22-07-2008, 07:34:00
Iustitia, lo que mencionas sobre el escozor de PJ contra G. Bermúdez es cierto, pero no hace falta recurrir a terceras fuentes. Aparte de la carta del director sobre Salomón y el bebé que ha colgado Errante (por cierto, esa figura de Salomón la había utilizado ya tiempo antes en alguna tertulia, es uno de sus clásicos), PJ escribió alguna otra carta y participó en alguna tertulia de la COPE donde expuso claramente todo lo que mencionas. Puedes consultar las cartas de los días 4, 11 y 25 de noviembre.
Te extracto algunos pasajes muy ilustrativos:
Saludos.
Te extracto algunos pasajes muy ilustrativos:
PJ en la carta de 11.4.2007 Wrote:Comprendo [...] que a los pocos minutos del inicio de la lectura de la sentencia del 11-M algunos de los máximos dirigentes del PP sintieran la misma mezcla de estupor, decepción y congoja -si me pasó a mí, cómo no iba a pasarles a ellos- [...]La carta de 25.11.07 se titula "Salomón y la Reina de Saba". ¿Adivinas quién es quién? Alguna cita escogida:
Nada hay tan terrible como descubrir que se ha sido víctima de un engaño justo en el momento en que uno se dispone a consumar su gran cita con la gloria. El cuerpo humano lo somatiza. La primera reacción llega en forma de hormigueo circular en el estómago. Luego parece como si se bloquearan los pulmones, se encogiera la garganta y se obturara la epiglotis. Enseguida todo gira alrededor. Es el pánico, es la indignación, es el vértigo.
La sorpresa estupefacta que inicialmente invadió a los líderes populares al escuchar el tenor del sádico resumen judicial -¿desde cuándo las sentencias se «resumen» y, además, enfatizando asuntos tan laterales, 10 líneas entre 600 folios, como la hipótesis nunca investigada de que ETA hubiera tenido algún papel tangencial?- fue una sorpresa estupefacta equivalente a la que embargó a los conspiradores liberales embarcados dos días antes en Gibraltar, cuando fueron comprobando que su expedición había sido detectada por la policía fernandina, que en ningún lugar de la provincia de Málaga -ni siquiera en Alora, localidad natal de Javier Gómez Bermúdez- existía núcleo organizado alguno preparado para secundar su llamamiento a la insurrección y que en la playa de Fuengirola los únicos que les esperaban eran los soldados del Rey Felón, listos para cazarlos como a conejos.
Eso no era ni lo previsto, ni lo anunciado, ni lo esperado.[...]
La verosimilitud de los recados recibidos durante las semanas anteriores al Día D se basaba tanto en su procedencia como en su concreción. Desde el mismísimo entorno de la amistad o relación más íntima con dos de los miembros del Tribunal los dirigentes populares habían recibido cuatro confidencias: que Trashorras sólo iba a ser condenado por tráfico de explosivos, que la instrucción del juez Del Olmo sería duramente vapuleada en la sentencia, que habría deducciones de testimonios contra algunos policías, en línea con la alusión al «caminito de Jerez» -enclave del penal del Puerto de Santa María-, supuestamente esbozada por un magistrado ante una asociación de víctimas y que además...
Pues bien, nada de eso se estaba cumpliendo. Todo lo contrario. Mediocremente fundados o no, los ingredientes elegidos por el presidente de la sala para su alocución -la presencia real de los 61 objetos en el interior de la furgoneta «vacía», la autenticidad de la mochila de Vallecas pese a que nadie la viera en el tren o en el andén, la procedencia del explosivo «en todo o en su mayor parte» de Mina Conchita- parecían más bien destinados a proporcionar a aquella jauría de carniceros carlistones que aguardaba apostada tras los riscos de la playa de Fuengirola los elementos necesarios para maniatar a los prisioneros, someterles a un simulacro de juicio sumarísimo y proceder a su fusilamiento in situ, tal y como había sido previsto por los designios gubernamentales. De hecho aún no había concluido de hablar el magistrado, cuando Pepiño Blanco ya tenía marcadas y caracterizadas a sus principales víctimas: el condenado como «autor material» del «engaño masivo» a los españoles era Acebes, el responsable como «autor intelectual» Aznar y los «cooperadores necesarios» Rajoy y Zaplana. Así lo dijo enseguida, dejando para Del Burgo el papel de cómplice en el traslado de la dinamita intelectual de la intoxicación.
