21-10-2007, 09:56:06
Preparando el otro día un artículo que colgué en la wiki sobre Jamal Ahmidan me di cuenta (ya se sabía, pero es cuando contemplas al individuo en su totalidad cuando te percatas completamente) del desprecio que debía sentir Jamal por la inteligencia de la Policía española, y por extensión, de todos los españoles.
Creo que fue detenido y condenado al principio de su vida delincuente (en 1993 ó 1994) por un tema de camellería, y luego ya no le habían echado la zarpa encima, por lo menos como Jamal Ahmidan. Una vez fue detenido y, al poseer una identificación falsa, que ni estaba fichado ni aparecía en los registros de inmigración, les llevó a creer que era un inmigrante ilegal y a encerrarlo en un centro de detención a la espera de deportación. Allí se convirtió en una fuente de motines y problemas hasta que se fugó cuando quiso.
Dispuso de más de catorce identidades diferentes, y se movió como pez en el agua burlándose de todas las fuerzas de seguridad españolas. Por lo menos, los marroquíes le encarcelaron una vez (aunque su condena fue abreviada posiblemente por corrupción policial) y los franceses otra, para una condena corta, pero la Policía española no pudo apartarle de la circulación durante doce años, cientos de delitos, y una conducta antisocial. Imagino que él consideraría a las Fuerzas de Seguridad como zoquetes con gorra, y se burlaba de ellos con su círculo de amistades.
El desprecio se iría extendiendo a todo el pueblo español y al mundo occidental, teñido de odio, como suele pasar cuando un pueblo al que crees inferior domina al tuyo.
En este contexto encaja perfectamente las palabras que dirigió creo que a Rosa a cuenta de la Guerra de Irak, diciendo que en Marruecos el pueblo habría hecho esto y lo otro, se habría sublevado, expulsado a sus dirigentes, etc. Estas frases, que Del Pino despreciaba como improbables, son por el contrarío muy verosímiles si pensamos que Jamal se deslizaba ya por la pendiente del odio y la megalomanía, que conlleva siempre el desprecio a los que crees inferior a ti.
Este largo preámbulo viene a cuento de la posibilidad de que la sentencia abra la caja de los truenos sobre la Policía Española. Espero que no: fuera de algunos casos que claman al cielo en cuanto a corrupción, inoperancia o estupidez, y estoy pensando en Asturias, los policías españoles no hacen más que aplicar la ley sobre una sociedad que en su mayor parte es permisiva, o lo era hasta hace poco tiempo.
Nuestra sociedad es muy tolerante en cuanto a los inmigrantes ilegales, que considera gente desafortunada, y se resiste a emplear con ellos la mano dura. Nuestra sociedad es (o lo era) permisiva con las infracciones menores, y nos repugna la tortura y el encarcelamiento para una persona por un trapicheo sin haber sido juzgado, sin haber sido defendido por un abogado competente. Nuestra sociedad tiende a ser acogedora con el extranjero, y aunque por la calle todos se quejan (nos quejamos) de los extranjeros, luego votamos a partidos que dedican gran parte de recursos sociales a ellos.
Y yo no sé si quiero cambiar eso. Tras una sentencia dura y un procesamiento con, por ejemplo, el policía que no machacó a “El Chino” por ir con exceso de velocidad, sin papeles del coche y sin el certificado de ITV (pero, ojo, perfectamente identificado y con carnet de conducir, aunque falsos), o con los policías que no se toman la molestia de perseguir a los pequeños camellos o de comprobar miles de identidades porque se les ha metido entre ceja y ceja un “morito” y van a por él, o con el policía que prefiere no detener a un gitano y calentarle en la estufa para que “cante”, podemos abrir un torbellino que hay que valorar muy bien.
A mi no me gustaría (y vamos camino de eso) que si voy alguna vez a 140 por una autopista, o sin cinturón de seguridad, el policía me pare, y en vez de sólo multarme, me desmonte el coche, me lleve a comisaría, me insulte, me incomunique, me grite y me maltrate psicológicamente. o que por el hecho de entrar en una herrikotaberna un día a tomar algo se me considere un asesino y se me aplique la ley antiterrorista. Y habría miles de ejemplos, pero creo que ya me comprendéis.
