La elipsis
Voy a tratar un tema al que he echo mención antes, la elipsis, que creo que es muy importante a pesar de que muchos directores actuales parecen desconocer su correcto uso
La elipsis hace referencia a eludir algo. Se trata de obviar determinadas escenas para no ser redundantes, demasiado explícitas, para estimular la imaginación del espectador, añadir efectos dramáticos o por simple buen gusto.
Para su uso se recurre a los típicos fundidos en negro o sencillamente a un cambio de escena o plano.
No se trata de un modo de autocensura. El cine no debe ser un fiel reflejo de la vida con todos los detalles. Hay cosas que se dan por supuesto y no ha de ser necesario mostrarlas. Todos sabemos lo que ocurre cuando los protagonistas cierran la puerta de su dormitorio, o los efectos de un disparo sobre un cuerpo humano, pero no siempre ha de ser mostrado con todo lujo de detalles.
Como ejemplo de sutileza y uso adecuado de la elipsis cabría recordar a Ernest Lubistsch, con cuyo famoso “toque” impregnaba de elegancia todas sus obras y que posiblemente logró su máximo esplendor en “Una mujer para dos” en la que dos hombres comparten piso y amante sin mostrar ni una sola escena escabrosa y obviando cualquier referencia sexual directa en unos diálogos irónicos y pícaros.
Un cambio de secuencia, un correcto uso de los fundidos, un dialogo sugerente (la elipsis no es sólo para las imágenes), pueden delimitar la barrera entre el buen y el mal gusto. Lo elegante de lo ordinario.
Lamentablemente el cine moderno parece haber olvidado dichos trucos y atacan nuestras retinas con todo tipo de escenas de cama, tiros a bocajarro, cabezas reventadas, mutilaciones y demás atentados a la estética y el buen gusto que poco añaden a la riqueza de una historia y que sólo distraen del vació de sus guiones, olvidando la máxima “menos es más”
Puede que mis opiniones suenen a radicales o mojigatas, nada más lejos de la realidad. Creo que films como “La Lista de Schinler”, “Salvar al soldado Ryan” o “American me” perderían todo su impacto crítico si se eliminase la crudeza de ciertas imágenes. Yo a lo que voy es al uso (y abuso) de los recursos efectistas sin base argumental, al “enseño porque puedo” o a la búsqueda de cierta comercialidad. Así lo que realmente se coarta es la imaginación del espectador.
¿No sugiere muchas más connotaciones perversas la “partida de tute” al final de “Viridiana” que el “menage a trois” que indicaba el guión original? (caso claro en que la censura estimuló la creatividad de Buñuel).
¿No es más reveladora la sonrisa lujuriosa de Catherine Deneuve en “Belle de jour”, tras acostarse con el gordo oriental, que lo que mostrar lo que realmente ha pasado en esa habitación minutos antes?
![[Image: 1563-1967-belledejour-usa-174989.jpg]](http://carteles.metropoliglobal.com/galerias/data/701/1563-1967-belledejour-usa-174989.jpg)
Un par de ejemplos que me comentó un forero da muestras de lo variada que puede ser una elipsis para marcar el paso del tiempo:
Cómo burlar la censura.
Teníamos que ser muy ingeniosos para burlar a la censura y esto nos obligaba a escribir con más sutileza. No estaba permitido que un personaje dijera ni siquiera una insignificante palabrota como cabrón o hijo de perra. Una vez, a Charlie Brackett y a mí se nos ocurrió este sustitutivo: "Si tuvieras madre, ella ladraría".
