27-02-2008, 19:37:12
En la historia de Alejandro Magno hay puntos que recuerdan inevitablemente a las personalidades que hemos conocido en la España actual.
Por ejemplo, Demóstenes era vengativo, rencoroso, felón, cobarde, y un demagogo de primera categoría, entendiendo como tal lo que entendemos ahora: poder convencer a las masas de lo que se le antojara, utilizando argumentos manipulados que engañaran la conciencia del pueblo.
Su rencor hacia los macedonios costó la ruina de Tebas, la perdida de los mejores hombres de Atenas en Queronea (única batalla en la que él participó, pero acabó huyendo: "no hizo nada honorable, ni su comportamiento estuvo a la altura de sus discursos", dice Plutarco) y, al final, su propia vida (tras la muerte de Alejandro, que le había perdonado la vida media docena de veces, Antípatro le condenó a muerte, y Demóstenes se suicidó).
Escribía sábanas dominicales en "El mundo helénico"
Bueno, quitando esto último, da un perfil de Pedro Jota muy aceptable; el motivo de su odio hacia Filipo y posteriormente a Alejandro es relatado por algunas fuentes así.
Era ya un orador reconocido en su patria y fue nombrado embajador, con otros notables, ante Filipo ( la paz firmada se conoce como Paz de Filócrates .- 347 A.C.). Durante el camino hacia Pella, sus enemigos políticos Esquines y Filócrates tuveron que sufrir su insufrible cháchara de cómo iba a reducir al silencio a Filipo, de cómo le sacaría los mejores argumentos, y conseguiría las mejores condiciones para Atenas...
Al parecer, Demóstenes se aprendía los discursos de memoria, y no sabía improvisar. El caso es que el terrible aspecto del rey macedonio le impresionó de tal manera que se quedó en blanco, balbuceó, y tuvo que sentarse. Filipo, amablemente, le dijo que se tranquilizase, y le invitó a retomar su discurso. En vano. No pudo hilar ni media palabra coherente.
El caso es que la paz se firmó, mal que bien, pero Demóstenes se sintió humillado. Todo el viaje de vuelta , y en adelante, tuvo que aguantar las cuchufletas de Esquines, que contó a toda la ciudad que se había desmayado de miedo.
Aunque pueda parecer que Demóstenes sufrió una campaña de desprestigio, lo cierto es que fue tratado por la posteridad mejor de lo que merecía. El Liceo ateniense, atento siempre a defender a sus oradores y desprestigiar a Alejandro, lo alabó, ocultó sus defectos, exaltó sus virtudes, escondió sus traiciones. Sus discursos hoy nos parecerían plúmbeos, pero lo cierto es que también lo serían los de Castelar. Lo que sí nos da la pista es la lista inacabable de sus traiciones, sus pactos burlados, sus mentiras que no sólo recogieron los macedonios, sino sus propios compatriotas atenienses. Por dar sólo un ejemplo, firmó un pacto con los Tebanos (que rompieron un pacto anterior con Filipo) entregándoles, a cambio, entre otras cosas, Platea, única ciudad que en Maratón había estado al lado de Atenas, y cuya alianza se había declarado indestructible… hasta que llegó Demóstenes. Los Tebanos ocuparon Platea y desocuparon a sus habitantes, que se tuvieron que refugiar precisamente en Atenas, donde ni Demóstenes se atrevió a negarles la entrada.
De la destrucción de Tebas por Alejandro hablaremos algún día.
Por ejemplo, Demóstenes era vengativo, rencoroso, felón, cobarde, y un demagogo de primera categoría, entendiendo como tal lo que entendemos ahora: poder convencer a las masas de lo que se le antojara, utilizando argumentos manipulados que engañaran la conciencia del pueblo.
Su rencor hacia los macedonios costó la ruina de Tebas, la perdida de los mejores hombres de Atenas en Queronea (única batalla en la que él participó, pero acabó huyendo: "no hizo nada honorable, ni su comportamiento estuvo a la altura de sus discursos", dice Plutarco) y, al final, su propia vida (tras la muerte de Alejandro, que le había perdonado la vida media docena de veces, Antípatro le condenó a muerte, y Demóstenes se suicidó).
Escribía sábanas dominicales en "El mundo helénico"
Bueno, quitando esto último, da un perfil de Pedro Jota muy aceptable; el motivo de su odio hacia Filipo y posteriormente a Alejandro es relatado por algunas fuentes así.
Era ya un orador reconocido en su patria y fue nombrado embajador, con otros notables, ante Filipo ( la paz firmada se conoce como Paz de Filócrates .- 347 A.C.). Durante el camino hacia Pella, sus enemigos políticos Esquines y Filócrates tuveron que sufrir su insufrible cháchara de cómo iba a reducir al silencio a Filipo, de cómo le sacaría los mejores argumentos, y conseguiría las mejores condiciones para Atenas...
Al parecer, Demóstenes se aprendía los discursos de memoria, y no sabía improvisar. El caso es que el terrible aspecto del rey macedonio le impresionó de tal manera que se quedó en blanco, balbuceó, y tuvo que sentarse. Filipo, amablemente, le dijo que se tranquilizase, y le invitó a retomar su discurso. En vano. No pudo hilar ni media palabra coherente.
El caso es que la paz se firmó, mal que bien, pero Demóstenes se sintió humillado. Todo el viaje de vuelta , y en adelante, tuvo que aguantar las cuchufletas de Esquines, que contó a toda la ciudad que se había desmayado de miedo.
Aunque pueda parecer que Demóstenes sufrió una campaña de desprestigio, lo cierto es que fue tratado por la posteridad mejor de lo que merecía. El Liceo ateniense, atento siempre a defender a sus oradores y desprestigiar a Alejandro, lo alabó, ocultó sus defectos, exaltó sus virtudes, escondió sus traiciones. Sus discursos hoy nos parecerían plúmbeos, pero lo cierto es que también lo serían los de Castelar. Lo que sí nos da la pista es la lista inacabable de sus traiciones, sus pactos burlados, sus mentiras que no sólo recogieron los macedonios, sino sus propios compatriotas atenienses. Por dar sólo un ejemplo, firmó un pacto con los Tebanos (que rompieron un pacto anterior con Filipo) entregándoles, a cambio, entre otras cosas, Platea, única ciudad que en Maratón había estado al lado de Atenas, y cuya alianza se había declarado indestructible… hasta que llegó Demóstenes. Los Tebanos ocuparon Platea y desocuparon a sus habitantes, que se tuvieron que refugiar precisamente en Atenas, donde ni Demóstenes se atrevió a negarles la entrada.
De la destrucción de Tebas por Alejandro hablaremos algún día.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
