17-11-2007, 11:42:24
Yo pienso que el problema es que muchas veces se deduce de manera equivocada, mucha o alguna gente considera mentiras las afirmaciones de una persona en base a quien esta representando o cual es su ideología, por ejemplo lo que cuenta fulano es mentira porque fulano es de derechas o es mentira porque fulano es de izquierdas etc.
Sin embargo la ideología no es el principio que dicta en si, la razón.
Considero que el principio para conocer la verdad no es fijarse tanto en quien nos cuenta las cosas sino, que es lo que nos cuentan, y en base a esto uno debe de averiguar, contrastar si el argumento es cierto o falso.
En cuanto a personajes que se dedican a difamar y tomarle el pelo a la gente de manera intencionada, personalmente me provocan 2 estados por un lado carcajadas y por otro una cierta repugnancia (porque se de lo incorrecto e injusto que es).
Pero como defenderse de tales mentiras?, quizás la respuesta tenga algo o mucho que ver con esta anécdota, ya muy conocida por internet.
Creo que la conclusión que se saca es importante.
Sin embargo la ideología no es el principio que dicta en si, la razón.
Considero que el principio para conocer la verdad no es fijarse tanto en quien nos cuenta las cosas sino, que es lo que nos cuentan, y en base a esto uno debe de averiguar, contrastar si el argumento es cierto o falso.
En cuanto a personajes que se dedican a difamar y tomarle el pelo a la gente de manera intencionada, personalmente me provocan 2 estados por un lado carcajadas y por otro una cierta repugnancia (porque se de lo incorrecto e injusto que es).
Pero como defenderse de tales mentiras?, quizás la respuesta tenga algo o mucho que ver con esta anécdota, ya muy conocida por internet.
Creo que la conclusión que se saca es importante.
Quote:Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:
“Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen: ‘Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro’.
El estudiante había respondido: ‘lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio’.
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.
Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio, calcule el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplique la formula altura = 0,5 A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. ‘Bueno - respondió - hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio’.
-Perfecto - le dije - ¿y de otra manera?
-Sí - contesto - este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura.
-Este es un método muy directo.
-Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precisión. En fin - concluyó - existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: ‘Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo’.
En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar .
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.”
