Lo dificil que es encontrar ejemplos que se adecúen a aquello que se quiere ilustrar.
Entre lo de los señores A, B y C y este último Minerva me tiene verdaderamente anonadado Ô.ô
Lo que parece que no quiere entender Minerva, y hay 6 páginas que anteceden esta y lo acreditan, es que no se trata de opiniones se trata de afirmaciones sobre terceros. Afirmaciones que atacan al honor, a la honestidad, al buen hacer. Mentiras. Falsedades que se usan para menospreciar, vejar, vilipendiar, estigmatizar y hostigar a un individuo o grupo de individuos.
Aquel que no quiera verlo, como decía Nituniyo, que no lo vea, y que siga divagando acerca de la reflexión individualizada subjetiva de los pareceres particulares de sujetos amparados por la legislación presente en función de su función en la sociedad y la repercusión de su opinión en la repercutida simbología del ideario colectivo de un grupo mayor (o menor) de individuos afectados por la singularética condición de la conjunción de su existencia individual finita con las sinergias positivas-negativas autoconcomitantes del espacio-tiempo en un mismo marco de existencia o del sexo de los ángeles, que viene a ser lo mismo y es igual de interesante, de trascendente y de productivo.
Si yo pienso que una mujer que me ha rechazado ejerce la prostitución (¡es una puta!, -speaking in silver-) soy totalmente libre para tener dicho pensamiento. Nadie puede preguntarme por él, ni puede juzgarme por él, ni puede someter al escrutinio de un juez dicho pensamiento.
Si, pasando del pensar al actuar. empiezo a gritar a los cuatro vientos que esta persona ejerce la prostitución, publico su teléfono en la sección de contactos del periódico, monto una página en internet en la que escribo opiniones de supuestos clientes, pego la foto de su cara sobre la foto del cuerpo de una mujer desnuda y lo reparto a miles en su entorno laboral, y un largo etcétera, eso es algo muy distinto. Si paso del pensamiento a la acción, y esta acción se desarrolla de modo constante, sistemático, reiterativo y con una clara finalidad de perjudicarla, esta persona tiene todo el derecho, TODO el derecho, de emprender acciones legales contra mí.
El pensamiento es libre (siendo generosos con el término). El actuar no.
Eso (lo segundo), y sólo eso, es lo que ha hecho Pedro J. Ramírez respecto al 11-M durante todo este tiempo. Su actuación no ha sido única y exclusivamente emitir su opinión. Se ha dedicado a injuriar, difamar y calumniar. Y el tiempo, cada vez más, da y dará la razón a aquellos que tal cosa opinamos.
Por supuesto eso sí, siempre, hay opiniones mucho más formadas que otras. Confundir opinar con difamar es propio de personas poco formadas. Pretender generar equivalencias entre opiniones individuales y privadas con la portada del segundo periódico más leído de un país, también.
Entre lo de los señores A, B y C y este último Minerva me tiene verdaderamente anonadado Ô.ô
Lo que parece que no quiere entender Minerva, y hay 6 páginas que anteceden esta y lo acreditan, es que no se trata de opiniones se trata de afirmaciones sobre terceros. Afirmaciones que atacan al honor, a la honestidad, al buen hacer. Mentiras. Falsedades que se usan para menospreciar, vejar, vilipendiar, estigmatizar y hostigar a un individuo o grupo de individuos.
Aquel que no quiera verlo, como decía Nituniyo, que no lo vea, y que siga divagando acerca de la reflexión individualizada subjetiva de los pareceres particulares de sujetos amparados por la legislación presente en función de su función en la sociedad y la repercusión de su opinión en la repercutida simbología del ideario colectivo de un grupo mayor (o menor) de individuos afectados por la singularética condición de la conjunción de su existencia individual finita con las sinergias positivas-negativas autoconcomitantes del espacio-tiempo en un mismo marco de existencia o del sexo de los ángeles, que viene a ser lo mismo y es igual de interesante, de trascendente y de productivo.
Si yo pienso que una mujer que me ha rechazado ejerce la prostitución (¡es una puta!, -speaking in silver-) soy totalmente libre para tener dicho pensamiento. Nadie puede preguntarme por él, ni puede juzgarme por él, ni puede someter al escrutinio de un juez dicho pensamiento.
Si, pasando del pensar al actuar. empiezo a gritar a los cuatro vientos que esta persona ejerce la prostitución, publico su teléfono en la sección de contactos del periódico, monto una página en internet en la que escribo opiniones de supuestos clientes, pego la foto de su cara sobre la foto del cuerpo de una mujer desnuda y lo reparto a miles en su entorno laboral, y un largo etcétera, eso es algo muy distinto. Si paso del pensamiento a la acción, y esta acción se desarrolla de modo constante, sistemático, reiterativo y con una clara finalidad de perjudicarla, esta persona tiene todo el derecho, TODO el derecho, de emprender acciones legales contra mí.
El pensamiento es libre (siendo generosos con el término). El actuar no.
Eso (lo segundo), y sólo eso, es lo que ha hecho Pedro J. Ramírez respecto al 11-M durante todo este tiempo. Su actuación no ha sido única y exclusivamente emitir su opinión. Se ha dedicado a injuriar, difamar y calumniar. Y el tiempo, cada vez más, da y dará la razón a aquellos que tal cosa opinamos.
Por supuesto eso sí, siempre, hay opiniones mucho más formadas que otras. Confundir opinar con difamar es propio de personas poco formadas. Pretender generar equivalencias entre opiniones individuales y privadas con la portada del segundo periódico más leído de un país, también.
