05-09-2008, 06:18:14
Merece pena tener en cuenta estos planteamientos y difundirlo. Es que son verdades tan sencillas, tan simples, tan necesarias
para corregir a los retorcidos y maledicentes.
¿Por qué no se aplican con más frecuencia?
¿Hay miedo? ¿Entonces somos una sociedad de cobardes?.
Despues de la sentencia del 11-M se esperaban más denuncias y querellas, para que todos eso se hiciera efectivo. Una pena.
para corregir a los retorcidos y maledicentes.
¿Por qué no se aplican con más frecuencia?
¿Hay miedo? ¿Entonces somos una sociedad de cobardes?.
Despues de la sentencia del 11-M se esperaban más denuncias y querellas, para que todos eso se hiciera efectivo. Una pena.
Quote:El honor de Aznarhttp://www.estrelladigital.es/diario/art...zarzalejos
José Antonio Zarzalejos
La atribución a la duquesa de Alba de un hijo extramatrimonial le ha costado al periodista que recoge el rumor en un libro una sentencia condenatoria por intromisión ilegítima en el honor de doña Cayetana y una indemnización por el daño moral infligido de 90.000 euros. El Tribunal Supremo acaba de sentenciar que un “robado” de fotografías a Isabel Pantoja en compañía de su amiga María del Monte cuando ambas paseaban por la finca de la tonadillera constituye una intromisión ilegítima en la intimidad de la cantante. Ambas resoluciones —otras ciento se podrían citar— aplican la ley de Protección de los derechos fundamentales al honor, la intimidad y la imagen de los ciudadanos que la Constitución contempla en su artículo 18. Estos derechos se defienden como establece esa ley orgánica de 5 de mayo de 1982 mediante un procedimiento judicial de carácter civil.
Sirva el exordio para afirmar, sin género de duda alguna, que José María Aznar López es titular del derecho a su propio honor y que la atribución —por él rotundamente desmentida— de la paternidad de un hijo con mujer que no es legalmente su esposa —la ministra francesa Rachida Dati— puede afectar a su honor y, por ello, reclamar ante los tribunales la protección de su derecho. Así parecen entenderlo también los medios y profesionales que, cuando de otras ocasiones se trató —me refiero a Federico Jiménez y a Pedro José Ramírez—, estimaron que por encima y por delante de ese derecho al honor estaba el de la libertad de expresión e información.
El periódico digital del radiofonista Jiménez se refería ayer al rumor sobre Aznar como a una “campaña” contra el ex presidente de un diario marroquí “basada en infundios” (también es un infundio insultar a otro ciudadano llamándole “sicario”, o “detritus”, como hizo él contra el que suscribe); y el diario que dirige el riojano titulaba su editorial “Rumores.com”, mientras que uno de sus más desavisados y oportunistas cronistas titulaba su texto analítico (?) con este estereotipado “Internet rompe la baraja”. Hay que congratularse, en consecuencia, de que unos y otros entiendan ahora que, efectivamente, no vale todo. Y que la libertad de expresión no es un ídolo o un territorio para la impunidad. Tampoco cuando un personaje es público —como lo es Aznar— porque, como dice la sentencia que condenó a Federico Jiménez el 29 de julio pasado por intromisión en el honor de quien esto escribe, la ley protege también “a un personaje público o con notoriedad pública, pues de lo contrario se estaría lisa y llanamente privando del derecho al honor al ofendido, dando lugar al absurdo de que determinadas personas no tendrían derecho al honor (…) en suma, el derecho al honor opera como un límite insoslayable (…) prohibiendo que nadie se refiera a una persona de forma insultante o injuriosa o atentando injustificadamente contra su reputación haciéndola desmerecer ante la opinión ajena”.
Así pues, Aznar tiene derecho a que su honor sea restablecido y que aquellos que se hagan eco de un hecho que le atribuye una conducta que desmerece ante su mujer, sus hijos, sus amigos y, eventualmente, una parte de la opinión pública, deban responder de su frivolidad o de su mala fe ante los tribunales de justicia, sin que puedan alegar que antes que el honor de Aznar está la libertad de expresión o una supuesta libertad de información que en este caso es de la misma naturaleza que la que llevó a condenar a un periodista por la atribución de un hijo extramatrimonial a la duquesa de Alba, hecho que habría sucedido hace más de cuatro décadas.
En definitiva, no puedo estar más de acuerdo con Joaquín Roy, presidente de Spain Stady Group, que ayer en el diario El País escribía lo siguiente: “Nadie tiene la valentía de presentar una querella de mayor cuantía (no de apenas 36.000 y 100.000 euros, las multas impuestas a Jiménez Losantos por dos tribunales de Madrid por calumnias), una querella a la americana, de varios millones de euros o de dólares. Y nadie presenta cargos por la ejecución de delitos contra el honor y la persona perfectamente tipificados por los códigos penales. Tal vez, si alguien lo hiciera, los responsables de las cadenas y diarios que cobijan esta sistemática conducta se lo pensarían dos veces”.
Hubo una empresa —Vocento/ABC— que sí interpuso una demanda “a la americana” contra el radiofonista de la COPE (le reclamaba 27 millones de euros) pero ahora le tiemblan las piernas y está en el trance de abandonarla. Ha optado, al parecer, por el apaciguamiento. Esperemos que Aznar no ceda a esa tentación y reivindique su honor allí donde debe hacerlo: ante la justicia.
