27-02-2008, 12:24:11
Plutarco dice...
No hay nada nuevo bajo el sol
Quote:En el diario se hallan así descritos los trámitesY nada en el desarrollo de la enfermedad me hace pensar en una muerte por envenenamiento. No parece que nadie pensara en ello allí y entonces. De hecho, el tipo de "veneno" al que te refieres tampoco sería tal sino una especie de ataque "bacteriológico" en la que no se administra un veneno, sino la cepa de alguna enfermedad... del cual que yo sepa no existe ningún precedente en la antigüedad. Me temo que la madre de Alejandro -y muchos otros- simplemente no podía admitir que alguien tan grande, tan fuerte, con tanto ánimo y vigor y tan poderoso, hubiera muerto por una simple enfermedad. De no aceptar que una gran pérdida pueda deberse a algo tan aleatorio, tan simple como la enfermedad, a empezar ver conspiraciones con pezuñas de asno o pelanas congelados, hay un paso.
de la enfermedad: En el día 18 del mes Desio se acostó en el
cuarto del baño por estar con calentura. Al día siguiente,
después de haberse bañado, se trasladó a su cámara, y lo pasó
jugando a las tablas con Medio. Bañóse a la tarde otra vez,
sacrificó a los dioses, y habiendo cenado tuvo de nuevo calentura
aquella noche. El 20 se bañó e hizo también el acostumbrado
sacrificio, y habiéndose acostado en la habitación
del baño, se dedicó a oír a Nearco la relación que le hizo de
su navegación y del grande Océano. El 21 ejecutó lo mismo
que el anterior, y, habiéndose enardecido más, pasó mala noche,
y al día siguiente fue violenta la calentura. Trasladósele a
la gran pieza del nadadero, donde se puso en cama, y trató
con los generales acerca del mando de los regimientos vacantes,
para que los proveyeran, haciendo cuidadosa elección.
El 24, habiéndose arreciado más la fiebre, hizo
sacrificio, llevado al efecto al altar, y de los generales y caudillos
mandó que los principales se quedaran en su cámara, y
que los comandantes y capitanes durmieran a la parte de
afuera. Llevósele al traspalacio, donde el 25 durmió algún
rato, pero la fiebre no se remitió. Entraron los generales, y
estuvo aquel día sin habla, y también el 26; de cuyas resultas
les pareció a los Macedonios que había muerto, y dirigiéndose
al palacio gritaban y hacían amenazas a los más favorecidos
de Alejandro, hasta que al fin les obligaron a abrirles las
puertas, y, abiertas que les fueron, llegaron de uno en uno en
ropilla hasta la cama. En aquel mismo día, Pitón y Seleuco,
enviados a consultar a Serapis, le preguntaron si llevarían allí
a Alejandro; el dios les respondió que lo dejaran donde estaba,
y el 28 por la tarde murió.
LXXVII.- Las más de estas cosas se hallan así escritas al
pie de la letra en el diario, y de que se le hubiese envenenado
nadie tuvo sospecha por lo pronto, diciéndose solamente
que habiéndosele hecho una delación a Olimpíade a los ocho
años, dio muerte a muchos, y aventó las cenizas de Iolao,
entonces ya muerto, por haber sido el que le propinó el veneno.
Los que dicen que Aristóteles fue quien aconsejó esta
acción a Antípatro, y que también proporcionó el veneno,
designan a un tal Hagnótemis como divulgador de esta noticia,
habiéndosela oído referir al rey Antígono, y que el veneno
fue un agua fría y helada que destilaba de una piedra cerca
de Nonácride, la que recogían como rocío muy tenue, reservándola
en un vaso de casco de asno, pues ningunos otros
podían contenerla, sino que los hacía saltar por su excesiva
frialdad y aspereza. Pero los más creen que esta relación del
veneno fue una pura invención, teniendo para ello el poderoso
fundamento de que habiendo altercado entre sí los generales
por muchos días, sin haberse cuidado de dar
sepultura al cuerpo, que permaneció expuesto en sitio caliente
y no ventilado, ninguna señal tuvo de semejante modo
de destrucción, sino que se conservó sin la menor mancha y
fresco.
No hay nada nuevo bajo el sol
