18-04-2008, 18:11:12
En realidad ha sido un intento de cambiar de tema. Cuando un niño está a punto de cogerse una rabieta es un buen truco, pero Isócrates no es un niño y además es más obstinado que mi hija (aunque no sé si tanto como yo)
.
Vale, que ha sido un golpe bajo.
Isócrates, te tengo en gran concepto y aunque al principio resultó entretenido ver por dónde ibas, me ha acabado preocupando y mucho, que pienses eso de mí.
Creo que los padres que acceden a que sus hijos sean sometidos a esas "terapias" son padres muy preocupados por la salud de sus hijos, padres muy estresados, que soportan una gran presión social y reciben poca ayuda. Que carecen de recursos que a mí me parecen tan básicos como tener Internet y que si los tienen quizás no tengan tiempo de buscar o no tengan la capacidad de saber dónde. Y creo que no es culpa suya, que un día, sometidos a la presión que les dice que su hijo tiene que dormir así o asá, son reclutados por un periodista de un reality, o aconsejados por una forera de buena fe a la que el asunto le funcionó sin demasiado ruido, o aconsejados por un buen pediatra saturado de trabajo y con un sueldo de mierda que no tiene tiempo ni de ocuparse bien de sus pacientes ni de actualizarse, quizás tampoco él tenga recursos, no es cosa de tener estudios. Y ese día caen en manos de un iluminado que usa técnicas obsoletas que no se basan en nada, que carecen del mínimo rigor científico y que le sirven, ni más ni menos que para satisfacer su ego y su bolsillo. Y ese día, han llegado al punto en que piensan que un libro sabe más sobre sus hijos que ellos mismos y aprenden primero a dejar de escucharse a sí mismos para poder dejar de escuchar a sus hijos. Eso creo. Y lo siento por ellos, porque no disfrutan de la paternidad, porque se están perdiendo lo sorprendentes que son los niños, lo a menudo que te ponen enfrente del espejo, lo enriquecedor que es acompañarlos en su desarrollo, se están perdiendo un montón de privilegios. ¿Les asusto? Mi intención es prevenirles: hay cosas irreversibles, pero casi nada es irreparable. Sólo hay que saber qué sucedió.
Una de las cosas que primero me pregunté es ¿cómo funciona eso? No si funciona, sino cómo. Y fue mucho antes de comprarme el libro de "mi doctora" a la que no conozco. Nadie somete a su hijo a una terapia firmando un consentimiento informado que diga que la terapia se basa en la liberación de hormonas y neurotransmisores asociados al estrés en el cerebro de sus hijos y en el suyo propio hasta que el cuerpo aguante. Porque es así como funciona. Los padres de los niños que compran esos libros no quieren que dejen de llorar, quieren que duerman, porque si no, se les van a poner malos. Eso les dicen. Duérmete, niño. Así se llama. Leetelo.
Otro beso.
.Vale, que ha sido un golpe bajo.
Isócrates, te tengo en gran concepto y aunque al principio resultó entretenido ver por dónde ibas, me ha acabado preocupando y mucho, que pienses eso de mí.
Creo que los padres que acceden a que sus hijos sean sometidos a esas "terapias" son padres muy preocupados por la salud de sus hijos, padres muy estresados, que soportan una gran presión social y reciben poca ayuda. Que carecen de recursos que a mí me parecen tan básicos como tener Internet y que si los tienen quizás no tengan tiempo de buscar o no tengan la capacidad de saber dónde. Y creo que no es culpa suya, que un día, sometidos a la presión que les dice que su hijo tiene que dormir así o asá, son reclutados por un periodista de un reality, o aconsejados por una forera de buena fe a la que el asunto le funcionó sin demasiado ruido, o aconsejados por un buen pediatra saturado de trabajo y con un sueldo de mierda que no tiene tiempo ni de ocuparse bien de sus pacientes ni de actualizarse, quizás tampoco él tenga recursos, no es cosa de tener estudios. Y ese día caen en manos de un iluminado que usa técnicas obsoletas que no se basan en nada, que carecen del mínimo rigor científico y que le sirven, ni más ni menos que para satisfacer su ego y su bolsillo. Y ese día, han llegado al punto en que piensan que un libro sabe más sobre sus hijos que ellos mismos y aprenden primero a dejar de escucharse a sí mismos para poder dejar de escuchar a sus hijos. Eso creo. Y lo siento por ellos, porque no disfrutan de la paternidad, porque se están perdiendo lo sorprendentes que son los niños, lo a menudo que te ponen enfrente del espejo, lo enriquecedor que es acompañarlos en su desarrollo, se están perdiendo un montón de privilegios. ¿Les asusto? Mi intención es prevenirles: hay cosas irreversibles, pero casi nada es irreparable. Sólo hay que saber qué sucedió.
Una de las cosas que primero me pregunté es ¿cómo funciona eso? No si funciona, sino cómo. Y fue mucho antes de comprarme el libro de "mi doctora" a la que no conozco. Nadie somete a su hijo a una terapia firmando un consentimiento informado que diga que la terapia se basa en la liberación de hormonas y neurotransmisores asociados al estrés en el cerebro de sus hijos y en el suyo propio hasta que el cuerpo aguante. Porque es así como funciona. Los padres de los niños que compran esos libros no quieren que dejen de llorar, quieren que duerman, porque si no, se les van a poner malos. Eso les dicen. Duérmete, niño. Así se llama. Leetelo.
Otro beso.
