08-11-2008, 11:11:28
Érase un gaiteiro que tocaba la muiñeira con tal pasión, ritmo y arrebato que en cualquier fiesta bastaba que se arrancase con los dos primeros compases de una para que los paisanos se pusiesen a danzar y danzar sin tregua. Por la tarde tocaba el comienzo de una pieza y todo el mundo bailaba sin parar. Ya no necesitaba seguir tocando. Luego se iba a casa, pasaba un buen rato, cenaba y solo cerca de la media noche volvía a la fiesta. Tocaba dos o tres compases más y con ello aseguraba el baile hasta la madrugada.
No cabe duda de que el gaiteiro conseguía los máximos rendimientos con un esfuerzo casi nulo. ¿Estaba el arte en el músico o en las ganas de bailar de los paisanos? No creo que lleguemos a saberlo, pero el sistema funcionaba. ¡Vaya si funcionaba!
No cabe duda de que el gaiteiro conseguía los máximos rendimientos con un esfuerzo casi nulo. ¿Estaba el arte en el músico o en las ganas de bailar de los paisanos? No creo que lleguemos a saberlo, pero el sistema funcionaba. ¡Vaya si funcionaba!
