01-08-2008, 14:39:29
Las Tablas de restos cadavéricos: (II) Hechos básicos
Establezcamos, en primer lugar, unos hechos básicos, y pido disculpas a quien me lea, pues de verdad que no pienso que ninguno de ustedes necesita que le recuerden lo que a continuación diré, pero es necesario, para no cerrar oídos a los argumentos, que nos pongamos de acuerdo…
Advierto que no haremos uso aquí de pruebas complejas, tipo CSI, de las que tan amigos son los peones. Lo que voy a decir que pueden hacer los forenses lo pueden caber sólo con sus conocimientos y su experiencia, y las tablas de medidas antropológicas. Cualquier anatomista experimentado lo podría haber hecho, si hubiera dispuesto de las tablas de medidas. O sea, que imagínense con el laboratorio de las películas de forenses.
1) Vamos a considerar que en el piso no existía una circunstancia extraña, como unos estudiantes de Anatomía que se llevaban trabajo a casa, o tráfico de huesos, o algo así, y también vamos a dar como no demostrado que Prieto y el resto de forenses mintieran, porque eso es, precisamente, lo que queremos (quieren los peones) probar. Consideraremos los hallazgos que Atónita nos presenta como pruebas, y veremos si, a falta de otras más concluyentes, podemos afirmar que los forenses mintieron.
2) Imagino que todo el mundo sabe que los órganos pares, como las rodillas, las caderas, los brazos, manos, pies, los huesos temporales, los pies, los riñones, los pulmones, etc, se distribuyen de manera simétrica (hasta cierto punto: el pulmón izquierdo, por ejemplo, es diferente al derecho) en el cuerpo; pero eso no nos debe llevar a engañarnos: no hay posibilidad de que un anatomopatólogo experto confunda el lado en un resto del suficiente tamaño. Piensen ustedes en el zapato derecho e izquierdo: nadie puede confundirlos, tras un mínimo examen. Y el que quiera andar con ellos trocados, ya sabe lo que le pasará. Lo mismo pasa con los pies, las caderas, etc. Incluso, con una falange del pulgar del pie. Aquí el inexperto se equivocará, pero el forense no tendrá ninguna duda en dictaminar si corresponde al lado derecho o izquierdo (para que lo vean gráficamente, le basta cual es el lado superior e inferior ¡et voilà!) Esto es tan claro que, ante una pieza más o menos conservada y de buen tamaño, el error sólo puede ser achacado a incompetencia sublime, o a fraude… fraude que es muy fácilmente demostrable, y como he dicho antes las muestras quedaron (y quedan) guardadas para un futuro contra-examen… que nadie pidió.
3) Dando un pasito más allá, una porción de hueso que sea de tamaño suficiente, muchas veces es suficiente para descubrir, no sólo el hueso al que pertenece, sino el lado del cuerpo a que corresponde. Por ejemplo, la parte superior de la tibia ofrece las dos mesetas tibiales, externa e interna, sobre la que descansan los meniscos. Un trozo de tibia que incluya una de las dos mesetas, como también incluirá un trozo de cara anterior o posterior del hueso, servirá casi siempre para descubrir, sin ningún género de dudas, que es una tibia y el lado a que corresponde. Lo mismo podremos ver, por ejemplo, con un trozo del cúbito si incluye alguna de sus características apófisis (salientes), y mucho más, aún, si tienen adheridos huesos, tendones, etc. Es más. Los forenses tienen tablas de medidas antropológicas, que todos conocemos por las series de televisión, (Bones, en ese sentido, es muy superior a CSI) y que permiten ver si un hueso era de una mujer, un niño, etc. Con aparatos más sofisticados se pueden aproximar, midiendo densidades óseas, más, pero lo que nos interesa aquí es que también pueden averiguar que dos huesos, por tamaño u otras características, no pueden pertenecer a la misma persona.
