01-06-2008, 21:46:55
(This post was last modified: 01-06-2008, 21:47:38 by morenohijazo.)
GASCÓN: EL HOMBRE QUE VIO UNA OPORTUNIDAD (I)
No es que crea que la entrevista de City FM a Mario Gascón vaya a convencer a nadie, y menos en nuestro Foro, pero vamos a poner algunas notas sobre la presencia de este sujeto en el atentado; veremos qué se sabe, qué se imagina y qué se inventa.
Pasaremos como de puntillas por la primera parte de la entrevista (de tres horas; veremos si han sido bien aprovechadas), donde se relata los orígenes de Mario Gascón. No tiene relación con el 11-M, y no sería fácil comprobar sus palabras.
Y no es porque esta parte de la entrevista no tenga importancia; los autores han dejado a Gascón explicar toda su vida según su versión, lo que confiere al relato un tono decididamente hagiográfico.
Así, el entrevistado se extiende en contarnos cómo ingresó en la Orden Mercedaria, dedicada vocacionalmente a la reinserción de presos. Nos da imagen de sí mismo como educador laboral, rehabilitador social, santo y mártir a tiempo completo, que llega a sacrificarse haciendo la mili cuando no está obligado.
Lo cierto es que, si ello fue verdad, queda ligeramente empañado cuando nos cuenta que fue entonces donde y cuando comenzó su relación con los Servicios de Información, al mando de un tal comandante Nogal. Digo que su abnegación por servir a la patria se desluce un tanto cuando nos cuenta que su trabajo consistía en infiltrarse y convertirse en chivato, denunciando pequeños hurtos, novatadas, y es de suponer que manteniendo informados a los mandos de cuanto se murmuraba o comentaba sobre el Ejército en el cuartel. Nos queda la duda, pues, de si su presencia en el servicio militar obligatorio, a pesar de que dice no haber estado obligado, se debe a amor a la patria, o a que la vida de fraile ya no tenía para él tantos atractivos.
Otra cosa hizo: infiltrarse y denunciar en grupos de insumisos, si bien es legal lo que hizo Gascón, ya que la objeción de conciencia no estaba reconocida por entonces, no corresponde a la cara de fraile humanitario y sacrificado que nos quiere presentar. Piensen en un confidente denunciando a homosexuales, por ejemplo, y verán lo que quiero decir.
De hecho, en la primera entrevista que obtuvo de él Antonio Rubio para “El Mundo”, el 17 de Septiembre de 2007, el periodista demuestra que no cree para nada en su olor de santidad, cuando dice: “Durante los últimos años, Gascón ha vivido en un mundo de lujo y placer, todo lo contrario a lo que exige a sus miembros la orden de los mercedarios. Los mercedarios tienen cuatro votos: pobreza, castidad, obediencia y estar dispuestos a entregarse como rehenes y dar la vida si fuese necesario por el cautivo en peligro de perder su fe”.
El caso es que, siempre según Gascón, simultaneaba la mili con su trabajo de reinserción en las cárceles, unos terroristas argentinos trataron de captarle como correo para llevar dinero de unos familiares a un abogado, que, supuestamente, sobornaría a un secretario judicial para que liberara a dos asesinos. Esto supuso “un problema moral, porque aunque no podía realizar el sacramento de la confesión, él sí tenía un compromiso de confianza con los presos que le habían realizado dicha confidencia, y por otro lado estaba la posibilidad que (sic) asesinaran a una persona si no les denunciaba”.
Aunque, ciertamente, los frailes mercedarios no puedan dar la confesión, y es posible que los argentinos no lo supieran, es imposible, por el contrario, que creyeran que el fraile les estaba confesando y que estaba obligado a guardar el secreto. Ello exigiría un desconocimiento absoluto del catolicismo, que no se da entre argentinos. Simplemente, trataron de usarle como correo porque, estos frailes, precisamente, se desviven por los presos.
Si no puede ser creíble que nadie pensase que había obligación de guardar el secreto de la confesión, sí es posible, en cambio, que tuviera escrúpulo en delatarles por la muestra de confianza que habían tenido en él, aunque viendo el historial de chivato que ya tenía, y lo que le quedaba por tener, tengo mis dudas.
En todo caso, según Gascón, consultó con su Provincial, que le dijo que debería abandonar la orden “si traicionaba la confesión de los presos”, lo que es aún más imposible. Todo suena a excusa chapucera que pone Gascón para explicarnos por qué abandonó la orden, cuando lo más probable es que la abandonara porque había descubierto su verdadera vocación: la de crápula, vividor, y la de disfrutar del poder que da la información sobre los secretos de los demás.