No se podía ver en una película a un hombre follando con una mujer con la que no estaba casado. Ni siquiera se podía ver a una pareja en una cama al mismo tiempo. Por lo que se refería a la oficina Hays (la que se encargaba de aplicar el Código de Censura sobre las películas) todos los dormitorios del mundo tenían camas separadas. Así que el problema era cómo mostrar a ese hombre y a esa mujer haciendo el amor. Alguien lo resolvió con una parte en la que la criada hace la cama del hombre a la mañana siguiente y sobre la almohada encuentra una horquilla. Lubitsch era el genio de lo que yo llamo el truco de la horquilla en la almohada. Quiere mostrarte, digamos, a un hombre y una mujer que tienen una relación apasionada. Primero, una escena en la que se besan ardientemente la noche anterior. Después... fundido en negro, y a la mañana siguiente... los vemos desayunando. Ah, pero cómo sorben el café y cómo devoran las tostadas. No cabe duda de que han satisfecho otros apetitos. En aquel tiempo, la mantequilla se untaba en la tostada y no en el culo; pero había más erotismo en esa escena del desayuno que en todo El último tango en París (1972).
Lubitsch hacía caso omiso de si la censura era estricta o flexible. No recuerdo haber visto nunca un desnudo en una película suya, ni gente echando un polvo.
Hoy en día vas a ver una película y ya hay un coito mientras aparece el título... ¡en el título de la película!. A Lubitsch nunca se le hubiera ocurrido hacer algo así. Su mente no funcionaba de esa manera. Te enseñaba lo justo para excitarte...
Las películas de Lubitsch no eran censurables y, sin embargo, eran mucho más eróticas que las que se hacen ahora. A veces desearía que existiera la censura, porque se nos ha esfumado la diversión, el juego sagaz que manteníamos con ella.
Voy a tratar un tema al que he echo mención antes, la elipsis, que creo que es muy importante a pesar de que muchos directores actuales parecen desconocer su correcto uso
La elipsis hace referencia a eludir algo. Se trata de obviar determinadas escenas para no ser redundantes, demasiado explícitas, para estimular la imaginación del espectador, añadir efectos dramáticos o por simple buen gusto.
Para su uso se recurre a los típicos fundidos en negro o sencillamente a un cambio de escena o plano.
No se trata de un modo de autocensura. El cine no debe ser un fiel reflejo de la vida con todos los detalles. Hay cosas que se dan por supuesto y no ha de ser necesario mostrarlas. Todos sabemos lo que ocurre cuando los protagonistas cierran la puerta de su dormitorio, o los efectos de un disparo sobre un cuerpo humano, pero no siempre ha de ser mostrado con todo lujo de detalles.
Como ejemplo de sutileza y uso adecuado de la elipsis cabría recordar a Ernest Lubistsch, con cuyo famoso “toque” impregnaba de elegancia todas sus obras y que posiblemente logró su máximo esplendor en “Una mujer para dos” en la que dos hombres comparten piso y amante sin mostrar ni una sola escena escabrosa y obviando cualquier referencia sexual directa en unos diálogos irónicos y pícaros.
Un cambio de secuencia, un correcto uso de los fundidos, un dialogo sugerente (la elipsis no es sólo para las imágenes), pueden delimitar la barrera entre el buen y el mal gusto. Lo elegante de lo ordinario.
Lamentablemente el cine moderno parece haber olvidado dichos trucos y atacan nuestras retinas con todo tipo de escenas de cama, tiros a bocajarro, cabezas reventadas, mutilaciones y demás atentados a la estética y el buen gusto que poco añaden a la riqueza de una historia y que sólo distraen del vació de sus guiones, olvidando la máxima “menos es más”
Puede que mis opiniones suenen a radicales o mojigatas, nada más lejos de la realidad. Creo que films como “La Lista de Schinler”, “Salvar al soldado Ryan” o “American me” perderían todo su impacto crítico si se eliminase la crudeza de ciertas imágenes. Yo a lo que voy es al uso (y abuso) de los recursos efectistas sin base argumental, al “enseño porque puedo” o a la búsqueda de cierta comercialidad. Así lo que realmente se coarta es la imaginación del espectador.
¿No sugiere muchas más connotaciones perversas la “partida de tute” al final de “Viridiana” que el “menage a trois” que indicaba el guión original? (caso claro en que la censura estimuló la creatividad de Buñuel).
¿No es más reveladora la sonrisa lujuriosa de Catherine Deneuve en “Belle de jour”, tras acostarse con el gordo oriental, que lo que mostrar lo que realmente ha pasado en esa habitación minutos antes?
