27-01-2008, 11:06:03
PARTE IV: CONCLUSIONES Y COLOFÓN FINAL
Con todo lo antedicho no quiero decir que la cadena SER tuviese razón para decir que existía al menos un terrorista suicida. Pero ¿cuándo se puede hablar, objetivamente, científicamente, de que no existe un terrorista suicida? Pues muchos días después. Cuando el trabajo policial, aliado con la identificación forense, permiten averiguar quiénes son los fallecidos, y que entre ellos no existe nadie con veleidades terroristas; y sobre todo, pasado el tres de Abril, cuando crece la certeza de que se conoce toda o casi toda la célula terrorista, y ninguno de los asesinos viajaba en el tren.
El motivo de que sigamos creyendo (como los parlamentarios de la Comisión de Investigación el 6 de Julio de 2004) que no había terroristas suicidas no son las imperfectas (por precipitadas) conclusiones de la doctora Baladía el día 12 de Marzo, con 20 cadáveres por identificar, rechazando el auxilio de los forenses de Tel Aviv, asumiendo que los terroristas suicidas han de ser árabes, llevar adhesivos con bombas al cuerpo, que no pueden llevar bombas en la mano, etc.
El motivo de que sigamos creyendo (como los parlamentarios de la Comisión de Investigación el 6 de Julio de 2004) que no había terroristas suicidas en los trenes es que no han aparecido nuevas pruebas de ello. Pero casi todos los participantes en la masacre han muerto, y los demás están encarcelados o huidos, y no han hablado. También hay perfiles y huellas de gente que participó, sin identificar. Si algún día alguien hablase y dijese (por ejemplo) que uno de sus correligionarios era un terco y se inmoló porque le dio la gana... ¿cuál de las conclusiones de la doctora Baladía serviría de algo? ¿Qué pruebas científicas tendría para refutarlo?
¿Qué la doctora Baladía tuvo la certeza mucho antes? De acuerdo. Acebes también. Desde el minuto siguiente a los atentados. Pero todo lo que sea producto de un pálpito, corazonada o interpretación subjetiva será sospechoso. Todo esto suena a conclusión más o menos precipitada e inducida para contrarrestar la información (hasta donde sabemos equivocada, desde luego) de que había un terrorista suicida entre los cadáveres. Ignoro si la doctora dio sus conclusiones condicionada o de verdad lo creía, pero de que son precipitadas, no tengo duda.
Y, volviendo a lo de la SER, insultar a los periodistas porque se equivocaron (basándose por otro lado en informaciones no forenses, que nadie podía desmentir categóricamente a esas horas) no cuadra mucho con la fiabilidad que se le quiere suponer desde el campo peón. Y cuadra peor aún con el respeto a la libertad de prensa que tanto preconizan sus mentores de Libertad Digital. Porque, recuerden, la Cadena SER se equivocó, pero no fue la única. Y rectificó y pidió perdón, y en eso, desgraciadamente, sí fue la única.
La doctora insiste hasta cuatro veces en que “vivió en una burbuja”. Luego los periodistas no podían, tampoco, llegar hasta ella. (Lógico, por otra parte, máxime teniendo en cuenta que es una persona no acostumbrada a la irritante acoso de los medios informativos, que le llevaron días después a perder los nervios y decir que había doscientos suicidas en los trenes). ¿Qué va a hacer un medio de comunicación si le llega una información (el día 11, no el 15) que cree fidedigna y contrastada, de parte de los medios de investigación antiterrorista? ¿Esperar a que la doctora Baladía salga de su burbuja?
No prejuzgo la buena o mala intención de la SER, pero la animadversión de la doctora Baladía me parece, repito, sospechosa. Concedamos el beneficio de la duda a quien luego supo rectificar.
Las conclusiones de la doctora Baladía, insuficientemente basadas en la razón y los datos científicos, estaban guiadas o completadas por una buena dosis de convicción política, o al menos social.
Y al hilo, como colofón final, no quiero dejar sin contestar una de las frases que los peones celebran mucho. No quiero dejar de contestarla, pues como científico que pretendo ser, me repugna la conclusión que se extrae de ella, a la par que me parece ejemplariza el criterio científico de nuestra forense:
La misma doctor lo reconoce cuando dice con orgullo...
Por eso se rechazó a los israelíes. Deben estudiar poco.
Con todo lo antedicho no quiero decir que la cadena SER tuviese razón para decir que existía al menos un terrorista suicida. Pero ¿cuándo se puede hablar, objetivamente, científicamente, de que no existe un terrorista suicida? Pues muchos días después. Cuando el trabajo policial, aliado con la identificación forense, permiten averiguar quiénes son los fallecidos, y que entre ellos no existe nadie con veleidades terroristas; y sobre todo, pasado el tres de Abril, cuando crece la certeza de que se conoce toda o casi toda la célula terrorista, y ninguno de los asesinos viajaba en el tren.
