02-11-2007, 18:30:18
No sé si lo habéis puesto ya, pero ESTO, no tiene desperdicio. Jesús Cacho da patadas a Pedrojota en el culo de Losantos:
Quote:El juez Bermúdez obsequió ayer a los españoles con un maravilloso pastel coronado de almíbar para el Gobierno de Rodríguez Zapatero y de amarga hiel para los paladines de la conspiración pedrojotista, que a estas horas deben seguir preguntándose por dónde les ha entrado el balón, por qué confiaron tanto en SuperBer, quién les llevó a tamaño burladero, y qué explicación coherente van a dar ahora a sus lectores, a quienes han machacado durante meses, años incluso, con todo tipo de versiones y teorías.
El juez ha asumido casi en su integridad las tesis oficiales sobre la masacre, fiándose a pies juntillas de las pruebas que le han sido presentadas por el aparato policial, sin interrogantes ni conjeturas. Todo, o casi, lo que le han expuesto ha resultado verosímil para sus señorías, que, en base a ese material, han repartido condenas a discreción. Si hubiera que encuadrar ideológicamente a los integrantes del tribunal juzgador habría que decir que los magistrados Guevara y García Nicolás son más bien de derechas, y otro tanto puede afirmarse, con matices, de Gómez Bermúdez.
Siempre se ha dicho -yo personalmente he dicho, y nadie me ha desmentido-, que la promoción desde Almería de un desconocido Gómez Bermúdez fue maniobra del Gobierno Aznar, pilotada personalmente por Ignacio Astarloa. Un juez ascendido al estrellato a toda prisa –su elección como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha merecido varias recusaciones-, para hacerse cargo de los casos que amenazaban con el banquillo al banquero Emilio Botín, particularmente el espinoso asunto de las cesiones de crédito, de modo que es muy probable que Bermúdez, consciente de ese estigma que conoce bien el Gobierno Zapatero, haya querido columpiarse en sentido contrario, que los jueces son humanos y algunos más que otros.
También se dice que Bermúdez, llegado en ascensor al Hall of Fame de la Justicia española, es muy capaz de sonreírle al poder de turno, pinte éste del color que ustedes quieran. “Humano, demasiado humano”, como reza el título del famoso libro del filósofo alemán. Ahí puede estar una de las claves de una sentencia que le viene al señor Zapatero como bálsamo reparador de los desastres ferroviarios que le acompañan en los últimos días, de la infausta negociación con ETA, y de tantas otras desgracias como jalonan su presidencia.
La contundencia del juez y sus colegas deja a los brujos de la ‘conspiración’ con el culo al aire. Va a ser divertido asistir a las piruetas de cierto famoso director de periódico saliendo por la tangente del digo donde dije Diego, o argumentando sin morderse la lengua que el tribunal le ha dado plenamente la razón. Volteretas más escandalosas hemos visto. Ya hemos vendido los periódicos que queríamos vender, y ahora a otra cosa, mariposa. Junto al gran chamán de la ‘conspiración’ salen también trasquilados los personajes del PP -cuyos nombres no citaré por piedad- que le han alentando en la sombra, haciéndole el juego y bailándole el agua.
Dicho lo cual, el juez Bermúdez no despeja la incógnita de la autoría intelectual, deja abiertas todas las puertas al misterio de la identidad de esa mano negra que diseñó y dirigió unos atentados que han cambiado de raíz la Historia de España, sin duda porque se ha limitado a juzgar de acuerdo con el material probatorio aportado por un sumario mal instruido, y no está en la naturaleza del trabajo de Bermúdez y sus compañeros de terna realizar una investigación que era competencia del patético Del Olmo.
Ello aclarado, está en nuestra condición de hombres libres y espíritus independientes no conformarnos, no resignarnos, obligarnos a ir más allá de lo que dice la sentencia. La pregunta sigue en pie: ¿Quién decidió atentar? ¿Quién movió los hilos? ¿Quién manejó a los asesinos? ¿Por qué eligió hacerlo, con precisión de relojero suizo, tres días antes de las elecciones generales del 14 de marzo de 2004? Seguimos sin conocer la clave de una matanza que ha cambiado no solo la política, sino incluso la sociedad española. Desde este punto de vista, la investigación sigue abierta, lo cual no tiene nada que ver con la paranoia de una “conspiración” capaz de mezclar en un inextricable totum revolutum a ETA, a mina Conchita y a la suegra de Jamel Zougam.
Sigo pensando que el 11-M fue un típico atentado de servicios secretos, del que deben saber algo en Rabat y muy probablemente también en la famosa Piscina parisina, sede de los espías galos. En este sentido, la sentencia de ayer se limita a condenar a la ‘mano de obra’ que ejecutó la matanza, material de derribo humano que en su mayoría se “suicidó” en Leganés, de acuerdo con el manual de operaciones de todo servicio secreto que se precie.
Me parece por ello pertinente lamentar la falta de interés del Gobierno y de los servicios secretos españoles para conocer esa autoría intelectual. Ningún pueblo que se precie de su libertad y se manifieste dispuesto a defenderla puede tolerar la ignominia colectiva que supondría ser burlado hasta el punto de no llegar a esclarecer en su totalidad una matanza de esta magnitud. Es precisamente esa indisimulada prisa de Rodríguez Zapatero por echar tierra sobre el 11-M y declarar el caso cerrado lo que nunca podremos perdonarle a él y a su Gobierno.
Por fortuna, ayer se mostró conciliador y no aprovechó la coyuntura para sacar la navaja barbera y agredir a la oposición, aunque mucho me temo que en la distribución de tareas del Ejecutivo y el partido que lo sustenta ese trabajo, más bien sucio, corresponde a otros. Conciliador se mostró también Mariano Rajoy, un hombre obligado a no dejarse enredar un minuto más en la teoría de la conspiración y sus conspiradores. Un paso en falso en este terreno podría resultar letal para la derecha. El Partido Popular ya perdió unas elecciones como consecuencia de los atentados del 11-M, y tendría gracia, es un decir, que volviera a perder otras por la sentencia del 11-M.