4) Cuando Atónita habla de los restos dice que… “muchos de ellos contenidos en bolsas y bolsones y no descritos en las Actas de la PC. y de la Comisión Judicial”. Es imposible dar una respuesta a esto sin disponer de las Actas, ni del Sumario, pero nuevamente parece que no debe ser un punto muy relevante, pues a nadie (a nadie importante para el juicio) ha llamado la atención. Es de suponer que aparecen registrados en otro sitio, en documentos que no han sido añadidos al Sumario, o que no hay obligación de registrar todos los hallazgos de un registro hasta el último ladrillo o el último fragmento de la uña del pie, sino sólo aquellos que parezcan interesantes. El caso, como digo, es que nadie durante el juicio ha dicho que el registro estuviese mal hecho. Pero lo que sí es interesante, sobre este punto, es la afirmación de Atónita de que: “Se ha sacado una pierna derecha de la manga, una pierna que no aparece registrada ni en las Actas de Levantamiento ni en un gráfico que hace la P.C de los restos de mayor entidad. Con esta pierna, y con un pie que consigna solo…” Y aquí ya vemos que los peones patinan. Según su relato, Atónita parece dar por sentado que el pie sí que figura en las actas que cita. Pues bien, con ese pie, simplemente, ya puede afirmarse que ha habido una persona, dado que por lo general suele estar pegado al resto de un cuerpo. Así que el forense no tiene ninguna obligación, habiendo encontrado un pie, de sacarse de la manga pierna ni ninguna otra pieza. Sería un riesgo estúpido ¿no les parece?
5) Otro paso adelante. ¿Recuerdan aquella adivinanza… Si entramos en una habitación a oscuras con cien calcetines negros y cien blancos ¿cuántos hace falta coger para formar una pareja? Pues… ¿Cuántas rótulas del lado izquierdo hacen falta para saber que, en una casa había, digamos, seis personas como mínimo? Ya ven: Seis rótulas del lado izquierdo. O seis rótulas del lado derecho. O seis temporales derechos. O seis fragmentos que se puedan reconocer inequívocamente como pertenecientes a un hueso determinado. Y ello será así, independientemente del número de huesos que tengamos. Por ejemplo, si tenemos cuatro pies izquierdos, dos húmeros derechos, y ningún húmero izquierdo, pero seis mesetas tibiales derechas… allí ha habido seis personas como mínimo.
6) De hecho, la conclusión de los peones es la misma que la del que, viendo que la lotería ha caído en el número, por ejemplo, 53879, valora la increíble casualidad que resulta que hayan premiado un número con probabilidad tan baja. Aquí se hace cruces de la “casualidad” de llegar a identificar seis cuerpos y tener seis ejemplares de algún resto… despreciando que de otras partes del cuerpo, sólo se han encontrado dos, tres, o cinco.
7) Atalanta desprecia la bolsa de restos que recogieron los investigadores, como si fuera una especie de cajón de sastre que los forenses pueden usar para rellenar piezas a su gusto. Olvida que en el atentado del 11-M, bajo la dirección de su alabada Carmen Baladía, fueron recogidas también bolsas con restos, que hicieron elevar las primeras estimaciones a más de 200 muertos, sin que hasta el momento ninguno de los peones “himbeztiogadoreZ” se haya extrañado del posterior proceso de disminución de tal número hasta los 191 finales. Deben saber que los investigadores policiales recogen las pruebas según van encontrándolas, pero son los forenses los que son capaces de identificar los restos más pequeños como pertenecientes a una u otra parte del cuerpo. Un resto inidentificable se convierte en manos de un forense experto en un hueso indubitado… y eso no tiene nada de magia y prestidigitación.
