25-05-2009, 06:28:26
(This post was last modified: 25-05-2009, 06:31:55 by morenohijazo.)
Quote:11-M, LA INVESTIGACIÓN / NUEVAS REVELACIONES:
Bermúdez cambió en el último momento la sentencia del 11-M
Bermúdez cambió en el último momento la sentencia del 11-M
Una semana antes de notificarla dijo a un magistrado que sólo condenaría a Trashorras por tráfico de explosivos y que iba a deducir testimonio contra mandos policiales
El revés que para la versión oficial del 11-M supuso la sentencia de la Audiencia Nacional estuvo a punto de resultar, en realidad, un cataclismo. Una semana antes de hacer público el fallo, el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, rectificó dos elementos esenciales que hubieran hecho tambalear la versión presentada por la Fiscalía.
A finales de octubre de 2007, el presidente de la Sala de lo Penal transmitió confidencialmente a un magistrado tres aspectos clave del fallo referidos a la autoría intelectual, los explosivos y la posible responsabilidad penal de algunos funcionarios. Pero lo que salió adelante fue un plan B donde sólo sobrevivió la ausencia de autores intelectuales.
Por el contrario, un minero asturiano y su explosivo cargaron con los muertos del 11-M y ningún miembro de las Fuerzas de Seguridad tuvo que afrontar investigación alguna.
Las confidencias incumplidas del presidente del tribunal constan en Titadyn (La Esfera de los Libros), en el que el vicedirector de este diario, Casimiro García-Abadillo, prologa el macroinforme sobre los explosivos del 11-M elaborado por uno de los peritos que actuó para el tribunal, el químico Antonio Iglesias.
«Una semana antes de que se comunicara públicamente la sentencia, Gómez Bermúdez le transmitió confidencialmente a un magistrado tres conclusiones de la misma: 1. No se establecería la autoría intelectual del atentado, en contra de lo que sostenía la Fiscalía. 2. Habría deducciones de testimonio para algunos mandos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. 3. El minero Suárez Trashorras no sería condenado como responsable de los atentados, sino sólo por tráfico de explosivos».
«Esta información», prosigue, «se la hizo llegar al director de EL MUNDO una tercera persona, que nos pidió mantenerla en secreto hasta el día 31 de octubre. Así lo hicimos. Posteriormente yo mismo he tenido la ocasión de comprobar con la fuente que, en efecto, ésa era la intención del ponente a tan sólo una semana de hacer pública la sentencia».
Sin embargo, sólo uno de esos puntos, el de los autores intelectuales, sobrevivió a las intensas jornadas que precedieron a la presentación pública de la sentencia. Las otras dos no se cumplieron. Lo cierto es que si hubieran recibido la rúbrica del tribunal -completado por Alfonso Guevara y Fernando García Nicolás-, el revolcón a la teoría mantenida por el Ministerio Público habría sido mayúsculo.
«Al menos dos de esas conclusiones (la segunda y la tercera), que hubiesen supuesto un varapalo fundamental para el escrito de conclusiones de la Fiscalía y que habrían puesto en tela de juicio la labor de investigación de destacados mandos policiales, tenían que ver con los explosivos».
«Si el explosivo utilizado por los terroristas no queda demostrado que fuera Goma 2 ECO, el papel de Suárez Trashorras quedaba reducido al de mero proveedor del mismo a la banda de El Chino. Eso habría permitido su condena por tráfico y no por asesinato múltiple».
En cuanto a las deducciones de testimonio, el propio desarrollo del juicio pareció hacerlas inevitables. Sin embargo, el tribunal hizo mutis por el Supremo y se las sacudió de encima alegando que antes de ponerse a ello hacía falta esperar a ver qué daba por probado el Alto Tribunal. El Supremo se pronunció, pero el tribunal de la Audiencia Nacional no volvió a hacerlo.
Las víctimas, decepcionadas, han recordado en muchas ocasiones que Gómez Bermúdez les había asegurado que algunos testigos irían «caminito de Jerez». Es decir, procesar a destacados mandos por delitos como falsedad en documento público, falso testimonio, ocultación o manipulación de pruebas, etcétera. «Yo mismo he oído al juez Gómez Bermúdez pronunciar esa frase y no me cabe ninguna duda de que ésa era su voluntad», añade García-Abadillo en Titadyn. La lista de nombres tenía claros candidatos: el ex jefe de los Tedax Juan Jesús Sánchez Manzano; la químico que hizo los primeros análisis; el coronel de la UCO Félix Hernando y el subordinado que era el contacto del confidente Zouhier; el jefe de la UCAO, Domingo Castaño, y el instructor de las diligencias policiales sobre el 11-M. Así lo reclamaban las acusaciones.
Pero hubo sentencia y no hubo nada. Emilio Suárez Trashorras y su explosivo asturiano se llevaron 40.000 años de prisión y ningún mando policial encontró su nombre en el fallo.
