aquí lo sea), salvo de los que han engañado a sabiendas, que no gozan de la menor simpatía de mi parte. Y hablo por todos. No veo aquí, discúlpeme, a los equivalentes ideológicos de Procyon o Valderra o Mónica-Farro o Clópez. Simplemente, estamos mucho menos fanatizados.
Pero creo que usted sigue viendo la paja en el ojo ajeno. Aunque en retrospectiva tal vez hubiera yo preferido que no cayéramos en el recurso de la generalización y de la burla (por más que algunos de sus correligionarios inviten casi desesperadamente a la última), aquí no se ha dicho nunca ni la décima parte de lo que nos han dicho a nosotros en otros sitios. Es una injuria que nos digan, sin pruebas, que estamos a sueldo de alguien, que no tenemos honor ni convicciones. Y eso se dice día sí y día también por personas que usted llama correligionarios al declararse Peona Negra.
Tarde o temprano, Psique, como le reclama Lior, habrá usted de mojarse sobre tales temas. La equidistancia termina por ser imposible. Y mire que le tengo cada vez más aprecio en tanto descubrimos afinidades... Pero la convivencia está basada en el reconocimiento de la discrepancia, y el movimiento de los PPNN está basado en entender que los que discrepamos de ellos somos enemigos al servicio de una causa maldita. Tendrá usted mucho trabajo para intentar convencerme que, en el fondo mismo de los PPNN, no late el totalitarismo del que no sólo se sabe en posesión de la verdad absoluta, sino que postula que todos los que discrepan son agentes de la maldad, lo cual es la negación misma de la democracia, pues ésta se basa en el reconocimiento de que nadie tiene la verdad absoluta y que el discrepante no es enemigo, sino adversario con los mismos derechos que uno.
Y no hablo de usted, que al menos reconoce la posibilidad de haberse equivocado. Hablo de los que no admiten dicha posibilidad y condenan a los discrepantes al infierno. Y ellos son legión, Psique, entre sus correligionarios. Me temo.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
