17-09-2007, 00:06:56
(This post was last modified: 17-09-2007, 00:14:18 by Mangeclous.)
El Mundo vuelve con el 11-M, sección Asturias/UCO/confidentes. PJ dice que el tribunal no podrá dictar una sentencia en la que considere todos los hechos debido a la ausencia de Gascón, lo cual es una chorrada: de ser cierto lo que El Mundo dice que afirma Gascón, no altera en nada la situación de los imputados en este juicio.
El Mundo Wrote:11-M: Un testigo clave del 11-M dice que la Guardia Civil le amenazó demuerte si hablaba
ANTONIO RUBIO
MADRID.– Se llama Mario Gascón, dice que fue fraile mercedario y que conoció personalmente a Jamal Ahmidan, El Chino, supuesto jefe de la célula del 11-M. También actuó de enlace entre la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) y los confidentes que ese grupo tenía infiltrados en la célula islamista que llevó a cabo los atentados de Madrid. Pero lo más significativo de todo es que Mario Gascón fue citado como testigo por el tribunal del 11-M, aunque huyó de España y nunca acudió a la llamada judicial. «La Guardia Civil me quería picar el pasaporte», explica.
EL MUNDO ha localizado fuera de España a Mario Gascón, ex colaborador de la UCO, que se ha convertido en un auténtico testigo de cargo. «Me fui e España y no pienso volver hasta que no tenga unas garantías de seguridad, porque a mí me quería picar el pasaporte la Guardia Civil», afirma. En el argot de la delincuencia y los bajos fondos, el concepto picar el pasaporte o el billete significa que te van a matar o estás condenado a muerte.
Gascón fue durante varios años colaborador de la Unidad Central Operativa, cobraba unos 4.000 euros mensuales por sus servicios de confidente y fue quien convenció al marroquí Rafá Zouhier para que trabajara para los agentes del Instituto Armado: «Tras los atentados del 11-M, los agentes de la UCO [se refiere al capitán Paco, al alférez Víctor y al guardia Rafa] vienen a verme a mi casa. Después nos fuimos a una pizzería y allí empezaron a hablarme del atentado, de Zouhier. Y en un momento determinado yo les dije: ‘Pero si esto ya se sabía, lo de los explosivos’». Y a partir de ese momento, siempre según el propio Mario Gascón, el capitán Paco se alteró: «Sacó una pistola, me la puso en el pecho y me dijo: ‘Tú eres un maricón y lo que tienes que hacer es callarte, y esto déjalo que ya es cosa nuestra’».
Mario Gascón, que entre otras muchas cosas ha sido colaborador-confidente de las Fuerzas de Seguridad del Estado y director de discotecas, se encuentra en la actualidad en situación de ser localizado, porque nunca respondió a las citaciones judiciales. La localización es un grado menor al de busca y captura.
Gascón, amigo de Rafá Zouhier, Rachid Aglif, alias El Conejo, y Jamal Ahmidan, El Chino, entre otros acusados del 11-M, está dispuesto a volver a España y contar todo lo que sabe. «Quiero quitarme esta mierda de encima y que salga el sol por donde salga, pero necesito garantías, seguridad», dice.
Mario Gascón, que según ha relatado a este periódico tuvo que soportar desde el extranjero las presiones y amenazas que realizaron contra su familia, está convencido de que «a la UCO lo que menos le interesa es que hable y cuente toda la verdad». Tras la comida con los agentes de la UCO, el ex fraile mercedario recibió el encargo de comunicarle a Rafá Zouhier que desapareciera de España, que se esfumara durante un tiempo. El marroquí no atendió a los avisos de su amigo y protector y se quedó aquí. Posteriormente fue detenido –el 20 de marzo de 2004–, imputado, y en la actualidad espera en la cárcel de Puerto Real (Cádiz) la sentencia del tribunal del 11-M.
Al parecer, Mario Gascón también recibió los mismos consejos que él transmitió a Zouhier. En esta ocasión sí puso tierra de por medio. El tribunal del 11-M tenía prevista la declaración del colaborador de la UCOa lo largo del mes de abril este año, pero para esa fecha Gascón ya estaba fuera de Madrid.
Se da la circunstancia de que el 19 de julio de 2004, cuatro meses después de los atentados del 11-M, la Dirección General de la Guardia Civil emitió una nota informativa con la calificación de confidencial que, en el apartado asunto, indicaba: «Informando sobre la entrevista con el titular del JCI 6», en referencia al Juzgado Central de Instrucción número 6, del que es titular el magistrado Juan del Olmo. En el texto de esa nota informativa se reflejaba que se «entrega la contestación a la resolución dictada por S.Sª. con fecha 15 de julio, en la que se solicitaba si Mario Gascón Armada era confidente de la Guardia Civil y su paradero actual». El documento confidencial de la Guardia Civil terminaba con la siguiente apreciación: «El juez señaló que el compareciente [en referencia a Mario Gascón] podría acogerse a los beneficios de la Ley de Protección de Peritos y Testigos».
Gascón recuerda cómo fue aquel momento, el 23 de julio de 2004, en que tuvo que comparecer ante la justicia: «Me llevaron ante el juez los agentes de la Guardia Civil que con anterioridad me estuvieron amenazando con una pistola en el pecho». «Cuando declaré ante el juez Del Olmo y la fiscal Olga Sánchez me sentí presionado. Hubo un momento en que les dije: ‘¿Yo aquí cómo estoy, en calidad de imputado o en calidad de qué?’», añade el ex jefe de discotecas.
