19-11-2006, 18:13:03
Genial, Lobo: Pongo traducción libre de los ocho primeros puntos del decálogo,. No dispongo de más tiempo hoy, pero si mañana nadie lo ha hecho, traduciré los restantes.
¿Seguro que el que escribió esto no conocía a nuestros Peones? Los ha clavado
1. Arrogancia: Los conspiracionistas son siempre buscadores de pruebas, investigadores, gente que intenta descubrir la verdad: los escépticos son siempre "borregos", títeres de Bush y Blair, etc.
2.-Implacabilidad: Insisten una y otra vez en la existencia de una conspiración, no importa cuán pocas pruebas haya, o cuánto de lo que tengan esté desacreditado (Además, por el punto 1.), aunque les escuches noventa y ocho veces, la nonagésimonovena, cuando digas, "no, gracias", te volverán a llamar "borrego". Por otro lado, no son capaces de resumir nada. Insisten e insisten con estremada farragosidad.
3. Poca aptitud para responder preguntas. Para gente que anuncian insistentemente su adhesión al principio de preguntarlo todo, son tremendamente pobres en sus respuestas a preguntas directas de los escépticos sobre las denuncias que hacen.
4. Adhesión a ciertas frases hechas. Por ejemplo la de Cicerón "¿A quién beneficia?" (a lo cual puede objetarse que Cicerón entendía la importancia de tener pruebas que respaldaran) y la de Conan Doyle "Una vez hemos eliminado lo imposible, lo que queda, aunque improbable, debe ser la verdad". ¡Hey, esa es mi firma! Lo que tienen en común esas frases es que les evita cualquier necesidad de buscar o producir pruebas positivas y firmes: simplemente "eliminas lo imposible" (por ejemplo decir que la versión oficial no resiste un examen atento), lo que significa que por lo tanto, la descabellada alegación de tu elección, basada en "¿A quién beneficia?" (que es siempre "al Gobierno"), es verdad
5.- Falta de habilidad para usar o entender la Navaja de Occam. Apoyándose en el principio 4.), los teóricos conspiracionistas nunca se dan cuenta de que las pequeñas contradicciones en las versiones que deshechan son mínimas al lado de los enormes, abismales agujeros en lógica, probabilidad y pruebas de la versión alternativa.
6.-Incapacidad de diferenciar las pruebas buenas de las malas. Los teóricos de la conspiración no tienen tiempo para revisiones, conocimientos científicos, o respetabilidad de las fuentes. El hecho de que una denuncia haya sido hecha por alguien en alguna parte es suficiente para que ellos la reproduzcan y exijan que las preguntas a las que conduce deben ser respondidas, como si en la investigación intelectual fuera cosa de responder a cada rumor. Mientras hacen eso, por supuesto, piden que se tengan "mentes abiertas" e insultan a los escépticos por no hacerlo.
7.- No son capaces de retractarse. Raro es el día en que un teórico de la conspiración admite que una denuncia que ha hecho ha resultado ser sin fundamento, si es una denuncia importante o cualquiera de las pruebas que la apoyan. Además, son aficionados (véase 3.) a la técnica de evitar las discusiones sobre sus denuncias "empantanando" -amontonando más afirmaciones en lugar de responder a las objeciones escépticas hechas a la anterior.
8.- Saltos en las conclusiones Los teóricos de las conspiraciones son muy entusiastas declarando a la versión "oficial" totalmente desacreditada sin tener ni remotamente razones para hacerlo. Por supuesto esto les permite apoyarse en la frase entrecomillada de Conan Doyle de 4.) Pequeñas contradicciones en el relato de un suceso, preguntas sin importancia no respondidas, problemillas en diferencias de gestión frente a sucesos parecidos previos tratados de otra forma son más que suficientes para declarar la versión "oficial" desacreditada total y definitivamente. No hay que decir que no es necesario probar que esas contradicciones son relevantes, o que siquiera existen.
¿Seguro que el que escribió esto no conocía a nuestros Peones? Los ha clavado
1. Arrogancia: Los conspiracionistas son siempre buscadores de pruebas, investigadores, gente que intenta descubrir la verdad: los escépticos son siempre "borregos", títeres de Bush y Blair, etc.
2.-Implacabilidad: Insisten una y otra vez en la existencia de una conspiración, no importa cuán pocas pruebas haya, o cuánto de lo que tengan esté desacreditado (Además, por el punto 1.), aunque les escuches noventa y ocho veces, la nonagésimonovena, cuando digas, "no, gracias", te volverán a llamar "borrego". Por otro lado, no son capaces de resumir nada. Insisten e insisten con estremada farragosidad.
3. Poca aptitud para responder preguntas. Para gente que anuncian insistentemente su adhesión al principio de preguntarlo todo, son tremendamente pobres en sus respuestas a preguntas directas de los escépticos sobre las denuncias que hacen.
4. Adhesión a ciertas frases hechas. Por ejemplo la de Cicerón "¿A quién beneficia?" (a lo cual puede objetarse que Cicerón entendía la importancia de tener pruebas que respaldaran) y la de Conan Doyle "Una vez hemos eliminado lo imposible, lo que queda, aunque improbable, debe ser la verdad". ¡Hey, esa es mi firma! Lo que tienen en común esas frases es que les evita cualquier necesidad de buscar o producir pruebas positivas y firmes: simplemente "eliminas lo imposible" (por ejemplo decir que la versión oficial no resiste un examen atento), lo que significa que por lo tanto, la descabellada alegación de tu elección, basada en "¿A quién beneficia?" (que es siempre "al Gobierno"), es verdad
5.- Falta de habilidad para usar o entender la Navaja de Occam. Apoyándose en el principio 4.), los teóricos conspiracionistas nunca se dan cuenta de que las pequeñas contradicciones en las versiones que deshechan son mínimas al lado de los enormes, abismales agujeros en lógica, probabilidad y pruebas de la versión alternativa.
6.-Incapacidad de diferenciar las pruebas buenas de las malas. Los teóricos de la conspiración no tienen tiempo para revisiones, conocimientos científicos, o respetabilidad de las fuentes. El hecho de que una denuncia haya sido hecha por alguien en alguna parte es suficiente para que ellos la reproduzcan y exijan que las preguntas a las que conduce deben ser respondidas, como si en la investigación intelectual fuera cosa de responder a cada rumor. Mientras hacen eso, por supuesto, piden que se tengan "mentes abiertas" e insultan a los escépticos por no hacerlo.
7.- No son capaces de retractarse. Raro es el día en que un teórico de la conspiración admite que una denuncia que ha hecho ha resultado ser sin fundamento, si es una denuncia importante o cualquiera de las pruebas que la apoyan. Además, son aficionados (véase 3.) a la técnica de evitar las discusiones sobre sus denuncias "empantanando" -amontonando más afirmaciones en lugar de responder a las objeciones escépticas hechas a la anterior.
8.- Saltos en las conclusiones Los teóricos de las conspiraciones son muy entusiastas declarando a la versión "oficial" totalmente desacreditada sin tener ni remotamente razones para hacerlo. Por supuesto esto les permite apoyarse en la frase entrecomillada de Conan Doyle de 4.) Pequeñas contradicciones en el relato de un suceso, preguntas sin importancia no respondidas, problemillas en diferencias de gestión frente a sucesos parecidos previos tratados de otra forma son más que suficientes para declarar la versión "oficial" desacreditada total y definitivamente. No hay que decir que no es necesario probar que esas contradicciones son relevantes, o que siquiera existen.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
