29-08-2008, 11:05:02
Copio aquí este comentario que había dejado en "Frikismos", por consejo de Ronin, que lo ve más político que de fantasía épica (y con razón, como siempre)
Los conspiracionistas y el dilema del prisionero: tragicomedia del "caminito a Jerez"
Seguro que ustedes conocen esos problemas de lógica que genéricamente se conocen como el dilema del prisionero, y que básicamente consisten en averiguar lo que tiene que preguntar un prisionero, confrontado a unos peculiares guardianes de las puertas de salida (uno es un mentiroso, otro es siempre veraz, y un tercero a veces miente y otras no).
El caso de los conspiracionistas, aunque sólo a regañadientes me atrevería a usar el término de lógica, ha venido a convertirse en una situación similar.
Los Peones Negros entraron hace unos cuatro años en una especie de laberinto, llevados de la manita por gente como Casimiro García Abadillo, Fernando Múgica, y guiados por un anónimo ingeniero llamado Luis del Pino, que guiaba el grupo, pero no disponía de un plano que le permitiera saber dónde iban a ir a parar, aparte de a una situación económicamente desahogada para él.
Como en un verdadero laberinto, el grupo de peones se fue fraccionando, y las distintas facciones deambulan por los senderos, encontrándose de vez en cuando al doblar de una esquina, desunidos pero clamando por buscar todos el mismo objetivo. Incluso podemos ver guerrilleros como Xluis, llanero solitario del conspiracionismo, verdadero oso Yogui del laberinto, que aparece de repente para atacar al mermado grupo de D. Luis y llevarse la cesta de la merienda de la dignidad del ingeniero, atacándolo con acusaciones de dormirse en las reuniones y no querer hacer análisis.
¿Que quieren que les diga? Xluis no se hace antipático del todo, errando de blog en blog como un bandolero de Sierra Morena, siempre con el trabuco cargado de su Software, pidiendo la voluntad a los navegantes con los que se cruza, y cambiando de foro como Curro Jiménez de cordillera, cuando su tenaz perseguidor Don Luis consigue que la autoridad le banee.
Y el caso es que, china chana, han ido agotando todos los recursos de juicios, recursos y apelaciones, a sus espaldas, frente y a los lados. Y, metafóricamente tres puertas, con guardianes, han ido siendo definidas. Eso sí, en el dilema del prisionero, quien tiene que resolverlo no conoce, por definición, quién es quién entre los cancerberos. Los peones llevan eso de ventaja: ellos, muy pagados de sí mismo, conocen por saber, intuición o porqueyolovalguismo a quién corresponde cada etiqueta.
La primera puerta reza arriba: SIEMPRE DIGO LA VERDAD. Allí pertenece Pedro Jota Ramírez, con sus tirantes, y Federico, a quien llaman “El mejor de los mejores”, que también son ganas, y Pío Moa, y Vidal (César, que no Gustavo, que son los dos hermanos como las figuras gemelas en una carta de poker, uno arriba y otro abajo). También Escribano, perito en cuyas conductas merecedoras de suspicacias no se pone nunca el sol, pertenece a los que guardan esta puerta, aunque su adscripción genera más de un quebradero de cabeza a sus fans, que tienen que conjugar su impoluta hoja de servicios conspiracionista con los análisis hechos en 2004 de muestras donde no apareció la nitroglicerina que necesariamente debía haber para tratarse de Tytadine.
Parecida cosa ocurre con Carmen Baladía, forense de cabecera de los conspiracionistas.¿Cómo conjugar el SIEMPRE DIGO LA VERDAD con haber callado sus conspiracionismos en la Comisión de Investigación, en sus declaraciones ante los Tribunales de Instrucción y sobre todo ante la Audiencia Nacional? Pues muy sencillo: si no quieres que te mientan, no preguntes. Los peones han mirado hacia otro lado ante la evidencia de y que Carmen Baladía no se ha mojado hasta que no ha dejado de bajar agua por el río,... y aún así ha atravesado por el vado, con calabazas en la cintura, y atada a una cuerda.
La segunda puerta lleva un letrero que dice: YO MIENTO SIEMPRE. Y es en esta puerta donde los conspiracionistas encuentran cientos, miles, millones quizás, de guardianes. Allí forman legión el Calvo Traidor, y el Juez Glaucomatoso, y Valeyá, y los desérticos, y los policías del bórico, y todos los afiliados, votantes y simpatizantes del PSOE, y “Pedro” y los Tedax, y Torronteras y los GEOs, y casi toda la Policía Nacional, otros jueces, fiscales, abogados, periodistas, un portero de finca urbana, una cajera del CARREFOUR.
Hay una tercera puerta, y arriba dice: A VECES MIENTO, A VECES DIGO LA VERDAD: Aquí tenemos, por ejemplo, a Jesús Sánchez Manzano, que dice la verdad si dice que hay nitroglicerina, pasa a mentir cuando reconoce que se ha equivocado, dice la verdad cuando dice que la Kangoo estaba vacía cuando él la vio en Canillas, pero miente cuando aclara que, al verla, ya llevaba cierto tiempo de trabajo la Inspección Ocular.