No es que crea que la entrevista de City FM a Mario Gascón vaya a convencer a nadie, y menos en nuestro Foro, pero vamos a poner algunas notas sobre la presencia de este sujeto en el atentado; veremos qué se sabe, qué se imagina y qué se inventa.
Pasaremos como de puntillas por la primera parte de la entrevista (de tres horas; veremos si han sido bien aprovechadas), donde se relata los orígenes de Mario Gascón. No tiene relación con el 11-M, y no sería fácil comprobar sus palabras.
Y no es porque esta parte de la entrevista no tenga importancia; los autores han dejado a Gascón explicar toda su vida según su versión, lo que confiere al relato un tono decididamente hagiográfico.
Así, el entrevistado se extiende en contarnos cómo ingresó en la Orden Mercedaria, dedicada vocacionalmente a la reinserción de presos. Nos da imagen de sí mismo como educador laboral, rehabilitador social, santo y mártir a tiempo completo, que llega a sacrificarse haciendo la mili cuando no está obligado.
Lo cierto es que, si ello fue verdad, queda ligeramente empañado cuando nos cuenta que fue entonces donde y cuando comenzó su relación con los Servicios de Información, al mando de un tal comandante Nogal. Digo que su abnegación por servir a la patria se desluce un tanto cuando nos cuenta que su trabajo consistía en infiltrarse y convertirse en chivato, denunciando pequeños hurtos, novatadas, y es de suponer que manteniendo informados a los mandos de cuanto se murmuraba o comentaba sobre el Ejército en el cuartel. Nos queda la duda, pues, de si su presencia en el servicio militar obligatorio, a pesar de que dice no haber estado obligado, se debe a amor a la patria, o a que la vida de fraile ya no tenía para él tantos atractivos.
Otra cosa hizo: infiltrarse y denunciar en grupos de insumisos, si bien es legal lo que hizo Gascón, ya que la objeción de conciencia no estaba reconocida por entonces, no corresponde a la cara de fraile humanitario y sacrificado que nos quiere presentar. Piensen en un confidente denunciando a homosexuales, por ejemplo, y verán lo que quiero decir.
De hecho, en la primera entrevista que obtuvo de él Antonio Rubio para “El Mundo”, el 17 de Septiembre de 2007, el periodista demuestra que no cree para nada en su olor de santidad, cuando dice: “Durante los últimos años, Gascón ha vivido en un mundo de lujo y placer, todo lo contrario a lo que exige a sus miembros la orden de los mercedarios. Los mercedarios tienen cuatro votos: pobreza, castidad, obediencia y estar dispuestos a entregarse como rehenes y dar la vida si fuese necesario por el cautivo en peligro de perder su fe”.
El caso es que, siempre según Gascón, simultaneaba la mili con su trabajo de reinserción en las cárceles, unos terroristas argentinos trataron de captarle como correo para llevar dinero de unos familiares a un abogado, que, supuestamente, sobornaría a un secretario judicial para que liberara a dos asesinos. Esto supuso “un problema moral, porque aunque no podía realizar el sacramento de la confesión, él sí tenía un compromiso de confianza con los presos que le habían realizado dicha confidencia, y por otro lado estaba la posibilidad que (sic) asesinaran a una persona si no les denunciaba”.
Aunque, ciertamente, los frailes mercedarios no puedan dar la confesión, y es posible que los argentinos no lo supieran, es imposible, por el contrario, que creyeran que el fraile les estaba confesando y que estaba obligado a guardar el secreto. Ello exigiría un desconocimiento absoluto del catolicismo, que no se da entre argentinos. Simplemente, trataron de usarle como correo porque, estos frailes, precisamente, se desviven por los presos.
Si no puede ser creíble que nadie pensase que había obligación de guardar el secreto de la confesión, sí es posible, en cambio, que tuviera escrúpulo en delatarles por la muestra de confianza que habían tenido en él, aunque viendo el historial de chivato que ya tenía, y lo que le quedaba por tener, tengo mis dudas.
En todo caso, según Gascón, consultó con su Provincial, que le dijo que debería abandonar la orden “si traicionaba la confesión de los presos”, lo que es aún más imposible. Todo suena a excusa chapucera que pone Gascón para explicarnos por qué abandonó la orden, cuando lo más probable es que la abandonara porque había descubierto su verdadera vocación: la de crápula, vividor, y la de disfrutar del poder que da la información sobre los secretos de los demás.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
