08-03-2009, 10:13:34
(This post was last modified: 08-03-2009, 10:14:09 by morenohijazo.)
Je, je... Cuando diez “casi que me parece bien”, entiendo que quieres decir que no te parece bien, así que no parece que estés muy de acuerdo con el mayor castigo que reciba quien agreda a un médico…
En todo caso, hagamos notar que, pese a lo que la gente pueda haber leído, el mayor castigo que recibe quien ataque a un médico, o enfermera, no es por ser objeto de muchas agresiones, es en función de su situación de “autoridad”.
Y esto se entenderá mejor si recordamos que las agresiones a un agente de la ley, un agente judicial, un funcionario que procede a un embargo, un policía que te pone una multa, un profesor, son al mismo tiempo agresiones a una “autoridad” que representa la del Estado, Comunidad Autónoma, etc, que las comisiona.
Al que le parezca injusto, recuerde también que las “autoridades” son también más responsables de sus actos por serlo. Por ejemplo, sabemos que la falsificación cometida por un funcionario público tiene penas diferentes, y más gravosas, que si la comete otra persona.
En el caso de los médicos, y las enfermeras, y también por cierto la de los profesores, su reconocimiento como “autoridad” es reciente, aunque era una vieja aspiración de los médicos que trabajan para la función Pública, y tiene la explicación en que los sanitarios (sobre todo los médicos) disponen de herramientas de trabajo que se traducen en dinero, en gasto público (el talonario de recetas, los volantes de exploraciones complementarias, los volantes de derivación a especialistas) y al mismo tiempo son codiciados por los pacientes (hay estudios que demuestran que ocho o nueve de cada diez pacientes lo que esperan de la visita médica es una receta o un volante). Efectivamente, casi todas las agresiones se producen cuando el médico (menos veces la enfermera) niega al paciente una receta, un volante… niega dinero que es del Estado, y no propiedad suyo, es agredido por eso, y ese es el motivo de que se le haya dotado de ese grado de “autoridad”. En plata, porque defiende un dinero que no es suyo, que es de todos nosotros.
Por eso, la sanción para los agresores de médicos y enfermeras sólo será mayor si se produce en el ejercicio de su profesión, y sólo si son funcionarios públicos, aunque los colegios de médicos solicitan que se extienda tal consideración a la actividad privada. Ahí ya no me meto, porque si por un lado no veo por qué los médicos privados tienen que tener consideración de “autoridad” también es cierto que, si cometen un abuso, son más castigados que las personas “no-médicos-no-enfermeras”, así que…
Es decir, tú le puedes sacudir a un médico un domingo por una discusión de tráfico, y no serás más castigada que por cualquier otra agresión (a no ser que precisamente la agresión sea en venganza por lo que ha ocurrido antes en la consulta, claro).
Curiosamente, hasta hace poco, la situación era justo la contraria: los pacientes conflictivos y agresivos gozaban de una cierta impunidad porque, casi sistemáticamente, sus abogados alegaban, y casi siempre se les acordaba, la atenuante de “sensación de enfermedad”, lo que dejaba muchas agresiones sin castigo, y estaba detrás de la escasa denuncia que hacían los profesionales sanitarios, convencidos de que no iba a servir para nada…
Como veis, y aunque no entro en si os parece justo o no, la consideración de Autoridad, que es la que hace que una agresión a un médico de la Función Pública sea más castigada que una agresión, por ejemplo, a un tendero, tiene diferencias con la agresión a una mujer por parte de su pareja.
