18-11-2007, 16:00:12
(This post was last modified: 18-11-2007, 16:01:06 by morenohijazo.)
Dices, Rasmo, en tu estupendo artículo, que no viviste la guerra, por lo que no puedes opinar a priori sobre la justicia de las tesis de Moa (aunque luego lo desmontas, y muy bien, analizando al Moa de ahora)
Pues bien: aunque yo tampoco viví la guerra, y mis conocimientos sobre ella no pasan de ser las de un aficionado a la historia, para que se vea cuán atinado estás, me permito añadir algunas reflexiones, que aunque abundando en el OFF TOPIC, espero perdonéis por aquello de desmontar las falacias conspirativas del felón Pío Moa, uno de los tíos con más baja catadura moral de nuestra época. Creo que se me perdonará que me desvíe del 11-M en un tema tan trascendente como éste.
-Siendo, como lo fue, un difícil periodo el de la II República, no es menos cierto que muchos, si no la mayoría de los problemas, vinieron de la mano, o de las pistolas de quienes luego se arrogaron el papel de salvadores de la patria. No es cierto que las derechas (al menos parte de ellas) aceptaran de buen grado el nuevo régimen, como se pudo comprobar en el fracasado golpe de Sanjurjo, ni es achacable sólo a la izquierda el clima de agresividad y violencia que reinó durante parte de este periodo.
-Para ejemplarizar el clima de pre-guerra civil que, según ellos, hizo inevitable el enfrentamiento, los historiadores franquistas, como ahora Pío Moa, recurren con frecuencia a la sesión parlamentaria del 16 de Junio, aquella famosa en la que habló por última vez Calvo Sotelo ante el Parlamento. Sesión, por cierto, en la que ni el diario de sesiones, ni varios testigos presenciales, recogieron la famosa amenaza de Dolores Ibarruri contra Calvo Sotelo, que tantas veces repitió el franquismo. Luego vuelvo sobre esto.
-Pues bien, el diputado José Mª Gil-Robles, que nunca acató la República, cosa que se olvida oportunamente de recordar Pío Moa, hizo una relación de las violencias sufridas desde el 16 de Febrero, y presentó unas cifras, de entre otras, 170 iglesias destruidas, 251 intentos fallidos de quema, 269 muertos y 1287 heridos por asesinatos callejeros, 133 huelgas generales... Para dar fe de estas cifras no presentó ninguna autoridad que las respaldase. Simplemente eran sus cifras y punto.
-Pero un vistazo muy por encima permite al escéptico considerar estas cifras como muy dudosas. Por ejemplo, todas o casi todas las iglesias españolas eran entonces de piedra.¿Tenía el señor Gil Robles idea de lo que cuesta destruir totalmente una iglesia de piedra?, Tanto más 170 iglesias en cuatro meses..O Gil Robles mintió, o consideró destrucción cualquier algarada con quema de periódicos ante la puerta, que se dio con relativa frecuencia. Lo mismo cabe decir de las muertes por violencia. Además de que resulta francamente hipócrita incluir en la cuenta de la culpabilidad del Frente Popular los muertos que sus propios seguidores provocaban, una lectura atenta de los periódicos de izquierda, centro y derecha (no como hace Moa, sesgando sistemáticamente sus fuentes) permite rebajar sus cifras sensiblemente. Por abreviar, no pasaré a hablar de las huelgas, pero les aseguro que ocurre lo mismo.
-Los historiadores franquistas antes, y Pío Moa ahora, silencian sistemáticamente la respuesta de varios diputados de izquierdas que rechazaron el alegato tildándolo de fascista. A exageración, exageración, y los diputados del Frente Popular pretendieron que todos los muertos eran trabajadores indefensos o pistoleros contratados. Pero no cabe duda de que en la respuesta se contenía ya la denuncia de que las cifras eran falaces, y el estado de opinión que se pretendía crear de que existía descontrol en las calles no obedecía a la realidad, o por lo menos no en el grado que después y ahora los franquistas nos trasladan.
-Luego habló Calvo Sotelo. Su intervención, muy conocida, fue contestado por Casares Quiroga con una frase que pasó a la historia (“si algo ocurriera (que no ocurrirá) haría a su señoría responsable de todo”) así como la réplica de Calvo Sotelo (por cierto, equivocándose de Santo Domingo) aceptando la responsabilidad de lo que ocurriera. La martiriología de los sublevados quiso ver en las palabras de Casares Quiroga una incitación al asesinato, cuando en realidad la frase de Casares, según testigos, fue hecha en tono zumbón, para nada amenazadora, y desde luego de lo que hacía responsable a Calvo es de un golpe de Estado “que no se iba a producir”. Casares era optimista, por naturaleza o por la tuberculosis que aquejaba, lo que constituyó una de las dificultades que tuvieron los que se querían oponer al golpe militar.