8) Por todo ello, la insinuación de Atónita de que Prieto y sus compañeros intentan, como sea, y con intenciones fraudulentas, llegar a seis pies, tibias, o caderas, carece de sentido. Lógicamente, como quien hace un puzzle, al forense le gusta que todas sus piezas cuadren, pero es por un prurito de que todo quede atado y bien atado. Porque la conclusión final de que había, al menos, seis personas allí, no se resiente absolutamente nada de que aparezcan sólo cuatro, tres, o dos rótulas. Tampoco hace falta, en realidad, que aparezcan seis huesos del mismo lado, pues los forenses pueden comparar, por ejemplo, un fémur con un húmero, observando que no pertenecen a la misma persona (el estudio de los músculos, tendones, etc, adheridos, puede afinar aún más.) y, poniéndonos en el extremo, es posible que con seis huesos desparejados pueda ser determinado que había allí seis personas distintas (y todo eso sin prueba del DNA).
9) Tampoco es necesario, para nada, que los huesos sean de la parte superior o inferior del cuerpo. Leyendo el trabajo de Atónita, parece querer sugerir que los huesos que han atraído los desvelos de los forenses son los de la extremidad inferior con un propósito determinado, lo que alimenta las suspicacias, entre sus lectores, de que los forenses nos están intentando convencer de algo. Pero no es así. Los huesos del cráneo, o de la extremidad superior, son igual de válidos, siempre que sean reconocibles y de un tamaño suficiente. Por ejemplo, si encuentran seis esfenoides (hueso del cráneo), aunque es muy difícil por su fragilidad, corresponden a seis. La causa de que los huesos pertenezcan, en su mayoría, a la extremidad inferior, habrá que buscarla en otro lado: en su mayor resistencia respecto a sus homólogos de la extremidad superior, o más probablemente a la dirección de las ondas de la explosión.
10) El que, en un momento dado, un resto humano (v.gr. un pie) pueda adjudicarse a un cuerpo, y luego a otro, no tiene absolutamente ninguna trascendencia. Son todos varones, de edad aproximada, y la estatura de envergadura de muchos es similar. La reconstrucción de cuerpos, inicialmente, puede tener muchos problemas, que luego quedaron corregidos con el DNA, que adjudica, indubitadamente, cada resto humano, a su poseedior.
11) Y si no aparecen más que unos pocos restos… ¿dónde han ido a parar los demás? Antes de responder, permitan que recuerde que nadie, ni abogados, ni defensas, ni fiscales, ni otros forenses, ni peritos, ni la comunidad científica, han parecido extrañados de la desaparición de los restos. Es evidente que todos los que han pasado por estos trances saben que, en la mayoría de estas grandes catástrofes, cabezas, extremidades, torsos, desaparecen. El otro día recordaba yo que, entre las víctimas del 11-S, veinticuatro cadáveres no han sido encontrados. Y entre los identificados, muchísimos no están completos. ¿Dónde van, pues? Es claro que la explosión produce una gran destrucción de los cuerpos, que en las zonas más expuestas a la energía destructiva, pueden quedar reducidos literalmente a migajas. Los trocitos más pequeños de tejido orgánico pueden quedar literalmente vaporizados, convertidos en una emulsión de partículas sólidas, que el viento levantado puede transportar a decenas o centenares de metros de distancia. Vuelvan a ver otra vez el escenario del suicidio de Leganés. Entre todos los cascotes, trozos de ladrillos, de azulejos, los investigadores buscaron restos, pero es claro que no pueden identificar ni recuperar todos, absolutamente todos, los restos menores de un determinado tamaño. Y aún otra nota, que aunque sea desagradable no quiero dejar de hacer notar: tras la detonación, como queda registrado en todos los informes, lo primero que se hizo fue retirar a los heridos y, poco a poco, los TEDAX entraron en la zona con los equipos de desactivación, buscando posibles bombas. Pasaron horas antes de que los equipos de laboratorio pudieran entrar en la zona, así asegurada, para recoger restos humanos. Durante esas horas, unos competidores, menos preocupados por su seguridad, trabajaron en la limpieza de restos orgánicos sin apenas oposición: los animales carroñeros y carniceros. Es desagradable de pensar, pero trozos de pequeño tamaño pudieron desaparecer en las madrigueras de roedores de la zona, o incluso de gatos callejeros famélicos
Establezcamos, en primer lugar, unos hechos básicos, y pido disculpas a quien me lea, pues de verdad que no pienso que ninguno de ustedes necesita que le recuerden lo que a continuación diré, pero es necesario, para no cerrar oídos a los argumentos, que nos pongamos de acuerdo…
Advierto que no haremos uso aquí de pruebas complejas, tipo CSI, de las que tan amigos son los peones. Lo que voy a decir que pueden hacer los forenses lo pueden caber sólo con sus conocimientos y su experiencia, y las tablas de medidas antropológicas. Cualquier anatomista experimentado lo podría haber hecho, si hubiera dispuesto de las tablas de medidas. O sea, que imagínense con el laboratorio de las películas de forenses.
