12-12-2006, 01:31:09
Les he visto. Existen. Conforman un grupo de unas 50-75 personas que se reunieron en la Plaça Sant Jaume, al pie del Palau de la Generalitat. Durante más de media hora gritaron sus consignas por un altavoz. La mayoría eran jubilados, aunque en honor a la verdad habria que consignar la presencia de algunos prejubilados. Un señor con aspecto patibulario y un puro en la mano no me quitaba el ojo de encima.
Me miraron con desconfianza mientras les filmaba. Joer, uno que es un honesto agente del CNI que sólo quiere ficharles para su ulterior deportación al Gulag. En ciertos momentos de la larguísima liturgia, estallaban en cánticos celestiales: "Queremos saber", repetían mántricamente. A lo cual yo contesté a voz en cuello: "si queréis saber, id al colegio. No es tan difícil." Algunas expresiones de odio, otras de suspicacia. Aunque un chico que les miraba junto a mí se descojonó...
Pero lo más gracioso es que al otro lado de la Plaza (quienes la conozcáis sabréis que es muy pequeña) un grupo de exiliados chilenos y simpatizantes (en mayor número que los conspis) celebraban la muerte del tirano.
En un lado se jaleaba a Garzón por haber procesado a Pinochet. En otro, se le vituperaba. La gente que deambulaba pasaba más o menos de unos y otros. Iban muchos a ver el belén que pone el ayuntamiento.
Pero la mayoría de la gente que reparaba en los Peones les miraba con incredulidad y, en ocasiones, con algo de repugnancia, que por lo demás no repartían propaganda, se mantenían como un grupo endógamo, de espaldas a la plaza, sólo atentos a sus propios discursos y consignas. Los comentarios de los paseantes que pude registrar eran del estilo de "Qué vergüenza", "Vaya locos".
He constatado la implantación social de estos individuos es en la segunda ciudad de España. Y me alegra saber que es mínima.
Me miraron con desconfianza mientras les filmaba. Joer, uno que es un honesto agente del CNI que sólo quiere ficharles para su ulterior deportación al Gulag. En ciertos momentos de la larguísima liturgia, estallaban en cánticos celestiales: "Queremos saber", repetían mántricamente. A lo cual yo contesté a voz en cuello: "si queréis saber, id al colegio. No es tan difícil." Algunas expresiones de odio, otras de suspicacia. Aunque un chico que les miraba junto a mí se descojonó...
Pero lo más gracioso es que al otro lado de la Plaza (quienes la conozcáis sabréis que es muy pequeña) un grupo de exiliados chilenos y simpatizantes (en mayor número que los conspis) celebraban la muerte del tirano.
En un lado se jaleaba a Garzón por haber procesado a Pinochet. En otro, se le vituperaba. La gente que deambulaba pasaba más o menos de unos y otros. Iban muchos a ver el belén que pone el ayuntamiento.
Pero la mayoría de la gente que reparaba en los Peones les miraba con incredulidad y, en ocasiones, con algo de repugnancia, que por lo demás no repartían propaganda, se mantenían como un grupo endógamo, de espaldas a la plaza, sólo atentos a sus propios discursos y consignas. Los comentarios de los paseantes que pude registrar eran del estilo de "Qué vergüenza", "Vaya locos".
He constatado la implantación social de estos individuos es en la segunda ciudad de España. Y me alegra saber que es mínima.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
