04-11-2007, 00:33:42
(This post was last modified: 04-11-2007, 00:37:16 by morenohijazo.)
Vamos con la siguiente escena de "D. Juan Bermúdez". Recordemos que se encuentran en la Casa de Campo. Bermúdez ha salido, pero ha llegado D. Federo... y ahora Uggiero le trae un antifaz para que pase desapercibido. Luego llegará más gente.
Pero si opináis que se hace muy pesada, lo dejo. Con toda libertad de opinar.
Quote:ACTO ILlevamos sólo un acto, y la obra son siete. No es que piense acabar con toda la obra, claro, pèro por el momento no me cansa mucho.
Escena VII
(Uggiero trae a Don Federo un antifaz para que pase desapercibido)
Uggiero:
Ya está aquí.
Don Federo:
Gracias, buen hombre (Se pone el antifaz)
¿La cara me disimula?
Uggiero: (Aparte, hacia el público)
Si no me espanta la mula
ya no hay cosa que me asombre
Don Federo:
Y… pues… ¿Mucho tardarán?
Uggiero:
Cerca de las ocho son.
No se nada del peón,
mas no tardará Don Juan
Don Federo:
¿Es pues, un hombre puntual?
Uggiero:
Es el que lleva la fama
que antes salta de la cama
de la Audiencia Nacional
Don Federo:
En fin; puedes irte Uggiero
meditar quiero una cosa
mientras mi mente reposa
vete con este dinero (Le alarga una moneda)
(Mira la moneda. Es de un euro)
Uggiero: (Para sí)
¡Corta propina me ha dado,
y dicen que tiene pasta;
para el aire que se gasta,
parece un poco agarrado!
Don Federo:
¡Tener que ir de vigilancia
un hombre de mi influencia.
En fin; sea por la sentencia
y por la España más rancia
Escena VII
(Delante de la puerta aparece Don Pedrojo; sólo con verle la cara ya sabemos que es el traidor bilioso y taimado, como el de las películas mudas. Con esa descripción, basta.)
Don Pedrojo:
Cabalmente han informado;
el chivatazo era cierto. (Llamando)
¡Ah del lugar!
Uggiero:
Ya está abierto
Don Pedrojo:
¿Puede darme un reservado?
Uggiero:
Sí.
Don Pedrojo:
¿ La Casa de Campo es?
Uggiero:
En ella estáis, caballero
Don Pedrojo:
¿Puedo hablar con Don Uggiero?
Uggiero:
Soy yo mismo; a vuestros pies… (Esboza una reverencia)
Don Pedrojo:
¿Sabéis si viene aquí un juez?
Uggiero:
¿No dais más pistas? Igual…
Don Pedrojo:
De la Audiencia Nacional.
Uggiero:
¡Ya sé quién decís, pardiez!
Don Pedrojo:
¿Está en casa el magistrado?
Uggiero:
Ha un momento salió
Don Pedrojo:
Pues ya le esperaré yo
en un rincón resguardado. (Vase a un rincón oscuro, al otro lado de donde espera Don Federo. Mientras se sienta, habla para sí.)
Interesa que el asunto
se maneje con secreto.
Habrá que ser muy discreto
y mantener boca en punto
Uggiero:
¿Os apetece una vianda
con que entretener la hora?
Don Pedrojo:
¡Partid de aquí sin demora
a ver si alguien algo os manda!
Uggiero: (Para sí)
¡Nunca vi, por Belcebú,
hombre tan maleducado!
¡Como pidas un guisado
un gato comerás tú!
Don Pedrojo:
De mi importancia no es propio
venir a espiar al juez.
Pero haré, por una vez
de resignación, acopio.
Hombre de importancia yo soy,
quito y pongo en mi diario,
saco huesos del armario,
dame igual PSOE que Rajoy.
Uggiero:(Mirando a Don Federo y Don Pedroso, que, cada uno en un rincón, se entregan a sus reflexiones)
¡Válame Dios, qué pareja!
¡Qué careto!¡Vaya gente!
Pero iréme, incontinente,
no me alcance una colleja.
Escena IX
(Por la puerta aparecen un grupo de peones, gente alegre, desocupada, febril, obsesiva y compulsiva, encabezados por Capipeón Chungo, un militar con inequívocas pintas de abogado, y Cetrespeón, que, quizás por haber sufrido diversas amputaciones remediadas con inserción de prótesis, recuerda en sus movimientos un autómata.)
Capipeón Chungo:
...Y así, en estos bodegones,
han pactado la entrevista.
Cetrespeón: (Es como si se activara)
En estado de revista
impertérritos peones
longanánimos, valientes,
de verdades deseosos
acudimos, presurosos,
enseñando uñas y dientes...
Capipeón Chungo:
Descansa, amigo peón;
cuando no te oiga la gente
no seas tan insistente,
no seas tan machacón.
(Se dirige a Uggiero, que se ha acercado, solícito)
Buenos días, Don Uggiero...
Luis del Pino...¿ya está aquí?
Uggiero:
De momento, no lo vi,
Mi querido caballero.
Capipeón Chungo:
Sin duda no ha de faltar
a la reunión prevista,
que con el juez la entrevista
le interesa realizar.
Capipeón Chungo:
Uggiero, sácanos vino;
lo mejor de tus bodegas,
mientras cuento a los colegas
lo del juez con Luis del Pino.
Escena X
Cetrespeón:(Casi, casi, parece oírse un zumbido cuando empieza a hablar)
Intrépido, pugnaz, valiente,
un peón que se respete,
valdrá lo menos por siete;
luchará por lo que siente.
Trabajador y aguerrido,
programático y feroz,
es magnánimo y veloz
y no se da por vencido
Capipeón Chungo:
Espera, Cetrespeón,
deja que yo se lo explique,
que tú, con tanto palique,
no acabas en un eón.
(Todos se arremolinan y el Capipeón se dirige a ellos.)
Es pues, señores, la historia,
que del onceeme, el juicio,
no es que nos fuera de vicio,
hagan ustedes memoria...
La cosa no empezó mal:
los del banquillo, sonrientes,
se fingieron inocentes
y echaron la culpa al GAL.
Pero muchos testimonios
de las víctimas (¡qué viles)
les acusaron, cerriles,
de algo así como demonios.
Cuando declaró Agustín
que se ocultaron informes
expectativas enormes
se levantaron por fin,
pero al ser interrogado
por el juez, sañudamente,
se negó a decir LA FUENTE(Esto lo pronuncia como con mayúscula)
y terminó procesado.
Desfilaron los testigos,
como a Cristo nos negaron;
hasta nos abandonaron
los que se dicen amigos...
Todos nos daban abrazos
antes de testificar
y en llegando a declarar
nos corrieron a gorrazos.
De explosivos, un perito
cromatograma mostró
y astutamente escondió
un trozo con el dedito.
Mas un perito oponente
se percató del problema,
chivó a Bermúdez el tema
y... ¡suerte hay de que lo cuente!
Pero si opináis que se hace muy pesada, lo dejo. Con toda libertad de opinar.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