[...] yo me inclino a pensar que no es que nuestro nuevo Viriato malagueño [i.e.:GB] haya buscado engañar a todo el mundo al mismo tiempo, sino que -cabronada en la escenificación al margen- más bien ha tratado de impedir que nadie pueda fusilar ni ser fusilado por su postura en este asunto, no vaya a ser que el futuro nos depare a todos grandes sorpresas. Tal vez por eso mi balance final sobre su veredicto es que no me ha parecido ni bien ni mal, sino todo lo contrario.
Quote:[...] todo el significado de la honda comunión entre el juez Javier Gómez Bermúdez, presidente del tribunal y ponente de la sentencia del 11-M, y su esposa, la periodista Elisa Beni, tal y como queda acreditada en su ya seguro best seller La Soledad del Juzgador que mañana será presentado en sociedad.En fin, sobre este asunto, la actitud "evolutiva" hacia Gómez Bermúdez [primero lo halagan y acogen con los brazos abiertos, luego es un traidor], tengo más documentación y algo he escrito a título privado. Si te interesara, podría pasártelo.
La interpretación bíblica basta para explicar el nivel de confianza que le permite a ella reproducir las conversaciones del juez con la fiscal Olga Sánchez -Chiquilla, para los amigos-, el abogado Endika Zulueta -al que, mira por dónde, Su Señoría estimula a asumir la defensa del único pez gordo al que luego absolverá- o el instructor Juan del Olmo, como si estuviera delante. ¿O acaso lo estaba? Permite incluso entender ese segundo párrafo de la página 344 -«Teniendo en cuenta que los jueces no habían vuelto a verse ni a hablar desde mediados de julio y que todo lo deliberado lo había sido por unanimidad...»- que, según muy diversos exégetas de la Ley Orgánica del Poder Judicial haría poco menos que ineludible la apertura de un expediente disciplinario por parte del CGPJ, pues fue por indiscreciones similares por las que el magistrado Miguel Moreiras terminó siendo expulsado de la Audiencia.
El acercamiento coránico a la mujer que enseña los tobillos al confundir la transparencia del agua con el engañoso efecto del suelo cubierto de espejos nos ayuda a entender la profunda satisfacción que nuestra colega exhibe cuando «mi juez» -o sea, su juez- la llama «cielo», deja constancia de que «prefiere mi cocina norteña» -o sea, su cocina norteña- y se cruza con ella «un estoy contigo -o sea, con ella - privado e intransferible». También explica la incontenible satisfacción que la autora parece sentir -«¡Qué pedazo de foto morbosa se están perdiendo!»- cuando el ascensor del Reina Sofía alberga a «tres parejas»: el ministro de Justicia con su esposa, el fiscal general del Estado con la suya «y nosotros». O sea, ellos.
[...]Con la misma puntualidad con que esa bandada de «palomas» les comunica también los avatares por los que paralelamente atraviesa el asunto que más obsesiona a ambos: la marcha de los recursos que mantienen sobre ellos la espada de Damocles de la anulación del nombramiento de Bermúdez como presidente de la Sala de lo Penal y por ende como conductor mediático del Tribunal del 11-M. Dicen, por cierto, las malas lenguas que cuando el juez Guevara leyó lo de las «palomas» su primera reacción fue comentar irónicamente que él habría decretado el ingreso en prisión de dichas «aves».
[...]
Pero, como en el caso de Salomón y la reina de Saba, sólo una labor de cala y cata desde la intensa sensualidad africana del Kebra Negast nos permite absorber el sentido profundo de esta esclarecedora obra literaria y la verdadera dimensión de los lazos existentes entre los señores de Bermúdez durante esos días decisivos en los que, además de las especialidades gastronómicas «norteñas», ella cocinaba el best seller y él la sentencia del 11-M. Y es que, en el momento en que sus vidas se cruzaron, al igual que le ocurrió al hijo de David, Su Señoría dejó de necesitar tener abuela.
[...]
Mientras cocinan sus respectivos guisos, ambos saben que dependen del juego de mayorías tanto de la Sala Segunda como del Consejo del Poder Judicial y que, por ende, no les queda otra que encontrar la forma de contentar tanto al PSOE como al PP -o a lo que ella llama con superioridad arbitral «los dos bandos político-mediáticos en conflicto»-, aunque sea acertando con el punto de nieve.
[...]
