28-02-2008, 13:08:39
ALEJANDRO Y LA MUERTE DE SU PADRE: (II) LA RELACIÓN PADRE-HIJO
Cuando Alejandro tenía 18 años Filipo se enamoró y se casó con una joven llamada Eurídice, sobrina del general Atalo, intrigante noble macedonio. Nuevamente, los enemigos de Alejandro han sugerido que pudo haber aquí una razón para asesinar a su padre, pues un hipotético varón de ambos hubiera sido un macedonio de pura raza (él era medio epirota) y, por tanto, un peligro para la sucesión. Pero, cuando se produjo el asesinato de Filipo, Eurídice había tenido una niña y, aunque estaba embarazada, un recién nacido varón no hubiera supuesto un peligro en una década, y la historia macedonia no mostraba en verdad que reinase el que tuviera más derechos sucesorios, sino el más fuerte. El propio Filipo reinaba gracias a varias usurpaciones seguidas.
Durante la boda, se produjo un fuerte encontronazo entre Filipo y Alejandro cuando Atalo, borracho, pidió a los dioses que dieran a Macedonia un heredero legítimo. Alejandro no podía dejar pasar el insulto a su madre y a su estirpe y agredió a Atalo. Filipo trató de castigar a su hijo pero, debido al alcohol y a su cojera (producto de heridas de guerra; también era tuerto y tenía un brazo paralizado) se cayó. Alejandro huyó de la corte y se fue con su madre a Epiro. La dejó allí y marchó a Iliria, donde vivió con unas tribus (en la actual Bulgaria y la extinta Yugoslavia) a las que había derrotado siendo un mozalbete de 16 años mientras su padre estaba en otra guerra (“con tal de no estar ocioso, redujo a los rebeldes maedos” dice Plutarco, pero es evidente que, tanto por la distancia desde Macedonia, como por la dureza de las tribus ilirias, no se trató de un entretenimiento, y el ejército tenía que confiar mucho en el liderazgo del joven para seguirle sin rechistar). No cabe duda de que su comportamiento en la guerra debió ser muy caballeroso y valiente, para ser recibido como huésped durante su exilio.
Otro motivo posible, pues, para que Alejandro matase a su padre (que él creía que no lo era) era, pues, la ofensa que había recibido su madre dos años antes. Y, dado el carácter vengativo de Olimpia, es posible que, en efecto, ésta le instigase a hacerlo. El parricidio era un crimen horrendo para los griegos, no existía otro peor, pero en este caso Alejandro seguramente no consideraba a Filipo su progenitor. Sin embargo, de ser Alejandro el culpable, sin duda hubiera tomado medidas para deshacerse de Atalo al mismo tiempo o previamente, ya que era él en realidad el que insultó a Alejandro. Por otro lado, durante su vida Alejandro se negó a matar a personas cuando se lo pidió Olimpia, y de hecho se enfadó mucho cuando su madre mató a Eurídice y a su niño tras la muerte de Filipo. Por otro lado, como veremos luego, Alejandro no era hombre para guardar dos años un rencor y asesinar a una persona.
Tras una temporada de exilio, y gracias a la mediación de algunos amigos de Alejandro, se produjo la reconciliación entre padre e hijo. Es posible que Demarato de Corinto, el máximo mediador, advirtiera a Filipo del riesgo de tener un hijo, carismático entre el ejército, potencialmente enemigo, suelto por ahí; a Alejandro le debió jugar la carta de la ambición; como sea, consiguió la reconciliación.
Sin embargo, pronto hubo otro problema. Plutarco cuenta que Filipo pensaba ofrecer en matrimonio a su hijo Arrideo para la hija de un sátrapa o gobernador persa de las ciudades griegas del Asia Menor. Alguien se lo contó a Alejandro, entonces poco más que un adolescente, y éste se indignó, escribiendo una carta al sátrapa, ofreciéndose él en lugar de Arrideo. Filipo había planeado el enlace como estrategia para tener un aliado en sus planes de ataque al Imperio Persa, pero ni de lejos pensaba dar su heredero a alguien tan poco importante como un sátrapa. De modo que se enfureció y reprendió duramente a su hijo.
