Yo también prefiero no ver ciertos insultos en este foro, aunque pueda entender el calentón del momento.
Por otro lado, me sorprende la alusión de un peón que últimamente se deja caer por aquí en el sentido de que duda de nuestra empatía con las víctimas de ETA. Es que no lo entiendo muy bien. Me produce la misma sensación de desconcierto que si, en un foro donde se discuten aproximaciones a la demostración del último teorema de Fermat, alguien que no está de acuerdo con un enfoque cónico-proyectivo-vectorial acusa a los demás de no sentir empatía hacia el sufrimiento de las madres de Plaza de Mayo. ¿Cuál es la relación?
Aquí se habla de (y se refutan) las teorías de la conspiración sobre el 11-M. No se habla (salvo algún comentario tangencial) de política antiterrorista o aledaños.
Aprovecho para añadir que la descripción de los adversarios como desprovistos de los más elementales valores o sentimientos humanos es uno de los rasgos más característicos del sectarismo.
También aportaré una nota personal, y disculpen la autorreferencia (que no pretende ser egocéntrica, sino meramente ilustrativa). No necesito explicarme ante este sujeto, pero no me importa darle algunos datos para que conozca mejor a algunos de los que pululamos por aquí y somos sumariamente juzgados (y condenados) en la Corte de la Moral Empática Hortodoxa. Yo considero que sí siento empatía hacia las víctimas de ETA. Pero, fíjese, no sólo hacia las víctimas de ETA. Entre los años 2001 y 2005, casi exclusivamente (e insisto en el exclusivamente), no leí otra cosa que libros sobre genocidios y masacres históricas, desde Gengis Kan hasta Ruanda; mi biblioteca se convirtió en un museo de los horrores; dediqué mi tesina en la facultad de Ciencias Políticas a exponer las arteras maniobras cognitivas que se realizan para ignorar el sufrimiento ajeno cuando se cometen atrocidades; me suscribí a varias revistas académicas sobre el estudio de genocidios... Y mi empatía fue, al menos, suficiente como para que mi esposa mostrara su preocupación por mi estabilidad emocional y me animara a leer otras cosas.
Todo eso no tiene la menor importancia y no me hace ni mejor ni peor que nadie. Pero son datos que usted desconoce cuando (pre)juzga tan a la ligera lo que pasa por la cabeza de los demás.
Sr. Eduardo, si quiere hablar del 11-M, del queso parmesano o de la inconmensurabilidad de los marcos cognitivos... ¡Hágalo! Pero no nos sermonee ni nos arroje admoniciones sobre las llamas acerbas que consumirán nuestros pobres espíritus inmisericordes y privados de empatía beatífica. Ni usted es un pastor de almas, ni estamos en una iglesia, ni nos conoce para hacer semejante juicio, que, por otro lado, tampoco le corresponde hacer.
Un saludo.
Por otro lado, me sorprende la alusión de un peón que últimamente se deja caer por aquí en el sentido de que duda de nuestra empatía con las víctimas de ETA. Es que no lo entiendo muy bien. Me produce la misma sensación de desconcierto que si, en un foro donde se discuten aproximaciones a la demostración del último teorema de Fermat, alguien que no está de acuerdo con un enfoque cónico-proyectivo-vectorial acusa a los demás de no sentir empatía hacia el sufrimiento de las madres de Plaza de Mayo. ¿Cuál es la relación?
Aquí se habla de (y se refutan) las teorías de la conspiración sobre el 11-M. No se habla (salvo algún comentario tangencial) de política antiterrorista o aledaños.
Aprovecho para añadir que la descripción de los adversarios como desprovistos de los más elementales valores o sentimientos humanos es uno de los rasgos más característicos del sectarismo.
También aportaré una nota personal, y disculpen la autorreferencia (que no pretende ser egocéntrica, sino meramente ilustrativa). No necesito explicarme ante este sujeto, pero no me importa darle algunos datos para que conozca mejor a algunos de los que pululamos por aquí y somos sumariamente juzgados (y condenados) en la Corte de la Moral Empática Hortodoxa. Yo considero que sí siento empatía hacia las víctimas de ETA. Pero, fíjese, no sólo hacia las víctimas de ETA. Entre los años 2001 y 2005, casi exclusivamente (e insisto en el exclusivamente), no leí otra cosa que libros sobre genocidios y masacres históricas, desde Gengis Kan hasta Ruanda; mi biblioteca se convirtió en un museo de los horrores; dediqué mi tesina en la facultad de Ciencias Políticas a exponer las arteras maniobras cognitivas que se realizan para ignorar el sufrimiento ajeno cuando se cometen atrocidades; me suscribí a varias revistas académicas sobre el estudio de genocidios... Y mi empatía fue, al menos, suficiente como para que mi esposa mostrara su preocupación por mi estabilidad emocional y me animara a leer otras cosas.
Todo eso no tiene la menor importancia y no me hace ni mejor ni peor que nadie. Pero son datos que usted desconoce cuando (pre)juzga tan a la ligera lo que pasa por la cabeza de los demás.
Sr. Eduardo, si quiere hablar del 11-M, del queso parmesano o de la inconmensurabilidad de los marcos cognitivos... ¡Hágalo! Pero no nos sermonee ni nos arroje admoniciones sobre las llamas acerbas que consumirán nuestros pobres espíritus inmisericordes y privados de empatía beatífica. Ni usted es un pastor de almas, ni estamos en una iglesia, ni nos conoce para hacer semejante juicio, que, por otro lado, tampoco le corresponde hacer.
Un saludo.
