05-02-2008, 21:13:36
La verdad es que a veces resultan ustedes muy graciosos. Tienen un sentido del humor muy fino...
Voy a contestar a uno de ustedes en particular y a casi todos en general.
Larean, yo no he llamado mediocre a nadie, sino que me he asombrado de que su participación se hubiera limitado a emitir una tonta frasecita. Después ha explicado el porqué, y lo he aceptado, cada uno es muy dueño de hacer lo que le parezca, o de contestar como buenamente sepa.
A casi todos: me resulta difícil creer que ustedes consideren dudosas las declaraciones de baladía, referidas a las autopsias de 198 víctimas de unas explosiones en cuatro trenes, realizadas por un numeroso equipo de forenses y en presencia de policía científica; explosiones de las que hay numerosos testigos y supervivientes; que ocurrieron en unos trenes que fueron estudiados por numerosos tedax y de cuyos restos se han realizado numerosos análisis... y en cambio no alberguen duda alguna de una explosión de la que no se han analizado los explosivos que la causaron (sólo hay análisis de restos sin explosionar), con unas víctimas cuyas "autopsias" fueron realizadas a puerta cerrada por un sólo forense.
De todas maneras no es necesario recurrir a lo que cada uno de nosotros pueda creer, porque seguramente en el numeroso equipo de forenses que efectuaron las autopsias de las víctimas de los trenes habrá alguno que desee aclarar la aparente contradicción observada por ustedes. Sigo insistiendo en que lo intenten.
Finalmente les voy a contar otra anéccdota que he leído recientemente. La cuenta el biólogo Richard Dawkins. Cuando él era aún estudiante en Oxford, tenía un profesor que durante gran parte de su vida había creído y enseñado que el aparato de Golgi (un orgánulo celular) no era real, sino sólo un artefacto de las preparaciones microscópicas. Un día vino un profesor invitado, un biólogo celular, que dio una charla en la que demostró que el aparato de Golgi era real. Al final de la misma, el anciano profesor se abalanzó sobre él, y estrechando su mano, le dijo "Querido amigo, tengo que darle las gracias. He estado equivocado durante quince años".
Nunca es tarde para admitir que uno está equivocado; pero para eso hay que haber mantenido una actitud honesta tanto en las investigaciones propias como ante los descubrimientos ajenos. Esperemos que cuando el sumario se haga público, cosa que deseo grandemente, podamos discutir con la misma honestidad y al final reconocer quién mantenía una postura más acorde con la realidad. Yo estoy dispuesta a dejarme estrechar la mano por ustedes...
Voy a contestar a uno de ustedes en particular y a casi todos en general.
Larean, yo no he llamado mediocre a nadie, sino que me he asombrado de que su participación se hubiera limitado a emitir una tonta frasecita. Después ha explicado el porqué, y lo he aceptado, cada uno es muy dueño de hacer lo que le parezca, o de contestar como buenamente sepa.
A casi todos: me resulta difícil creer que ustedes consideren dudosas las declaraciones de baladía, referidas a las autopsias de 198 víctimas de unas explosiones en cuatro trenes, realizadas por un numeroso equipo de forenses y en presencia de policía científica; explosiones de las que hay numerosos testigos y supervivientes; que ocurrieron en unos trenes que fueron estudiados por numerosos tedax y de cuyos restos se han realizado numerosos análisis... y en cambio no alberguen duda alguna de una explosión de la que no se han analizado los explosivos que la causaron (sólo hay análisis de restos sin explosionar), con unas víctimas cuyas "autopsias" fueron realizadas a puerta cerrada por un sólo forense.
De todas maneras no es necesario recurrir a lo que cada uno de nosotros pueda creer, porque seguramente en el numeroso equipo de forenses que efectuaron las autopsias de las víctimas de los trenes habrá alguno que desee aclarar la aparente contradicción observada por ustedes. Sigo insistiendo en que lo intenten.
Finalmente les voy a contar otra anéccdota que he leído recientemente. La cuenta el biólogo Richard Dawkins. Cuando él era aún estudiante en Oxford, tenía un profesor que durante gran parte de su vida había creído y enseñado que el aparato de Golgi (un orgánulo celular) no era real, sino sólo un artefacto de las preparaciones microscópicas. Un día vino un profesor invitado, un biólogo celular, que dio una charla en la que demostró que el aparato de Golgi era real. Al final de la misma, el anciano profesor se abalanzó sobre él, y estrechando su mano, le dijo "Querido amigo, tengo que darle las gracias. He estado equivocado durante quince años".
Nunca es tarde para admitir que uno está equivocado; pero para eso hay que haber mantenido una actitud honesta tanto en las investigaciones propias como ante los descubrimientos ajenos. Esperemos que cuando el sumario se haga público, cosa que deseo grandemente, podamos discutir con la misma honestidad y al final reconocer quién mantenía una postura más acorde con la realidad. Yo estoy dispuesta a dejarme estrechar la mano por ustedes...
