28-01-2009, 18:23:31
Queridos amigos, veo con satisfacción el sano ejemplo de diálogo y cordura que predominan en estos pagos. Compárese con las muestras de "tolerancia" que nos ha traído Viana al nuevo hilo abierto, http://foro.desiertoslejanos.com/viewtopic.php?id=1345
Como lo prometido es deuda, no quisiera dejar de poner aquí un comentario sobre la emigración de los judíos a Palestina y la fundación de Israel. Espero no cansar a los compañeros, y debe quedar claro que lo que yo defiendo (y es sólo mi opinión, claro) es que Israel y los judíos tienen derecho a estar allí, derecho que les correspondía y que se ganaron en una guerra injusta y asimétrica. Pero el derecho a estar allí y vivir en un país con fronteras seguras (lo cual, estimo, es muy difícil con unas fronteras como las de 1967, a no ser que se permita una potencia militar israelí disuasoria, pero este es otro problema) no incluye, desde luego, el derecho a hacer lo que le dé la gana, y si se confirma que los dirigentes de Israel ordenaron un ataque con la seguridad de causar todas estas víctimas civiles y con la intención de ganar votos, es una canallada como lo que más. Eso, no lo defiendo
Pero, por centrarnos: recordaría yo que los judíos no se fueron de allí por propia voluntad, sino por expulsión y prohibición de los romanos en el siglo II. A tal punto los romanos estaban hartos de los levantiscos judíos, que quisieron borrar de los mapas incluso la memoria del país, y le llamaron Palestina (=tierra de filisteos). Obsérvese que los filisteos habían desaparecido casi mil años antes, y los romanos ni les conocieron, ni podían tener ninguna esperanza de que volvieran a habitar dicha tierra.
La prohibición estuvo vigente durante cientos de años, y técnicamente hasta el cese del dominio romano (romano bizantino, se entiende) al menos. Los cristianos, en sus períodos de dominio de lo que llamaron "Tierra Santa" no favorecieron precisamente la vuelta del "Pueblo Deicida" a la tierra donde, consideraban, habían cometido el peor de los pecados, que les había condenado (para ellos ) al exilio perpetuo.
En los tiempos en que el Islam dominó Palestina, los judíos fueron mejor tratados que en la Cristiandad, pero no dejaron de ser ciudadanos de segunda, con montones de prohibiciones y discriminaciones respecto a los Creyentes. No obstante, una relativa buena voluntad hacia los judíos (en tiempos de paz) permitió la vuelta de algunos cientos o miles de judíos religiosos a Safed, Jerusalén, Acre, etc, donde vivieron, siempre expuestos a pogroms y escabechinas (que, sin embargo, no llegaban a las matanzas organizadas en Occidente.
Pero es en el siglo XIX cuando empiezan las alliyahs, los retornos, de los judíos de los países circundantes y de Rusia, donde las persecuciones arrecieron tras la muerte del zar Alejandro II (uno ¡uno! de los terroristas que le asesinaron era judío).
Los primeros judíos inmigrados se limitaron a sobrevivir, trabajando como aparceros, descargadores de muelles, o trabajos por el estilo, con muy pocas ilusiones por rescatar un país.
Se reconoce más o menos públicamente en Theodor Herzl la figura que lanzó la llama del sionismo, y se admite que fue la contemplación de las persecuciones antijudías en Francia a raíz del caso Dreyfus, oficial judío, de familia acomodada, completamente asimilada en Francia, que fue injustamente acusado de traición. La contemplación de que en la liberal y democrática Francia el odio al judío continuaba latente y estallaba ante cualquier mentira inicua le llevó a pensar que nada cambiaría para el judío si no llegaba a tener una patria propia.
La “obsesión” de Herzl porque los judíos tuvieran una patria primaba por la recuperación de Canaán/Judea/Israel (Palestina) como dicha patria, de modo que se mostró dispuesto a que el Hogar nacional fuera acogido en otros lugares del mundo, como la actual Uganda, Mozambique o Argentina. Lo cual no quería decir que hubiera que expulsar a sus moradores (se trataba de tierras con poca densidad de población) sino acoger, en una parte de ellas, a los judíos que quisiesen emigrar.
Recordemos el momento en que nos encontramos, un momento de colonialismo y racismo, en que los ingleses y franceses dominan más de media Africa relegando a los nativos una absoluta inferioridad y parece que su imperio nunca se va a poner, para entender la que ahora parece extravagante idea de Herzl. Al menos, no parece más extravagante que la guerra de los bóers con colonos holandeses y anglosajones peleando por quién esclaviza a los negritos, o el repartro de Africa entre las colonias europeas a inicios del siglo XX.