[...] el plato recalentado que el pasado 31 de octubre nos sirvieron los Bermúdez como el dilema al que mañana mismo han de hacer frente. Y es que, en primer lugar, nada explica mejor el sentido y hasta la técnica jurídica de la sentencia del 11-M como la escena -rodada, por cierto, en las lomas de la localidad zaragozana de Valdespartera- en la que, a falta de cualquier otro recurso estratégico, Salomón ordena al ejército hebreo girar sus escudos hacia el sol para convertirlos en espejos tan engañosos como el suelo de su palacio y deslumbrar así a los atacantes egipcios, empujándoles hasta el barranco de la confusión.
Exactamente ésa ha sido la aportación de la ponencia en los 600 folios de sentencia. Bermúdez no tenía margen procesal para otra cosa, pues había que llegar a un veredicto a tiempo de que el Supremo pudiera afrontar la casación sin tener que poner en libertad provisional a los grandes condenados. Tampoco tenía margen político, pues ahí estaba la espada de Damocles de la anulación de su nombramiento. Y ahora sabemos que ni siquiera tenía margen personal, pues desde el primer momento que tuvo conocimiento de que no era el único que estaba «redactando» en casa, no pudo por menos que ser consciente de cómo recibirían los tirios o los troyanos la purrusalda de su reina de Saba si la sentencia dejara desnudo de argumentos a uno de «los dos bandos político-mediáticos en conflicto».
Con innegable habilidad, el Salomón que enseguida decidió partir el bebé giró entonces el escudo de su conciencia hacia el único sol presente en el firmamento -el de la patética instrucción de Del Olmo y Chiquilla-, arrastrando a sus colegas a la desagradable encrucijada de la aquiescencia o la discrepancia sin alternativa alguna que presentar a una opinión pública ansiosa de respuestas, y convirtió el apartado de «hechos probados» de la sentencia en un mero reflejo de los escritos con que el titular del Juzgado número 6 cerró el sumario, aplicando, eso sí, cierto «orden al desorden», según las técnicas de Sun Tzu cuyo dominio su mujercita le atribuye. Pese al abuso de los argumentos circulares -puesto que la mochila tiene que ver con la Kangoo, está claro que la Kangoo tiene que tener que ver con la mochila- y la inclusión de falacias tan vergonzosas como la apelación a un inexistente análisis cuantitativo de los restos de explosivos de los focos, es indiscutible que gran parte del pueblo hebreo e incluso algunos de los más sabios de entre las siete tribus quedaron, en efecto, deslumbrados.
[...]No, Solomon and Sheba, Mac Millan and Wife necesitaban el empate. Otra vez la equis. Ni en el libro -que nos cubre de piropos a todos los periodistas relevantes de «los dos bandos»-, ni en la sentencia podía haber otros vencedores sino ellos u otros vencidos sino los impugnadores impenitentes del trono de su gloria y ese trío estrafalario de únicos condenados por el 11-M que, al fin y a la postre, forman el ex minero Trashorras, Zougam el del locutorio y el albañil Gnaoui.
Nunca tan pocos engañaron tanto a tantos. Pero mañana llega la prueba de fuego para la Bermúdez SL, y ésta es la segunda gran similitud, pues el envite del acto público de presentación del incunable equivale para el juez al órdago que la celebración del rito pagano en honor del dios del amor y la fecundidad [...]. Pero si encima se trata del lanzamiento comercial del libro que su chica ha escrito gracias a sus confidencias de alcoba durante el frustrante juicio por la no aclarada mayor masacre de la historia de España, es inevitable que todas las miradas se claven en él como las del profeta Natán, el sacerdote Zadok y todos cuantos le habían apoyado se clavaron en Salomón cuando no sólo autorizó el sensual guateque de la reina de Saba, sino que anunció que estaría entre los asistentes.
[...]Sólo la incomparecencia de Yul Bermúdez y el rápido desvío de los derechos de autor de Gina Lollobeni a las asociaciones de víctimas podría paliar el escándalo que produce el intolerable circo que están montando a pachas. En todo caso, hagan lo que hagan, aunque ningún rayo brotará del cielo para derribar la sentencia del 11-M cual si fuera el edificio de cartón piedra que en la superproducción de la Metro representaba al Templo de Salomón, pues la casación ante el Supremo no afecta ni siquiera a los más improbables de los «hechos probados», parece urgente que el CGPJ tome cartas en el asunto, como lo hizo el Consejo General de Patriarcas de Judea, para que el clamor que crece en la calle encuentre por una vez soporte institucional. Porque, como el propio Salomón Brynner admite en el pórtico de su decadencia, «todo Israel sabe ya que Dios ha abandonado al hijo de David».
Saludos.