-Por concluir con Calvo, la amenaza de “La Pasionaria”, (“este hombre ha dicho su último discurso”) como he dicho antes, no se demostró nunca. Los historiadores franquistas dijeron primero que la había gritado, pero como nadie la oyó, cambiaron su versión a una frase dicha en los pasillo (Si eso es así ¿quién se la contó a los de derechas?). Otro punto que los historiadores de Franco suelen pasar por alto es que entre el discurso y el asesinato pasó casi un mes, y que la noche de la muerte de Calvo Soltelo, los asesinos recorrieron al menos dos domicilios de prohombres de la derecha, buscando una víctima, que no tenía porqué ser Calvo Sotelo. Es decir, en todo caso no parece haber relación ente el discurso y el asesinato. Éste fue debido, todo indica, a una venganza por la muerte del teniente Castillo, uno o dos días antes.
-Bueno, pero ¿había o no clima de preguerra? Pues pese a la agresividad que reinaba en la política española, buena parte de la cual era desde luego debida a los que posteriormente se sublevarían, todo hace pensar que no. Es cierto que el Gobierno había puesto escolta a los principales políticos, en previsión de males mayores, pero esta violencia no había llegado a calar en la gente. La mejor demostración la tenemos en que las familias se fueron de vacaciones, como otros años, y el estallido de la guerra les pilló muchas veces separados. Numerosos libros de memorias nos cuentan estas vicisitudes de las familias ¿Se hubieran separado los cabezas de familia de sus esposas e hijos si la guerra hubiera sido inminente? Otro punto anecdótico. En Berlín estaba por celebrarse las Olimpiadas, en las que participaron algunos deportistas españoles, pese al boicot que se declaró contra Hitler. Pues bien, se convocaron a celebrar en Barcelona unas llamadas Olimpiadas Populares, paralelas, que eran una respuesta a la Alemania Nazi. Dichas Olimpiadas no se desconvocaron hasta el estallido de la guerra, cuando es de imaginar que, de haber sido tan peligroso el día a día en España, algo se habría comentado entre los concurrentes. Más anecdótico aún: entre la delegación española que acudió a Berlín, un grupo de oficiales de Caballería estaba a punto de desistir de presentarse por falta de fondos, cuando el Ministerio de la Guerra les ofreció una subvención que cubrió el viaje hasta Alemania. Estos oficiales, por cierto regresaron a España (la guerra estalló diez días antes del inicio de las Olimpiadas) para incorporarse a los insurgentes. Curioso ¿verdad?
-Los mismos textos históricos, que los revisionistas históricos silencian, nos enseñan que los militares sublevados al principio no pretendían acabar con la República. No sólo Cabanellas, Queipo de Llano y otros eran republicanos, más o menos ofendidos con el Gobierno por cuestiones personales, sino que sus alocuciones hasta bien entrada la guerra terminaban con “Viva la República” porque lo que pretendieron en un principio era sólo dar una especie de “golpe de timón”. Paradójicamente, el triunfo de un pronunciamiento a la antigua usanza hubiera seguramente dado como resultado una especie de República Corporativista como la de Dollfuss o Fascista como la Italia de Mussolini, con Gil Robles y/o Calvo Sotelo como líderes políticos tutelados por el ejército, seguramente sin Franco a la cabeza. Bueno, pero esto ya es mucho imaginar, claro. Perdón por la digresión, pero ¡es tan bonita la Ucronía!
-Bueno, pues por concluir, y como dice Rasmo, aunque el Gobierno había recibido mucha información de que se preparaba un golpe militar, no había esa sensación de guerra inminente que nos transmite Pío Moa en sus escritos. El Gobierno debió creer que podía permitirse la conspiración, confiando en que la aplastaría como la de Sanjurjo. Pío Moa, César Vidal, y los revisionistas históricos, lo que intentan es crear artificialmente una sensación de que "esto es como lo de 1936," que" esto no puede ser"... Quiero creer que sus deseos se limitan a ganar unas elecciones, y no a favorecer actitudes golpistas (que por otra parte no creo que encuentren eco entre nuestros militares)
PD: Bueno lo de Ronindo, de los PPNNLL con gorro de papel de luminio, je je je...