1) La condición de Autoridad puede ser adquirida por cualquier español que ingrese en el cuerpo de policías, bomberos, estudie medicina o enfermería y trabaje en el sector público (incluso aunque haga una sustitución de un día), profesores, etc. El mayor castigo a una persona que sacuda a su mujer tiene su base en una circunstancia genética, la de tener un cromosoma X de más, que funciona aquí como una especie de traje de Iron Man…
2) La potestad de Autoridad tiene también el reverso de la moneda en que el abuso de tu poder tiene, para el funcionario, peores consecuencias que para los seres comunes. Pensemos en el anestesista este de Valencia sobre el que parte del agravamiento de la culpa recaía en su situación de funcionario público, o en cualquier médico que haga objeto de tocamientos a sus pacientes, cuya sanción es, también, más dura por razón de su abuso de confianza. O en el médico que “distrae recetas”, aunque sea por un valor mínimo, que es sancionado muy duramente por tratarse de un documento oficial… En cambio, esa situación de prevalencia que goza la mujer respecto al hombre en virtud de la Ley de Violencia de Género no tiene ningún tipo de contrapartida, ni si quiera la de que las denuncias falsas sean más castigadas. Por el contrario, las denuncias falas son, incluso, menos castigadas: se producen comparativamente muy pocas deducciones de testimonios (como, por cierto, en las falsas denuncias contra médicos.
3) En el caso de las agresiones a profesionales no se contemplan, tampoco, medidas cautelares automáticas con la sóla palabra del médico. Se dictan órdenes de alejamiento sólo si hay testigos (suele haberlos si la agresión se produce en el centro de Salud) y, por ejemplo, si no existen testigos, una simple medida de cambio de médico (medida no sancionadora, sino conciliadora) no se puede dar a petición del médico, (del paciente sí) sin autorización del inspector. Entiendo que con eso se evita que los médicos se quiten de encima a sus pacientes “plomos”, pero ¿por qué se considera que el médico que quiere quitarse de encima a un paciente, y alega agresión verbal sin pruebas, puede estar mintiendo, y la mujer nunca miente? Y cuando pensamos que se supone que la mujer médico puede mentir si quiere quitar de encima a un paciente alegando que la ha intimidado, pero no miente nunca si alega que su marido la hace objeto de violencia psíquica, la cuestión es casi surrealista
También haría hincapié, y ya van varias veces que lo digo, que yo no estoy en contra de que las sanciones a maltratadores sean elevadas. Contra lo que me opongo es que, simplemente por ser mujer, y no hombre, y que tu agresor sea hombre, y no mujer, y que convivas o hayas convivido con él, la pena sea automáticamente mayor, y además, ya de inicio, se ejerzan unas provisiones de alejamiento, aunque no haya ninguna prueba, sin atender al grado de lesión producido, a la verosimilitud del hecho, o a la mayor o menor fuerza de uno y otro. Es por eso, querida Irene, que no me puedes aplicar el ejemplo de tu amiga maltratada, porque no es la sanción que le caería a su maltratador la que yo impugno. Es la del prójimo que resulta falsamente acusado, pero que tres años después va a tener mucho más difícil rehacer su vida, o la de la pareja que de enzarza a bofetadas y, causando el mismo daño, uno recibe pena de delito, y la otra de falta.
Y tampoco vale que pongáis como razón la mayor fuerza de uno o de otro. En primer lugar, la mayor fuerza de uno y de otro no es lo que cuenta, sino las lesiones provocadas. Yo puedo ser más fuerte que mi mujer, pero si le pego una bofetada, y ella a mi me da con una barra de hierro, yo sufriré más daño; pero seré yo, paradójicamente, quien más castigo reciba, en virtud de una ley injusta.
Y la distinta pena en función del daño causado, que es lo justo, ya estaba contemplada en la ley anterior. Según las lesiones los días de baja, los días de hospitalización, la asistencia sanitaria recibida, el castigo era mayor o menor. Y según la reincidencia, el castigo era mayor o menor. ¿Para qué hacer otra ley? Bastaba con mejorar, y aplicar bien, la que ya había, en lugar de hacer una Ley nueva, que siempre queda más bonito y atrae más votos.