Si la sentencia abre el camino para castigar unos cuantos corruptos o inútiles, bienvenido sea. Si es vía para que la vida en la calle sea un poco más segura pero menos libre... Ni me opongo ni no, pero estudiémoslo bien. Pensemos los pros y los contras, lo que ganamos... y lo que perderemos.
Creo que fue detenido y condenado al principio de su vida delincuente (en 1993 ó 1994) por un tema de camellería, y luego ya no le habían echado la zarpa encima, por lo menos como Jamal Ahmidan. Una vez fue detenido y, al poseer una identificación falsa, que ni estaba fichado ni aparecía en los registros de inmigración, les llevó a creer que era un inmigrante ilegal y a encerrarlo en un centro de detención a la espera de deportación. Allí se convirtió en una fuente de motines y problemas hasta que se fugó cuando quiso.
Dispuso de más de catorce identidades diferentes, y se movió como pez en el agua burlándose de todas las fuerzas de seguridad españolas. Por lo menos, los marroquíes le encarcelaron una vez (aunque su condena fue abreviada posiblemente por corrupción policial) y los franceses otra, para una condena corta, pero la Policía española no pudo apartarle de la circulación durante doce años, cientos de delitos, y una conducta antisocial. Imagino que él consideraría a las Fuerzas de Seguridad como zoquetes con gorra, y se burlaba de ellos con su círculo de amistades.
El desprecio se iría extendiendo a todo el pueblo español y al mundo occidental, teñido de odio, como suele pasar cuando un pueblo al que crees inferior domina al tuyo.
En este contexto encaja perfectamente las palabras que dirigió creo que a Rosa a cuenta de la Guerra de Irak, diciendo que en Marruecos el pueblo habría hecho esto y lo otro, se habría sublevado, expulsado a sus dirigentes, etc. Estas frases, que Del Pino despreciaba como improbables, son por el contrarío muy verosímiles si pensamos que Jamal se deslizaba ya por la pendiente del odio y la megalomanía, que conlleva siempre el desprecio a los que crees inferior a ti.
Este largo preámbulo viene a cuento de la posibilidad de que la sentencia abra la caja de los truenos sobre la Policía Española. Espero que no: fuera de algunos casos que claman al cielo en cuanto a corrupción, inoperancia o estupidez, y estoy pensando en Asturias, los policías españoles no hacen más que aplicar la ley sobre una sociedad que en su mayor parte es permisiva, o lo era hasta hace poco tiempo.
Nuestra sociedad es muy tolerante en cuanto a los inmigrantes ilegales, que considera gente desafortunada, y se resiste a emplear con ellos la mano dura. Nuestra sociedad es (o lo era) permisiva con las infracciones menores, y nos repugna la tortura y el encarcelamiento para una persona por un trapicheo sin haber sido juzgado, sin haber sido defendido por un abogado competente. Nuestra sociedad tiende a ser acogedora con el extranjero, y aunque por la calle todos se quejan (nos quejamos) de los extranjeros, luego votamos a partidos que dedican gran parte de recursos sociales a ellos.
Y yo no sé si quiero cambiar eso. Tras una sentencia dura y un procesamiento con, por ejemplo, el policía que no machacó a “El Chino” por ir con exceso de velocidad, sin papeles del coche y sin el certificado de ITV (pero, ojo, perfectamente identificado y con carnet de conducir, aunque falsos), o con los policías que no se toman la molestia de perseguir a los pequeños camellos o de comprobar miles de identidades porque se les ha metido entre ceja y ceja un “morito” y van a por él, o con el policía que prefiere no detener a un gitano y calentarle en la estufa para que “cante”, podemos abrir un torbellino que hay que valorar muy bien.
A mi no me gustaría (y vamos camino de eso) que si voy alguna vez a 140 por una autopista, o sin cinturón de seguridad, el policía me pare, y en vez de sólo multarme, me desmonte el coche, me lleve a comisaría, me insulte, me incomunique, me grite y me maltrate psicológicamente. o que por el hecho de entrar en una herrikotaberna un día a tomar algo se me considere un asesino y se me aplique la ley antiterrorista. Y habría miles de ejemplos, pero creo que ya me comprendéis.
Si la sentencia abre el camino para castigar unos cuantos corruptos o inútiles, bienvenido sea. Si es vía para que la vida en la calle sea un poco más segura pero menos libre... Ni me opongo ni no, pero estudiémoslo bien. Pensemos los pros y los contras, lo que ganamos... y lo que perderemos.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
