23-07-2008, 16:31:46
Muchos ciudadanos sirios residentes en España y en el resto de Europa salieron de su país por la persecución a la que se les somete en Siria por pertenecer o estar vinculado a los Hermanos Musulmanes (cuyo último fin es la destrucción del Gobierno sirio desde dentro del propio sistema para hacerlo resurgir convertido en un Estado Islámico); no existe un reconocimiento explícito de esa situación que permita asilar políticamente a los ciudadanos sirios por esa persecución (intuyo que se trata de dejar que los países de origen solventen los posibles problemas con las fuentes que sustentan o puedan sustentar el terrorismo, de forma que se intenta evitar que el asilo político sirva para trasladar el problema a los países que acojan a los perseguidos).
La expulsión de Basel Ghalyoun, aun cuando pueda ser legalmente correcta, podría haberse resuelto, dado que las autoridades judiciales y policiales conocen la situación de Siria, de otra forma.
El Tribunal Supremo afirma de Basel Ghalyoun que «es una persona de ideas radicales e incluso violentas» y que «los datos disponibles igualmente podrían significar que los miembros de la organización terrorista trataban de captar al recurrente y que, incluso, habían avanzado hacia la obtención de su objetivo, pero no demuestran que aquel hubiera aceptado sus propuestas y se hubiera integrado en el grupo»; obviamente, ha de elegirse la opción más beneficiosa para el acusado y por eso se le absolvió.
Un inmigrante ilegal de quien el Tribunal Supremo (ni más, ni menos) ha dado por probadas sus ideas radicales y violentas tiene todos los números para ser expulsado fulminantemente de España o de cualquier otro país europeo; sin embargo, y a pesar de todo, había otras opciones (expulsarlo a Emiratos Árabes, donde al parecer vive su hermano), solicitadas además por su abogado.
Si lo que se busca es obligar a futuros terroristas a elegir entre cantar y pasar 40 años en la cárcel o callar y morir torturado en su país de origen, no cabe duda que puede ser una buena estrategia; pero desde el momento que la estrategia pone en riesgo los derechos humanos de una persona, pierde toda su fundamentación.
La expulsión de Basel Ghalyoun, aun cuando pueda ser legalmente correcta, podría haberse resuelto, dado que las autoridades judiciales y policiales conocen la situación de Siria, de otra forma.
El Tribunal Supremo afirma de Basel Ghalyoun que «es una persona de ideas radicales e incluso violentas» y que «los datos disponibles igualmente podrían significar que los miembros de la organización terrorista trataban de captar al recurrente y que, incluso, habían avanzado hacia la obtención de su objetivo, pero no demuestran que aquel hubiera aceptado sus propuestas y se hubiera integrado en el grupo»; obviamente, ha de elegirse la opción más beneficiosa para el acusado y por eso se le absolvió.
Un inmigrante ilegal de quien el Tribunal Supremo (ni más, ni menos) ha dado por probadas sus ideas radicales y violentas tiene todos los números para ser expulsado fulminantemente de España o de cualquier otro país europeo; sin embargo, y a pesar de todo, había otras opciones (expulsarlo a Emiratos Árabes, donde al parecer vive su hermano), solicitadas además por su abogado.
Si lo que se busca es obligar a futuros terroristas a elegir entre cantar y pasar 40 años en la cárcel o callar y morir torturado en su país de origen, no cabe duda que puede ser una buena estrategia; pero desde el momento que la estrategia pone en riesgo los derechos humanos de una persona, pierde toda su fundamentación.