Este Gobierno tiene una gran disposición a legislar según lo que llama la atención de los medios de comunicación, y así, a veces se mete en jardines , como el caso del juez Tirado; Zapatero recibió a los padres de Mª Luz y se metió en una polémica donde no tenía que haber terciado; eso le ha costado una huelga de jueces y la dimisión, quizás, de Bermejo; recibió a los padres de Marta del Castillo, y los tiene por ahí pidiendo un referendo que legalmente no se puede convocar; que se sepa., no ha recibido a los padres de los homosexuales asesinados en Vigo, ¿por qué no? ¿No es su caso más injusto aún? Supongo que Zapatero, por fin, se ha dado cuenta que no gobierna una Atenas de 30000 ciudadanos, y que no puede solucionar, uno a uno, los problemas de todos los ciudadanos Otras veces comete injusticias puras y duras (como es criminalizar a todo un colectivo, el de los varones, siempre bajo sospecha, en lugar de endurecer las penas para los violentos, sea quienes sean.
De hecho, si por mayor o menor fuerza fuera ¿por qué no penar más las agresiones a médicos cuando las provoca un varón y la profesional una mujer? De hecho, ya he visto, en algunos periódicos que mal-explicaban la consideración de agresión a la autoridad que iban a recibir desde ahora los insultos y tortazos a médicos, enfermeras, profesores, etc, que el aumento de agresiones “seguramente tenía que ver con el mayor número de mujeres que ahora acceden a la profesión”. Léase, en el enlace:
http://www.elpais.com/articulo/espana/ag...nac_22/Tes
Observación políticamente correcta, pero absurda cuando, en realidad, desde mucho antes de que le mujer fuera aumentando entre los médicos, ya se observaban dichas conductas agresivas, no precisamente por el género, sino por la pérdida de la autoridad de los médicos, junto con la convicción de los pacientes (bueno, impacientes) de que tienen derecho a todo lo que exijan (a lo que no son ajenos, tampoco, Gobiernos demagógicos con su “vaya al médico, que tiene usted derecho a Sanidad gratuita y universal”. Con los profesores, idem de idem. El mayor número de agresiones no se debe a que haya más mujeres, sino a que se ha perdido absolutamente, y empezando por los padres, el respeto a la autoridad.
Como antaño, perdón por la hiper-extensión de mis temas.
En todo caso, hagamos notar que, pese a lo que la gente pueda haber leído, el mayor castigo que recibe quien ataque a un médico, o enfermera, no es por ser objeto de muchas agresiones, es en función de su situación de “autoridad”.
Y esto se entenderá mejor si recordamos que las agresiones a un agente de la ley, un agente judicial, un funcionario que procede a un embargo, un policía que te pone una multa, un profesor, son al mismo tiempo agresiones a una “autoridad” que representa la del Estado, Comunidad Autónoma, etc, que las comisiona.
Al que le parezca injusto, recuerde también que las “autoridades” son también más responsables de sus actos por serlo. Por ejemplo, sabemos que la falsificación cometida por un funcionario público tiene penas diferentes, y más gravosas, que si la comete otra persona.
En el caso de los médicos, y las enfermeras, y también por cierto la de los profesores, su reconocimiento como “autoridad” es reciente, aunque era una vieja aspiración de los médicos que trabajan para la función Pública, y tiene la explicación en que los sanitarios (sobre todo los médicos) disponen de herramientas de trabajo que se traducen en dinero, en gasto público (el talonario de recetas, los volantes de exploraciones complementarias, los volantes de derivación a especialistas) y al mismo tiempo son codiciados por los pacientes (hay estudios que demuestran que ocho o nueve de cada diez pacientes lo que esperan de la visita médica es una receta o un volante). Efectivamente, casi todas las agresiones se producen cuando el médico (menos veces la enfermera) niega al paciente una receta, un volante… niega dinero que es del Estado, y no propiedad suyo, es agredido por eso, y ese es el motivo de que se le haya dotado de ese grado de “autoridad”. En plata, porque defiende un dinero que no es suyo, que es de todos nosotros.