Sin duda Alejandro se sintió humillado, pero debió quedarle muy claro que Arrideo no contaba como heredero. En una sociedad como la macedonia, desde luego, un retrasado tampoco hubiera tenido ninguna opción a no ser como títere de algún noble fuerte. El ejército, además, adoraba a Alejandro, con quien había peleado contra los ilirios y otros pueblos del norte (ocasión donde, por cierto, había salvado la vida de su padre), y con quien había luchado en Queronea, donde el príncipe mandó la caballería aplastando el Batallón Sagrado de los tebanos, y no hubiera consentido nunca que Arrideo fuera preferido en su lugar.
Filipo había conseguido la unificación de los griegos, excepto Esparta, en una Liga Panhelénica que llevaría la guerra contra Persia, con intención punitiva (en venganza por las guerras médicas) y de liberación de los griegos de Asia Menor. Despachó a su suegro Atalo y a Parmenión para tomar una cabeza de puente en Asia Menor.
No sabemos exactamente qué pretendía hacer con Alejandro. Dejarlo en Macedonia, desde luego, era muy peligroso, así que seguramente pensaba llevarlo con él, y Alejandro, ambicioso de gloria y combates, seguramente estaba encantado. Nunca lo sabremos.
Remontemos a seis o siete años atrás, cuando Alejandro podría tener unos 12-13 años; Filipo, que no le hacía ascos a alguna que otra relación homosexual, dejó a su amante del momento, un tal Pausanias, para cambiarlo por otro. Pausanias insultó a la nueva pareja del rey, llamándole “puta ansiosa de dinero”, y el ofendido, para demostrar su valía, se arrojó sobre el enemigo, muriendo. Atalo, el que con el tiempo sería suegro de Filipo, debía ser pariente o algo así del difunto, porque tomó venganza de Pausanias haciendo que le violaran sus esclavos. Pausanias pidió venganza al rey, pero Atalo era noble de alto rango, como Pausanias, no podía ser castigado sin juicio, y Filipo trató de evitar el escándalo sobornando a Pausanias con tierras y cargos.
Pausanias pareció conformarse. Pero, por lo que se ve, no fue así. Años después, era jefe o capitán de la guardia en el momento clave de esta historia.
Cuando Alejandro tenía 18 años Filipo se enamoró y se casó con una joven llamada Eurídice, sobrina del general Atalo, intrigante noble macedonio. Nuevamente, los enemigos de Alejandro han sugerido que pudo haber aquí una razón para asesinar a su padre, pues un hipotético varón de ambos hubiera sido un macedonio de pura raza (él era medio epirota) y, por tanto, un peligro para la sucesión. Pero, cuando se produjo el asesinato de Filipo, Eurídice había tenido una niña y, aunque estaba embarazada, un recién nacido varón no hubiera supuesto un peligro en una década, y la historia macedonia no mostraba en verdad que reinase el que tuviera más derechos sucesorios, sino el más fuerte. El propio Filipo reinaba gracias a varias usurpaciones seguidas.
Durante la boda, se produjo un fuerte encontronazo entre Filipo y Alejandro cuando Atalo, borracho, pidió a los dioses que dieran a Macedonia un heredero legítimo. Alejandro no podía dejar pasar el insulto a su madre y a su estirpe y agredió a Atalo. Filipo trató de castigar a su hijo pero, debido al alcohol y a su cojera (producto de heridas de guerra; también era tuerto y tenía un brazo paralizado) se cayó. Alejandro huyó de la corte y se fue con su madre a Epiro. La dejó allí y marchó a Iliria, donde vivió con unas tribus (en la actual Bulgaria y la extinta Yugoslavia) a las que había derrotado siendo un mozalbete de 16 años mientras su padre estaba en otra guerra (“con tal de no estar ocioso, redujo a los rebeldes maedos” dice Plutarco, pero es evidente que, tanto por la distancia desde Macedonia, como por la dureza de las tribus ilirias, no se trató de un entretenimiento, y el ejército tenía que confiar mucho en el liderazgo del joven para seguirle sin rechistar). No cabe duda de que su comportamiento en la guerra debió ser muy caballeroso y valiente, para ser recibido como huésped durante su exilio.
