25-02-2009, 15:46:43
(This post was last modified: 25-02-2009, 15:47:22 by morenohijazo.)
Lo lamentable es que aún haya quien quiera hacernos creer que las "tertulias del corazón" cumplen una función social.
Hace años recuerdo que había un programa que traía una siniestra (por lo menos para mi) figura llamada "El Conseguidor". Una vez a la semana, extraía una carta entre las recibidas y cumplía el deseo expresado.
En mi opinión era siniestro porque cumplía un deseo pero, ley de vida, dejaba miles y miles de cartas sin cumplir. Nótese que no es lo mismo que una carta que, al ser seleccionada, supone la participación en un concurso de pregunta-respuesta, o la concesión de un premio metálico. Estos concursos generan expectativas muy claras, sin engaños: si te toca, te toca, es dinero, y ya está. "El Conseguidor" era nefasto psicológicamente (es mi opinión, claro) porque muchos deseos eran más o menos imposibles. la redacción se llenaba de deseos del tipo: "que vuelva mi padre muerto"... "que mi hermano desaparecido vuelva", etc... que nunca eran seleccionados, claro, y se cumplían los ñoños deseos de "quiero conocer a Los pecos" "quiero conocer a Samanta Fox". En ocasiones hubo garrafales errores como entregar a una niña un perro de peluche en lugar de una mascota suya que había muerto, pero, sobre todo, era perjudicial porque dificultaba que mucha gente pudiera hacer frente a sus deudas morales, cerrando los casos de pérdidas de seres queridos.
En el caso de la niña Mª Luz, como en el caso de Marta del Castillo, la presión de los medios de comunicación, junto con un Gobierno (a mi juicio) demasiado populista, y una oposición crispadora han llevado a sendas entrtevistas con el presidente del Gobierno, recogidas de firmas para un referendo sobre un tema que, según me habéis informado, no puede ser objeto de dicha consulta, han llevado a intromisiones del Gobierno y la oposición en el Poder Judicial...
¿Puede ser razonable que cualquier ciudadano víctima de una injusticia se entreviste con el presidente del Gobierno? Estaría bien en la Grecia de Pericles, pero ahora, y aquí, resulta sencillamente inoperativo. Y que no se me salga con la "especial relevancia del caso" o la "excepcionalidad", porque una y otra han sido concedidas, exclusivamente, por los medios de comunicación, que han hablado, hablado, y hablado sobre el tema. ¿Cuántos muertos hay a manos de otra persona en España un fin de semana? ¿Cuántos atropellados? ¿Cuántas muertes evitables por un conductosr con exceso de velocidad o ingesta de alcohol?. ¿Cuántas víctimas de negligencias médicas? Hay cientos de muertos, todos los años, cuyos familiares también sienten rabia por no poder sentar a su mesa a un ser querido, y que si pudiesen, también irían a ver a Zapatero para exigirle un cambio en la legislación, o un endurecimiento de las penas. Es muy significativo que el padre de Marta del Castillo haya aclarado que pide la cadena perpetua para "crímenes especialmente dolorosos" (no cita los criminales reincidentes, puesto que en el caso de su hija no lo es) ¿Qué es un crimen especialmente doloroso? Para él, el de su hija, claro está. Como para cualquiera.
¿Cuál sería el delincuente que la sociedad consideraría digno de ser castigado con perpetua? Supongo que todos estaríamos de acuerdo en que el multireincidente, y aquel que sea imposible rehabilitar. Podríamos discutir si el crimen especialmente calculado, llevado con tremenda sangre fría y torturas, podrçía merecer un castigo mayor que el que merece. ¿Por qué, pues, se pide cadena perpetua para un joven como el asesino de la joven Marta, que al parecer actuó sin premeditación, que nunca había cometido un delito de sangre, y que por su edad y antecedentes puede ser objeto de rehabilitación?
Sólo encuentro una explicación. Este crimen merece más atención que, por ejemplo, los dos o tres crímenes de menores de edad que suceden anualmente en mi ciudad, porque los medios de comunicación han clavado sus garras en el asunto.
Respecto al crimen de los dos homosexuales de Vigo, paradójicamente, yo creo que aquí los medios de comunicación, junto con una homofobia aún latente en España, han tenido parte de culpa en lo que a mi juicio es un clamoroso error judicial. Aún a tiempo de subsanarse, gracias a Dios.