Por eso, la sanción para los agresores de médicos y enfermeras sólo será mayor si se produce en el ejercicio de su profesión, y sólo si son funcionarios públicos, aunque los colegios de médicos solicitan que se extienda tal consideración a la actividad privada. Ahí ya no me meto, porque si por un lado no veo por qué los médicos privados tienen que tener consideración de “autoridad” también es cierto que, si cometen un abuso, son más castigados que las personas “no-médicos-no-enfermeras”, así que…
Es decir, tú le puedes sacudir a un médico un domingo por una discusión de tráfico, y no serás más castigada que por cualquier otra agresión (a no ser que precisamente la agresión sea en venganza por lo que ha ocurrido antes en la consulta, claro).
Curiosamente, hasta hace poco, la situación era justo la contraria: los pacientes conflictivos y agresivos gozaban de una cierta impunidad porque, casi sistemáticamente, sus abogados alegaban, y casi siempre se les acordaba, la atenuante de “sensación de enfermedad”, lo que dejaba muchas agresiones sin castigo, y estaba detrás de la escasa denuncia que hacían los profesionales sanitarios, convencidos de que no iba a servir para nada…
Como veis, y aunque no entro en si os parece justo o no, la consideración de Autoridad, que es la que hace que una agresión a un médico de la Función Pública sea más castigada que una agresión, por ejemplo, a un tendero, tiene diferencias con la agresión a una mujer por parte de su pareja.
1) La condición de Autoridad puede ser adquirida por cualquier español que ingrese en el cuerpo de policías, bomberos, estudie medicina o enfermería y trabaje en el sector público (incluso aunque haga una sustitución de un día), profesores, etc. El mayor castigo a una persona que sacuda a su mujer tiene su base en una circunstancia genética, la de tener un cromosoma X de más, que funciona aquí como una especie de traje de Iron Man…
2) La potestad de Autoridad tiene también el reverso de la moneda en que el abuso de tu poder tiene, para el funcionario, peores consecuencias que para los seres comunes. Pensemos en el anestesista este de Valencia sobre el que parte del agravamiento de la culpa recaía en su situación de funcionario público, o en cualquier médico que haga objeto de tocamientos a sus pacientes, cuya sanción es, también, más dura por razón de su abuso de confianza. O en el médico que “distrae recetas”, aunque sea por un valor mínimo, que es sancionado muy duramente por tratarse de un documento oficial… En cambio, esa situación de prevalencia que goza la mujer respecto al hombre en virtud de la Ley de Violencia de Género no tiene ningún tipo de contrapartida, ni si quiera la de que las denuncias falsas sean más castigadas. Por el contrario, las denuncias falas son, incluso, menos castigadas: se producen comparativamente muy pocas deducciones de testimonios (como, por cierto, en las falsas denuncias contra médicos.
3) En el caso de las agresiones a profesionales no se contemplan, tampoco, medidas cautelares automáticas con la sóla palabra del médico. Se dictan órdenes de alejamiento sólo si hay testigos (suele haberlos si la agresión se produce en el centro de Salud) y, por ejemplo, si no existen testigos, una simple medida de cambio de médico (medida no sancionadora, sino conciliadora) no se puede dar a petición del médico, (del paciente sí) sin autorización del inspector. Entiendo que con eso se evita que los médicos se quiten de encima a sus pacientes “plomos”, pero ¿por qué se considera que el médico que quiere quitarse de encima a un paciente, y alega agresión verbal sin pruebas, puede estar mintiendo, y la mujer nunca miente? Y cuando pensamos que se supone que la mujer médico puede mentir si quiere quitar de encima a un paciente alegando que la ha intimidado, pero no miente nunca si alega que su marido la hace objeto de violencia psíquica, la cuestión es casi surrealista
También haría hincapié, y ya van varias veces que lo digo, que yo no estoy en contra de que las sanciones a maltratadores sean elevadas. Contra lo que me opongo es que, simplemente por ser mujer, y no hombre, y que tu agresor sea hombre, y no mujer, y que convivas o hayas convivido con él, la pena sea automáticamente mayor, y además, ya de inicio, se ejerzan unas provisiones de alejamiento, aunque no haya ninguna prueba, sin atender al grado de lesión producido, a la verosimilitud del hecho, o a la mayor o menor fuerza de uno y otro. Es por eso, querida Irene, que no me puedes aplicar el ejemplo de tu amiga maltratada, porque no es la sanción que le caería a su maltratador la que yo impugno. Es la del prójimo que resulta falsamente acusado, pero que tres años después va a tener mucho más difícil rehacer su vida, o la de la pareja que de enzarza a bofetadas y, causando el mismo daño, uno recibe pena de delito, y la otra de falta.
