20-01-2009, 14:22:23
Gracias a ti también, Amelia, que desde que te conozco eres un ejemplo de mesura y tratamiento respetuoso. Creo que cualquier persona cuyos sentimientos no estén abotargados por su ideología, al analizar el conflicto sentirá emociones profundamente encontradas (más allá de un autojustificativo “lo siento por las víctimas pero esto es lo que hay”). No quiero hacer demagogia, pero lo de los niños (incluyendo por supuesto a los niños israelíes sometidos al estrés brutal de los cohetazos) es tremendo, devastador. No solo los muertos, sino los heridos, mutilados, en cuerpo y espíritu. Lo más sagrado (qué hermoso concepto este) que tenemos en este mundo, la inocencia de los niños, masacrada no sólo por las bombas, sino también por las clases de odio, por los supercocos yihadistas, por la funesta y estúpida pretensión de que el dios verdadero de veras se va a alinear con nosotros y contra ellos. Siento que el ser humano no dejará nunca de ser un animal, una bestia más, por mucha filosofía y arte y belleza que haya creado. Cuando la cosa se pone fea, aparece la bestia
Los videos por supuesto no deben utilizarse como motor de la demagogia. Pero sí creo que es necesario ver todos los videos, oír todas las historias, empaparse hasta la saturación del sufrimiento y el horror en los dos bandos, no se me ocurre otra forma de que la compasión despierte en los corazones y desaloje a la autojustificación defensiva, o al menos se ponga en pie de igualdad con ella. Atiborrarse de sinrazón para que la razón despierte y grite de hartazgo, y se rebele del yugo de la ideología (que de ideo- no tiene nada y debería llamarse viscerología) simplista y simplona.
Ya me puse cursi-lírico. Pues aquí va el resto. En mi futuro imaginario-utópico-infantil-desesperado ocurrirá esto: por cada muerto que nos provoquen, les construiremos un hospital, por cada cohete que nos tiren crearemos un puesto de trabajo para un palestino, por cada suicida asesino entregaremos una indemnización a sus familiares. Pagaremos su odio con nuestra sangre y nuestro trabajo. Así lo haremos una vez y otra, y otra, y otra. Sin descanso, sin tregua, con una voluntad inquebrantable. Construiremos las escuelas donde aprenderán a odiarnos. Les demostraremos, hasta que caiga el último de nosotros, que hemos aniquilado ese sentimiento de nuestros corazones
Por favor, no se me ataque por la frivolidad del párrafo anterior. El copyright de ese mensaje lo tiene un tipo del que dicen que vivió y murió precisamente en esa tierra de canaán. En términos prácticos, los derechos de dicho mensaje fueron comprados casi dos mil años después por un fakir en calzoncillos, en palabras de Churchill, que en su orondidad se me representa insignificante al lado del “alma grande”. Churchill murió viejo, como un héroe de la acción y el pensamiento. A los otros dos los asesinaron. Y la verdad de su mensaje brilla por sí misma, sin aditivos, resulta evidente al corazón, es una ética completa y perfecta. Pero imposible de poner en práctica, porque a la bestia le produce un miedo invencible autoaniquilarse.
PD: uff, lo que hacen las pocas ganas de trabajar y un sistema límbico inestable
Los videos por supuesto no deben utilizarse como motor de la demagogia. Pero sí creo que es necesario ver todos los videos, oír todas las historias, empaparse hasta la saturación del sufrimiento y el horror en los dos bandos, no se me ocurre otra forma de que la compasión despierte en los corazones y desaloje a la autojustificación defensiva, o al menos se ponga en pie de igualdad con ella. Atiborrarse de sinrazón para que la razón despierte y grite de hartazgo, y se rebele del yugo de la ideología (que de ideo- no tiene nada y debería llamarse viscerología) simplista y simplona.
Ya me puse cursi-lírico. Pues aquí va el resto. En mi futuro imaginario-utópico-infantil-desesperado ocurrirá esto: por cada muerto que nos provoquen, les construiremos un hospital, por cada cohete que nos tiren crearemos un puesto de trabajo para un palestino, por cada suicida asesino entregaremos una indemnización a sus familiares. Pagaremos su odio con nuestra sangre y nuestro trabajo. Así lo haremos una vez y otra, y otra, y otra. Sin descanso, sin tregua, con una voluntad inquebrantable. Construiremos las escuelas donde aprenderán a odiarnos. Les demostraremos, hasta que caiga el último de nosotros, que hemos aniquilado ese sentimiento de nuestros corazones
Por favor, no se me ataque por la frivolidad del párrafo anterior. El copyright de ese mensaje lo tiene un tipo del que dicen que vivió y murió precisamente en esa tierra de canaán. En términos prácticos, los derechos de dicho mensaje fueron comprados casi dos mil años después por un fakir en calzoncillos, en palabras de Churchill, que en su orondidad se me representa insignificante al lado del “alma grande”. Churchill murió viejo, como un héroe de la acción y el pensamiento. A los otros dos los asesinaron. Y la verdad de su mensaje brilla por sí misma, sin aditivos, resulta evidente al corazón, es una ética completa y perfecta. Pero imposible de poner en práctica, porque a la bestia le produce un miedo invencible autoaniquilarse.
PD: uff, lo que hacen las pocas ganas de trabajar y un sistema límbico inestable