Seguramente en otras circunstancias Manzano hubiera sido desterrado al Averno de la Eterna Mentira, pero están los peones famélicos de la Travesía del laberinto, donde no han encontrado ni una pequeña prueba, argumento, ni evidencia que llevarse a una testifical, y tienen que agarrarse al desliz de Manzano ante la Comisión de Investigación como desesperados, tienen que chupar el mísero hueso descarnado de la nitroglicerina en la dinamita.
También está en esta puerta “Rosa”, la mujer de Jamil Ahmidan, Agustina de Aragón con portadas a todas columnas del “Mundo” cuando duda que su marido quisiese cometer la masacre, bruja de cuento malvada y perjura cuando se viene a concluir que, después de todo, las bombas las puso su esposo.
Y también tenemos, merodeando por la puerta, algunos cargos del PP, paladines y cides cuando preguntan por mochilas de Vallecas, Bellido Dolfos y Fernando VI cuando renuncian a seguir el conspiracionismo.
¿Cuál es la pregunta que tienen que hacer para salir del Laberinto?
Si ustedes conocen el dilema del prisionero, recordarán que, en los casos en los que hay sólo un veraz y un mentiroso, hay que preguntar a uno de los dos cuál sería la respuesta del otro si le preguntáramos por la buena salida.
Algo así se debieron plantear los conspiracionistas, pero a ellos les ha salido mal. Y es que se han equivocado Les oímos, en los tiempos en que la Audiencia Nacional juzgaba el 11-M, que Pedro Jota y Federico decían que el Juez Gómez Bermúdez había dicho que iba a mandar a los mandos policiales “caminito de Jerez”.
Si uno de los dos "siempre miente", Gómez Bermúdez o los conspiracionistas ¿cómo iba a ser esto cierto?
De hecho, ya saben ustedes que ésa es la solución al dilema del prisionero: se le pregunta a un carcelero qué diría el otro si le preguntamos por la buena puerta, y elegimos la contraria. Al decir uno la verdad, y el otro la mentira, la respuesta será siempre falsa..
De la misma manera, tanto da que Gómez Bermúdez o Pedro Jota, los conspiracionistas tendrían que haber asumido que la afirmación de que los policías irían "caminito de Jerez" no se iba a cumplir. Así que no sé por qué se extrañan.
En el fondo, lo que les pasa a los conspiracionistas es que no han interiorizado el dilema del prisionero.
Los conspiracionistas y el dilema del prisionero: tragicomedia del "caminito a Jerez"
Seguro que ustedes conocen esos problemas de lógica que genéricamente se conocen como el dilema del prisionero, y que básicamente consisten en averiguar lo que tiene que preguntar un prisionero, confrontado a unos peculiares guardianes de las puertas de salida (uno es un mentiroso, otro es siempre veraz, y un tercero a veces miente y otras no).
El caso de los conspiracionistas, aunque sólo a regañadientes me atrevería a usar el término de lógica, ha venido a convertirse en una situación similar.
Los Peones Negros entraron hace unos cuatro años en una especie de laberinto, llevados de la manita por gente como Casimiro García Abadillo, Fernando Múgica, y guiados por un anónimo ingeniero llamado Luis del Pino, que guiaba el grupo, pero no disponía de un plano que le permitiera saber dónde iban a ir a parar, aparte de a una situación económicamente desahogada para él.
Como en un verdadero laberinto, el grupo de peones se fue fraccionando, y las distintas facciones deambulan por los senderos, encontrándose de vez en cuando al doblar de una esquina, desunidos pero clamando por buscar todos el mismo objetivo. Incluso podemos ver guerrilleros como Xluis, llanero solitario del conspiracionismo, verdadero oso Yogui del laberinto, que aparece de repente para atacar al mermado grupo de D. Luis y llevarse la cesta de la merienda de la dignidad del ingeniero, atacándolo con acusaciones de dormirse en las reuniones y no querer hacer análisis.
¿Que quieren que les diga? Xluis no se hace antipático del todo, errando de blog en blog como un bandolero de Sierra Morena, siempre con el trabuco cargado de su Software, pidiendo la voluntad a los navegantes con los que se cruza, y cambiando de foro como Curro Jiménez de cordillera, cuando su tenaz perseguidor Don Luis consigue que la autoridad le banee.
Y el caso es que, china chana, han ido agotando todos los recursos de juicios, recursos y apelaciones, a sus espaldas, frente y a los lados. Y, metafóricamente tres puertas, con guardianes, han ido siendo definidas. Eso sí, en el dilema del prisionero, quien tiene que resolverlo no conoce, por definición, quién es quién entre los cancerberos. Los peones llevan eso de ventaja: ellos, muy pagados de sí mismo, conocen por saber, intuición o porqueyolovalguismo a quién corresponde cada etiqueta.