Y tampoco vale que pongáis como razón la mayor fuerza de uno o de otro. En primer lugar, la mayor fuerza de uno y de otro no es lo que cuenta, sino las lesiones provocadas. Yo puedo ser más fuerte que mi mujer, pero si le pego una bofetada, y ella a mi me da con una barra de hierro, yo sufriré más daño; pero seré yo, paradójicamente, quien más castigo reciba, en virtud de una ley injusta.
Y la distinta pena en función del daño causado, que es lo justo, ya estaba contemplada en la ley anterior. Según las lesiones los días de baja, los días de hospitalización, la asistencia sanitaria recibida, el castigo era mayor o menor. Y según la reincidencia, el castigo era mayor o menor. ¿Para qué hacer otra ley? Bastaba con mejorar, y aplicar bien, la que ya había, en lugar de hacer una Ley nueva, que siempre queda más bonito y atrae más votos.
Este Gobierno tiene una gran disposición a legislar según lo que llama la atención de los medios de comunicación, y así, a veces se mete en jardines , como el caso del juez Tirado; Zapatero recibió a los padres de Mª Luz y se metió en una polémica donde no tenía que haber terciado; eso le ha costado una huelga de jueces y la dimisión, quizás, de Bermejo; recibió a los padres de Marta del Castillo, y los tiene por ahí pidiendo un referendo que legalmente no se puede convocar; que se sepa., no ha recibido a los padres de los homosexuales asesinados en Vigo, ¿por qué no? ¿No es su caso más injusto aún? Supongo que Zapatero, por fin, se ha dado cuenta que no gobierna una Atenas de 30000 ciudadanos, y que no puede solucionar, uno a uno, los problemas de todos los ciudadanos Otras veces comete injusticias puras y duras (como es criminalizar a todo un colectivo, el de los varones, siempre bajo sospecha, en lugar de endurecer las penas para los violentos, sea quienes sean.
De hecho, si por mayor o menor fuerza fuera ¿por qué no penar más las agresiones a médicos cuando las provoca un varón y la profesional una mujer? De hecho, ya he visto, en algunos periódicos que mal-explicaban la consideración de agresión a la autoridad que iban a recibir desde ahora los insultos y tortazos a médicos, enfermeras, profesores, etc, que el aumento de agresiones “seguramente tenía que ver con el mayor número de mujeres que ahora acceden a la profesión”. Léase, en el enlace:
http://www.elpais.com/articulo/espana/ag...nac_22/Tes
Quote:Además, los agresores contra médicos muestran un comportamiento similar al de los maltratadores contra mujeres, ha añadido la presidenta del Colegio, debido a la "feminización" de la sanidad.
Observación políticamente correcta, pero absurda cuando, en realidad, desde mucho antes de que le mujer fuera aumentando entre los médicos, ya se observaban dichas conductas agresivas, no precisamente por el género, sino por la pérdida de la autoridad de los médicos, junto con la convicción de los pacientes (bueno, impacientes) de que tienen derecho a todo lo que exijan (a lo que no son ajenos, tampoco, Gobiernos demagógicos con su “vaya al médico, que tiene usted derecho a Sanidad gratuita y universal”. Con los profesores, idem de idem. El mayor número de agresiones no se debe a que haya más mujeres, sino a que se ha perdido absolutamente, y empezando por los padres, el respeto a la autoridad.
Como antaño, perdón por la hiper-extensión de mis temas.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
