08-03-2008, 00:02:50
LA DESTRUCCIÓN DE TEBAS O VA UN BEOCIO Y DICE...
II.- El asedio de Tebas
Pero mientras tanto, en el Sur, en Atenas, corrió el rumor de que Alejandro había muerto; quizás una herida de las que sufrió varias en esta campaña, se magnificó; el caso es que Demóstenes (qué-pesadito-es-este-hombre) volvió a llamar a las armas y mandó dinero (sobre todo persa) y armas (combatientes, no) a Tebas para que se sublevase.
Tebas era la capital de Beocia, una región predominantemente llana que era como la llave, puerta de entrada al Ática y a Atenas; mientras Beocia resistiese Atenas estaría a salvo. Los beocios eran considerados por los griegos como los más palurdos de entre ellos, y al parecer en sus chascarrillos tomaban el papel que entre nosotros cumplen los de Lepe. No se difícil imaginarse que muchos chistes empezaban por “¿Saben aquel que diu, que va un beocio y... ?”.
La derrota de los espartanos a manos de los tebanos en 371 A.C. no había traído corrientes de agradecimiento de los atenienses, que siempre se consideraron más inteligentes, y llevaban mal deber su libertad a los catetos, y la alianza contra Filipo de ambas ciudades tuvo más de necesidad que de devoción.
Los beocios, haciendo honor a su fama de pardillos, atacaron a la guarnición macedonia (que tuvieron que admitir tras la batalla de Queronea), que se encerró en la Cadmea (ciudadela que no estaba protegida por su altura como la Acrópolis, sino por una formidable muralla) y esperó auxilio exterior.
A todo esto, Alejandro, que estaba poco muerto, solucionó sus problemas en el Danubio y [/b]bajó a la velocidad del rayo contra Grecia, recogiendo al paso tropas aliadas en la Confederación griega (foceas, tespias, plateas y otras)[/b].
Demóstenes, qué prodigio de clarividencia, siguió choteándose de sus rivales (hay pruebas de que en algunos discursos le dio por muerto y dijo que el nuevo rey era Alejandro de Lincestis; en otros llamaba “niñato” "mozalbete" o "criatura" a Alejandro, y llegó a mandarle una pelota y un látigo de juguete para que se entretuviese) pero los atenienses, escarmentados, no hicieron caso a sus cuchufletas y, más prudentemente que los beocios, no pusieron a su ejército en pie de guerra.
Alejandro llegó ante Tebas y acampó (había hecho una estimable media de unos 35 kilómetros por día) . Dado que quería mantener la unidad griega y no luchar contra ellos como enemigos, ofreció la paz a los tebanos, a cambio de que entregaran a los jefes del partido antimacedonio (en realidad, éstos habían sido expulsados de Tebas tras el tratado con Filipo en 338 A.C., y su presencia en Tebas era una fraglante violación he dicho tratado y de la Conferencia de Corinto posterior con Alejandro; éste tenía todo el derecho a pedir su entrega).
Los beocios, “astutos” ellos, ofrecieron la paz al ejército sitiador a cambio de que Alejandro entregara a varios generales macedonios. Pese a ello, y a que una incursión al campamento macedonio causó la muerte de varios soldados, Alejandro no atacó; posiblemente confiaba en que los tebanos entraran en razón sólos.
Todos los historiadores están de acuerdo en que dentro de Tebas había un partido “pacifista” (el oligarca; el democrático, que lógicamente no quiere decir lo mismo que ahora, era antimacedonio), y Alejandro pensó que dando tiempo al tiempo, cuando los tebanos se diesen cuenta de su situación, terminarían imponiéndose los contrarios a la guerra.
De hecho, Atenas había cerrado sus puertas sin mandar auxilio a Tebas, y Demóstenes pareció afecto de una extraña afonía: no protestó.
Lo que sigue es un poco confuso. Pérdicas, jefe militar macedonio de la edad de Alejandro (poco más de 20 años, recordemos) lanzó un ataque contra la empalizada exterior tebana y la forzó, abriéndose paso hacia la interior.