1) Vamos a considerar que en el piso no existía una circunstancia extraña, como unos estudiantes de Anatomía que se llevaban trabajo a casa, o tráfico de huesos, o algo así, y también vamos a dar como no demostrado que Prieto y el resto de forenses mintieran, porque eso es, precisamente, lo que queremos (quieren los peones) probar. Consideraremos los hallazgos que Atónita nos presenta como pruebas, y veremos si, a falta de otras más concluyentes, podemos afirmar que los forenses mintieron.
2) Imagino que todo el mundo sabe que los órganos pares, como las rodillas, las caderas, los brazos, manos, pies, los huesos temporales, los pies, los riñones, los pulmones, etc, se distribuyen de manera simétrica (hasta cierto punto: el pulmón izquierdo, por ejemplo, es diferente al derecho) en el cuerpo; pero eso no nos debe llevar a engañarnos: no hay posibilidad de que un anatomopatólogo experto confunda el lado en un resto del suficiente tamaño. Piensen ustedes en el zapato derecho e izquierdo: nadie puede confundirlos, tras un mínimo examen. Y el que quiera andar con ellos trocados, ya sabe lo que le pasará. Lo mismo pasa con los pies, las caderas, etc. Incluso, con una falange del pulgar del pie. Aquí el inexperto se equivocará, pero el forense no tendrá ninguna duda en dictaminar si corresponde al lado derecho o izquierdo (para que lo vean gráficamente, le basta cual es el lado superior e inferior ¡et voilà!) Esto es tan claro que, ante una pieza más o menos conservada y de buen tamaño, el error sólo puede ser achacado a incompetencia sublime, o a fraude… fraude que es muy fácilmente demostrable, y como he dicho antes las muestras quedaron (y quedan) guardadas para un futuro contra-examen… que nadie pidió.
3) Dando un pasito más allá, una porción de hueso que sea de tamaño suficiente, muchas veces es suficiente para descubrir, no sólo el hueso al que pertenece, sino el lado del cuerpo a que corresponde. Por ejemplo, la parte superior de la tibia ofrece las dos mesetas tibiales, externa e interna, sobre la que descansan los meniscos. Un trozo de tibia que incluya una de las dos mesetas, como también incluirá un trozo de cara anterior o posterior del hueso, servirá casi siempre para descubrir, sin ningún género de dudas, que es una tibia y el lado a que corresponde. Lo mismo podremos ver, por ejemplo, con un trozo del cúbito si incluye alguna de sus características apófisis (salientes), y mucho más, aún, si tienen adheridos huesos, tendones, etc. Es más. Los forenses tienen tablas de medidas antropológicas, que todos conocemos por las series de televisión, (Bones, en ese sentido, es muy superior a CSI) y que permiten ver si un hueso era de una mujer, un niño, etc. Con aparatos más sofisticados se pueden aproximar, midiendo densidades óseas, más, pero lo que nos interesa aquí es que también pueden averiguar que dos huesos, por tamaño u otras características, no pueden pertenecer a la misma persona.