El ex confidente de la Guardia Civil también reconoce que solicitó al juez y la fiscal que le dieran la categoría de testigo protegido, pero que no tiene constancia de que se la concedieran. «La próxima vez que esté delante de un juez declararé toda la verdad, pero quiero hacerlo como testigo protegido», dice. Durante aquella declaración de Gascón ante el magistrado de la Audiencia Nacional se produjo un hecho entre anecdótico y surrealista que él cuenta de la siguiente manera: «Cuando Juan del Olmo se enteró que había sido fraile mercedario, me hizo una broma y me dijo que lo que tenía que hacer era olvidarme de todo e irme al convento de nuevo».
Una carta con todo
Mario Gascón, a pesar de los cientos de kilómetros que en la actualidad median entre él y sus ex amigos de la UCO, sigue teniendo miedo y no acaba de tirar de la manta. Gascón apunta hechos, circunstancias y guarda la mayoría de sus secretos para cuando vuelva a España: «Mi abogado tiene una carta. Los de la UCO querían que no hablara, que me callara, pero yo los conozco muy bien y sé cómo es la trama». El ex fraile mercedario no quiere aclarar si se refiere al 11-M en general, al tema de los explosivos o a las relaciones de los presuntos terroristas islamistas con las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Gascón reconoció a EL MUNDO, mediante conversación telefónica, su relación con el supuesto jefe de la célula terrorista. «Yo no sólo tenía relación con Rafá Zouhier y Rachid Aglif, El Conejo, también la tenía con Jamal Ahmidan, El Chino. A ése lo conocí en el año 2000 en Ceuta, cuando pasaba hachís e inmigrantes de Marruecos a España».
Los contactos entre el ex fraile, ex jefe de discoteca y ex colaborador de la UCO con el supuesto jefe del comando terrorista que se suicidó el 3 de abril de 2004 en un piso de Leganés se fue incrementado con el tiempo: «En Madrid volví a reencontrarme con El Chino en los ambientes nocturnos, en la noche de Madrid. Jamal Ahmidan nunca ha sido un islamista. A él le gustaba el hachís, el dinerito y la buena vida. Era un delincuente que fue a más».
Y, por último, Mario Gascón reconoce que trabajaba para la UCO y que los agentes con los que más relación tenía y con quien más trabajaba «eran Rafa y Víctor». Rafa, según ha podido saber este periódico, es un número de la Guardia Civil cuyo auténtico nombre es Mariano. Víctor, que durante el 11-M tenía el rango de alférez y que posteriormente fue ascendido a teniente, se llama Jaime.
Los dos agentes, siempre según Gascón, actuaban con la supervisión directa del capitán Paco: «Víctor siempre necesitaba el visto bueno del capitán Paco. Víctor es un buen agente al que han manipulado».
EDITORIAL: OTRA PRUEBA DE LO MUCHO, Y TERRIBLE, QUE QUEDA POR AVERIGUAR DEL 11-M
El ministro de Justicia Fernández Bermejo sacaba pecho hace unos días en pro de la versión oficial del 11-M, poco menos que clamando anticipadamente victoria y advirtiendo que muy pronto la opinión pública tendría que optar «entre la sentencia y la teoría de la conspiración». En sentido estricto esto es una memez a la altura del personaje, pues sea cual sea la sentencia su relato de hechos probados recogerá que una serie de personas «conspiraron» para cometer los atentados. Pero también en el sentido más amplio de la disyuntiva Bermejo patina porque, tal y como hoy vuelve a demostrar EL MUNDO, la sentencia no podrá resolver aspectos esenciales de esa «conspiración» por la sencilla razón de que la instrucción no ha proporcionado al tribunal los elementos de juicio necesarios.
El último botón de muestra son las manifestaciones a nuestro periódico desde su remoto escondite de Mario Gascón, durante muchos años colaborador en nómina de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Con la elocuencia propia de su argot, Gascón asegura que no acudió al juicio oral del 11-M, pese a haber sido citado como testigo, porque «la Guardia Civil me quería picar el pasaporte». Y relata como el capitán Paco, estrecho colaborador del, más que turbio, tenebroso coronel Hernando le puso «una pistola en el pecho» y le instó a guardar silencio cuando tras el 11-M alegó que hacía tiempo que Zouhier había avisado sobre la trama de los explosivos.
Gascón sabía de lo que hablaba porque era quien había introducido a Zouhier en la UCO y además tenía relación con el propio Jamal Ahmidan El Chino de quien, por cierto, dice que «nunca fue un islamista». ¿Es una simple, aunque fatalmente trágica, negligencia lo que la UCO quiere ocultar al obligar a Gascón a mantener la boca cerrada o se trata de algo infinitamente más grave en la línea de la famosa metáfora del darle hilo a la cometa?
Es evidente que aclarar este interrogante será una necesidad pública especialmente si la sentencia considera que la masacre se cometió con explosivos llegados de Asturias y con algún tipo de intervención de Zouhier. Obviamente nada de lo que pueda decir ya Mario Gascón influirá en la sentencia sobre la que aún delibera el tribunal. Su testimonio sí que podría ser tenido en cuenta en nuevas causas que sean fruto de esa sentencia o en las propias diligencias que sobre distintos flecos del sumario instruye todavía Del Olmo.
El problema es que la actitud de este último queda de nuevo retratada en el recuerdo que tiene Gascón del día en que, bajo la tutela de la UCO y fiel a sus consignas, compareció ante su juzgado. Al enterarse de que en una fase anterior de su azarosa vida este singular ciudadano había sido fraile mercedario, Del Olmo le dijo que se «olvidara de todo» y se «volviera al convento».
¡Cuánto habría salido ganando la causa de la búsqueda de la verdad del 11-M si hubiera sido el propio juez instructor el que hubiera tomado su monacal plaza en un estricto régimen de clausura!
