elgato, mi estado natural es el buen rollo y le pido disculpas si le he insultado o en todo caso por el tono chulesco. No le pido disculpas por ofender su gusto. Pero con usted es imposible, como peón que es no debate, usa las palabras para competir por la verdad.
qué melodiosa será, de nuevo, la voz de la justicia
De la enciclopedia "Patologías del debate. Capítulo 5: debate con un peón":
el debate con un peón es un debate congénitamente enfermo, aquejado de lo que podríamos llamar el "mal de Vil Peonen", que se manifiesta en que su parte peonil se salta a la torera todas las reglas del debate, especialmente la directriz especial 12-G26-vamos-no-me-jodas que dice que no puedes dejar argumentos o contra-argumentos sin contestar. El mal de Vil Peonen no es una enfermedad fulminante ni mucho menos, y un debate aquejado de esta enfermedad puede de hecho vivir muchas páginas y viajar por muchos hilos, blogs, foros, barras de bar. Los más ancianos del lugar cuentan que un debate con un tal Tad Pole, peón semi-legendario, casi llega a convertirse en enfermedad crónica. Las viejas, al calor del fuego, cuentan historias de ese debate, como aquella en la que en tenaz y obsesiva lucha contra Lior el Tuareg acerca de la entrada de los geos en el piso de Leganés el intrépido e inigualable Tad Pole se contradijo a sí mismo cinco veces en cuestión de cuatro comentarios, tanto en los hechos, como en las conclusiones derivadas de sus asertos. En una sola página. No movió un músculo, no se inmutó
"se quedó tan ancho" dijo solemnemente la vieja, y los niños se apretujaron entre las mantas, divertidos con el miedo
En lo que se refiere a estos debates con Vil Peonen longevos, no puede obviarse que la parte tuareg también tuvo su influencia en el incremento de la esperanza de vida, presa por su parte de una especie de proceso auto-destructivo, penoso, ulceroso, pero también adictivo, reforzante por la concomitante segregación de neurotransmisores de incredulidad, responsabilidad, curiosidad, exploración, orgullo, rabia o incluso compasión
qué melodiosa será, de nuevo, la voz de la justicia
De la enciclopedia "Patologías del debate. Capítulo 5: debate con un peón":
el debate con un peón es un debate congénitamente enfermo, aquejado de lo que podríamos llamar el "mal de Vil Peonen", que se manifiesta en que su parte peonil se salta a la torera todas las reglas del debate, especialmente la directriz especial 12-G26-vamos-no-me-jodas que dice que no puedes dejar argumentos o contra-argumentos sin contestar. El mal de Vil Peonen no es una enfermedad fulminante ni mucho menos, y un debate aquejado de esta enfermedad puede de hecho vivir muchas páginas y viajar por muchos hilos, blogs, foros, barras de bar. Los más ancianos del lugar cuentan que un debate con un tal Tad Pole, peón semi-legendario, casi llega a convertirse en enfermedad crónica. Las viejas, al calor del fuego, cuentan historias de ese debate, como aquella en la que en tenaz y obsesiva lucha contra Lior el Tuareg acerca de la entrada de los geos en el piso de Leganés el intrépido e inigualable Tad Pole se contradijo a sí mismo cinco veces en cuestión de cuatro comentarios, tanto en los hechos, como en las conclusiones derivadas de sus asertos. En una sola página. No movió un músculo, no se inmutó
"se quedó tan ancho" dijo solemnemente la vieja, y los niños se apretujaron entre las mantas, divertidos con el miedo
En lo que se refiere a estos debates con Vil Peonen longevos, no puede obviarse que la parte tuareg también tuvo su influencia en el incremento de la esperanza de vida, presa por su parte de una especie de proceso auto-destructivo, penoso, ulceroso, pero también adictivo, reforzante por la concomitante segregación de neurotransmisores de incredulidad, responsabilidad, curiosidad, exploración, orgullo, rabia o incluso compasión