4) Cuando Atónita habla de los restos dice que… “muchos de ellos contenidos en bolsas y bolsones y no descritos en las Actas de la PC. y de la Comisión Judicial”. Es imposible dar una respuesta a esto sin disponer de las Actas, ni del Sumario, pero nuevamente parece que no debe ser un punto muy relevante, pues a nadie (a nadie importante para el juicio) ha llamado la atención. Es de suponer que aparecen registrados en otro sitio, en documentos que no han sido añadidos al Sumario, o que no hay obligación de registrar todos los hallazgos de un registro hasta el último ladrillo o el último fragmento de la uña del pie, sino sólo aquellos que parezcan interesantes. El caso, como digo, es que nadie durante el juicio ha dicho que el registro estuviese mal hecho. Pero lo que sí es interesante, sobre este punto, es la afirmación de Atónita de que: “Se ha sacado una pierna derecha de la manga, una pierna que no aparece registrada ni en las Actas de Levantamiento ni en un gráfico que hace la P.C de los restos de mayor entidad. Con esta pierna, y con un pie que consigna solo…” Y aquí ya vemos que los peones patinan. Según su relato, Atónita parece dar por sentado que el pie sí que figura en las actas que cita. Pues bien, con ese pie, simplemente, ya puede afirmarse que ha habido una persona, dado que por lo general suele estar pegado al resto de un cuerpo. Así que el forense no tiene ninguna obligación, habiendo encontrado un pie, de sacarse de la manga pierna ni ninguna otra pieza. Sería un riesgo estúpido ¿no les parece?
5) Otro paso adelante. ¿Recuerdan aquella adivinanza… Si entramos en una habitación a oscuras con cien calcetines negros y cien blancos ¿cuántos hace falta coger para formar una pareja? Pues… ¿Cuántas rótulas del lado izquierdo hacen falta para saber que, en una casa había, digamos, seis personas como mínimo? Ya ven: Seis rótulas del lado izquierdo. O seis rótulas del lado derecho. O seis temporales derechos. O seis fragmentos que se puedan reconocer inequívocamente como pertenecientes a un hueso determinado. Y ello será así, independientemente del número de huesos que tengamos. Por ejemplo, si tenemos cuatro pies izquierdos, dos húmeros derechos, y ningún húmero izquierdo, pero seis mesetas tibiales derechas… allí ha habido seis personas como mínimo.
6) De hecho, la conclusión de los peones es la misma que la del que, viendo que la lotería ha caído en el número, por ejemplo, 53879, valora la increíble casualidad que resulta que hayan premiado un número con probabilidad tan baja. Aquí se hace cruces de la “casualidad” de llegar a identificar seis cuerpos y tener seis ejemplares de algún resto… despreciando que de otras partes del cuerpo, sólo se han encontrado dos, tres, o cinco.
7) Atalanta desprecia la bolsa de restos que recogieron los investigadores, como si fuera una especie de cajón de sastre que los forenses pueden usar para rellenar piezas a su gusto. Olvida que en el atentado del 11-M, bajo la dirección de su alabada Carmen Baladía, fueron recogidas también bolsas con restos, que hicieron elevar las primeras estimaciones a más de 200 muertos, sin que hasta el momento ninguno de los peones “himbeztiogadoreZ” se haya extrañado del posterior proceso de disminución de tal número hasta los 191 finales. Deben saber que los investigadores policiales recogen las pruebas según van encontrándolas, pero son los forenses los que son capaces de identificar los restos más pequeños como pertenecientes a una u otra parte del cuerpo. Un resto inidentificable se convierte en manos de un forense experto en un hueso indubitado… y eso no tiene nada de magia y prestidigitación.