Dos son las circunstancias que, a mi juicio, han influido en un jurado a todas lkuces impreparado:
-La primera: mucha gente, en España, aún los que se definen como "sin prejuicios" tienen la idea, inconsciente a veces, de que los gays son pervertidos concupinscentes y rijosos, incapaces de mantener sus atributos dentro del pantalón. Muchas personas que no tienen ningún problema en dejar que un vecino recoja a su hija de quince años al volver del instituto, mirarían con desconfianza que otro vecino, homosexual, hiciera lo propio con el hijo de quince años. Como si los homosexuales no pudieran aguantar sus deseos sexuales o como si homosexual fuera sinónimo de pederasta.
Por ser justo, es posible que haya contribuido a la mala fama del colectivo Gay en España el desfile del orgullo Gay. No porque no tengan derecho a disfrazarse y pàsar un día divertido, sino porque mucha gente termina identificando los homosexuales con las "Drag" o con las "locazas" y ello da mala imagen al colectivo. Amigos míos gays me han contado que no se sienten representados por lo que ven allí, y yo también pienso si los heterosexuales nos sentiríamos representados por un desfile de horteras italianos con ropa de los 70, bigote y cinturón ancho, o por Pajares y Esteso, o por "machotes" tipo Charles Bronson, y la respuesta es NO.
-El segundo punto es la excesiva relevancia que entre los delitos se le ha concedido a los delitos sexuales. Es decir, no es que no sean delitos gravísimos, punibles y asquerosos, pero se ha informado de ellos poco menos que como lo peor que le puede pasar a una persona, ser violado, o ser objeto de tocamientos, o encontrase un exhibicionista, incluso se ha contado de ellos como peor que el asesinato, las torturas o cualquier otro crimen. En principio y en general, el asesinato es peor que el delito contra la libertad sexual, y así lo regsitran las leyes, pero los medios de comunicación se han recreado en las historias morbosas que tenían que ver con el sexo de los demás, hasta dar la impresión de que no hay peor delito.
Puestas así las cosas, el abogado del acusado "sólo" ha tenido que convencer al jurado de que el acusado actuó movido por un "pánico incontrolable" ante la convicción de ser violado por los dos homosexuales.
"¿Qué hay peor" -razonaron los miembros del jurado- "que ser violado, y encima por dos homosexuales? Nada, nada, nada hay peor," se respondieron a sí mismos... y la injusticia fue hecha.
Ustedes disculpen la extensión, pero quería rendir un tributo a las pobres víctimas de Lugo, cuyos familiares parece que no van a ser recibidos por el Presidente del Gobierno.
Hace años recuerdo que había un programa que traía una siniestra (por lo menos para mi) figura llamada "El Conseguidor". Una vez a la semana, extraía una carta entre las recibidas y cumplía el deseo expresado.
En mi opinión era siniestro porque cumplía un deseo pero, ley de vida, dejaba miles y miles de cartas sin cumplir. Nótese que no es lo mismo que una carta que, al ser seleccionada, supone la participación en un concurso de pregunta-respuesta, o la concesión de un premio metálico. Estos concursos generan expectativas muy claras, sin engaños: si te toca, te toca, es dinero, y ya está. "El Conseguidor" era nefasto psicológicamente (es mi opinión, claro) porque muchos deseos eran más o menos imposibles. la redacción se llenaba de deseos del tipo: "que vuelva mi padre muerto"... "que mi hermano desaparecido vuelva", etc... que nunca eran seleccionados, claro, y se cumplían los ñoños deseos de "quiero conocer a Los pecos" "quiero conocer a Samanta Fox". En ocasiones hubo garrafales errores como entregar a una niña un perro de peluche en lugar de una mascota suya que había muerto, pero, sobre todo, era perjudicial porque dificultaba que mucha gente pudiera hacer frente a sus deudas morales, cerrando los casos de pérdidas de seres queridos.
En el caso de la niña Mª Luz, como en el caso de Marta del Castillo, la presión de los medios de comunicación, junto con un Gobierno (a mi juicio) demasiado populista, y una oposición crispadora han llevado a sendas entrtevistas con el presidente del Gobierno, recogidas de firmas para un referendo sobre un tema que, según me habéis informado, no puede ser objeto de dicha consulta, han llevado a intromisiones del Gobierno y la oposición en el Poder Judicial...
