29-10-2007, 18:26:37
El siguiente texto es muy especial para mi. Cuando existía mi foro un habitual me pidió un artículo para una revista local que editaban con motivo de un pequeño festival de cine en su pueblo. Yo había escrito este texto anteriormente y me pareció adecuado. Finalmente hubo que hacerle diversos retoques y tuve que crear un final que hiciera alusiones a los festivales de cine.
Con todo fue publicado y por primera (y última) vez pude ver algo escrito por mí impreso en una revista.
Aún así releído aprecio un pesimismo con el que ahora no estoy tan de acuerdo. Creo que el cine está en continua evolución y hay que mirar atrás con respeto y admiración pero no tanto con nostalgia.
Quo Vadis? ¿Hacia dónde se dirige el cine actual?
El cinematógrafo surgió como curiosidad científica y mera atracción de feria. Pronto pasó a ser un divertimento con el que los afortunados poseedores de un proyector, yendo de pueblo en pueblo, asombraban a las gentes previo pago de una entrada. Son los inicios de una enorme industria.
La creación de salas de proyección y la aparición de los estudios y productoras dan lugar a la industria cinematográfica tal y como se conoce hoy en día.
Inicialmente como parte de los espectáculos de salas de vodevil es, a partir de 1905, cuando surgen los “nickelodeon” pequeños teatros de fachada de almacén con capacidad de hasta 200 personas donde los espectadores pagaban sus “nickel” para presenciar una sesión de cine. Conocido como "el teatro del pueblo", las primeras películas atrajeron fundamentalmente a público obrero e inmigrante que halló en los nickelodeon sencilla diversión familiar. Puede ser que no fueran capaces de leer novelas o periódicos pero entendían aquellas simples imágenes en movimiento.
Una sesión de nickelodeon constaba de unos seis cortos de 10 minutos que abarcaban varios géneros: comedias, dramas, documentales o aventuras.
Pronto las películas pasarían de ser simples muestrarios de anécdotas o trucos de cámara para empezar a mostrar argumentos e historias más complejos. El artífice de este cambio es D. W. Griffith, que con su “El nacimiento de una nación”, un film épico de más de tres horas, acaba con el concepto de cortometraje y prácticamente crea la industria del cine.
Comienza así a ser considerado como un medio de expresión artística. Las películas se vuelven más ambiciosas, adaptando obras literarias (“Ben-Hur”, “Oliver Twist”
o convirtiéndose en crónicas de la historia (“El acorazado Potemkin”
, pero nunca olvidándose del público intentando hallar el equilibrio entre comercialidad, calidad e innovación.
Tras la Primera Guerra Mundial surgen los primeros estudios: Fox, Paramount y Universal y se produce el asentamiento en la soleada California. Aparecen también las primeras estrellas cinematográficas, gente como Chaplin, Rodolfo Valentino, Mary Pickford o Fatty Arburckle. Nace el Star-System.
Los estudios son conscientes del enorme mercado que tienen en sus manos y ponen todos sus esfuerzos en la realización de películas que puedan gustar al mayor espectro posible de edades y públicos, el éxito se mide en taquilla.
La aparición del sonoro supone una renovación tanto estética como conceptual, nuevas estrellas sustituyen a las viejas glorias del sonoro.
La 2ª Guerra Mundial provoca una de las mayores crisis de la industria, para paliar el incesante goteo de espectadores surge la serie B. Las películas de serie B son realizadas con menor presupuesto (con excepciones) y generalmente tienen menor metraje (alrededor de los 50 minutos) para completar las sesiones dobles que ofrecen los cines para atraer al público. Son films menores que encierran no pocas joyas y que suplen con talento lo que no tienen de medios. Generalmente películas de género (comedias, western, aventuras y suspense) y seriales de decenas de episodios.
