01-01-2008, 17:52:56
Contestando a Lior y un poco a todos.
Sería muy interesante explorar las razones que llevan a alguien a creer en una teoría conspiracionista. No creo que sean siempre las mismas. Algunas personas --tal vez la mayoría--, como apunta Lior, tienen una tendencia previa a creer que el mundo, o por lo menos España, está dirigido por fuerzas malignas que actúan en secreto. En un paso lógico, identifican esas fuerzas con sus enemigos reales o imaginados. El principal, por supuesto, es el partido socialista, al que se ha satanizado sistemáticamente. Por ejemplo, uno de los argumentos favoritos de este colectivo es comparar al PSOE de 1934 con el de hoy, a pesar de las obvias diferencias que existen entre un partido mayoritariamente revolucionario y uno socialdemócrata. Otro, por supuesto, es invocar los GAL.
Ese conspiracionismo, como comprobamos leyendo las ridiculeces de Procyon, Valderra y el tío de Vendetta (cuyo nick no recuerdo), se alimenta de otros enemigos históricos, como la masonería, a la que el catolicismo español siempre ha tenido bastante manía, a pesar de que hoy en día los masones son más pintorescos que relevantes. Pero hay gente que se lo toma en serio, como atestiguan los libros de César Vidal.
Es una tendencia preocupante de cierta derecha, que no comenzó el 11-M pero se agudizó considerablemente a partir del atentado. Y es preocupante por las razones que aduce Lior: porque esa derecha no acepta el sistema democrático. No acepta PERDER, lo cual es la condición primaria del demócrata. No acepta que sus adversarios tengan razón en algo. De hecho, considera que sus adversarios no son tales, sino enemigos. Este extremismo antidemocrático es el caldo de cultivo en el que se gesta el conspiracionismo, si no todo él, una buena parte.
Y todo ello es condenable sin paliativos, con 11-M o sin 11-M. Gorka, de la plataforma de las clases medias, ha hablado acertadísimamente, a mi juicio, de la batasunización de cierta derecha. Es exactamente ello lo que es execrable y preocupante.
El único consuelo es la fecha de caducidad de esa derecha cerril. No creo equivocarme demasiado si la identifico con el franquismo sociológico, tan callado durante años, y que por ley de vida no durará demasiado más. Marías escribía hace un par de semanas sobre el jubilata resentido, el que, a mi juicio, conforma el núcleo de derecha extrema que da aliento a los Peones Nesgros.
Pero yo creo que hay otros ex conspis. Gente que se dejó llevar por el ad verecundiam ("si lo dice El Mundo, que destapó los GAL, será verdad") o que, sin ser antidemócrata de la forma que he descrito arriba, se dejó llevar por el canto de sirena del conspiracionismo. Esta gente, sin duda, incurrió en lo que los psicólogos llaman disonancia cognitiva, la resistencia a aceptar información que no quieren escuchar. No necesariamente son antidemócratas, a mi juicio, aunque desconfían profundamente del PSOE, y la teoría de la conspiración les permite confirmar esta desconfianza. Son capaces de enormes saltos a conclusiones (si el PSOE pudo perpetrar los GAL, también es capaz de esto). Son capaces de tragarse todas las inverosimilitudes. Son capaces de negar la existencia de contradicciones en su propio pensamiento. En apariencia, lo único que están dispuestos a aceptar es que hay "algo raro". Son incapaces de llevar esa premisa a su conclusión lógica, lo cual, en tanto son inteligentes, les llevaría a concluir que esa conclusión lógica es inverosímil (en ello estriba la disonancia cognitiva). Se autoengañan.
Son estos últimos los que, a mi juicio, merecen cierta comprensión, los que se han caído honestamente del guindo o tienen la posibilidad de hacerlo. No se han portado de forma particularmente inteligente, pero algunos que hemos cometido algunos errores intelectuales gordos en nuestra vida tendemos a mirarles con cierta simpatía. Yo, al menos, identifico esa disonancia cognitiva y la entiendo, porque la he sufrido. No es fácil el camino del rigor intelectual. No es nada fácil.
Ahora bien, Lior, en la vida se me ocurriría equiparar a estas personas con las verdaderas víctimas, en primer lugar las que han sufrido la brutalidad terrorista, en segundo las que han tenido que soportar la canallesca infamia de la calumnia. De la misma forma que no me considero a la misma altura moral que un Milan Kundera, por decir algo, aunque aspiro a un poco de comprensión por haber defendido, en mi lejana post-adolescencia, lo indefendible, sé que los que sufrieron en carne viva el totalitarismo están a años luz, moralmente hablando, de los que nos arrepentimos algún día de defenderlo. Lo tuyo es un hombre de paja del tamaño de cuatro multiversos, en ese sentido.
Creo que merecen comprensión los que, engañados de buena fe, y demócratas que han sufrido esa disonancia cognitiva, caen en la cuenta de su error. Pero desde luego nunca les equipararé a los que han sufrido ataques viles y rastreros, ni mucho menos a las victimas que veían asombradas cómo algunos trabajaban activamente para exonerar a los peores criminales terroristas que haya conocido España.
En otro contexto algunos decimos: perdonar, pero no olvidar. No les permito justificar lo que fueron, pero tampoco les exijo un auto de fe. Y a mí déjenme decir: teníamos razón. Sin triunfalismos, pero sin falsa modestia. Y es un orgullo haberse mojado mucho antes de que se alzaran voces más poderosas contra los conspiracionistas. Orgullo que compartimos todos.
