30-08-2007, 22:04:53
Psique:
Como muchos aquí, sigo sin entenderla. Parece decir una cosa y luego la contraria. Dice algo aquí y algo distinto allá. Aquí es mesurada, allá lee manifiestos flamígeros y totalmente conspiracionistas. Y a veces, allá, parece querer desmarcarse del conspiracionismo, aunque sea un poco.
Dice que no puede posicionarse. Entonces, ¿cómo es que le ha sido tan fácil posicionarse allá durante tanto tiempo? Veo el número de mensajes y la fecha de su ingreso a PPNNLL, y me pregunto si no tiene usted tantas emociones y experiencias comunes que, aunque sabe en el fondo que tenemos sustancialmente razón, ya no le es posible desligarse de aquello. Tiene demasiada inversión emocional en la falacia. Sólo queda correr hacia adelante, hacia nuevas desilusiones y amarguras, porque la realidad es empecinada, mucho más empecinada que cualquier peón.
Yo se lo dije un día: en el fondo, esto es muy fácil. O hubo una conspiración para ocultar la verdad, sembrando pruebas falsas y/o asesinando "pelanas", o no la hubo. No es tan difícil la elección: si la mochila de Vallecas es una prueba válida, pensar que hubo una conspiración se hace insostenible; si no lo es, pensar que hubo una conspiración es inescapable. Y así con prácticamente todos los argumentos conspiracionistas.
Mire, tal vez es tarde para usted, pero lo que tendría que hacer es aplicar el único criterio válido para conocer la verdad, el científico. Pregúntese, como Popper, con qué evidencia aceptaría usted que se ha equivocado. ¿La sentencia le bastará? ¿Los argumentos de Irene? Algo tiene que haber. Si no hay nada es que a usted la mueve la fe, no la voluntad de saber.
Usted se equivoca en algunas cosas. Está bien que diga que no somos enemigos; no lo somos. Nos mofamos, sí. Tal vez hacemos mal, pero a veces la mofa es el último recurso desesperado de quienes sienten hablar con una tapia.
Desde fuera tienen ustedes --al menos para mí, sé que hay gente que discrepa-- algo conmovedor, pero conmovedor por ingenuo, por pueril. Eso de imaginarse heroicos defensores de la verdad ante un mundo hostil, eso de inventarse himnos y decir cosas como que Jesús sería uno de ustedes si viviera hoy, esa absoluta certeza en todo lo que hacen, todo ello es un poco estremecedor (las guardias rojas de Mao tenían sustancialmente los mismos sentimientos) y a la vez, repito, conmovedor, como quien ve a niños que no saben que los Reyes son los padres. Lo siento, pero se lo digo como lo veo: ustedes viven en un mundo de fantasía, en un universo paralelo en el que cosas extrañísimas son no sólo posibles, sino probables.
Ello, desde luego, incita a la mofa, aunque reconozco que es un recurso fácil. Pero entiéndanos un poco. Para nosotros es difícil no mofarnos ante los Procyones --a quien usted dedicaba no hace mucho, por cierto, palabras de elogio--, los Valderra, los Phis, los Chom, las Mónicas, las Atalantas y sus argumentos endebles.
Le decía que se equivocaba, y tal vez el peor error, a mi juicio, es decir que nosotros también buscamos la verdad. Irene lo dijo admirablemente una vez: la verdad se la dejamos a los profesionales. Nosotros simplemente nos dedicamos a desmontar mentiras. Las mentiras de sus autores, Psique: Pedro Jota, Múgica, Abadillo, Del Pino (a quien siguen ustedes a pesar de abjurar de él), Losantos, etcétera. No hacemos nada más que eso: demostrar que los emperadores del conspiracionismo están en pelota picada.
La verdad no se encuentra en consignas vociferadas en plazas ni en encendidos manifiestos ni en cofradías que se autoconvencen de la justicia de su causa. La verdad no la encuentran, apoltronadas, personas inexpertas con acceso a Google y fuertes prejuicios políticos. La verdad es cosa de profesionales. No sé qué experiencia profesional tiene Rufino --por poner un ejemplo cercano--, pero nada le califica para emitir una opinión sobre si es raro que no se detecte una mochila. Ustedes, perdonen, son la típica tertulia de bar, donde todos opinan de todo como si fueran grandes expertos, pero amplificada mil veces por la accesibilidad de Internet. Y no, ese señor del bar no sólo no sabe cómo arreglar la economía, tampoco podría dirigir al Depor si lo sentaran en el banquillo. Así, tampoco pueden ustedes dictaminar sobre temas de los que poco o nada saben. Lo que pasa es que en un bar las palabras se las lleva el viento. En Internet no. Se quedan, perniciosamente, alimentando la ilusión de que un movimiento "cívico" puede encontrar la verdad mediante el extraño procedimiento de la lluvia de ideas. Yo me vacuné de esas ilusiones asambleístas en primero de carrera. Por ello, treinta años después, me parecen pueriles.
