24-02-2009, 12:37:02
Exacto.
Yo también estoy de acuerdo, o mejor, no estaría en desacuerdo.
Ya os he comentado alguna vez que existe un porcentaje de la población (y no pocos) con Transtornos de la personalidad que son, básicamente, incurables. Si el transtorno es, por ejemplo, histriónico, o dependiente (se llaman así) no son peligrosos para los ´demás ni para ellos mismos.
Pero hay personals que son muy peligrosas para la sociedad y son incurables ¿qué hacer con ellos? Y ¿cuándo hacerlo, puesto que desde que se detecta el transtorno, y aunque aún no haya delinquido, lo hará tarde o temprano? No pueden tener ningún tipo de empatía por sus víctimas (de la misma manera que una persona cuyo centro del dolor no existiese no puede entender lo que es el dolor ni por qué evitamos la llama de la cerilla, por ejemplo, personas como Ted Bundy no dejarán de delinquir), y no dejarán de cometer malas acciones excepto por el miedo al castigo, y sólo si lo ven muy cercano.
No son enfermos mentales (anteriormente se les consideraba como tal, pero recordad con el "Monstruo de Astetten", lo pronto que los psiquiatras se quitaron el monstruo de encima). Son delincuentes irreinsertables ¿Qué hacer con ellos? Ese debería ser el debate en la Sociedad, ampliable a otros sujetos que, sin tales transtornos, se consideren imposibles de rehabilitar.
Ahora bien, con lo que estoy absolutamente en desacuerdo es con que las campañas de prensa dirijan el tema de la política penitenciaria de España, porque sería el cuento de nunca acabar.
Si un hijo mío hiciese daño a alguien aceptaría la pena que los Tribunales le pusiesen. Pero no la que quiere "La Noria", ni el conde Lequio, ni Ana Rosa Quintana....
¡Faltaría más! Hasta el canalla más encenagado, nos enseñaron, tiene derecho a una defensa. Aquí tenemos un caso en que un verdadero juicio paralelo está privando (o buscando privar, que afortunadamente los jueces no conocen de "prensa rosa") a un joven que seguramente tiene aún opción a rehabilitarse, de dicha posibilidad.
Hilo aparte con este tema, por cierto.
Yo también estoy de acuerdo, o mejor, no estaría en desacuerdo.
Ya os he comentado alguna vez que existe un porcentaje de la población (y no pocos) con Transtornos de la personalidad que son, básicamente, incurables. Si el transtorno es, por ejemplo, histriónico, o dependiente (se llaman así) no son peligrosos para los ´demás ni para ellos mismos.
Pero hay personals que son muy peligrosas para la sociedad y son incurables ¿qué hacer con ellos? Y ¿cuándo hacerlo, puesto que desde que se detecta el transtorno, y aunque aún no haya delinquido, lo hará tarde o temprano? No pueden tener ningún tipo de empatía por sus víctimas (de la misma manera que una persona cuyo centro del dolor no existiese no puede entender lo que es el dolor ni por qué evitamos la llama de la cerilla, por ejemplo, personas como Ted Bundy no dejarán de delinquir), y no dejarán de cometer malas acciones excepto por el miedo al castigo, y sólo si lo ven muy cercano.
No son enfermos mentales (anteriormente se les consideraba como tal, pero recordad con el "Monstruo de Astetten", lo pronto que los psiquiatras se quitaron el monstruo de encima). Son delincuentes irreinsertables ¿Qué hacer con ellos? Ese debería ser el debate en la Sociedad, ampliable a otros sujetos que, sin tales transtornos, se consideren imposibles de rehabilitar.
Ahora bien, con lo que estoy absolutamente en desacuerdo es con que las campañas de prensa dirijan el tema de la política penitenciaria de España, porque sería el cuento de nunca acabar.
Si un hijo mío hiciese daño a alguien aceptaría la pena que los Tribunales le pusiesen. Pero no la que quiere "La Noria", ni el conde Lequio, ni Ana Rosa Quintana....
¡Faltaría más! Hasta el canalla más encenagado, nos enseñaron, tiene derecho a una defensa. Aquí tenemos un caso en que un verdadero juicio paralelo está privando (o buscando privar, que afortunadamente los jueces no conocen de "prensa rosa") a un joven que seguramente tiene aún opción a rehabilitarse, de dicha posibilidad.
Hilo aparte con este tema, por cierto.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