El caso es que la Organización Sionista Mundial rechazó de cabo a rabo estas ideas: Sólo Palestina podía acoger el Hogar Judío.
Para ello, dispuso fondos con los que se procedió a la compra de tierras, para que quienes quisieran emigrar a Palestina lo pudieran hacer. Es decir, no se arrebató la propiedad de las tierras sino que se compraron a sus dueños, los effendis árabes que, residiendo en Damasco o Bagdad no se preocupaban lo más mínimo por dichas tierras, ni por mejorar las condiciones de vida medievales de los fellahas. La compra de tierras fue legal y sancionada por la autoridad turca del momnto.
Por supuesto, entre los inmigrantes acudieron iluminados, que soñaban con levantar el país y despreciaban a los habitantes árabes, mucho más incultos y empobrecidos. Por supuesto, la población árabe vio con mucho recelo al recién llegado, máxime cuando en muchos casos (los kibbutz) los judíos cultivaban sus propias tierras y no usaban mano de obra foránea.
Para los effendis, la llegada de los judíos suponía otra ventaja: además de obtener inesperados beneficios por unas tierras empobrecidas y despobladas, disponían del mejor chivo expiatorio contra el que lanzar a sus esclavizados campesinos: el judío.
Y, también, paralelamente, entre las familias árabes más influyentes de palestina, el odio al judío supuso una poderosa arma en manos del más cruel e intrigante de los malvados de esa parte del mundo: Haj Amin El Husseini , criminal de guerra, amigo de Hitler y la alta camarilla nazi, propulsor del Holocausto allí donde estuvo, y tío (no por casualidad) de Yaser Arafat.
La emigración judía tuvo como consecuencias beneficiosas para la zona, que los cabecillas árabes no quisieron aprovechar: una constante afluencia de dinero durante las primeras décadas del siglo, la mejora de los sitemas de cultivo, aprovechamiento de aguas, hospitales, escuelas, sistemas políticos modernos... No en vano, y a pesar del odio e intento de El Huseini por dejar a los suyos en la Edad media, los palestinos eran, en la década de los treinta y cuarenta, los mñás cultos entre los árabes.
Y, por cierto, de ello se beneficiaron inmigrantes árabes de Irak. Libano, Siria, etc, que entre 19001925 casi duplicaron la población árabe palestina. Si en porcentaje la población judía aumentó, pasando en 50 años el 10 al 33 %, en números absolutos la población árabe casi aumentó en la misma cifra que la judía, a expensas de los árabes de alrededor.
Recordemos que por entonces no existían entidades políticas diferenciadas como Siria, Irak, Líbano, etc, y las fronteras de estas entidades fueron marcadas por Francia e Reino Unido en el período de entreguerras. Tal es el punto que, en 1948, los Sirios defendían que Paletina le pertenecía por ser parte de la “Gran Siria”, Jordania quería anexionarse Palestina para reconstituir el mandato (cosa que hizo con la parte de Cisjordania) Líbano también reclamaba que Palestina había sido, en tiempos, una unidad con la costa de Fenicia, y Egipto e Irak, con los saudíes, defendían la Gran Arabia... cada uno reclamando la dirección, claro.
Bien, pues, como digo, no existió hasta la guerra contra Israel una conciencia de palestina como entidad árabe independiente, como se demostró cuando Abdullah se tragó Cisjordania y Egipto, Gaza, en 1950.
¿Pudiera haber habido un estado unido y democrático con árabes y judíos en paz? Pues podría. Pero los extremismos de uno y otro lado (los judíos también, claro, pero no fueron ellos quienes declararon las guerras) lo impidieron.
Y es el caso que los judíos compraron las tierras. Lagalmente. Y emigraron, sí, pero también lo hicieron, y en grandes cantidades, los árabes de alrededor. Que, curiosamente, SIEMPRE se cuentan como palestinos por los mismos que ponen el punto en que los judíos solían entrar en barcuchos ilegales (pateras les llaman ahora, los que aplauden la inmigración ilegal a España pero censuran la de los judios a Palestina)
Puestas así las cosas, no había solución pacífica. Se decidió partir el país. Un país, por cierto, cuya densidad de población permitía holgadamente ambas comunidades. Y ya no digamos los millones de kilómetros vacíos que los árabes tenían a su disposición.
Habló la ONU, y votó la Partición. Los judíos lo aceptaron, los árabes no, fueron a la guerra con intención declarada de masacrar a todos los judíos, y perdieron. Se siente. Haber pedido Muerte.