La primera puerta reza arriba: SIEMPRE DIGO LA VERDAD. Allí pertenece Pedro Jota Ramírez, con sus tirantes, y Federico, a quien llaman “El mejor de los mejores”, que también son ganas, y Pío Moa, y Vidal (César, que no Gustavo, que son los dos hermanos como las figuras gemelas en una carta de poker, uno arriba y otro abajo). También Escribano, perito en cuyas conductas merecedoras de suspicacias no se pone nunca el sol, pertenece a los que guardan esta puerta, aunque su adscripción genera más de un quebradero de cabeza a sus fans, que tienen que conjugar su impoluta hoja de servicios conspiracionista con los análisis hechos en 2004 de muestras donde no apareció la nitroglicerina que necesariamente debía haber para tratarse de Tytadine.
Parecida cosa ocurre con Carmen Baladía, forense de cabecera de los conspiracionistas.¿Cómo conjugar el SIEMPRE DIGO LA VERDAD con haber callado sus conspiracionismos en la Comisión de Investigación, en sus declaraciones ante los Tribunales de Instrucción y sobre todo ante la Audiencia Nacional? Pues muy sencillo: si no quieres que te mientan, no preguntes. Los peones han mirado hacia otro lado ante la evidencia de y que Carmen Baladía no se ha mojado hasta que no ha dejado de bajar agua por el río,... y aún así ha atravesado por el vado, con calabazas en la cintura, y atada a una cuerda.
La segunda puerta lleva un letrero que dice: YO MIENTO SIEMPRE. Y es en esta puerta donde los conspiracionistas encuentran cientos, miles, millones quizás, de guardianes. Allí forman legión el Calvo Traidor, y el Juez Glaucomatoso, y Valeyá, y los desérticos, y los policías del bórico, y todos los afiliados, votantes y simpatizantes del PSOE, y “Pedro” y los Tedax, y Torronteras y los GEOs, y casi toda la Policía Nacional, otros jueces, fiscales, abogados, periodistas, un portero de finca urbana, una cajera del CARREFOUR.
Hay una tercera puerta, y arriba dice: A VECES MIENTO, A VECES DIGO LA VERDAD: Aquí tenemos, por ejemplo, a Jesús Sánchez Manzano, que dice la verdad si dice que hay nitroglicerina, pasa a mentir cuando reconoce que se ha equivocado, dice la verdad cuando dice que la Kangoo estaba vacía cuando él la vio en Canillas, pero miente cuando aclara que, al verla, ya llevaba cierto tiempo de trabajo la Inspección Ocular.
Seguramente en otras circunstancias Manzano hubiera sido desterrado al Averno de la Eterna Mentira, pero están los peones famélicos de la Travesía del laberinto, donde no han encontrado ni una pequeña prueba, argumento, ni evidencia que llevarse a una testifical, y tienen que agarrarse al desliz de Manzano ante la Comisión de Investigación como desesperados, tienen que chupar el mísero hueso descarnado de la nitroglicerina en la dinamita.
También está en esta puerta “Rosa”, la mujer de Jamil Ahmidan, Agustina de Aragón con portadas a todas columnas del “Mundo” cuando duda que su marido quisiese cometer la masacre, bruja de cuento malvada y perjura cuando se viene a concluir que, después de todo, las bombas las puso su esposo.
Y también tenemos, merodeando por la puerta, algunos cargos del PP, paladines y cides cuando preguntan por mochilas de Vallecas, Bellido Dolfos y Fernando VI cuando renuncian a seguir el conspiracionismo.
¿Cuál es la pregunta que tienen que hacer para salir del Laberinto?
Si ustedes conocen el dilema del prisionero, recordarán que, en los casos en los que hay sólo un veraz y un mentiroso, hay que preguntar a uno de los dos cuál sería la respuesta del otro si le preguntáramos por la buena salida.
Algo así se debieron plantear los conspiracionistas, pero a ellos les ha salido mal. Y es que se han equivocado Les oímos, en los tiempos en que la Audiencia Nacional juzgaba el 11-M, que Pedro Jota y Federico decían que el Juez Gómez Bermúdez había dicho que iba a mandar a los mandos policiales “caminito de Jerez”.
Si uno de los dos "siempre miente", Gómez Bermúdez o los conspiracionistas ¿cómo iba a ser esto cierto?
De hecho, ya saben ustedes que ésa es la solución al dilema del prisionero: se le pregunta a un carcelero qué diría el otro si le preguntamos por la buena puerta, y elegimos la contraria. Al decir uno la verdad, y el otro la mentira, la respuesta será siempre falsa..
De la misma manera, tanto da que Gómez Bermúdez o Pedro Jota, los conspiracionistas tendrían que haber asumido que la afirmación de que los policías irían "caminito de Jerez" no se iba a cumplir. Así que no sé por qué se extrañan.
En el fondo, lo que les pasa a los conspiracionistas es que no han interiorizado el dilema del prisionero.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