Arriano lo relata como una imprudencia de Pérdicas, pero la fuente de Arriano es Tolomeo, y cuando Tolomeo escribió su diario se ensalzó a sí mismo y denigró a otros diadocos. Pérdicas tenía un mando superior a otros amigos de Alejandro lo que hace pensar en unas mayores dotes militares.
Posiblemente vio una debilidad entre las defensas tebanas, lo que explica que pudiese forzar la primera muralla. Quizás una señal de la Cadmea le advirtió de la debilidad... no se sabrá nuca
El caso es que los refuerzos tebanos llegaron donde la batalla y pusieron en tan grave aprieto a los macedonios, hiriendo a Pérdicas, que la cosa pintó muy mal para éstos.
Pero, evidentemente, Alejandro no se estuvo quieto. Parece seguro que el ataque de Pérdicas no fue orden suya, pues de haberlo sido hubiera estado todo organizado. Pero no lo estaba. Puso en orden el ejército, hizo evacuar a Pérdicas, y –he aquí la genialidad- no trató de aprovechar la cabeza de puente. Dejó que los macedonios de Pérdicas se retirasen confusamente fiándose en que los tebanos saldrían a perseguirlos, cosa que hicieron, para encontrarse con las masas de hipaspistas macedonios, que los arrollaron.
La táctica de fingir una retirada (sólo que aquí no la fingió; tuvo la sangre fría de esperar la inevitable derrota de Pérdicas y sus hombres) ya había sido útil en Queronea (donde los atenienses picaron como merluzos ante Filipo) y el propio Alejandro en Iliria contra los escitas y los peliastas y otras tribus.
El combate posterior, con los tebanos de la ciudad indecisos entre abrir las puertas a los compatriotas fugitivos (lo que suponía abrirlos a los perseguidores) o cerrarlas dejando que fueran masacrados, y empeorado con un ataque de la guarnición de la Cadmea, que pilló a los tebanos entre dos fuegos, acabó con una batalla casa por casa y una masacre en la que Tebas fue conquistada y sus habitantes, muertos o capturados.
II.- El asedio de Tebas
Pero mientras tanto, en el Sur, en Atenas, corrió el rumor de que Alejandro había muerto; quizás una herida de las que sufrió varias en esta campaña, se magnificó; el caso es que Demóstenes (qué-pesadito-es-este-hombre) volvió a llamar a las armas y mandó dinero (sobre todo persa) y armas (combatientes, no) a Tebas para que se sublevase.
Tebas era la capital de Beocia, una región predominantemente llana que era como la llave, puerta de entrada al Ática y a Atenas; mientras Beocia resistiese Atenas estaría a salvo. Los beocios eran considerados por los griegos como los más palurdos de entre ellos, y al parecer en sus chascarrillos tomaban el papel que entre nosotros cumplen los de Lepe. No se difícil imaginarse que muchos chistes empezaban por “¿Saben aquel que diu, que va un beocio y... ?”.
La derrota de los espartanos a manos de los tebanos en 371 A.C. no había traído corrientes de agradecimiento de los atenienses, que siempre se consideraron más inteligentes, y llevaban mal deber su libertad a los catetos, y la alianza contra Filipo de ambas ciudades tuvo más de necesidad que de devoción.
Los beocios, haciendo honor a su fama de pardillos, atacaron a la guarnición macedonia (que tuvieron que admitir tras la batalla de Queronea), que se encerró en la Cadmea (ciudadela que no estaba protegida por su altura como la Acrópolis, sino por una formidable muralla) y esperó auxilio exterior.
A todo esto, Alejandro, que estaba poco muerto, solucionó sus problemas en el Danubio y [/b]bajó a la velocidad del rayo contra Grecia, recogiendo al paso tropas aliadas en la Confederación griega (foceas, tespias, plateas y otras)[/b].