Otro punto para recordar los torrentes de hipócrita santurronería que han derramado sus hermanos árabes” para con los palestinos a los que ellos, en muchos momentos, prometieron la victoria fácil, rogaron que se largaran de sus tierras para volver al saqueo, y luego encerraron en campos de odio y terror para usarlos como terroristas contra Israel.
Nos encontramos en 1948. ¿Vale? No en 2008. Quince años antes, un líder carismático ha subido al poder en Alemania y ha desencadenado una serie de acciones de fuerza para corregir lo que, a su juicio, eran injusticias históricas (y, en algunas cosas, no le faltaba razón, ) Por ejemplo, se anexiona la minoría alemana de los Sudetes, destruyendo el invento de Checoslovaquia (país completamente artificial). Declara la anexión de Austria, a la que contra todo derecho, se le había impedido en 1919 la unión a Alemania, pese a desearlo el 90 % de sus habitantes. Toma Danzing, ciudad alemana de toda la vida, que contra la opinión de sus habitantes había sido declarada ciudad libre. y más.
Al final, sus políticas de agresión llevan a la guerra, y pierde. Varios millones de alemanes fueron expulsados fulminantemente (cuando no masacrados, violados, humillados) de Prusia Oriental, Bohemia, Moravia, Polonia, etc.
¿Qué hubiera pasado si los alemanes de los sudetes, o de Prusia Oriental, o de Memel no hubieran sido admitidos en Alemania y siguieran reclamando, 60 años después, el retorno a su tierra de la que fueron expulsados por la violencia? ¿tenemos, hacia ellos, el mismo sentimiento que hacia los palestinos? No, porque se calaron,. Y fueron acogidos por sus “hermanos derrotados”. ¡Ah, y no tenían petróleo!
Por no alargarme ya más, que ya vale, en 1948, mientras los refugiados palestinos esperaban la derrota de Israel, que nunca llegó, la India fue dividido en dios estados Pakistán e India. Millones de refugiados pasaron de un país a otro, con ayuda de la Onu. ¿Qué hubiera ocurrido si los refugiados musulmanes o hindúes se hubieran negado a irse de sus tierras y, ayudados por la ONU, hubieran iniciado campañas de terror? Se lo imaginan? ¿Se imaginan el baño de sangre?
Perdonen la extensión, y deseo reiterar que es una apreciación cargada de subjetividad, como todas
Como lo prometido es deuda, no quisiera dejar de poner aquí un comentario sobre la emigración de los judíos a Palestina y la fundación de Israel. Espero no cansar a los compañeros, y debe quedar claro que lo que yo defiendo (y es sólo mi opinión, claro) es que Israel y los judíos tienen derecho a estar allí, derecho que les correspondía y que se ganaron en una guerra injusta y asimétrica. Pero el derecho a estar allí y vivir en un país con fronteras seguras (lo cual, estimo, es muy difícil con unas fronteras como las de 1967, a no ser que se permita una potencia militar israelí disuasoria, pero este es otro problema) no incluye, desde luego, el derecho a hacer lo que le dé la gana, y si se confirma que los dirigentes de Israel ordenaron un ataque con la seguridad de causar todas estas víctimas civiles y con la intención de ganar votos, es una canallada como lo que más. Eso, no lo defiendo
Pero, por centrarnos: recordaría yo que los judíos no se fueron de allí por propia voluntad, sino por expulsión y prohibición de los romanos en el siglo II. A tal punto los romanos estaban hartos de los levantiscos judíos, que quisieron borrar de los mapas incluso la memoria del país, y le llamaron Palestina (=tierra de filisteos). Obsérvese que los filisteos habían desaparecido casi mil años antes, y los romanos ni les conocieron, ni podían tener ninguna esperanza de que volvieran a habitar dicha tierra.
La prohibición estuvo vigente durante cientos de años, y técnicamente hasta el cese del dominio romano (romano bizantino, se entiende) al menos. Los cristianos, en sus períodos de dominio de lo que llamaron "Tierra Santa" no favorecieron precisamente la vuelta del "Pueblo Deicida" a la tierra donde, consideraban, habían cometido el peor de los pecados, que les había condenado (para ellos ) al exilio perpetuo.
En los tiempos en que el Islam dominó Palestina, los judíos fueron mejor tratados que en la Cristiandad, pero no dejaron de ser ciudadanos de segunda, con montones de prohibiciones y discriminaciones respecto a los Creyentes. No obstante, una relativa buena voluntad hacia los judíos (en tiempos de paz) permitió la vuelta de algunos cientos o miles de judíos religiosos a Safed, Jerusalén, Acre, etc, donde vivieron, siempre expuestos a pogroms y escabechinas (que, sin embargo, no llegaban a las matanzas organizadas en Occidente.
