27-02-2009, 18:41:37
Un ejemplo claro de ley políticamente rentable creada a "petición social" es, creo, la de Violencia de Género. Una norma bienintencionada con indudables aciertos, pero aberrante desde el punto de vista jurídico, que no sólo no ha contribuido a solucionar el problema sino que ha creado otro nuevo (el de las abundantes falsas denuncias buscando beneficios en causas de divorcio).
Conceder valor probatorio al mero testimonio de la supuesta agredida es una barbaridad que no puede sino desembocar en caza de brujas, o, en este caso, de brujos. La ley no sólo no disuade al verdadero agresor (por lo general, un animal de bellota que no va a pararse a pensar en consecuencias cuando se quita la correa para sacudirle a su señora), sino que proporciona un arma devastadora a las esposas sin escrúpulos, que como se está viendo también las hay. Un hombre denunciado en falso por violencia doméstica difícilmente podrá librarse de una acusación que legalmente se da por cierta, y si milagrosamente lo consigue quedará para siempre marcado con el sello de la sospecha.
Veo bien que se extremen las medidas cautelares en estos casos (alejamientos preventivos pero, ojo, a ser posible sin publicidad, casas de acogida para mujeres en peligro, medidas de seguimiento, asesoría legal, ayuda psicológica: todo me parecerá siempre poco, muy poco), pero no podemos saltarnos los principios elementales del estado de derecho para apuntarnos un tanto con las espectadoras del programa de Ana Rosa. Porque con eso no gana nadie, salvo el legislador que araña unos miles de votos, creo, y el político en la oposición que calla y consiente para no perderlos.
Tan perversa es la situación, que levantar la voz para señalar esto es ya casi imposible, so pena de que le caiga a uno una lluvia de acusaciones de machista troglodita. Ya ha pasado con varios juristas que lo han intentado...
Conceder valor probatorio al mero testimonio de la supuesta agredida es una barbaridad que no puede sino desembocar en caza de brujas, o, en este caso, de brujos. La ley no sólo no disuade al verdadero agresor (por lo general, un animal de bellota que no va a pararse a pensar en consecuencias cuando se quita la correa para sacudirle a su señora), sino que proporciona un arma devastadora a las esposas sin escrúpulos, que como se está viendo también las hay. Un hombre denunciado en falso por violencia doméstica difícilmente podrá librarse de una acusación que legalmente se da por cierta, y si milagrosamente lo consigue quedará para siempre marcado con el sello de la sospecha.
Veo bien que se extremen las medidas cautelares en estos casos (alejamientos preventivos pero, ojo, a ser posible sin publicidad, casas de acogida para mujeres en peligro, medidas de seguimiento, asesoría legal, ayuda psicológica: todo me parecerá siempre poco, muy poco), pero no podemos saltarnos los principios elementales del estado de derecho para apuntarnos un tanto con las espectadoras del programa de Ana Rosa. Porque con eso no gana nadie, salvo el legislador que araña unos miles de votos, creo, y el político en la oposición que calla y consiente para no perderlos.
Tan perversa es la situación, que levantar la voz para señalar esto es ya casi imposible, so pena de que le caiga a uno una lluvia de acusaciones de machista troglodita. Ya ha pasado con varios juristas que lo han intentado...