Los 60 suponen la desaparición de la serie B al dejar de existir el concepto de sesión doble, los films de bajo presupuesto seguirán existiendo y se adjudicarán la etiqueta, pero nunca serán auténtica serie B. El asentamiento de la televisión supone otro revés a la industria que mira con recelo este nuevo invento que aleja de las salas a los potenciales espectadores que prefieren el calor de su hogar. Hollywood replica con la práctica desaparición del blanco y negro, la creación de grandes formatos de pantalla (Cinemascope) y experimentos como las películas en tres dimensiones
Entre los 60 y los 70 el cine experimenta una de sus etapas más interesantes, los movimientos estudiantiles, sociales y artísticos de la época ven su reflejo en las pantallas que se llenan de películas con contenido crítico y mensajes sociales que atraen a las mentes inquietas del momento. Es una época de vacas gordas donde lo comercial, lo artístico y lo crítico van de la mano directo a la taquilla.
Sin embargo la mayor crisis de la industria llega en los 80 con la aparición y auge del vídeo doméstico. El boom del vídeo-club hace mella en las taquillas de todo el mundo que sufren una caída en picado nunca vista.
Los estudios contraatacan, si no se puede competir con la comodidad de tu propio salón se dará al espectador lo que allí no tiene: Pantallas gigantes, sonido de alta fidelidad y, sobre todo, espectacularidad. Las explosiones y los cada vez mejores efectos especiales parecen (y son) mucho menos impactantes en nuestro televisores. El cine es ahora el mayor espectáculo del mundo.
Todo lo que ganan en grandiosidad las películas, lo pierden en sutileza. Los films simplifican sus argumentos a lo anecdótico, los personajes se estereotipan, la acción ya no forma parte de la historia: Es su razón de ser.
El panorama continúa en los 90, los avances en efectos especiales generados por ordenador clavan aún más la estaca. La tecnología no parece tener límites, cualquier cosa imaginable se puede plasmar en una pantalla. ¿Significa esto un retorno a las buenas historias? No, todo lo contrario. Caídos en una espiral en la que la tele-basura también aporta su granito, el cine se inunda de subproductos idiotizantes (o para idiotas) dirigidos a adolescentes. Las salas se llenan de acné y palomitas.
El cine dirige su mirada a su mayor competidor, si no puede vencerlo se unirá a él. La televisión se convierte en la segunda fuente de ingresos de la industria, la venta de derechos exclusivos a televisiones, ya sean públicas, privadas, por cable o satélite; la posterior explotación en el mercado del vídeo y el creciente DVD generan unos beneficios que, en ocasiones, resultan más rentables que la explotación en salas con su gasto en copias, promoción y distribución.
La aparición del merchandising y la explotación del “éxito” cinematográfico del momento en otros medios (videojuegos, figuras y juguetes, camisetas, series de televisión, cómics) reportan beneficios impensables hace décadas.
El perfil del espectador medio es el de un adolescente, analfabeto funcional, comprador de videojuegos, camisetas o figuras basadas la última saga cinematográfica y habitual consumidor de palomitas y refrescos durante la proyección. Muchachos que desconocen las películas en blanco y negro y sólo leen los libros que les obligan en la escuela. Hollywood dirige su mirada hacia ellos.
Desgraciadamente los jóvenes de ahora no son igual que los de hace 50 años, la televisión y la falta de cultura los hacen menos sofisticados que entonces. Tampoco ayuda la falta de inquietudes políticas y la indiferencia social. Ello repercute en las películas. La falta de ideas, los malos guiones y diálogos, la estupidez en suma, son la nota predominante en el cine actual.
Excepciones, afortunadamente, las hay. Pero cada día resulta más difícil encontrar una perla entre tanto estiércol. ¿Realmente la industria del cine se puede permitir los caprichos artísticos de un Lynch, Allen, Coppola o Scorsese si luego la taquilla no responde? ¿Quién financiará sus películas si estas no generan beneficios?
Para los que como yo amamos las películas, los que hemos mamado los ciclos de Cine negro de "la primera" cuando sólo había dos. Los que seguimos "Con H de humor", "Mis terrores favoritos", los ciclos de "Cine Club" a actores y directores, el varias veces emitido "Ciclo Alfred Hichcock", "La clave" precursora de "¡Que grande es el cine!", aquellos films del Tarzán de Johnny Weissmuller en la sobremesa, "Sábado Cine", "Primera sesión", y tantas y tantas películas clásicas y en blanco y negro que amenizaron nuestra infancia, a todos nosotros he de decir que el cine tal y como lo conocíamos está en fase terminal.
