17-11-2007, 13:28:54
Echo de menos en el escrito de Amelia una autocrítica del conspiracionismo. El problema de los Peones, libres o no, no fue solamente una cuestión de individuos que intentaban instrumentalizar el movimiento. El problema es que el movimiento estaba organizado alrededor de una gran mentira. En realidad, estaba estructurado alrededor de dos ejes. El primero era la "rebelión cívica", es decir, la oposición sistemática al gobierno socialista, y por otro la impugnación de la llamada "versión oficial". Evidentemente había un punto común entre ambos ejes: según la narrativa peónida, si la versión oficial era falsa, el gobierno quedaba deslegitimado de origen y el gobierno anterior libre de toda culpa. Y de esto, y no de otra cosa, es de lo que se trataba.
Discrepo también, por tanto, de que esa "rebelión cívica" se gestara alrededor de la oposición a la negociación con ETA. Empezó a gestarse como un ataque contra la legitimidad el gobierno de Zapatero y una operación de lavado de cara del de Aznar desde antes siquiera que el gobierno actual entrara en funciones. La "rebelión cívica" nunca aceptó la legitimidad de este gobierno y usó la teoría conspiracionista como el ariete para desgastar dicha legitimidad, como una excusa racionalizada para no aceptar el resultado de las elecciones.
A mí me parece muy grave políticamente que un sector de la población no admita haber perdido unas elecciones, y por ello no puedo estar de acuerdo con esa "rebelión cívica". Es posible criticar a un gobierno sin poner en riesgo las instituciones. Es posible y deseable criticar a un gobierno sin intentar deslegitimarlo. Porque deslegitimar rompe el consenso básico. Hablar de Golpes de Estado, de traiciones a la Patria y a la Transición, de un Poder Judicial corrupto, todo ello coloca a esa rebelión cívica, políticamente hablando, a la misma altura que la izquierda antisistema, lo que Gorka del foro de De Diego ha llamado acertadísimamente la batasunización de una parte de la derecha. Eso es lo que no puedo aceptar de esa "rebelión cívica", a la que reconozco todo su derecho de manifestarse y criticar pero no de poner en duda las bases del Estado de Derecho.
Creo que en el movimiento anti-ZP se asentó además la idea de que el gobierno era débil y la legislatura sería breve. Una idea que los hechos han desmentido, pero que sin duda contribuyó a la ensoñación de que la "rebelión cívica" tierminaría por derribar al gobierno, otra idea inquietante y profundamente antidemocrática, pues de haber tenido éxito habría sustituido la voluntad de la mayoría por la de una minoría. Recuerdo bien a algún Peón fantaseando, antes de una de las grandes manifestaciones, con una toma del Palacio de Invierno con huida en helicóptero de Zapatero. Otra frustración más, además de la Parusía que nunca llegó y de las sucesivas derrotas de las tesis conspiracionistas en todas las instancias.
En todo caso, soy consciente de que ésta es una postura política, pero no creo que sea partidista. No estoy alinéandome con un gobierno o un partido, sino con una forma de hacer las cosas en democracia: reconocer la legitimidad de los gobiernos democráticamente electos.
Por otro lado, está la mentira de la teoría de la conspiración, que, como he dicho, sirvió durante tres años y medio para alimentar la cómoda conclusión de que el gobierno Zapatero era ilegítimo y que los políticos del gobierno Aznar no cometieron ni un solo error. Esa mentira es el pecado original de los Peones, la semilla de su destrucción.
Los Peones, en tanto fuerza de "investigación", estaban condenados al fracaso por varias razones.
1) Porque permitieron que sus prejuicios políticos dictaran su visión de los hechos. Es decir, porque confundieron la realidad con sus deseos. Si desde Montesquieu sabemos que la Justicia, en tanto buscadora de la verdad, debe estar despolitizada, los Peones hicieron exactamente lo contrario.
2) Porque metodológicamente es prácticamente imposible que de un "brainstorming" (no otra cosa eran los foros y blogs peónidas) salga a relucir la verdad. La verdad se busca con rigor, atención objetiva a los hechos empíricos, buenas dosis de autocrítica y un libre debate de posturas encontradas, nada de lo cual distinguió jamás a los peones.
3) Porque la verdad tampoco se halla en concentraciones, manifestaciones y discursos. Si me apuran, no hay nada más alejado de la verdad que una consigna, que es lo que se repite en dichas instancias de forma inagotable. Borrachos con los supuestos o reales éxitos de dichas movilizaciones, los peones no se dieron cuenta de que éstas no eran sino rituales religiosos en los que repetían sus salmodias. La realidad de una sociedad que confiaba en las instituciones y les daba la espalda terminó por abrumarlos.