¿Puede ser razonable que cualquier ciudadano víctima de una injusticia se entreviste con el presidente del Gobierno? Estaría bien en la Grecia de Pericles, pero ahora, y aquí, resulta sencillamente inoperativo. Y que no se me salga con la "especial relevancia del caso" o la "excepcionalidad", porque una y otra han sido concedidas, exclusivamente, por los medios de comunicación, que han hablado, hablado, y hablado sobre el tema. ¿Cuántos muertos hay a manos de otra persona en España un fin de semana? ¿Cuántos atropellados? ¿Cuántas muertes evitables por un conductosr con exceso de velocidad o ingesta de alcohol?. ¿Cuántas víctimas de negligencias médicas? Hay cientos de muertos, todos los años, cuyos familiares también sienten rabia por no poder sentar a su mesa a un ser querido, y que si pudiesen, también irían a ver a Zapatero para exigirle un cambio en la legislación, o un endurecimiento de las penas. Es muy significativo que el padre de Marta del Castillo haya aclarado que pide la cadena perpetua para "crímenes especialmente dolorosos" (no cita los criminales reincidentes, puesto que en el caso de su hija no lo es) ¿Qué es un crimen especialmente doloroso? Para él, el de su hija, claro está. Como para cualquiera.
¿Cuál sería el delincuente que la sociedad consideraría digno de ser castigado con perpetua? Supongo que todos estaríamos de acuerdo en que el multireincidente, y aquel que sea imposible rehabilitar. Podríamos discutir si el crimen especialmente calculado, llevado con tremenda sangre fría y torturas, podrçía merecer un castigo mayor que el que merece. ¿Por qué, pues, se pide cadena perpetua para un joven como el asesino de la joven Marta, que al parecer actuó sin premeditación, que nunca había cometido un delito de sangre, y que por su edad y antecedentes puede ser objeto de rehabilitación?
Sólo encuentro una explicación. Este crimen merece más atención que, por ejemplo, los dos o tres crímenes de menores de edad que suceden anualmente en mi ciudad, porque los medios de comunicación han clavado sus garras en el asunto.
Respecto al crimen de los dos homosexuales de Vigo, paradójicamente, yo creo que aquí los medios de comunicación, junto con una homofobia aún latente en España, han tenido parte de culpa en lo que a mi juicio es un clamoroso error judicial. Aún a tiempo de subsanarse, gracias a Dios.
Dos son las circunstancias que, a mi juicio, han influido en un jurado a todas lkuces impreparado:
-La primera: mucha gente, en España, aún los que se definen como "sin prejuicios" tienen la idea, inconsciente a veces, de que los gays son pervertidos concupinscentes y rijosos, incapaces de mantener sus atributos dentro del pantalón. Muchas personas que no tienen ningún problema en dejar que un vecino recoja a su hija de quince años al volver del instituto, mirarían con desconfianza que otro vecino, homosexual, hiciera lo propio con el hijo de quince años. Como si los homosexuales no pudieran aguantar sus deseos sexuales o como si homosexual fuera sinónimo de pederasta.
Por ser justo, es posible que haya contribuido a la mala fama del colectivo Gay en España el desfile del orgullo Gay. No porque no tengan derecho a disfrazarse y pàsar un día divertido, sino porque mucha gente termina identificando los homosexuales con las "Drag" o con las "locazas" y ello da mala imagen al colectivo. Amigos míos gays me han contado que no se sienten representados por lo que ven allí, y yo también pienso si los heterosexuales nos sentiríamos representados por un desfile de horteras italianos con ropa de los 70, bigote y cinturón ancho, o por Pajares y Esteso, o por "machotes" tipo Charles Bronson, y la respuesta es NO.
-El segundo punto es la excesiva relevancia que entre los delitos se le ha concedido a los delitos sexuales. Es decir, no es que no sean delitos gravísimos, punibles y asquerosos, pero se ha informado de ellos poco menos que como lo peor que le puede pasar a una persona, ser violado, o ser objeto de tocamientos, o encontrase un exhibicionista, incluso se ha contado de ellos como peor que el asesinato, las torturas o cualquier otro crimen. En principio y en general, el asesinato es peor que el delito contra la libertad sexual, y así lo regsitran las leyes, pero los medios de comunicación se han recreado en las historias morbosas que tenían que ver con el sexo de los demás, hasta dar la impresión de que no hay peor delito.
Puestas así las cosas, el abogado del acusado "sólo" ha tenido que convencer al jurado de que el acusado actuó movido por un "pánico incontrolable" ante la convicción de ser violado por los dos homosexuales.
"¿Qué hay peor" -razonaron los miembros del jurado- "que ser violado, y encima por dos homosexuales? Nada, nada, nada hay peor," se respondieron a sí mismos... y la injusticia fue hecha.
Ustedes disculpen la extensión, pero quería rendir un tributo a las pobres víctimas de Lugo, cuyos familiares parece que no van a ser recibidos por el Presidente del Gobierno.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