Es duro, pero alguien tiene que decirlo. Perdone el cachondeíto y mire más allá: mire lo que realmente tenemos que decirles a ustedes: que se equivocan de medio a medio. Y ustedes de buena fe, no como las fuentes que les alimentan.
Seamos por tanto totalmente sinceros, Psique. Digamos lo que pensamos. No nos ocultemos. Porque usted a muchos nos ha dado la sensación de querer ocultarse, de no querer mojarse. Está bien que nos demos cuenta todos de que, finalmente, todos vamos de razonable buena fe, que incluso compartimos gustos, que somos humanos. Pero al final del día estamos aquí por algo. Y ese algo requiere mojarse.
Por favor, no nos diga que no puede posicionarse porque "sólo tiene dudas". Es la excusa más manida del conspiracionismo. Alguien que sólo tiene dudas no lee manifiestos como el que aquí nos puso Pantalla, en el que hace media docena de afirmaciones taxativas. Alguien que sólo tiene dudas no milita activamente, no se declara Peón Negro, porque hacerlo implica automáticamente aceptar un axioma: "nos han mentido, la verdad no es la que nos han dicho". Usted acepta ese axioma como cualquier otro peón negro. Y ello tiene consecuencias, Psique. Hay que explorarlas. Hay que defenderlas o, si es imposible, aceptar que uno se ha equivocado.
Eso es lo primero: mirarse al espejo y preguntarse, sinceramente, ¿me he equivocado todo este tiempo? Yo no puedo hacerlo por usted, aunque le diré que en mi vida he hecho ese ejercicio unas tres o cuatro veces, y que es doloroso pero enriquecedor. Creo que usted puede hacerlo, como creo que algunos --muy pocos-- de los PPNNLL (Smoker, Redebre, tal vez FerminZa) pueden terminar por hacerlo también. Ello implica el doloroso reconocimiento de que la lucha ha sido en vano. Pero cuanto antes, mejor.
Le repito: perdone el cachondeíto. En mi caso, habla la experiencia. Cuando me mofo me río también del chaval que fui y que cantaba todo aquello de "El pueblo unido" y se lo creía de verdad, y se creía vanguardia de la revolución y nosotros seremos los que cambiaremos el mundo y todas esas patéticas zarandajas. Por ello, creo, les entiendo a ustedes un poco.
Como muchos aquí, sigo sin entenderla. Parece decir una cosa y luego la contraria. Dice algo aquí y algo distinto allá. Aquí es mesurada, allá lee manifiestos flamígeros y totalmente conspiracionistas. Y a veces, allá, parece querer desmarcarse del conspiracionismo, aunque sea un poco.
Dice que no puede posicionarse. Entonces, ¿cómo es que le ha sido tan fácil posicionarse allá durante tanto tiempo? Veo el número de mensajes y la fecha de su ingreso a PPNNLL, y me pregunto si no tiene usted tantas emociones y experiencias comunes que, aunque sabe en el fondo que tenemos sustancialmente razón, ya no le es posible desligarse de aquello. Tiene demasiada inversión emocional en la falacia. Sólo queda correr hacia adelante, hacia nuevas desilusiones y amarguras, porque la realidad es empecinada, mucho más empecinada que cualquier peón.
Yo se lo dije un día: en el fondo, esto es muy fácil. O hubo una conspiración para ocultar la verdad, sembrando pruebas falsas y/o asesinando "pelanas", o no la hubo. No es tan difícil la elección: si la mochila de Vallecas es una prueba válida, pensar que hubo una conspiración se hace insostenible; si no lo es, pensar que hubo una conspiración es inescapable. Y así con prácticamente todos los argumentos conspiracionistas.
Mire, tal vez es tarde para usted, pero lo que tendría que hacer es aplicar el único criterio válido para conocer la verdad, el científico. Pregúntese, como Popper, con qué evidencia aceptaría usted que se ha equivocado. ¿La sentencia le bastará? ¿Los argumentos de Irene? Algo tiene que haber. Si no hay nada es que a usted la mueve la fe, no la voluntad de saber.
Usted se equivoca en algunas cosas. Está bien que diga que no somos enemigos; no lo somos. Nos mofamos, sí. Tal vez hacemos mal, pero a veces la mofa es el último recurso desesperado de quienes sienten hablar con una tapia.
Desde fuera tienen ustedes --al menos para mí, sé que hay gente que discrepa-- algo conmovedor, pero conmovedor por ingenuo, por pueril. Eso de imaginarse heroicos defensores de la verdad ante un mundo hostil, eso de inventarse himnos y decir cosas como que Jesús sería uno de ustedes si viviera hoy, esa absoluta certeza en todo lo que hacen, todo ello es un poco estremecedor (las guardias rojas de Mao tenían sustancialmente los mismos sentimientos) y a la vez, repito, conmovedor, como quien ve a niños que no saben que los Reyes son los padres. Lo siento, pero se lo digo como lo veo: ustedes viven en un mundo de fantasía, en un universo paralelo en el que cosas extrañísimas son no sólo posibles, sino probables.