Pues bien: aunque yo tampoco viví la guerra, y mis conocimientos sobre ella no pasan de ser las de un aficionado a la historia, para que se vea cuán atinado estás, me permito añadir algunas reflexiones, que aunque abundando en el OFF TOPIC, espero perdonéis por aquello de desmontar las falacias conspirativas del felón Pío Moa, uno de los tíos con más baja catadura moral de nuestra época. Creo que se me perdonará que me desvíe del 11-M en un tema tan trascendente como éste.
-Siendo, como lo fue, un difícil periodo el de la II República, no es menos cierto que muchos, si no la mayoría de los problemas, vinieron de la mano, o de las pistolas de quienes luego se arrogaron el papel de salvadores de la patria. No es cierto que las derechas (al menos parte de ellas) aceptaran de buen grado el nuevo régimen, como se pudo comprobar en el fracasado golpe de Sanjurjo, ni es achacable sólo a la izquierda el clima de agresividad y violencia que reinó durante parte de este periodo.
-Para ejemplarizar el clima de pre-guerra civil que, según ellos, hizo inevitable el enfrentamiento, los historiadores franquistas, como ahora Pío Moa, recurren con frecuencia a la sesión parlamentaria del 16 de Junio, aquella famosa en la que habló por última vez Calvo Sotelo ante el Parlamento. Sesión, por cierto, en la que ni el diario de sesiones, ni varios testigos presenciales, recogieron la famosa amenaza de Dolores Ibarruri contra Calvo Sotelo, que tantas veces repitió el franquismo. Luego vuelvo sobre esto.
-Pues bien, el diputado José Mª Gil-Robles, que nunca acató la República, cosa que se olvida oportunamente de recordar Pío Moa, hizo una relación de las violencias sufridas desde el 16 de Febrero, y presentó unas cifras, de entre otras, 170 iglesias destruidas, 251 intentos fallidos de quema, 269 muertos y 1287 heridos por asesinatos callejeros, 133 huelgas generales... Para dar fe de estas cifras no presentó ninguna autoridad que las respaldase. Simplemente eran sus cifras y punto.
-Pero un vistazo muy por encima permite al escéptico considerar estas cifras como muy dudosas. Por ejemplo, todas o casi todas las iglesias españolas eran entonces de piedra.¿Tenía el señor Gil Robles idea de lo que cuesta destruir totalmente una iglesia de piedra?, Tanto más 170 iglesias en cuatro meses..O Gil Robles mintió, o consideró destrucción cualquier algarada con quema de periódicos ante la puerta, que se dio con relativa frecuencia. Lo mismo cabe decir de las muertes por violencia. Además de que resulta francamente hipócrita incluir en la cuenta de la culpabilidad del Frente Popular los muertos que sus propios seguidores provocaban, una lectura atenta de los periódicos de izquierda, centro y derecha (no como hace Moa, sesgando sistemáticamente sus fuentes) permite rebajar sus cifras sensiblemente. Por abreviar, no pasaré a hablar de las huelgas, pero les aseguro que ocurre lo mismo.
-Los historiadores franquistas antes, y Pío Moa ahora, silencian sistemáticamente la respuesta de varios diputados de izquierdas que rechazaron el alegato tildándolo de fascista. A exageración, exageración, y los diputados del Frente Popular pretendieron que todos los muertos eran trabajadores indefensos o pistoleros contratados. Pero no cabe duda de que en la respuesta se contenía ya la denuncia de que las cifras eran falaces, y el estado de opinión que se pretendía crear de que existía descontrol en las calles no obedecía a la realidad, o por lo menos no en el grado que después y ahora los franquistas nos trasladan.
-Luego habló Calvo Sotelo. Su intervención, muy conocida, fue contestado por Casares Quiroga con una frase que pasó a la historia (“si algo ocurriera (que no ocurrirá) haría a su señoría responsable de todo”) así como la réplica de Calvo Sotelo (por cierto, equivocándose de Santo Domingo) aceptando la responsabilidad de lo que ocurriera. La martiriología de los sublevados quiso ver en las palabras de Casares Quiroga una incitación al asesinato, cuando en realidad la frase de Casares, según testigos, fue hecha en tono zumbón, para nada amenazadora, y desde luego de lo que hacía responsable a Calvo es de un golpe de Estado “que no se iba a producir”. Casares era optimista, por naturaleza o por la tuberculosis que aquejaba, lo que constituyó una de las dificultades que tuvieron los que se querían oponer al golpe militar.
