12-05-2008, 17:23:36
En mi opinión, la realidad de lo ocurrido con los exiliados israelíes es más prosaica.
Pese a lo que se nos ha dicho, los asirios (al menos los del Nuevo Imperio) no encadenaban y exiliaban toda la población en masa a otra región del imperio. De haberlo hecho así, también lo hubieran hecho con los egipcios, por ejemplo, o con los sirios, o con otros países conquistados, y cuya población autóctona hubiera desaparecido. Y ello no es así: en los restos arqueológicos no se encuentra una ruptura tan drástica como hubiese ocurrido si toda la población hubiera sido exiliada de golpe y sustituida por población extranjera del otro lado de Asia.
Sí lo hacían, si encadenaban y se llevaban, a las élites intelectuales, los nobles,a artesanos, algunos campesinos, muchas mujeres y niños, dejando el país conquistado bastante incapacitado para ofrecer resistencia, pues además allí asentaban extranjeros que habían obligado a emigrar de otros países, contribuyendo aún más a la imposibilidad de que su nueva conquista se rebelase (por desunión de grupos étnicos).
Tras la caída de Samaria los derrotados se dividieron básicamente en tres grupos:
-Los que fueron capturados y llevados al Imperio Asirio. Son los que poéticamente se llamó las Diez Tribus de Israel, y hay que tener en cuenta que, pese al romántico recuerdo de los autores de la Biblia, el Reino de Israel no era ni mucho menos la monarquía integrista yahvista que el Reino de Judá llegó a ser. En ambos reinos, Israel y Judá, se alternaron periodos y reinados de fanáticos integristas(en la Biblia, son los reyes justos y piadosos) con otros más tolerantes (que en la Biblia han pasado a ser “reyes impíos”) Los últimos años de Israel, país más culto, rico, y tolerante que la montañosa y atrasada Judá, son de tolerancia hacia los ritos y cultos de otras religiones. Sin duda los exiliados que se llevaron a Asiria, menos aglutinados por la idea de la religión que los judíos del exilio babilonio, que no tuvieron su suerte de encontrarse un Ciro que a los 50 años levantó el exilio, y menos numerosos de lo que la tradición ha querido hacer creer, acabaron mezclándose con los países anfitriones.
-Otro grupo, mas inculto, campesinos, artesanos y comerciantes de baja estofa, y en general gente poco peligrosa para el invasor asirio, y sin ideales de reconquista del país ni nada de eso, permanecieron en Israel bajo el yugo asirio, como la inmensa mayoría de pueblo llano han permanecido en los países invadidos, con poco interés hacia quién es el amo a quien pagar impuestos, como hicieron los hispanos cuando iban siendo invadidos por romanos, godos, árabes, cristianos, etc. Más modernamente, recordemos la calma con la que la mayoría del pueblo francés aceptó la ocupación de los alemanes. Hitos como la Guerra de la Independencia Española no son tan frecuentes como parecen, y en nuestro caso habrá que reconocer que, por mucha guerrilla, Empecinado y Juntas de Cádiz que tengamos, si Napoleón no hubiera estado en guerra con toda Europa, con la flota inglesa dominando los mares y la Grande Armée destruida en Rusia, nunca hubiéramos arrojado a los franceses de aquí.
-Por último, otro grupo, más concienciado de nacionalismo o más temerosos del invasor, consiguió escapar a la conquista asiria, refugiándose en el vecino Judá. Este grupo dio alas a la cultura, las ideas políticas, el nacionalismo, etc, judío, y gracias a la afortunada coincidencia de la destrucción casi de la noche a la mañana del poder asirio, disfrutó de más de cien años de respiro hasta la emergencia del nuevo invasor babilonio.
Éste último grupo, muchos de los cuales eran yahvistas convencidos, sin duda fue determinante en el despegue de los integristas religiosos en Judá, su florecimiento y su completa victoria sobre el partido que podríamos llamar “tolerante” o internacionalista” de Judá. Gracias a ello, durante el reinado de Josías, unos 80 años tras la caída de Israel, los sacerdotes, con el rey y sus cortesanos, urden lo que podríamos llamar el entramado de la Biblia como la conocemos nosotros, y Josías es presentado como el Mesías que derrotaría a los enemigos, reconquistando el “Gran Israel”. Hasta tal punto es así que, cuando Josías es muerto en batalla con los egipcios de Uahemibra Nekau, o Necao II, en Meggido (posiblemente Josías había creído hasta tal punto su mesianismo que presentó batalla al faraón con un ejército inferior, confiado en una victoria por intervención divina) representa una catástrofe nacional y desde entonces Meggido es el Valle de la destrucción final (Armaggedon).
Bueno, que me enrollo. El caso es que los sacerdotes judíos, por prurito nacionalista, minimizaron la cuantía e influencia de los israelitas que se habían exiliado a su país, restándoles importancia en el empuje que experimentó Judá (fácilmente Judá duplicó su población en las décadas siguientes al desastre israelita, como se puede comprobar por la arqueología, y se trataba de gente nacionalista, culta e idealista, en comparación con el campesino judío medio) y también, por razones comprensibles, negaron la existencia de los que se habían plegado a los invasores asirios, aceptando los dioses y las costumbres del invasor.
Así, en la idea del mesiánico Josías y los suyos germinó la idea de reconquistar el reino del Norte, donde volverían a habitar las Diez Tribus Perdidas que, ochenta años antes habían sido despojadas de su tierra.
Sólo que, seguramente, esas Diez Tribus Perdidas no existieron jamás. Tan sólo un puñado de exiliados, que, numéricamente una gota de agua en la inmensidad asiria, acabaron fusionándose con los pueblos de alrededor.