8) Por todo ello, la insinuación de Atónita de que Prieto y sus compañeros intentan, como sea, y con intenciones fraudulentas, llegar a seis pies, tibias, o caderas, carece de sentido. Lógicamente, como quien hace un puzzle, al forense le gusta que todas sus piezas cuadren, pero es por un prurito de que todo quede atado y bien atado. Porque la conclusión final de que había, al menos, seis personas allí, no se resiente absolutamente nada de que aparezcan sólo cuatro, tres, o dos rótulas. Tampoco hace falta, en realidad, que aparezcan seis huesos del mismo lado, pues los forenses pueden comparar, por ejemplo, un fémur con un húmero, observando que no pertenecen a la misma persona (el estudio de los músculos, tendones, etc, adheridos, puede afinar aún más.) y, poniéndonos en el extremo, es posible que con seis huesos desparejados pueda ser determinado que había allí seis personas distintas (y todo eso sin prueba del DNA).
9) Tampoco es necesario, para nada, que los huesos sean de la parte superior o inferior del cuerpo. Leyendo el trabajo de Atónita, parece querer sugerir que los huesos que han atraído los desvelos de los forenses son los de la extremidad inferior con un propósito determinado, lo que alimenta las suspicacias, entre sus lectores, de que los forenses nos están intentando convencer de algo. Pero no es así. Los huesos del cráneo, o de la extremidad superior, son igual de válidos, siempre que sean reconocibles y de un tamaño suficiente. Por ejemplo, si encuentran seis esfenoides (hueso del cráneo), aunque es muy difícil por su fragilidad, corresponden a seis. La causa de que los huesos pertenezcan, en su mayoría, a la extremidad inferior, habrá que buscarla en otro lado: en su mayor resistencia respecto a sus homólogos de la extremidad superior, o más probablemente a la dirección de las ondas de la explosión.
10) El que, en un momento dado, un resto humano (v.gr. un pie) pueda adjudicarse a un cuerpo, y luego a otro, no tiene absolutamente ninguna trascendencia. Son todos varones, de edad aproximada, y la estatura de envergadura de muchos es similar. La reconstrucción de cuerpos, inicialmente, puede tener muchos problemas, que luego quedaron corregidos con el DNA, que adjudica, indubitadamente, cada resto humano, a su poseedior.
11) Y si no aparecen más que unos pocos restos… ¿dónde han ido a parar los demás? Antes de responder, permitan que recuerde que nadie, ni abogados, ni defensas, ni fiscales, ni otros forenses, ni peritos, ni la comunidad científica, han parecido extrañados de la desaparición de los restos. Es evidente que todos los que han pasado por estos trances saben que, en la mayoría de estas grandes catástrofes, cabezas, extremidades, torsos, desaparecen. El otro día recordaba yo que, entre las víctimas del 11-S, veinticuatro cadáveres no han sido encontrados. Y entre los identificados, muchísimos no están completos. ¿Dónde van, pues? Es claro que la explosión produce una gran destrucción de los cuerpos, que en las zonas más expuestas a la energía destructiva, pueden quedar reducidos literalmente a migajas. Los trocitos más pequeños de tejido orgánico pueden quedar literalmente vaporizados, convertidos en una emulsión de partículas sólidas, que el viento levantado puede transportar a decenas o centenares de metros de distancia. Vuelvan a ver otra vez el escenario del suicidio de Leganés. Entre todos los cascotes, trozos de ladrillos, de azulejos, los investigadores buscaron restos, pero es claro que no pueden identificar ni recuperar todos, absolutamente todos, los restos menores de un determinado tamaño. Y aún otra nota, que aunque sea desagradable no quiero dejar de hacer notar: tras la detonación, como queda registrado en todos los informes, lo primero que se hizo fue retirar a los heridos y, poco a poco, los TEDAX entraron en la zona con los equipos de desactivación, buscando posibles bombas. Pasaron horas antes de que los equipos de laboratorio pudieran entrar en la zona, así asegurada, para recoger restos humanos. Durante esas horas, unos competidores, menos preocupados por su seguridad, trabajaron en la limpieza de restos orgánicos sin apenas oposición: los animales carroñeros y carniceros. Es desagradable de pensar, pero trozos de pequeño tamaño pudieron desaparecer en las madrigueras de roedores de la zona, o incluso de gatos callejeros famélicos
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