Qué se puede esperar de las próximas generaciones de espectadores que jamás verán un film en blanco y negro o anterior a 1980 sino es en "La 2" y a altas horas de la madrugada (y encima en V.O.S. otro escollo).
Qué cabe esperar de gente que no conoce a Gary Cooper, James Steward, Cary Grant, Howard Hawks, John Ford, John Houston, Mankiewichz, Bette Davis, Ava Gardner, Katherine Hepburn...
Qué de gente que no ha visto "Casablanca", "Ciudadano Kane", "Centauros del desierto", "El hombre tranquilo", "La reina de África", "El tesoro de sierra Madre", "Furia"...
Qué de espectadores que ven canales de televisión en donde no se respetan los formatos, se emiten films coloreados en lugar de los originales en Blanco y negro, se cortan los créditos, se interrumpen las emisiones para emitir bloques de publicidad de 20 minutos cada 15...
Y lo que es mucho peor, qué se puede esperar de estas personas cuando se metan a directores de cine.
Creo que el cine de autor, los dramas, films con crítica social, experimentales o sencillamente profundos tiene los días contados.
El cine se dirige hacia la acción, los efectos especiales, los diálogos telegráficos, guiones de parvulario y los actores más ocupados de su físico que de su actuación.
El CINE quedará para las filmotecas, las colecciones de DVD clásicos, las salas de "V.O.S", las televisiones privadas y "La 2" a las tres de la madrugada. En las carteleras sólo estará el vacío y la nueva tanda de "films de calidad" para los siguiente Oscar y que nadie verá.
Puedo ser tremendista pero sólo hace falta ver el periódico y comparar el número de salas de películas comerciales con el de film más serios (y de estos casi todas en V.O.). ¿Cuánto tardarán los Ideal, Renoir y Alphaville en sucumbir al cine comercial?.
Yo no tengo la respuesta, pero creo que el futuro del cine no pasa por la calidad. Tendremos que conformarnos con la evasión y el espectáculo en la mayor involución que ha sufrido un arte: el cine ha vuelto a ser una atracción de feria.
Os cedo la palabra.
Con todo fue publicado y por primera (y última) vez pude ver algo escrito por mí impreso en una revista.
Aún así releído aprecio un pesimismo con el que ahora no estoy tan de acuerdo. Creo que el cine está en continua evolución y hay que mirar atrás con respeto y admiración pero no tanto con nostalgia.
Quo Vadis? ¿Hacia dónde se dirige el cine actual?
El cinematógrafo surgió como curiosidad científica y mera atracción de feria. Pronto pasó a ser un divertimento con el que los afortunados poseedores de un proyector, yendo de pueblo en pueblo, asombraban a las gentes previo pago de una entrada. Son los inicios de una enorme industria.
La creación de salas de proyección y la aparición de los estudios y productoras dan lugar a la industria cinematográfica tal y como se conoce hoy en día.
Inicialmente como parte de los espectáculos de salas de vodevil es, a partir de 1905, cuando surgen los “nickelodeon” pequeños teatros de fachada de almacén con capacidad de hasta 200 personas donde los espectadores pagaban sus “nickel” para presenciar una sesión de cine. Conocido como "el teatro del pueblo", las primeras películas atrajeron fundamentalmente a público obrero e inmigrante que halló en los nickelodeon sencilla diversión familiar. Puede ser que no fueran capaces de leer novelas o periódicos pero entendían aquellas simples imágenes en movimiento.
Una sesión de nickelodeon constaba de unos seis cortos de 10 minutos que abarcaban varios géneros: comedias, dramas, documentales o aventuras.
Pronto las películas pasarían de ser simples muestrarios de anécdotas o trucos de cámara para empezar a mostrar argumentos e historias más complejos. El artífice de este cambio es D. W. Griffith, que con su “El nacimiento de una nación”, un film épico de más de tres horas, acaba con el concepto de cortometraje y prácticamente crea la industria del cine.