Demóstenes, qué prodigio de clarividencia, siguió choteándose de sus rivales (hay pruebas de que en algunos discursos le dio por muerto y dijo que el nuevo rey era Alejandro de Lincestis; en otros llamaba “niñato” "mozalbete" o "criatura" a Alejandro, y llegó a mandarle una pelota y un látigo de juguete para que se entretuviese) pero los atenienses, escarmentados, no hicieron caso a sus cuchufletas y, más prudentemente que los beocios, no pusieron a su ejército en pie de guerra.
Alejandro llegó ante Tebas y acampó (había hecho una estimable media de unos 35 kilómetros por día) . Dado que quería mantener la unidad griega y no luchar contra ellos como enemigos, ofreció la paz a los tebanos, a cambio de que entregaran a los jefes del partido antimacedonio (en realidad, éstos habían sido expulsados de Tebas tras el tratado con Filipo en 338 A.C., y su presencia en Tebas era una fraglante violación he dicho tratado y de la Conferencia de Corinto posterior con Alejandro; éste tenía todo el derecho a pedir su entrega).
Los beocios, “astutos” ellos, ofrecieron la paz al ejército sitiador a cambio de que Alejandro entregara a varios generales macedonios. Pese a ello, y a que una incursión al campamento macedonio causó la muerte de varios soldados, Alejandro no atacó; posiblemente confiaba en que los tebanos entraran en razón sólos.
Todos los historiadores están de acuerdo en que dentro de Tebas había un partido “pacifista” (el oligarca; el democrático, que lógicamente no quiere decir lo mismo que ahora, era antimacedonio), y Alejandro pensó que dando tiempo al tiempo, cuando los tebanos se diesen cuenta de su situación, terminarían imponiéndose los contrarios a la guerra.
De hecho, Atenas había cerrado sus puertas sin mandar auxilio a Tebas, y Demóstenes pareció afecto de una extraña afonía: no protestó.
Lo que sigue es un poco confuso. Pérdicas, jefe militar macedonio de la edad de Alejandro (poco más de 20 años, recordemos) lanzó un ataque contra la empalizada exterior tebana y la forzó, abriéndose paso hacia la interior.
Arriano lo relata como una imprudencia de Pérdicas, pero la fuente de Arriano es Tolomeo, y cuando Tolomeo escribió su diario se ensalzó a sí mismo y denigró a otros diadocos. Pérdicas tenía un mando superior a otros amigos de Alejandro lo que hace pensar en unas mayores dotes militares.
Posiblemente vio una debilidad entre las defensas tebanas, lo que explica que pudiese forzar la primera muralla. Quizás una señal de la Cadmea le advirtió de la debilidad... no se sabrá nuca
El caso es que los refuerzos tebanos llegaron donde la batalla y pusieron en tan grave aprieto a los macedonios, hiriendo a Pérdicas, que la cosa pintó muy mal para éstos.
Pero, evidentemente, Alejandro no se estuvo quieto. Parece seguro que el ataque de Pérdicas no fue orden suya, pues de haberlo sido hubiera estado todo organizado. Pero no lo estaba. Puso en orden el ejército, hizo evacuar a Pérdicas, y –he aquí la genialidad- no trató de aprovechar la cabeza de puente. Dejó que los macedonios de Pérdicas se retirasen confusamente fiándose en que los tebanos saldrían a perseguirlos, cosa que hicieron, para encontrarse con las masas de hipaspistas macedonios, que los arrollaron.
La táctica de fingir una retirada (sólo que aquí no la fingió; tuvo la sangre fría de esperar la inevitable derrota de Pérdicas y sus hombres) ya había sido útil en Queronea (donde los atenienses picaron como merluzos ante Filipo) y el propio Alejandro en Iliria contra los escitas y los peliastas y otras tribus.
El combate posterior, con los tebanos de la ciudad indecisos entre abrir las puertas a los compatriotas fugitivos (lo que suponía abrirlos a los perseguidores) o cerrarlas dejando que fueran masacrados, y empeorado con un ataque de la guarnición de la Cadmea, que pilló a los tebanos entre dos fuegos, acabó con una batalla casa por casa y una masacre en la que Tebas fue conquistada y sus habitantes, muertos o capturados.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