Ello, desde luego, incita a la mofa, aunque reconozco que es un recurso fácil. Pero entiéndanos un poco. Para nosotros es difícil no mofarnos ante los Procyones --a quien usted dedicaba no hace mucho, por cierto, palabras de elogio--, los Valderra, los Phis, los Chom, las Mónicas, las Atalantas y sus argumentos endebles.
Le decía que se equivocaba, y tal vez el peor error, a mi juicio, es decir que nosotros también buscamos la verdad. Irene lo dijo admirablemente una vez: la verdad se la dejamos a los profesionales. Nosotros simplemente nos dedicamos a desmontar mentiras. Las mentiras de sus autores, Psique: Pedro Jota, Múgica, Abadillo, Del Pino (a quien siguen ustedes a pesar de abjurar de él), Losantos, etcétera. No hacemos nada más que eso: demostrar que los emperadores del conspiracionismo están en pelota picada.
La verdad no se encuentra en consignas vociferadas en plazas ni en encendidos manifiestos ni en cofradías que se autoconvencen de la justicia de su causa. La verdad no la encuentran, apoltronadas, personas inexpertas con acceso a Google y fuertes prejuicios políticos. La verdad es cosa de profesionales. No sé qué experiencia profesional tiene Rufino --por poner un ejemplo cercano--, pero nada le califica para emitir una opinión sobre si es raro que no se detecte una mochila. Ustedes, perdonen, son la típica tertulia de bar, donde todos opinan de todo como si fueran grandes expertos, pero amplificada mil veces por la accesibilidad de Internet. Y no, ese señor del bar no sólo no sabe cómo arreglar la economía, tampoco podría dirigir al Depor si lo sentaran en el banquillo. Así, tampoco pueden ustedes dictaminar sobre temas de los que poco o nada saben. Lo que pasa es que en un bar las palabras se las lleva el viento. En Internet no. Se quedan, perniciosamente, alimentando la ilusión de que un movimiento "cívico" puede encontrar la verdad mediante el extraño procedimiento de la lluvia de ideas. Yo me vacuné de esas ilusiones asambleístas en primero de carrera. Por ello, treinta años después, me parecen pueriles.
Es duro, pero alguien tiene que decirlo. Perdone el cachondeíto y mire más allá: mire lo que realmente tenemos que decirles a ustedes: que se equivocan de medio a medio. Y ustedes de buena fe, no como las fuentes que les alimentan.
Seamos por tanto totalmente sinceros, Psique. Digamos lo que pensamos. No nos ocultemos. Porque usted a muchos nos ha dado la sensación de querer ocultarse, de no querer mojarse. Está bien que nos demos cuenta todos de que, finalmente, todos vamos de razonable buena fe, que incluso compartimos gustos, que somos humanos. Pero al final del día estamos aquí por algo. Y ese algo requiere mojarse.
Por favor, no nos diga que no puede posicionarse porque "sólo tiene dudas". Es la excusa más manida del conspiracionismo. Alguien que sólo tiene dudas no lee manifiestos como el que aquí nos puso Pantalla, en el que hace media docena de afirmaciones taxativas. Alguien que sólo tiene dudas no milita activamente, no se declara Peón Negro, porque hacerlo implica automáticamente aceptar un axioma: "nos han mentido, la verdad no es la que nos han dicho". Usted acepta ese axioma como cualquier otro peón negro. Y ello tiene consecuencias, Psique. Hay que explorarlas. Hay que defenderlas o, si es imposible, aceptar que uno se ha equivocado.
Eso es lo primero: mirarse al espejo y preguntarse, sinceramente, ¿me he equivocado todo este tiempo? Yo no puedo hacerlo por usted, aunque le diré que en mi vida he hecho ese ejercicio unas tres o cuatro veces, y que es doloroso pero enriquecedor. Creo que usted puede hacerlo, como creo que algunos --muy pocos-- de los PPNNLL (Smoker, Redebre, tal vez FerminZa) pueden terminar por hacerlo también. Ello implica el doloroso reconocimiento de que la lucha ha sido en vano. Pero cuanto antes, mejor.
Le repito: perdone el cachondeíto. En mi caso, habla la experiencia. Cuando me mofo me río también del chaval que fui y que cantaba todo aquello de "El pueblo unido" y se lo creía de verdad, y se creía vanguardia de la revolución y nosotros seremos los que cambiaremos el mundo y todas esas patéticas zarandajas. Por ello, creo, les entiendo a ustedes un poco.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