![[Image: 1563-1967-belledejour-usa-174989.jpg]](http://carteles.metropoliglobal.com/galerias/data/701/1563-1967-belledejour-usa-174989.jpg)
Un par de ejemplos que me comentó un forero da muestras de lo variada que puede ser una elipsis para marcar el paso del tiempo:
_empa_ Wrote:A propósito del tema de la elípsis, no me resisto a explicaros una elipsis que me encanta. Es de la película de los Cohen "el gran salto".Sobre la censura y la elipsis nadie mejor que el maestro Billy Wilder de su época como guionista de otro maestro, Ernst Lubitsch:
Hay una escena en la que una secretaria lee un libro, creo que Ana Karenina, mientras detras suyo se ve a traves de un cristal translúcido las sombras de dos ejecutivos discutiendo sobre la comercialización del invento del protagonista. Pues bien, en el siguiente plano aparece la misma secretaria con los ejecutivos que seguian discutiendo, pero esta vez la secretaria estaba leyendo.... ¡Guerra y Paz!.
Otra que me gustó mucho es de la película "el angel azul". Cuando el profesor esta fatalmente enamorado de Lola Lola, hay una escena en la que descubre una serie de fotografias de la artista en su maleta. Al preguntarle respecto a ellas, le contesta que es para sacar algún dinero vendiéndolas después del espectáculo. El profesor, en un ataque de celos y haciendo honor a la dignidad que se supone en un hombre de su posición, le dice vehementemente que mientras él este alli, con ella, nunca hará falta que se vendan esas fotografias. En la escena siguiente aparece el profesor, ya derrotado, hundido, vendiendo tristemente las fotografias por el cabaret. Para mayor humillación, solo una o dos personas se interesan en ellas. Esta elipsis marca de manera prodigiosa uno de los puntos de inflexión mas importantes de toda la película. Genial.
Cómo burlar la censura.
Teníamos que ser muy ingeniosos para burlar a la censura y esto nos obligaba a escribir con más sutileza. No estaba permitido que un personaje dijera ni siquiera una insignificante palabrota como cabrón o hijo de perra. Una vez, a Charlie Brackett y a mí se nos ocurrió este sustitutivo: "Si tuvieras madre, ella ladraría".
No se podía ver en una película a un hombre follando con una mujer con la que no estaba casado. Ni siquiera se podía ver a una pareja en una cama al mismo tiempo. Por lo que se refería a la oficina Hays (la que se encargaba de aplicar el Código de Censura sobre las películas) todos los dormitorios del mundo tenían camas separadas. Así que el problema era cómo mostrar a ese hombre y a esa mujer haciendo el amor. Alguien lo resolvió con una parte en la que la criada hace la cama del hombre a la mañana siguiente y sobre la almohada encuentra una horquilla. Lubitsch era el genio de lo que yo llamo el truco de la horquilla en la almohada. Quiere mostrarte, digamos, a un hombre y una mujer que tienen una relación apasionada. Primero, una escena en la que se besan ardientemente la noche anterior. Después... fundido en negro, y a la mañana siguiente... los vemos desayunando. Ah, pero cómo sorben el café y cómo devoran las tostadas. No cabe duda de que han satisfecho otros apetitos. En aquel tiempo, la mantequilla se untaba en la tostada y no en el culo; pero había más erotismo en esa escena del desayuno que en todo El último tango en París (1972).
Lubitsch hacía caso omiso de si la censura era estricta o flexible. No recuerdo haber visto nunca un desnudo en una película suya, ni gente echando un polvo.
Hoy en día vas a ver una película y ya hay un coito mientras aparece el título... ¡en el título de la película!. A Lubitsch nunca se le hubiera ocurrido hacer algo así. Su mente no funcionaba de esa manera. Te enseñaba lo justo para excitarte...
Las películas de Lubitsch no eran censurables y, sin embargo, eran mucho más eróticas que las que se hacen ahora. A veces desearía que existiera la censura, porque se nos ha esfumado la diversión, el juego sagaz que manteníamos con ella.