Por algo tenemos instituciones, instituciones que funcionan razonablemente bien. Los Peones intentaron, con su anarquía, su falta de rigor y sus prejuicios, sustituir dichas instituciones. El esfuerzo inútil, que decía Ortega, estaba servido.
Discrepo también, por tanto, de que esa "rebelión cívica" se gestara alrededor de la oposición a la negociación con ETA. Empezó a gestarse como un ataque contra la legitimidad el gobierno de Zapatero y una operación de lavado de cara del de Aznar desde antes siquiera que el gobierno actual entrara en funciones. La "rebelión cívica" nunca aceptó la legitimidad de este gobierno y usó la teoría conspiracionista como el ariete para desgastar dicha legitimidad, como una excusa racionalizada para no aceptar el resultado de las elecciones.
A mí me parece muy grave políticamente que un sector de la población no admita haber perdido unas elecciones, y por ello no puedo estar de acuerdo con esa "rebelión cívica". Es posible criticar a un gobierno sin poner en riesgo las instituciones. Es posible y deseable criticar a un gobierno sin intentar deslegitimarlo. Porque deslegitimar rompe el consenso básico. Hablar de Golpes de Estado, de traiciones a la Patria y a la Transición, de un Poder Judicial corrupto, todo ello coloca a esa rebelión cívica, políticamente hablando, a la misma altura que la izquierda antisistema, lo que Gorka del foro de De Diego ha llamado acertadísimamente la batasunización de una parte de la derecha. Eso es lo que no puedo aceptar de esa "rebelión cívica", a la que reconozco todo su derecho de manifestarse y criticar pero no de poner en duda las bases del Estado de Derecho.
Creo que en el movimiento anti-ZP se asentó además la idea de que el gobierno era débil y la legislatura sería breve. Una idea que los hechos han desmentido, pero que sin duda contribuyó a la ensoñación de que la "rebelión cívica" tierminaría por derribar al gobierno, otra idea inquietante y profundamente antidemocrática, pues de haber tenido éxito habría sustituido la voluntad de la mayoría por la de una minoría. Recuerdo bien a algún Peón fantaseando, antes de una de las grandes manifestaciones, con una toma del Palacio de Invierno con huida en helicóptero de Zapatero. Otra frustración más, además de la Parusía que nunca llegó y de las sucesivas derrotas de las tesis conspiracionistas en todas las instancias.
En todo caso, soy consciente de que ésta es una postura política, pero no creo que sea partidista. No estoy alinéandome con un gobierno o un partido, sino con una forma de hacer las cosas en democracia: reconocer la legitimidad de los gobiernos democráticamente electos.
Por otro lado, está la mentira de la teoría de la conspiración, que, como he dicho, sirvió durante tres años y medio para alimentar la cómoda conclusión de que el gobierno Zapatero era ilegítimo y que los políticos del gobierno Aznar no cometieron ni un solo error. Esa mentira es el pecado original de los Peones, la semilla de su destrucción.
Los Peones, en tanto fuerza de "investigación", estaban condenados al fracaso por varias razones.
1) Porque permitieron que sus prejuicios políticos dictaran su visión de los hechos. Es decir, porque confundieron la realidad con sus deseos. Si desde Montesquieu sabemos que la Justicia, en tanto buscadora de la verdad, debe estar despolitizada, los Peones hicieron exactamente lo contrario.
2) Porque metodológicamente es prácticamente imposible que de un "brainstorming" (no otra cosa eran los foros y blogs peónidas) salga a relucir la verdad. La verdad se busca con rigor, atención objetiva a los hechos empíricos, buenas dosis de autocrítica y un libre debate de posturas encontradas, nada de lo cual distinguió jamás a los peones.
3) Porque la verdad tampoco se halla en concentraciones, manifestaciones y discursos. Si me apuran, no hay nada más alejado de la verdad que una consigna, que es lo que se repite en dichas instancias de forma inagotable. Borrachos con los supuestos o reales éxitos de dichas movilizaciones, los peones no se dieron cuenta de que éstas no eran sino rituales religiosos en los que repetían sus salmodias. La realidad de una sociedad que confiaba en las instituciones y les daba la espalda terminó por abrumarlos.
Por algo tenemos instituciones, instituciones que funcionan razonablemente bien. Los Peones intentaron, con su anarquía, su falta de rigor y sus prejuicios, sustituir dichas instituciones. El esfuerzo inútil, que decía Ortega, estaba servido.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