Joé, a veces lamento ser tan aguafiestas, pero es que la realidad pocas veces es como nos la han pintado
Pese a lo que se nos ha dicho, los asirios (al menos los del Nuevo Imperio) no encadenaban y exiliaban toda la población en masa a otra región del imperio. De haberlo hecho así, también lo hubieran hecho con los egipcios, por ejemplo, o con los sirios, o con otros países conquistados, y cuya población autóctona hubiera desaparecido. Y ello no es así: en los restos arqueológicos no se encuentra una ruptura tan drástica como hubiese ocurrido si toda la población hubiera sido exiliada de golpe y sustituida por población extranjera del otro lado de Asia.
Sí lo hacían, si encadenaban y se llevaban, a las élites intelectuales, los nobles,a artesanos, algunos campesinos, muchas mujeres y niños, dejando el país conquistado bastante incapacitado para ofrecer resistencia, pues además allí asentaban extranjeros que habían obligado a emigrar de otros países, contribuyendo aún más a la imposibilidad de que su nueva conquista se rebelase (por desunión de grupos étnicos).
Tras la caída de Samaria los derrotados se dividieron básicamente en tres grupos:
-Los que fueron capturados y llevados al Imperio Asirio. Son los que poéticamente se llamó las Diez Tribus de Israel, y hay que tener en cuenta que, pese al romántico recuerdo de los autores de la Biblia, el Reino de Israel no era ni mucho menos la monarquía integrista yahvista que el Reino de Judá llegó a ser. En ambos reinos, Israel y Judá, se alternaron periodos y reinados de fanáticos integristas(en la Biblia, son los reyes justos y piadosos) con otros más tolerantes (que en la Biblia han pasado a ser “reyes impíos”) Los últimos años de Israel, país más culto, rico, y tolerante que la montañosa y atrasada Judá, son de tolerancia hacia los ritos y cultos de otras religiones. Sin duda los exiliados que se llevaron a Asiria, menos aglutinados por la idea de la religión que los judíos del exilio babilonio, que no tuvieron su suerte de encontrarse un Ciro que a los 50 años levantó el exilio, y menos numerosos de lo que la tradición ha querido hacer creer, acabaron mezclándose con los países anfitriones.
-Otro grupo, mas inculto, campesinos, artesanos y comerciantes de baja estofa, y en general gente poco peligrosa para el invasor asirio, y sin ideales de reconquista del país ni nada de eso, permanecieron en Israel bajo el yugo asirio, como la inmensa mayoría de pueblo llano han permanecido en los países invadidos, con poco interés hacia quién es el amo a quien pagar impuestos, como hicieron los hispanos cuando iban siendo invadidos por romanos, godos, árabes, cristianos, etc. Más modernamente, recordemos la calma con la que la mayoría del pueblo francés aceptó la ocupación de los alemanes. Hitos como la Guerra de la Independencia Española no son tan frecuentes como parecen, y en nuestro caso habrá que reconocer que, por mucha guerrilla, Empecinado y Juntas de Cádiz que tengamos, si Napoleón no hubiera estado en guerra con toda Europa, con la flota inglesa dominando los mares y la Grande Armée destruida en Rusia, nunca hubiéramos arrojado a los franceses de aquí.
-Por último, otro grupo, más concienciado de nacionalismo o más temerosos del invasor, consiguió escapar a la conquista asiria, refugiándose en el vecino Judá. Este grupo dio alas a la cultura, las ideas políticas, el nacionalismo, etc, judío, y gracias a la afortunada coincidencia de la destrucción casi de la noche a la mañana del poder asirio, disfrutó de más de cien años de respiro hasta la emergencia del nuevo invasor babilonio.
Éste último grupo, muchos de los cuales eran yahvistas convencidos, sin duda fue determinante en el despegue de los integristas religiosos en Judá, su florecimiento y su completa victoria sobre el partido que podríamos llamar “tolerante” o internacionalista” de Judá. Gracias a ello, durante el reinado de Josías, unos 80 años tras la caída de Israel, los sacerdotes, con el rey y sus cortesanos, urden lo que podríamos llamar el entramado de la Biblia como la conocemos nosotros, y Josías es presentado como el Mesías que derrotaría a los enemigos, reconquistando el “Gran Israel”. Hasta tal punto es así que, cuando Josías es muerto en batalla con los egipcios de Uahemibra Nekau, o Necao II, en Meggido (posiblemente Josías había creído hasta tal punto su mesianismo que presentó batalla al faraón con un ejército inferior, confiado en una victoria por intervención divina) representa una catástrofe nacional y desde entonces Meggido es el Valle de la destrucción final (Armaggedon).
Bueno, que me enrollo. El caso es que los sacerdotes judíos, por prurito nacionalista, minimizaron la cuantía e influencia de los israelitas que se habían exiliado a su país, restándoles importancia en el empuje que experimentó Judá (fácilmente Judá duplicó su población en las décadas siguientes al desastre israelita, como se puede comprobar por la arqueología, y se trataba de gente nacionalista, culta e idealista, en comparación con el campesino judío medio) y también, por razones comprensibles, negaron la existencia de los que se habían plegado a los invasores asirios, aceptando los dioses y las costumbres del invasor.
Así, en la idea del mesiánico Josías y los suyos germinó la idea de reconquistar el reino del Norte, donde volverían a habitar las Diez Tribus Perdidas que, ochenta años antes habían sido despojadas de su tierra.
Sólo que, seguramente, esas Diez Tribus Perdidas no existieron jamás. Tan sólo un puñado de exiliados, que, numéricamente una gota de agua en la inmensidad asiria, acabaron fusionándose con los pueblos de alrededor.
Joé, a veces lamento ser tan aguafiestas, pero es que la realidad pocas veces es como nos la han pintado
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