-Por concluir con Calvo, la amenaza de “La Pasionaria”, (“este hombre ha dicho su último discurso”) como he dicho antes, no se demostró nunca. Los historiadores franquistas dijeron primero que la había gritado, pero como nadie la oyó, cambiaron su versión a una frase dicha en los pasillo (Si eso es así ¿quién se la contó a los de derechas?). Otro punto que los historiadores de Franco suelen pasar por alto es que entre el discurso y el asesinato pasó casi un mes, y que la noche de la muerte de Calvo Soltelo, los asesinos recorrieron al menos dos domicilios de prohombres de la derecha, buscando una víctima, que no tenía porqué ser Calvo Sotelo. Es decir, en todo caso no parece haber relación ente el discurso y el asesinato. Éste fue debido, todo indica, a una venganza por la muerte del teniente Castillo, uno o dos días antes.
-Bueno, pero ¿había o no clima de preguerra? Pues pese a la agresividad que reinaba en la política española, buena parte de la cual era desde luego debida a los que posteriormente se sublevarían, todo hace pensar que no. Es cierto que el Gobierno había puesto escolta a los principales políticos, en previsión de males mayores, pero esta violencia no había llegado a calar en la gente. La mejor demostración la tenemos en que las familias se fueron de vacaciones, como otros años, y el estallido de la guerra les pilló muchas veces separados. Numerosos libros de memorias nos cuentan estas vicisitudes de las familias ¿Se hubieran separado los cabezas de familia de sus esposas e hijos si la guerra hubiera sido inminente? Otro punto anecdótico. En Berlín estaba por celebrarse las Olimpiadas, en las que participaron algunos deportistas españoles, pese al boicot que se declaró contra Hitler. Pues bien, se convocaron a celebrar en Barcelona unas llamadas Olimpiadas Populares, paralelas, que eran una respuesta a la Alemania Nazi. Dichas Olimpiadas no se desconvocaron hasta el estallido de la guerra, cuando es de imaginar que, de haber sido tan peligroso el día a día en España, algo se habría comentado entre los concurrentes. Más anecdótico aún: entre la delegación española que acudió a Berlín, un grupo de oficiales de Caballería estaba a punto de desistir de presentarse por falta de fondos, cuando el Ministerio de la Guerra les ofreció una subvención que cubrió el viaje hasta Alemania. Estos oficiales, por cierto regresaron a España (la guerra estalló diez días antes del inicio de las Olimpiadas) para incorporarse a los insurgentes. Curioso ¿verdad?
-Los mismos textos históricos, que los revisionistas históricos silencian, nos enseñan que los militares sublevados al principio no pretendían acabar con la República. No sólo Cabanellas, Queipo de Llano y otros eran republicanos, más o menos ofendidos con el Gobierno por cuestiones personales, sino que sus alocuciones hasta bien entrada la guerra terminaban con “Viva la República” porque lo que pretendieron en un principio era sólo dar una especie de “golpe de timón”. Paradójicamente, el triunfo de un pronunciamiento a la antigua usanza hubiera seguramente dado como resultado una especie de República Corporativista como la de Dollfuss o Fascista como la Italia de Mussolini, con Gil Robles y/o Calvo Sotelo como líderes políticos tutelados por el ejército, seguramente sin Franco a la cabeza. Bueno, pero esto ya es mucho imaginar, claro. Perdón por la digresión, pero ¡es tan bonita la Ucronía!
-Bueno, pues por concluir, y como dice Rasmo, aunque el Gobierno había recibido mucha información de que se preparaba un golpe militar, no había esa sensación de guerra inminente que nos transmite Pío Moa en sus escritos. El Gobierno debió creer que podía permitirse la conspiración, confiando en que la aplastaría como la de Sanjurjo. Pío Moa, César Vidal, y los revisionistas históricos, lo que intentan es crear artificialmente una sensación de que "esto es como lo de 1936," que" esto no puede ser"... Quiero creer que sus deseos se limitan a ganar unas elecciones, y no a favorecer actitudes golpistas (que por otra parte no creo que encuentren eco entre nuestros militares)
PD: Bueno lo de Ronindo, de los PPNNLL con gorro de papel de luminio, je je je...
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