Entonces, ¿qué pasó? García-Abadillo ofrece dos explicaciones: la malévola y la probable. La primera sostiene «que el Gobierno, primer interesado en una sentencia que se pareciera lo más posible a las conclusiones de la Fiscalía, le ofreciera algo relacionado
con su carrera profesional. ¿Tal vez el apoyo ante nuevos recursos para arrebatarle la presidencia de la Sala de lo Penal? ¿Quizás la presidencia de la Audiencia? No creo que Gómez Bermúdez se haya dejado comprar tan
burdamente, a pesar de que su esposa, Elisa Beni, en su libro La soledad del juzgador, deja entrever diversas presiones y mensajes más o menos sugerentes».
Sin embargo, la respuesta más verosímil es otra. «El juez, probablemente, actuó a sabiendas de que su sentencia, tal y como la redactó, sería bien recibida por el Gobierno. Gómez Bermúdez parece que mantuvo contactos con Rubalcaba, pero que su relación con él no era fluida. Sin embargo, sí lo era con la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, con la que mantuvo diversas conversaciones. Beni, en el libro ya mencionado, cita un encendido halago de Fernández de la Vega a su marido».
En cualquier caso, ambas interpretaciones se desarrollan en el mismo escenario. «Es duro ir contra las tesis que han justificado lo injustificable. Era, en efecto, muy duro cuestionar un relato de los hechos que ha sustentado la
verdad oficial sobre el 11-M, y habría sido aún más duro sentar en el banquillo a algunos de los que hicieron posible una compleja operación de encubrimiento sobre lo ocurrido».
El presidente del tribunal no sólo reculó en dos encrucijadas de la sentencia, sino que aprovechó la inercia de su presentación televisada para arremeter contra algunas de las informaciones publicadas en este diario. «Si la sentencia fue un jarro de agua fría para los que esperábamos un veredicto más acorde con el desarrollo de la vista oral, la presentación que hizo el propio Gómez Bermúdez de la misma fue una agresión injustificada y sin precedentes a un medio de comunicación (EL MUNDO), justo el que más había defendido la actuación del magistrado frente a los
ataques de los que le veían demasiado remiso a aceptar el relato y las teorías creativas de la Fiscalía».
Esa inaudita presentación fue, además, cosecha exclusiva del propio Bermúdez: «El escrito que leyó el ponente ante los periodistas, en el que se daba una visión subjetiva y sesgada del fallo del tribunal, ni siquiera fue consensuado con los otros dos miembros de la Sala. Con posterioridad tuve la oportunidad de preguntarle a Alfonso Guevara si Gómez Bermúdez les había enseñado a él y a Fernando García Nicolás el escrito que leyó ante los medios. 'No. Para mí fue una sorpresa. Nos dijo que iba a leer unas conclusiones, pero no nos enseñó el escrito'».
Un magistrado que conoce bien al presidente de la Sala de lo Penal interpreta así lo ocurrido: «'Lo que hizo con su incomprensible presentación pública fue buscar el apoyo de los medios que él sabía que iban a aplaudir las críticas implícitas a EL MUNDO para que no le machacaran a él por una sentencia incómoda para las tesis oficiales. De alguna forma, utilizó a EL MUNDO como parapeto frente a esas críticas'».
Contando con el margen de discrecionalidad que proporciona el derecho, otra persona que lo conoce bien considera que el magistrado actuó «teniendo en cuenta sus intereses». «Es decir, no creo que hiciera nada que él creyera contrario a sus convicciones, pero pensó en la repercusión de la sentencia y actuó en consecuencia», añade.
El caso es que el resultado de lo sucedido en aquel final de octubre fue que «el hombre que había despertado las mayores expectativas respecto al conocimiento de la verdad sobre el 11-M no sólo avaló una sentencia que traicionaba su propio criterio (expresado, como ya se ha dicho, días antes de manera confidencial), sino que utilizaba el día de su presentación para atacar al medio que más había trabajado para aportar nuevos datos a la investigación».
Con ser llamativo, la repercusión sobre el trabajo de este periódico no era lo más relevante. «Con su cambio de posición, Gómez Bermúdez no sólo traicionó a los que esperábamos una actitud más valiente: ha dejado a las víctimas sin amparo en su justo deseo de conocer la verdad y, sobre todo, se ha traicionado a sí mismo».
Es ahí donde adquiere su sentido la decisión del perito Antonio Iglesias de revisar todos los datos y análisis reunidos en los tres meses y medio de macropericial. «Abre una nueva esperanza para conocer la verdad. Utilizo las propias palabras de Gómez Bermúdez recogidas en una reveladora entrevista que le hizo Esther Esteban en octubre de 2006: 'Todavía hay algún asunto del GAL coleando. Y lo mismo ocurrirá con el 11-M. Siempre que aparezca un hecho nuevo, con independencia de que aparezca antes, durante o después del juicio, se podrá abrir una nueva investigación. Ése es el sistema procesal español. Estoy seguro de que se descubrirá la verdad, se tarden más o menos años'. Que así sea».