Pero es en el siglo XIX cuando empiezan las alliyahs, los retornos, de los judíos de los países circundantes y de Rusia, donde las persecuciones arrecieron tras la muerte del zar Alejandro II (uno ¡uno! de los terroristas que le asesinaron era judío).
Los primeros judíos inmigrados se limitaron a sobrevivir, trabajando como aparceros, descargadores de muelles, o trabajos por el estilo, con muy pocas ilusiones por rescatar un país.
Se reconoce más o menos públicamente en Theodor Herzl la figura que lanzó la llama del sionismo, y se admite que fue la contemplación de las persecuciones antijudías en Francia a raíz del caso Dreyfus, oficial judío, de familia acomodada, completamente asimilada en Francia, que fue injustamente acusado de traición. La contemplación de que en la liberal y democrática Francia el odio al judío continuaba latente y estallaba ante cualquier mentira inicua le llevó a pensar que nada cambiaría para el judío si no llegaba a tener una patria propia.
La “obsesión” de Herzl porque los judíos tuvieran una patria primaba por la recuperación de Canaán/Judea/Israel (Palestina) como dicha patria, de modo que se mostró dispuesto a que el Hogar nacional fuera acogido en otros lugares del mundo, como la actual Uganda, Mozambique o Argentina. Lo cual no quería decir que hubiera que expulsar a sus moradores (se trataba de tierras con poca densidad de población) sino acoger, en una parte de ellas, a los judíos que quisiesen emigrar.
Recordemos el momento en que nos encontramos, un momento de colonialismo y racismo, en que los ingleses y franceses dominan más de media Africa relegando a los nativos una absoluta inferioridad y parece que su imperio nunca se va a poner, para entender la que ahora parece extravagante idea de Herzl. Al menos, no parece más extravagante que la guerra de los bóers con colonos holandeses y anglosajones peleando por quién esclaviza a los negritos, o el repartro de Africa entre las colonias europeas a inicios del siglo XX.
El caso es que la Organización Sionista Mundial rechazó de cabo a rabo estas ideas: Sólo Palestina podía acoger el Hogar Judío.
Para ello, dispuso fondos con los que se procedió a la compra de tierras, para que quienes quisieran emigrar a Palestina lo pudieran hacer. Es decir, no se arrebató la propiedad de las tierras sino que se compraron a sus dueños, los effendis árabes que, residiendo en Damasco o Bagdad no se preocupaban lo más mínimo por dichas tierras, ni por mejorar las condiciones de vida medievales de los fellahas. La compra de tierras fue legal y sancionada por la autoridad turca del momnto.
Por supuesto, entre los inmigrantes acudieron iluminados, que soñaban con levantar el país y despreciaban a los habitantes árabes, mucho más incultos y empobrecidos. Por supuesto, la población árabe vio con mucho recelo al recién llegado, máxime cuando en muchos casos (los kibbutz) los judíos cultivaban sus propias tierras y no usaban mano de obra foránea.
Para los effendis, la llegada de los judíos suponía otra ventaja: además de obtener inesperados beneficios por unas tierras empobrecidas y despobladas, disponían del mejor chivo expiatorio contra el que lanzar a sus esclavizados campesinos: el judío.
Y, también, paralelamente, entre las familias árabes más influyentes de palestina, el odio al judío supuso una poderosa arma en manos del más cruel e intrigante de los malvados de esa parte del mundo: Haj Amin El Husseini , criminal de guerra, amigo de Hitler y la alta camarilla nazi, propulsor del Holocausto allí donde estuvo, y tío (no por casualidad) de Yaser Arafat.
La emigración judía tuvo como consecuencias beneficiosas para la zona, que los cabecillas árabes no quisieron aprovechar: una constante afluencia de dinero durante las primeras décadas del siglo, la mejora de los sitemas de cultivo, aprovechamiento de aguas, hospitales, escuelas, sistemas políticos modernos... No en vano, y a pesar del odio e intento de El Huseini por dejar a los suyos en la Edad media, los palestinos eran, en la década de los treinta y cuarenta, los mñás cultos entre los árabes.
Y, por cierto, de ello se beneficiaron inmigrantes árabes de Irak. Libano, Siria, etc, que entre 19001925 casi duplicaron la población árabe palestina. Si en porcentaje la población judía aumentó, pasando en 50 años el 10 al 33 %, en números absolutos la población árabe casi aumentó en la misma cifra que la judía, a expensas de los árabes de alrededor.