Comienza así a ser considerado como un medio de expresión artística. Las películas se vuelven más ambiciosas, adaptando obras literarias (“Ben-Hur”, “Oliver Twist”
o convirtiéndose en crónicas de la historia (“El acorazado Potemkin”
, pero nunca olvidándose del público intentando hallar el equilibrio entre comercialidad, calidad e innovación. Tras la Primera Guerra Mundial surgen los primeros estudios: Fox, Paramount y Universal y se produce el asentamiento en la soleada California. Aparecen también las primeras estrellas cinematográficas, gente como Chaplin, Rodolfo Valentino, Mary Pickford o Fatty Arburckle. Nace el Star-System.
Los estudios son conscientes del enorme mercado que tienen en sus manos y ponen todos sus esfuerzos en la realización de películas que puedan gustar al mayor espectro posible de edades y públicos, el éxito se mide en taquilla.
La aparición del sonoro supone una renovación tanto estética como conceptual, nuevas estrellas sustituyen a las viejas glorias del sonoro.
La 2ª Guerra Mundial provoca una de las mayores crisis de la industria, para paliar el incesante goteo de espectadores surge la serie B. Las películas de serie B son realizadas con menor presupuesto (con excepciones) y generalmente tienen menor metraje (alrededor de los 50 minutos) para completar las sesiones dobles que ofrecen los cines para atraer al público. Son films menores que encierran no pocas joyas y que suplen con talento lo que no tienen de medios. Generalmente películas de género (comedias, western, aventuras y suspense) y seriales de decenas de episodios.
Los 60 suponen la desaparición de la serie B al dejar de existir el concepto de sesión doble, los films de bajo presupuesto seguirán existiendo y se adjudicarán la etiqueta, pero nunca serán auténtica serie B. El asentamiento de la televisión supone otro revés a la industria que mira con recelo este nuevo invento que aleja de las salas a los potenciales espectadores que prefieren el calor de su hogar. Hollywood replica con la práctica desaparición del blanco y negro, la creación de grandes formatos de pantalla (Cinemascope) y experimentos como las películas en tres dimensiones
Entre los 60 y los 70 el cine experimenta una de sus etapas más interesantes, los movimientos estudiantiles, sociales y artísticos de la época ven su reflejo en las pantallas que se llenan de películas con contenido crítico y mensajes sociales que atraen a las mentes inquietas del momento. Es una época de vacas gordas donde lo comercial, lo artístico y lo crítico van de la mano directo a la taquilla.
Sin embargo la mayor crisis de la industria llega en los 80 con la aparición y auge del vídeo doméstico. El boom del vídeo-club hace mella en las taquillas de todo el mundo que sufren una caída en picado nunca vista.
Los estudios contraatacan, si no se puede competir con la comodidad de tu propio salón se dará al espectador lo que allí no tiene: Pantallas gigantes, sonido de alta fidelidad y, sobre todo, espectacularidad. Las explosiones y los cada vez mejores efectos especiales parecen (y son) mucho menos impactantes en nuestro televisores. El cine es ahora el mayor espectáculo del mundo.
Todo lo que ganan en grandiosidad las películas, lo pierden en sutileza. Los films simplifican sus argumentos a lo anecdótico, los personajes se estereotipan, la acción ya no forma parte de la historia: Es su razón de ser.
El panorama continúa en los 90, los avances en efectos especiales generados por ordenador clavan aún más la estaca. La tecnología no parece tener límites, cualquier cosa imaginable se puede plasmar en una pantalla. ¿Significa esto un retorno a las buenas historias? No, todo lo contrario. Caídos en una espiral en la que la tele-basura también aporta su granito, el cine se inunda de subproductos idiotizantes (o para idiotas) dirigidos a adolescentes. Las salas se llenan de acné y palomitas.
El cine dirige su mirada a su mayor competidor, si no puede vencerlo se unirá a él. La televisión se convierte en la segunda fuente de ingresos de la industria, la venta de derechos exclusivos a televisiones, ya sean públicas, privadas, por cable o satélite; la posterior explotación en el mercado del vídeo y el creciente DVD generan unos beneficios que, en ocasiones, resultan más rentables que la explotación en salas con su gasto en copias, promoción y distribución.
