28-02-2008, 13:51:00
Magnífico, Moreno el Magno 
Quizá sería interesante también hacer una semblanza de lo que sabemos sobre la relación entre Filipo y Alejandro.
La anécdota de Bucéfalo, que llegó a hacer temer un accidente entre los miembros de la corte, terminó con Filipo llorando de orgullo y emoción, abrazado a su hijo con aquella famosa frase:
Por otro lado hay algo que dices que no está nada claro: no sabemos lo que creía Alejandro sobre su origen, de hecho tampoco está claro lo que decía la propia Olimpia. Según Erastótenes Olimpia le comunicó su filiación divina "cuando despidió a Alejandro al partir en la operación militar". O sea, después del regicidio. En Plutarco incluso se apunta la posibilidad de que fuera una invención ajena a la familia real:

Quizá sería interesante también hacer una semblanza de lo que sabemos sobre la relación entre Filipo y Alejandro.
La anécdota de Bucéfalo, que llegó a hacer temer un accidente entre los miembros de la corte, terminó con Filipo llorando de orgullo y emoción, abrazado a su hijo con aquella famosa frase:
Quote:"Hijo mío, búscate un reino a tu medida: ¡Macedonia no es bastante para que tú quepas!"Lo mismo pasó cuando Filipo entró en combate por primera vez con su hijo, dándole la comandancia del ala izquierda (la derecha era para el rey) que acabó con Alejandro arrasando a los bárbaros y su padre que lleno de gozo.
Por otro lado hay algo que dices que no está nada claro: no sabemos lo que creía Alejandro sobre su origen, de hecho tampoco está claro lo que decía la propia Olimpia. Según Erastótenes Olimpia le comunicó su filiación divina "cuando despidió a Alejandro al partir en la operación militar". O sea, después del regicidio. En Plutarco incluso se apunta la posibilidad de que fuera una invención ajena a la familia real:
Quote:Otros, sin embargo, aseguran que ella (Olimpia) rechazaba esta leyenda por impía y que decía: "¿No va a dejar de calumniarme Alejandro ante Hera?"Lo que, en cualquier caso, deja claro que la reina era muy religiosa, una "fanática religiosa", y el hijo -que no lo era menos- jamás hubiera soportado la culpa del peor de los pecados: el parricidio.