Recordemos que por entonces no existían entidades políticas diferenciadas como Siria, Irak, Líbano, etc, y las fronteras de estas entidades fueron marcadas por Francia e Reino Unido en el período de entreguerras. Tal es el punto que, en 1948, los Sirios defendían que Paletina le pertenecía por ser parte de la “Gran Siria”, Jordania quería anexionarse Palestina para reconstituir el mandato (cosa que hizo con la parte de Cisjordania) Líbano también reclamaba que Palestina había sido, en tiempos, una unidad con la costa de Fenicia, y Egipto e Irak, con los saudíes, defendían la Gran Arabia... cada uno reclamando la dirección, claro.
Bien, pues, como digo, no existió hasta la guerra contra Israel una conciencia de palestina como entidad árabe independiente, como se demostró cuando Abdullah se tragó Cisjordania y Egipto, Gaza, en 1950.
¿Pudiera haber habido un estado unido y democrático con árabes y judíos en paz? Pues podría. Pero los extremismos de uno y otro lado (los judíos también, claro, pero no fueron ellos quienes declararon las guerras) lo impidieron.
Y es el caso que los judíos compraron las tierras. Lagalmente. Y emigraron, sí, pero también lo hicieron, y en grandes cantidades, los árabes de alrededor. Que, curiosamente, SIEMPRE se cuentan como palestinos por los mismos que ponen el punto en que los judíos solían entrar en barcuchos ilegales (pateras les llaman ahora, los que aplauden la inmigración ilegal a España pero censuran la de los judios a Palestina)
Puestas así las cosas, no había solución pacífica. Se decidió partir el país. Un país, por cierto, cuya densidad de población permitía holgadamente ambas comunidades. Y ya no digamos los millones de kilómetros vacíos que los árabes tenían a su disposición.
Habló la ONU, y votó la Partición. Los judíos lo aceptaron, los árabes no, fueron a la guerra con intención declarada de masacrar a todos los judíos, y perdieron. Se siente. Haber pedido Muerte.
Otro punto para recordar los torrentes de hipócrita santurronería que han derramado sus hermanos árabes” para con los palestinos a los que ellos, en muchos momentos, prometieron la victoria fácil, rogaron que se largaran de sus tierras para volver al saqueo, y luego encerraron en campos de odio y terror para usarlos como terroristas contra Israel.
Nos encontramos en 1948. ¿Vale? No en 2008. Quince años antes, un líder carismático ha subido al poder en Alemania y ha desencadenado una serie de acciones de fuerza para corregir lo que, a su juicio, eran injusticias históricas (y, en algunas cosas, no le faltaba razón, ) Por ejemplo, se anexiona la minoría alemana de los Sudetes, destruyendo el invento de Checoslovaquia (país completamente artificial). Declara la anexión de Austria, a la que contra todo derecho, se le había impedido en 1919 la unión a Alemania, pese a desearlo el 90 % de sus habitantes. Toma Danzing, ciudad alemana de toda la vida, que contra la opinión de sus habitantes había sido declarada ciudad libre. y más.
Al final, sus políticas de agresión llevan a la guerra, y pierde. Varios millones de alemanes fueron expulsados fulminantemente (cuando no masacrados, violados, humillados) de Prusia Oriental, Bohemia, Moravia, Polonia, etc.
¿Qué hubiera pasado si los alemanes de los sudetes, o de Prusia Oriental, o de Memel no hubieran sido admitidos en Alemania y siguieran reclamando, 60 años después, el retorno a su tierra de la que fueron expulsados por la violencia? ¿tenemos, hacia ellos, el mismo sentimiento que hacia los palestinos? No, porque se calaron,. Y fueron acogidos por sus “hermanos derrotados”. ¡Ah, y no tenían petróleo!
Por no alargarme ya más, que ya vale, en 1948, mientras los refugiados palestinos esperaban la derrota de Israel, que nunca llegó, la India fue dividido en dios estados Pakistán e India. Millones de refugiados pasaron de un país a otro, con ayuda de la Onu. ¿Qué hubiera ocurrido si los refugiados musulmanes o hindúes se hubieran negado a irse de sus tierras y, ayudados por la ONU, hubieran iniciado campañas de terror? Se lo imaginan? ¿Se imaginan el baño de sangre?
Perdonen la extensión, y deseo reiterar que es una apreciación cargada de subjetividad, como todas
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