La aparición del merchandising y la explotación del “éxito” cinematográfico del momento en otros medios (videojuegos, figuras y juguetes, camisetas, series de televisión, cómics) reportan beneficios impensables hace décadas.
El perfil del espectador medio es el de un adolescente, analfabeto funcional, comprador de videojuegos, camisetas o figuras basadas la última saga cinematográfica y habitual consumidor de palomitas y refrescos durante la proyección. Muchachos que desconocen las películas en blanco y negro y sólo leen los libros que les obligan en la escuela. Hollywood dirige su mirada hacia ellos.
Desgraciadamente los jóvenes de ahora no son igual que los de hace 50 años, la televisión y la falta de cultura los hacen menos sofisticados que entonces. Tampoco ayuda la falta de inquietudes políticas y la indiferencia social. Ello repercute en las películas. La falta de ideas, los malos guiones y diálogos, la estupidez en suma, son la nota predominante en el cine actual.
Excepciones, afortunadamente, las hay. Pero cada día resulta más difícil encontrar una perla entre tanto estiércol. ¿Realmente la industria del cine se puede permitir los caprichos artísticos de un Lynch, Allen, Coppola o Scorsese si luego la taquilla no responde? ¿Quién financiará sus películas si estas no generan beneficios?
Para los que como yo amamos las películas, los que hemos mamado los ciclos de Cine negro de "la primera" cuando sólo había dos. Los que seguimos "Con H de humor", "Mis terrores favoritos", los ciclos de "Cine Club" a actores y directores, el varias veces emitido "Ciclo Alfred Hichcock", "La clave" precursora de "¡Que grande es el cine!", aquellos films del Tarzán de Johnny Weissmuller en la sobremesa, "Sábado Cine", "Primera sesión", y tantas y tantas películas clásicas y en blanco y negro que amenizaron nuestra infancia, a todos nosotros he de decir que el cine tal y como lo conocíamos está en fase terminal.
Qué se puede esperar de las próximas generaciones de espectadores que jamás verán un film en blanco y negro o anterior a 1980 sino es en "La 2" y a altas horas de la madrugada (y encima en V.O.S. otro escollo).
Qué cabe esperar de gente que no conoce a Gary Cooper, James Steward, Cary Grant, Howard Hawks, John Ford, John Houston, Mankiewichz, Bette Davis, Ava Gardner, Katherine Hepburn...
Qué de gente que no ha visto "Casablanca", "Ciudadano Kane", "Centauros del desierto", "El hombre tranquilo", "La reina de África", "El tesoro de sierra Madre", "Furia"...
Qué de espectadores que ven canales de televisión en donde no se respetan los formatos, se emiten films coloreados en lugar de los originales en Blanco y negro, se cortan los créditos, se interrumpen las emisiones para emitir bloques de publicidad de 20 minutos cada 15...
Y lo que es mucho peor, qué se puede esperar de estas personas cuando se metan a directores de cine.
Creo que el cine de autor, los dramas, films con crítica social, experimentales o sencillamente profundos tiene los días contados.
El cine se dirige hacia la acción, los efectos especiales, los diálogos telegráficos, guiones de parvulario y los actores más ocupados de su físico que de su actuación.
El CINE quedará para las filmotecas, las colecciones de DVD clásicos, las salas de "V.O.S", las televisiones privadas y "La 2" a las tres de la madrugada. En las carteleras sólo estará el vacío y la nueva tanda de "films de calidad" para los siguiente Oscar y que nadie verá.
Puedo ser tremendista pero sólo hace falta ver el periódico y comparar el número de salas de películas comerciales con el de film más serios (y de estos casi todas en V.O.). ¿Cuánto tardarán los Ideal, Renoir y Alphaville en sucumbir al cine comercial?.
Yo no tengo la respuesta, pero creo que el futuro del cine no pasa por la calidad. Tendremos que conformarnos con la evasión y el espectáculo en la mayor involución que ha sufrido un arte: el cine ha vuelto a ser una atracción de feria.
Os cedo la palabra.
