O sea, y resumiendo, que hemos perdido otra vez. ¡Vaya por Dios, qué disgusto más grande!
Ya sabemos que el juicio del bórico confirmó punto por punto las informaciones de "El Mundo" (aunque igualmente se podría decir que confirmó punto por punto la versión de la defensa, porque el relato de los hechos nunca fue objeto de controversia). Es extraño que un juicio por falsedad, y habiéndose acreditado la falsedad, acabe con la absolución de los acusados, pero en fin, son esas cosas raras del Derecho, que no empañan la limpia victoria de Pedro J.
Ahora, la sentencia del Supremo ha acreditado la falsedad de las pruebas, la no autoría islamista y el "golpe de régimen". Sólo que por esas cosas raras del Derecho (¿el principio de conservación de las actuaciones, quizá?), acepta las pruebas, proclama la autoría islamista y condena, má o meno, a los mismos. Otra victoria para los que a estas horas estarán protagonizando un espectáculo verdaderamente surrealista en la COPE.
(Por cierto, que el cada vez más popular Marcello ha felicitado a Federico por su santo de la siguiente manera:
Las pesquisas de Marcello, again.)
Pues nada, a todos estos que siguen proclamando el derrumbe de la versión oficial (que parece que se cae al ritmo de la torre de Pisa: unos milímetros por siglo), les dedico esta variante del cuento de Monterroso:
"Cuando (el peón) despertó, las sentencias todavía estaban allí".
Ya sabemos que el juicio del bórico confirmó punto por punto las informaciones de "El Mundo" (aunque igualmente se podría decir que confirmó punto por punto la versión de la defensa, porque el relato de los hechos nunca fue objeto de controversia). Es extraño que un juicio por falsedad, y habiéndose acreditado la falsedad, acabe con la absolución de los acusados, pero en fin, son esas cosas raras del Derecho, que no empañan la limpia victoria de Pedro J.
Ahora, la sentencia del Supremo ha acreditado la falsedad de las pruebas, la no autoría islamista y el "golpe de régimen". Sólo que por esas cosas raras del Derecho (¿el principio de conservación de las actuaciones, quizá?), acepta las pruebas, proclama la autoría islamista y condena, má o meno, a los mismos. Otra victoria para los que a estas horas estarán protagonizando un espectáculo verdaderamente surrealista en la COPE.
(Por cierto, que el cada vez más popular Marcello ha felicitado a Federico por su santo de la siguiente manera:
Las pesquisas de Marcello, again.)
Pues nada, a todos estos que siguen proclamando el derrumbe de la versión oficial (que parece que se cae al ritmo de la torre de Pisa: unos milímetros por siglo), les dedico esta variante del cuento de Monterroso:
"Cuando (el peón) despertó, las sentencias todavía estaban allí".