El motivo de que sigamos creyendo (como los parlamentarios de la Comisión de Investigación el 6 de Julio de 2004) que no había terroristas suicidas no son las imperfectas (por precipitadas) conclusiones de la doctora Baladía el día 12 de Marzo, con 20 cadáveres por identificar, rechazando el auxilio de los forenses de Tel Aviv, asumiendo que los terroristas suicidas han de ser árabes, llevar adhesivos con bombas al cuerpo, que no pueden llevar bombas en la mano, etc.
El motivo de que sigamos creyendo (como los parlamentarios de la Comisión de Investigación el 6 de Julio de 2004) que no había terroristas suicidas en los trenes es que no han aparecido nuevas pruebas de ello. Pero casi todos los participantes en la masacre han muerto, y los demás están encarcelados o huidos, y no han hablado. También hay perfiles y huellas de gente que participó, sin identificar. Si algún día alguien hablase y dijese (por ejemplo) que uno de sus correligionarios era un terco y se inmoló porque le dio la gana... ¿cuál de las conclusiones de la doctora Baladía serviría de algo? ¿Qué pruebas científicas tendría para refutarlo?
¿Qué la doctora Baladía tuvo la certeza mucho antes? De acuerdo. Acebes también. Desde el minuto siguiente a los atentados. Pero todo lo que sea producto de un pálpito, corazonada o interpretación subjetiva será sospechoso. Todo esto suena a conclusión más o menos precipitada e inducida para contrarrestar la información (hasta donde sabemos equivocada, desde luego) de que había un terrorista suicida entre los cadáveres. Ignoro si la doctora dio sus conclusiones condicionada o de verdad lo creía, pero de que son precipitadas, no tengo duda.
Y, volviendo a lo de la SER, insultar a los periodistas porque se equivocaron (basándose por otro lado en informaciones no forenses, que nadie podía desmentir categóricamente a esas horas) no cuadra mucho con la fiabilidad que se le quiere suponer desde el campo peón. Y cuadra peor aún con el respeto a la libertad de prensa que tanto preconizan sus mentores de Libertad Digital. Porque, recuerden, la Cadena SER se equivocó, pero no fue la única. Y rectificó y pidió perdón, y en eso, desgraciadamente, sí fue la única.
La doctora insiste hasta cuatro veces en que “vivió en una burbuja”. Luego los periodistas no podían, tampoco, llegar hasta ella. (Lógico, por otra parte, máxime teniendo en cuenta que es una persona no acostumbrada a la irritante acoso de los medios informativos, que le llevaron días después a perder los nervios y decir que había doscientos suicidas en los trenes). ¿Qué va a hacer un medio de comunicación si le llega una información (el día 11, no el 15) que cree fidedigna y contrastada, de parte de los medios de investigación antiterrorista? ¿Esperar a que la doctora Baladía salga de su burbuja?
No prejuzgo la buena o mala intención de la SER, pero la animadversión de la doctora Baladía me parece, repito, sospechosa. Concedamos el beneficio de la duda a quien luego supo rectificar.
Las conclusiones de la doctora Baladía, insuficientemente basadas en la razón y los datos científicos, estaban guiadas o completadas por una buena dosis de convicción política, o al menos social.
Y al hilo, como colofón final, no quiero dejar sin contestar una de las frases que los peones celebran mucho. No quiero dejar de contestarla, pues como científico que pretendo ser, me repugna la conclusión que se extrae de ella, a la par que me parece ejemplariza el criterio científico de nuestra forense:
Quote:El señor OLABARRÍA MUÑOZ: ...Me gustaría saber si además tiene usted algún tipo de experiencia en la —llamémosle— etiología de este tipo de suicidas tan especiales...Doctora, un médico aprende -bien lo sabe usted- muy poco en los libros. Aprendemos en los libros cuando no podeos observar en la realidad, pero bien sabe usted que ver una pápula del sarampión es cien veces más útil que leer su descripción en los libros. La experiencia -propia o ajena- es muchísimo más clarificadora y trascendente, en Medicina, que todos los conocimientos teóricos del mundo.
La señora DIRECTORA DEL INSTITUTO ANATÓMICO FORENSE DE MADRID (Baladía Olmedo): Un médico no tiene que pasar un sarampión para saber diagnosticar un sarampión, lo aprende en los libros.
La misma doctor lo reconoce cuando dice con orgullo...
Quote:En fin, es de todos conocido que hasta ese momento éramos unos inexpertos y ahora mismo creo que somos los más expertos en Europa.Según su teoría del sarampión, no estarían ustedes ahora más preparados que un médico de Tonga que hubiese estudiado mucho.
Por eso se rechazó a los israelíes. Deben estudiar poco.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
