04-11-2007, 20:04:35
Pedro J. Ramírez acusa a Gómez Bermúdez de muchas cosas en su carta dominical, entre ellas de soberbio (ver penúltimo párrafo) o de traidor, de haberse aprovechado de los periodistas para escalar profesionalmente...
Pero lo que más le ha dolido a Pedro J. es que el juez, en un acto con cobertura internacional, protagonizara el escarnio público a sus absurdas teorías (las que se habían expuesto en su periódico y que una de las defensas introdujo en el Juicio) y la ridiculización de los argumentos esgrimidos por sus periodistas para saber esa verdad que tanto buscaban; es decir, haberles ridiculizado en público y ante medios de todo el planeta.
La soberbia herida de Pedro J. puede que alargue la agonía de la teoría de la conspiración un poco más, pero el golpe que ha recibido es mortal de necesidad; la campaña electoral de las próximas Elecciones Generales irá diluyendo (no olvidemos que el incremento de lectores de El Mundo ha venido por la derecha y debe mantener el producto que satisfaga a esos nuevos lectores para no perderlos a las primeras de cambio) la rabia y hará olvidar (o dejar apartado, porque Pedro J. ni perdona ni olvida, y Gómez Bermúdez ya tiene la diana marcada) el ridículo al que se han visto abocados por defender las teorías absurdas que han estado defendiendo estos últimos años.
En todo caso, el debate durante los próximos meses (al menos hasta que pasen las Elecciones Generales) en torno al 11-M será prácticamente imposible (las posturas de quienes sigan manteniendo las teorías de la conspiración serán mucho más enconadas que ahora); todavía es pronto para saber si El Mundo lo utilizará como arma electoral, pero lo que sí está claro es que el Partido Popular lo apartará de su agenda política en cuanto aparezca la primera encuesta que le sea desfavorable. La ridiculización de la teoría de la conspiración fue televisada en todos los telediarios de todas las cadenas nacionales; y el ridículo fue mayúsculo.
Pero lo que más le ha dolido a Pedro J. es que el juez, en un acto con cobertura internacional, protagonizara el escarnio público a sus absurdas teorías (las que se habían expuesto en su periódico y que una de las defensas introdujo en el Juicio) y la ridiculización de los argumentos esgrimidos por sus periodistas para saber esa verdad que tanto buscaban; es decir, haberles ridiculizado en público y ante medios de todo el planeta.
La soberbia herida de Pedro J. puede que alargue la agonía de la teoría de la conspiración un poco más, pero el golpe que ha recibido es mortal de necesidad; la campaña electoral de las próximas Elecciones Generales irá diluyendo (no olvidemos que el incremento de lectores de El Mundo ha venido por la derecha y debe mantener el producto que satisfaga a esos nuevos lectores para no perderlos a las primeras de cambio) la rabia y hará olvidar (o dejar apartado, porque Pedro J. ni perdona ni olvida, y Gómez Bermúdez ya tiene la diana marcada) el ridículo al que se han visto abocados por defender las teorías absurdas que han estado defendiendo estos últimos años.
En todo caso, el debate durante los próximos meses (al menos hasta que pasen las Elecciones Generales) en torno al 11-M será prácticamente imposible (las posturas de quienes sigan manteniendo las teorías de la conspiración serán mucho más enconadas que ahora); todavía es pronto para saber si El Mundo lo utilizará como arma electoral, pero lo que sí está claro es que el Partido Popular lo apartará de su agenda política en cuanto aparezca la primera encuesta que le sea desfavorable. La ridiculización de la teoría de la conspiración fue televisada en todos los telediarios de todas las cadenas nacionales; y el ridículo fue mayúsculo.