Búsqueda genuina de la verdad
El malabarismo final con el quita y pon de la sentencia llegó tras 57 jornadas de juicio que merecieron el elogios unánimes para el presidente. «Gómez Bermúdez actuó desde el principio como un auténtico director de orquesta», afirma García-Abadillo en 'Titadyn'. «Dio muestras de conocerse el sumario mejor que nadie. Manejó con autoridad los interrogatorios. Cortó a la fiscal Sánchez cuando creyó que se estaba sobrepasando, generando momentos de gran tensión en la sala, siempre atestada de gente».
Al menos en esa fase de juicio oral -antes de ponerse a rumiar todas las teclas de la sentencia y lo que desataría cada una de ellas-, la intención parecía encomiable. «Creo honestamente que Gómez Bermúdez llevó a cabo una labor difícil de superar durante la vista oral. No es nada fácil mantenerse siempre atento a todo durante muchas horas y días seguidos, sin perder la calma, sabiendo mantenerse siempre en su sitio, sin abusos, sin perder la compostura. Y creo que su forma de dirigir la vista oral implicaba un deseo genuino de saber la verdad, dentro de los límites lógicos en los que se podía mover y que venían marcados por un sumario lleno de lagunas».
Todo ello, además, en unas circunstancias que nunca se habían producido. Fue un juicio televisado durante el que Gómez Bermúdez estuvo abierto a hablar con todos los medios, incluidos los que poco antes habían arremetido contra él por sugerir que podía haber una sentencia «abierta». «Estábamos ante un comportamiento insólito. Ciertamente, con habilidad y saber hacer, Gómez Bermúdez se convirtió en una estrella mucho más luminosa que el hasta entonces único astro de nuestro universo judicial, Baltasar Garzón».
Un cargo tambaleante
Gómez Bermúdez llegó al primer día de juicio del 11-M con su cargo «en precario», como recuerda García-Abadillo. Sobre su nombramiento como presidente de la Sala de lo Penal pendía la amenaza de una nueva anulación -para entonces ya llevaba dos-, que sin bien no hubiera afectado al juicio sí hubiera creado una situación delicada. De hecho, Gómez Bermúdez presidió el tribunal del 11-M sencillamente porque él mismo, como presidente de la Sala, quiso hacerlo, y no porque le correspondiera.
El libro de su esposa recoge una protesta al respecto. «¿Y no se podrá, alguna vez, trabajar rodeado de la serenidad necesaria? ¿No será posible...?», dijo cuando supo en mayo de 2007, en pleno juicio, que el fiscal apoyaba la anulación de su nombramiento.
La primera anulación fue consecuencia del recurso de otro candidato de la Audiencia, el magistrado José Ricardo de Prada. La segunda se debió a un recurso presentado por su también compañero de sede judicial Baltasar Garzón, que aspiraba al puesto. El tercer nombramiento volvió a ser recurrido por De Prada por dos vías, una de las cuales contó con el apoyo fiscal. El ciclo de nombramiento-recurso sólo se cerró en enero de 2008, cuando ya se había dictado la sentencia del 11-M.
Quote:Bofetada a jueces y víctimas
El libro de la esposa de Bermúdez recibió reproches unánimes
Para asombro de todos, tres semanas después de la sentencia sobre la masacre vio la luz un libro sobre el juicio escrito por la propia esposa del presidente, Elisa Beni. La soledad del juzgador (Temas de Hoy) no recibió ningún elogio y sí un aluvión de críticas del mundo judicial y de las propias víctimas.
La respuesta más dura al presidente del tribunal llegó de quien durante todo el juicio estuvo sentado a su diestra. El magistrado Alfonso Guevara consideró que Gómez Bermúdez había actuado con «deslealtad como amigo, como compañero y como presidente» y calificó de «lacerantes» algunos comentarios del libro, de cuya preparación no había tenido noticia. No era el único magistrado que salía perdiendo en comparación con la más acertada actuación del esposo de la autora. La lista de damnificados incluía igualmente a Juan del Olmo, instructor del 11-M, y Baltasar Garzón, rival de Bermúdez a la Presidencia de la Sala.
Sólo dos de los 18 compañeros de Gómez Bermúdez en la Sala de lo Penal aceptaron la invitación del presidente para asistir a la presentación del libro, celebrada en un ambiente de funeral. Unos días después, en una reunión del Pleno, los magistrados de la Audiencia Nacional también mostraron su disconformidad con la obra. De acuerdo con fuentes judiciales, el propio presidente de la Audiencia, Carlos Dívar, lamentó el daño que la obra podía hacer a la imagen del tribunal.
A todo ello se sumó la protesta de las víctimas, encabezada por Pilar Manjón, que amenazó con una denuncia contra Bermúdez. También el CGPJ llegó a estudiar si el contenido del libro suponía que el presidente del tribunal había cometido alguna irregularidad.
La última mala noticia sobre el libro llegó el pasado febrero. Un juzgado de Madrid condenó a Beni por intromisión en el derecho al honor de un abogado del 11-M y ordenó rectificar dos capítulos de la obra. Anteriormente, la publicación ya le había costado a Beni su despido como jefa de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Madrid.
Estoy currando, y no puedo decir lo que pienso. Quien encuentre la más ligera sospecha o traza de una prueba, que lo diga
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