Ce n'est pas la même chose la campana que la cloche.
Sería muy interesante explorar las razones que llevan a alguien a creer en una teoría conspiracionista. No creo que sean siempre las mismas. Algunas personas --tal vez la mayoría--, como apunta Lior, tienen una tendencia previa a creer que el mundo, o por lo menos España, está dirigido por fuerzas malignas que actúan en secreto. En un paso lógico, identifican esas fuerzas con sus enemigos reales o imaginados. El principal, por supuesto, es el partido socialista, al que se ha satanizado sistemáticamente. Por ejemplo, uno de los argumentos favoritos de este colectivo es comparar al PSOE de 1934 con el de hoy, a pesar de las obvias diferencias que existen entre un partido mayoritariamente revolucionario y uno socialdemócrata. Otro, por supuesto, es invocar los GAL.
Ese conspiracionismo, como comprobamos leyendo las ridiculeces de Procyon, Valderra y el tío de Vendetta (cuyo nick no recuerdo), se alimenta de otros enemigos históricos, como la masonería, a la que el catolicismo español siempre ha tenido bastante manía, a pesar de que hoy en día los masones son más pintorescos que relevantes. Pero hay gente que se lo toma en serio, como atestiguan los libros de César Vidal.
Es una tendencia preocupante de cierta derecha, que no comenzó el 11-M pero se agudizó considerablemente a partir del atentado. Y es preocupante por las razones que aduce Lior: porque esa derecha no acepta el sistema democrático. No acepta PERDER, lo cual es la condición primaria del demócrata. No acepta que sus adversarios tengan razón en algo. De hecho, considera que sus adversarios no son tales, sino enemigos. Este extremismo antidemocrático es el caldo de cultivo en el que se gesta el conspiracionismo, si no todo él, una buena parte.
Y todo ello es condenable sin paliativos, con 11-M o sin 11-M. Gorka, de la plataforma de las clases medias, ha hablado acertadísimamente, a mi juicio, de la batasunización de cierta derecha. Es exactamente ello lo que es execrable y preocupante.
El único consuelo es la fecha de caducidad de esa derecha cerril. No creo equivocarme demasiado si la identifico con el franquismo sociológico, tan callado durante años, y que por ley de vida no durará demasiado más. Marías escribía hace un par de semanas sobre el jubilata resentido, el que, a mi juicio, conforma el núcleo de derecha extrema que da aliento a los Peones Nesgros.
Pero yo creo que hay otros ex conspis. Gente que se dejó llevar por el ad verecundiam ("si lo dice El Mundo, que destapó los GAL, será verdad") o que, sin ser antidemócrata de la forma que he descrito arriba, se dejó llevar por el canto de sirena del conspiracionismo. Esta gente, sin duda, incurrió en lo que los psicólogos llaman disonancia cognitiva, la resistencia a aceptar información que no quieren escuchar. No necesariamente son antidemócratas, a mi juicio, aunque desconfían profundamente del PSOE, y la teoría de la conspiración les permite confirmar esta desconfianza. Son capaces de enormes saltos a conclusiones (si el PSOE pudo perpetrar los GAL, también es capaz de esto). Son capaces de tragarse todas las inverosimilitudes. Son capaces de negar la existencia de contradicciones en su propio pensamiento. En apariencia, lo único que están dispuestos a aceptar es que hay "algo raro". Son incapaces de llevar esa premisa a su conclusión lógica, lo cual, en tanto son inteligentes, les llevaría a concluir que esa conclusión lógica es inverosímil (en ello estriba la disonancia cognitiva). Se autoengañan.
Son estos últimos los que, a mi juicio, merecen cierta comprensión, los que se han caído honestamente del guindo o tienen la posibilidad de hacerlo. No se han portado de forma particularmente inteligente, pero algunos que hemos cometido algunos errores intelectuales gordos en nuestra vida tendemos a mirarles con cierta simpatía. Yo, al menos, identifico esa disonancia cognitiva y la entiendo, porque la he sufrido. No es fácil el camino del rigor intelectual. No es nada fácil.
Ahora bien, Lior, en la vida se me ocurriría equiparar a estas personas con las verdaderas víctimas, en primer lugar las que han sufrido la brutalidad terrorista, en segundo las que han tenido que soportar la canallesca infamia de la calumnia. De la misma forma que no me considero a la misma altura moral que un Milan Kundera, por decir algo, aunque aspiro a un poco de comprensión por haber defendido, en mi lejana post-adolescencia, lo indefendible, sé que los que sufrieron en carne viva el totalitarismo están a años luz, moralmente hablando, de los que nos arrepentimos algún día de defenderlo. Lo tuyo es un hombre de paja del tamaño de cuatro multiversos, en ese sentido.

Creo que merecen comprensión los que, engañados de buena fe, y demócratas que han sufrido esa disonancia cognitiva, caen en la cuenta de su error. Pero desde luego nunca les equipararé a los que han sufrido ataques viles y rastreros, ni mucho menos a las victimas que veían asombradas cómo algunos trabajaban activamente para exonerar a los peores criminales terroristas que haya conocido España.
En otro contexto algunos decimos: perdonar, pero no olvidar. No les permito justificar lo que fueron, pero tampoco les exijo un auto de fe. Y a mí déjenme decir: teníamos razón. Sin triunfalismos, pero sin falsa modestia. Y es un orgullo haberse mojado mucho antes de que se alzaran voces más poderosas contra los conspiracionistas. Orgullo que compartimos todos.
Ce n'est pas la même chose la campana que la cloche.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