Otro motivo posible, pues, para que Alejandro matase a su padre (que él creía que no lo era) era, pues, la ofensa que había recibido su madre dos años antes. Y, dado el carácter vengativo de Olimpia, es posible que, en efecto, ésta le instigase a hacerlo. El parricidio era un crimen horrendo para los griegos, no existía otro peor, pero en este caso Alejandro seguramente no consideraba a Filipo su progenitor. Sin embargo, de ser Alejandro el culpable, sin duda hubiera tomado medidas para deshacerse de Atalo al mismo tiempo o previamente, ya que era él en realidad el que insultó a Alejandro. Por otro lado, durante su vida Alejandro se negó a matar a personas cuando se lo pidió Olimpia, y de hecho se enfadó mucho cuando su madre mató a Eurídice y a su niño tras la muerte de Filipo. Por otro lado, como veremos luego, Alejandro no era hombre para guardar dos años un rencor y asesinar a una persona.
Tras una temporada de exilio, y gracias a la mediación de algunos amigos de Alejandro, se produjo la reconciliación entre padre e hijo. Es posible que Demarato de Corinto, el máximo mediador, advirtiera a Filipo del riesgo de tener un hijo, carismático entre el ejército, potencialmente enemigo, suelto por ahí; a Alejandro le debió jugar la carta de la ambición; como sea, consiguió la reconciliación.
Sin embargo, pronto hubo otro problema. Plutarco cuenta que Filipo pensaba ofrecer en matrimonio a su hijo Arrideo para la hija de un sátrapa o gobernador persa de las ciudades griegas del Asia Menor. Alguien se lo contó a Alejandro, entonces poco más que un adolescente, y éste se indignó, escribiendo una carta al sátrapa, ofreciéndose él en lugar de Arrideo. Filipo había planeado el enlace como estrategia para tener un aliado en sus planes de ataque al Imperio Persa, pero ni de lejos pensaba dar su heredero a alguien tan poco importante como un sátrapa. De modo que se enfureció y reprendió duramente a su hijo.
Sin duda Alejandro se sintió humillado, pero debió quedarle muy claro que Arrideo no contaba como heredero. En una sociedad como la macedonia, desde luego, un retrasado tampoco hubiera tenido ninguna opción a no ser como títere de algún noble fuerte. El ejército, además, adoraba a Alejandro, con quien había peleado contra los ilirios y otros pueblos del norte (ocasión donde, por cierto, había salvado la vida de su padre), y con quien había luchado en Queronea, donde el príncipe mandó la caballería aplastando el Batallón Sagrado de los tebanos, y no hubiera consentido nunca que Arrideo fuera preferido en su lugar.
Filipo había conseguido la unificación de los griegos, excepto Esparta, en una Liga Panhelénica que llevaría la guerra contra Persia, con intención punitiva (en venganza por las guerras médicas) y de liberación de los griegos de Asia Menor. Despachó a su suegro Atalo y a Parmenión para tomar una cabeza de puente en Asia Menor.
No sabemos exactamente qué pretendía hacer con Alejandro. Dejarlo en Macedonia, desde luego, era muy peligroso, así que seguramente pensaba llevarlo con él, y Alejandro, ambicioso de gloria y combates, seguramente estaba encantado. Nunca lo sabremos.
Remontemos a seis o siete años atrás, cuando Alejandro podría tener unos 12-13 años; Filipo, que no le hacía ascos a alguna que otra relación homosexual, dejó a su amante del momento, un tal Pausanias, para cambiarlo por otro. Pausanias insultó a la nueva pareja del rey, llamándole “puta ansiosa de dinero”, y el ofendido, para demostrar su valía, se arrojó sobre el enemigo, muriendo. Atalo, el que con el tiempo sería suegro de Filipo, debía ser pariente o algo así del difunto, porque tomó venganza de Pausanias haciendo que le violaran sus esclavos. Pausanias pidió venganza al rey, pero Atalo era noble de alto rango, como Pausanias, no podía ser castigado sin juicio, y Filipo trató de evitar el escándalo sobornando a Pausanias con tierras y cargos.
Pausanias pareció conformarse. Pero, por lo que se ve, no fue así. Años después, era jefe o capitán de la guardia en el momento clave de esta historia.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
